sábado, noviembre 01, 2008

EMBUSTERÍAS DE COLORES


Aurora Boreal


Esta presentación me la envía una persona tan especial
como las imágenes que allí se proyectan.

Ella, Zaira Andrade, tiene el don del color,
de todos los colores, que irradia, multiplica,
esparce como el mismo polen de las flores.

Lo que ella alcanza con sus manos se torna violeta.

Lo que ella acaricia con sus ojos se vuelve azul intenso.

Lo que ella sueña se derrama de su corazón en amarillos y ocres,
como un cántaro desbordado de espigas solares.

Cuando escribe sus mensajes de amor
la tinta se vuelve roja, rosa, púrpura y color del vino maduro.

Cuando anoche todo a su alrededor se vuelve naranja.

Ella es, en síntesis, la suma de todo lo que somos,
por partes, a pedacitos,
de tanto que nos cuesta envolverlo todo
en una misma canasta, para ofrendarla a la vida.

Su camino hacia allí ni ha sido fácil ni expedito.
Tiene el sello del dolor y la tristeza,
de las ausencias y de las rupturas.
El tiempo de la persistencia y la permanencia,
del tesón y la fortaleza.
Su profesión académica es la de médico pediatra,
pero en verdad su don con los niños,
su capacidad bienhechora nació mucho antes de entrar a las aulas.

La fue gestando en lo inexistente,
en el vacío, en la queja, en la pesadumbre que convirtió
en instrumentos de labranza,
en herramientas de amor sostenido.

Ella es un poco todos nosotros,
si quisiéramos escalar hasta la condición
de la que estamos hechos.
La humana trascendencia, tan devastada y en desuso.

Con Zaira retorna al alma la esperanza
de que un mundo distinto es posible.
Se zurcen las soledades,
se reconstruyen los surcos,
se vivifican las horas vacías.

Esa escala de colores que ella nos regala hoy,
es un caleidoscopio que llevamos grabado en los genes.
Es el lenguaje de nuestra energía,
el vocabulario de nuestro inédito quehacer.

A nosotros nos corresponde activar cada tonalidad,
echarla a andar, iluminarla,
en un mundo y un tiempo blanco y negro,
que amenaza con apagarse para siempre.

Y no como el sol, que cumple a cabalidad su ciclo
y cuya extinción dará cuenta de nuevas vidas y destellos.
Sino como aquello cuya gracia declina,
sin haberse siquiera pronunciado en su vastedad y magnificencia.

Gracias, Zaira.
Y como todo obsequio que se aprecia,
lo entregamos a esos irreverentes y enamorados lectores
que nos visitan cada día,
en busca de una embustería que les ilumine sus grises.


MS

No hay comentarios.: