lunes, noviembre 17, 2008

EMBUSTERÍAS DE CRISTINA CASTELLO




Cristina Castello nos hace llegar este poema inédito,
pero difundido por varios medios digitales,
a los cuales nos sumamos, para anticipar lo que habrá de ser su próximo poemario.

No es el primero, ni el último. De eso estamos seguros,
porque desde su trabajo periodístico, o desde su almacén de poesía,
su palabra siempre ha ejercido esa función
de ser una ‘metralla de lirios’.

Es decir, fuerza y temple para producir ternura.
Sed que concluye en agua.
Cercanía de la muerte que rescata el resplandor de lo que vive.
Conmoción que se hace riguroso expediente
de un hombre que aspira consagrarse en flor.

Invitamos a visitar sus espacios para el necesario encuentro
con ese ‘silencio extraviado’ que aguarda
ser cántaro de agua que dé de beber a la sed,
‘sedición del alfabeto’ que procura convertirse
en lirio estremecido y en la palabra
que aún no hemos pronunciado.
ms

La palabra

Por Cristina Castello

La palabra— ese silencio extraviado
Esa hilera de hormigas que hoja a hoja
Modela el follaje corpóreo de la voz

La palabra— ese bálsamo promisorio
Esas manos ofrecidas a la ausencia
Ese tiempo transversal al llanto

Esa costura desatada, esa confianza
Ese pan, esa sedición del alfabeto
Esa cópula del verbo, esa memoria

Ese gentío fusionado en un son
Esa pupila abierta a todo albor
La palabra— esa metralla de lirios

Ese erotismo de Dios.


París, 6 de agosto de 2007
Inédito —Poema a publicarse en el tercer poemario bilingüe francés-castellano
http://www.cristinacastello.com/

http://vosquedepalabrasvives.blogspot.com/

http://letras- uruguay.espaciol atino.com/ aaa/castello_ cristina/ la_palabra. htm

http://www.ugr.es/~f2412348/poesia.html

fotos / ms

1 comentario:

Anónimo dijo...

Labra nuestra paz
Fundidos entre palabras, vamos presagiando el tiempo sin saber si existe de veras el camino. Cuando el aire nos devuelve, nos vamos a la orilla. Es el tiempo que nos llama. Pendientes de la huella de la vida, no sabemos si estamos de regreso o si somos apenas caminantes. Hay horas fugaces por doquier. Las arenas del lunes nunca son las del domingo. Asidos del presente fugitivo, oteamos nuestro ayer, una estela de horas nos saluda. La soledad en acecho remansada nos ciñe de repente entre sus sienes, tiene una larga cara de mujer. Si supiéramos nosotros cuántas cosas no sabe la noche. Menos mal que existe el mediodía. Los hombres solamente somos los puntos suspensivos de la más vieja carta de la historia. Hay quien nos interpreta y quien nos deja de leer. A veces somos sólo interjección.
Palabra surcadora entre los siglos sin fecha de nacimiento, entre todas las fronteras libre. Palabra mariposa, labradora, volarás y surcarás, de tus sembrados tornarás alegre. Quédate aquí, palabra, a flor de labios, adorna nuestro amor, brinda con nosotros tu triunfo. Única amazona ríe de tu hazaña. Palabra victoriosa, veterana, legendaria, marinera, la misma que una mañana acampara en nuestras sienes. Muchas coronas faltan todavía, mil riberas esperan tu llegada. Quédate cerca de nosotros, únenos, destruye las fronteras, traspásalas, labra nuestra paz. Palabra surcadora, femenina voluptuosa, mensajera, tristemente entorpeciendo tu esencia, ensayamos tu discurso, te soltamos como si fuéramos tus dueños, siendo tú sola dueña de nosotros. De vez en cuando vas de mano con el hombre. Acompáñalo por siglos. Palabra enarbolada en el jardín de los espacios, déjate sembrar lejos, cerca, en todos los rincones. Florece siempre. Ayuda a florecer al hombre. Siempre habrá mar para estrechar las tierras. Siempre habrá amor para hermanar los hombres. El verbo siempre abonará la tierra. Palabra sola labra nuestra paz. Ordena el espesor de la tardanza. Amartilla tú sola nuestra espera. Sacando cuentas y después de todo, tú sola y para siempre la palabra.

Pablo Mora