lunes, abril 20, 2009

A JOAN MIRÓ



Barcelona, 20 de abril de 1893 — Palma de Mallorca, 25 de diciembre de 1983





Elipse en flor

sobre el tapiz azul

de un corazón

que baila


ms


Miró pinta como un niño. Pero ¿pintan hoy los niños como Miró? ¿Qué hace que el pintor rescate la sencillez, poesía y hondura de la mirada del niño, mientras que los niños que nos nacen la estén perdiendo?

La mirada de Miró, como la de los niños, cuando se les deja ser niños de verdad, está llena de paisajes, de lunas y de flores, de rostros, de árboles, de puntos que contienen la profundidad del azul, el fulgor del rojo o simplemente la línea que traza la danza, el movimiento floral de las manos, el incesante ajetreo de los suspiros.

Hoy nuestros niños ya no saben de pájaros, a menos que alguien les diga que los alcance con alguna honda, o que los aprisionen en alguna jaula. Ya no saben de campos, porque entre muros y duras escalinatas transcurre su asombro. Ya no saben de lunas porque viven en una noche de eterno menguante.

Hoy nuestros niños los tenemos ocupados en guerras que ellos son enviados a librar o en las que ellos se entretienen mientras las fábricas de juguetes les inventan toda suerte de instrumentos de muerte.

Hoy nuestros niños han olvidado ir detrás de una mariposa, o quedarse pacientemente esperando ver cómo las hormigas construyen sus agujeros o almacenan sus granos para los días de invierno.

Hoy casi nacen nuestros niños sin regazo donde acurrucarse a contar las estrellas donde mora el principito. Porque los adultos estamos demasiado ocupados en cosas serias.

Joan Miró pinta como un niño. Pero mucho más que eso, Joan Miró nos dice en cada uno de sus lienzos, que esa niñez anida en cada uno de nosotros, y que es el manto azul el que vencerá con su ternura el gris opaco de las balas.

Hoy las estadísticas de la ONU informan que cada seis segundos muere un niño en el planeta de desnutrición. Si a esos niños los dejaran ser niños ¿acaso no se inundaría el planeta de paisajes, de líneas mágicas, de pastos multicolores, de flores resplandecientes, de cielos abismales en los que no entraría ni una sola gota de pólvora o de lágrima?

Joan Miró, el maestro que pinta como un niño, nos regala en sus lienzos la mirada que perdimos de tanto ver lo accesorio y no lo esencial. Nos devuelve al recinto donde toda magia es posible y todo encantamiento. Nos entrega el hondo simplismo de sus trazos para que aprendamos de nuevo a leer el código más alto del lenguaje del hombre. Ojalá sea así!


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