sábado, octubre 31, 2009

POEMAS DEL CAMINO VI




Ni se espera el camino
ni se detiene el suspiro
de cada uno de los
amaneceres


texto / abm
foto / ms
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viernes, octubre 30, 2009

CARTAS DE AROMERÍAS

AUDIO DE LA CARTA

¿Qué es una carta? Es el espejo de una risa, el balaustro que sostiene la ilusión. El envés de una nostalgia. La palabra que no decimos que se cuela intacta en un tintero vacío. El desembarcadero donde los peces dejan sus rumores de agua a los habitantes del aire.

Una carta es un adagio escrito sobre un tumulto de silencios. Y el papel que la contiene es a veces un bajel de velas blancas, un cesto de frutos dulces, un cielo extendido y gigante o a veces sólo el escondite donde se refugia el suspiro que se quedó inmóvil atrapado en un campanario.

Nunca sabemos en qué va a convertirse hasta que comenzamos a verter en ellas palabras, que a veces son diminutas melodías desmenuzadas que buscan en el papel dibujar su propio pentagrama. A veces son gotas pequeñitas de un agua salobre que nace de la profundidad de los mares que se agitan en los párpados. A veces están hechas de sequías, hojas secas, tallos quebrados.

En el papel se asientan, reorganizan, desordenan y buscan sembrarse o bailar, o aquietarse o esgrimir una razón de peso, como esa de convertirse en un beso leve como el paso de una mariposa sobre las aterciopeladas vestiduras de una flor.

Una carta es tal vez la más frugal de las alacenas y la que más asombro resguarda entre sus pliegues. ¿Qué no cabe en una carta? Cabe todo lo que el amor pueda poner en ella. Y el desamor. A veces son recipientes para mecer la ausencia en un viaje imaginario que nunca concluye. A veces es una vasija llena de sed.

Otras tiene la fortaleza de un ancla porque sabe que no debe desprenderse de quien la escribe porque se ha vuelto frágil su envergadura y podría quebrarse con cualquier brisa. Cada carta se llena de las aromerías de a quien va dirigida. Aunque no lo sepa el receptor, si es que llega a partir la carta hacia esos puertos.

Una carta es como una bandada de versos que no necesitan organizarse en métrica alguna, y que en nada teme a los preceptos gramaticales, porque en la libertad de su vuelo, todo está permitido, hasta la ruptura con los tiempos y las conjugaciones. No tiene que darle cuenta a compostura alguna, porque sólo los dedos que la inventan manejan el cordel que las construye.

Es un guijarro que rueda leve sobre un camino en descenso, sin prisa por detenerse. Es un ala de mariposa llena de embusterías en busca de una flor o un remanso de agua. Una carta es el vitral de un rubor que se diluye entre las letras, tiñendo los papeles de violeta y naranja.

Una carta es un mandarinar de donde brotan gajitos que dan de comer a los pájaros, a los transeúntes, a los acorazados del cielo. Aunque a veces se contrae hasta hacerse una nube que sueña tempestades, tan sólo para mojar todos los campos del planeta.

Así se mira a sí misma una carta. Con poderes extraordinarios, como una suerte de talismán que guarda encantamientos que sólo se ponen a funcionar cuando quien la abre deja ir todas las esporas que le nacieron en su travesía hacia otros dedos fugaces y móviles.

En una carta cabe el universo entero y aún le sobra espacio para darle cobijo a la risa del niño que se detiene frente a ella para preguntar por las móviles figuras que juegan a verse en el espejo de sus ojos.

La carta lleva en sí misma el misterio de la vida. Si no llega a su destino, acampa en cualquier lugar hasta disolverse en el aire que la mueve. Convierte sus palabras en brisa, en viento, en torbellino, y va dejando sus mensajerías dondequiera que se pose. Si quien la recibe no logra ver en ella lo que no estaba dicho y la toma entre sus manos para arrugarla, ese papel al contacto con el agua, se vuelve pez o estrella de mar y sus palabras se visten de marinerías.

En verdad una carta no se puede destruir porque aquello de que está hecha son los estambres que recorren los engranajes de nuestra propia respiración, que quedan en el aire, aún después de todos los adioses.
ms
Giulio Caccini / Adagio
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jueves, octubre 29, 2009

POEMAS DEL CAMINO V



Porque los caminos saben
que los tiempos no pasan sobre
los rieles de las despedidas


texto / abm
foto / kaitlin schneck


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martes, octubre 27, 2009

EL OTRO OCTUBRE DE RAÚL SEGNINI



Raúl Segnini nació un 27 de octubre y se fue un 01 de febrero de 1998 cabalgando en sus versos hacia un remanso de agua lunar. Y cada octubre lo festejamos, lo traemos a esta embusterías para que eche a navegar de nuevo su palabra oferente y enigmática, cargada de futuro, a pesar del tiempo de duras tristezas que le tocó vivir.

Es un poeta de un solo libro, publicado por insistencia nuestra, de los papeles que logró rescatar de viejos desvanes, gavetas enmohecidas y estanterías en desuso. Nunca se preocupó por publicar, pero su condición de poeta se sentía en todo lo que hacía. Escribió mucho y siempre. Sólo que los dejaba enraizados en papeles arrugados. Tal vez se los entregaba a un espacio que no era el nuestro a sabiendas que vivía un tiempo sin poesia y sin poetas, no como simples orfebres de la palabra, sino oficiantes de la vida.

Raúl era silencioso como su palabra que jamás tuvo estridencia alguna. Pero la hondura de sus versos, el contenido de su decir, aún guarda un misterio por descifrar, claves cuya lectura nos revelaría dimensiones de una humanidad que aún permanece tapiada por guerras, violencias y enfrentamientos inútiles. En él brotaba como agua fresca. Era lo natural y espontáneo. Y su paso material por esta vida tocó a todos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.

Más allá de esa esfera, ese su libro único, rescatado a la desmemoria, con suma dificultad, deja su testimonio mayor, su derroche verbal para asistir al hombre en la dura travesía de un vivir que hemos convertido en un morir.

Invitamos a leerlo, a adentrarse en sus cauces subterráneos, en sus encricujadas, en sus espirales, porque desde allí se piensa diferente la vida, se calibra distinta la existencia.


HAY TANTAS COSAS

Hay tantas cosas imposibles
envueltas con posibilidad-remota.
El hombre las tiene en su mirada
de lejana verdad
y las guarda misteriosas
en su cofre-afán para vivir de ellas.

Las cosas imposibles
se alimentan del aire.
Juegan con cabezas de cabellos dogmáticos
y salen galopando palabras
con motores orgánicos de inusitadas formas.

Dicen que de las cosas imposibles
se transpira esencia, existencia;
y también la verdad
como una forma única de origen funcional.

¿Pero la Vida?
Al alcance de una hebra
hundida en el cabello del aire.
Mas la existencia y la verdad
están al alcance del suelo
tropezando los dedos desnudos,
revolcándose en las esquinas del viento.
Y ahí, en ese mismo sitio,
están las cosas imposibles;
ahí, está la Vida misma;
la esencia misma del pensar naciente
y todas las cosas posibles
se tornan un jirón muerto
envueltos de posibilidad-remota.


Raúl Segnini, El otro silencio. Caracas, CPT-CEHA-UCV, 1996, p. 20.



J.S. Bach / Partita No. 2 BWV 1004 / Chaconne
http://www.epdlp.com/asf/bach33.wmv
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POEMAS DEL CAMINO IV

vincent van gogh


Los caminos fueron hechos
para el día del nacimiento
de las huellas de los amores


abm
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lunes, octubre 26, 2009

EMBUSTERÍAS PARA ELLA


para danielita

Ella aliña los días como si fuese
un manjar que las horas le regalan
a los transeúntes

Ella acomoda los atardeceres
para que cada quien se pueda asomar
al dorado de los copos de los árboles
que ya no se ven desde sus aposentos

Ella cose parches con los hilos
de su luz a la tristeza que ronda los
rostros que habitan las esquinas
de sus romerías

Ella adiestra las nubes para que
las lloviznas no agobien las lágrimas
que se anidan en los contenedores
de las pupilas

Ella se extiende como un viento
gigante sobre los tiempos de sequía
sembrándole ciruelos a los solares
en extinción

Su risa cuando ríe es un mar de
oleajes encandilado por peces
que vuelan como pájaros en busca
de un bosque donde depositar
sus trinos

Su nombre en diminutivo
se lo obsequió su padre en un
octubre de cosechas
mientras julia amasaba
un pan de horno cuyas aromerías
se guindaban de las madrugadas
como una enredadera

Ella no pregunta pero en su almacén
de dulzura no hay respuesta que no
escriba con sus dedos fraguados
en las vasijas de las bendiciones

Ella es danielita simplemente
un recinto de amores que se
desbordan como corceles traviesos
apresados en la larga trenza
que recoge la numeración de su temple
y la esencia de su entrega de
azahares y peonías


26 de octubre del 2009

ms
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sábado, octubre 24, 2009

POEMAS DEL CAMINO III




Todos los caminos se entrecruzan
en el piquito de cada una de las
miradas donde siempre nos
encontrábamos


abm
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viernes, octubre 23, 2009

POEMAS DEL CAMINO II



Un camino es un pedazo de tierra
con flores o sin ellas que sirve
para que los pasos no se detengan
en los umbrales de los atardeceres
y puedan seguir a encontrarse con
la manera de vivir que nunca pudimos
sentir más allá del sueño que se
nos volvió herida en cada uno de
los suspiros de magia que se
acogieron a los ritos que hacen
nacimiento en los resquicios de las
mañanitas de cotoprices y cánticos
de jobos y astromelias


abm
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jueves, octubre 22, 2009

EMBUSTERÍAS DE CANDIL




el rizo que nace de la
cascada de tu risa
se ensortija en la pupila
que atrapa las marinerías
de un atardecer que tiñe
de dorados los sueños
de una madre encandilada
de hijos


ms
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miércoles, octubre 21, 2009

POEMAS DEL CAMINO I




Ayer no supe que decirte
ni hoy conseguí como mirarte
y aunque sé que mañana no sabré
entenderte creo que siempre
podré alcanzarte en el camino de
mi desesperación que anda por
allá dentro de ti


abm
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domingo, octubre 18, 2009

ESPÉRAME EN EL CIELO CORAZÓN




Y entonces el cielo será
el pequeño albergue de un
adiós que se cultiva en cada
uno de los nidos que le dan
idilios a las nubes de algodón
para que envíen las plegarias
que sirvan al acurrucarnos que
haremos al lado de los calorcitos
de las diástoles y las sístoles
de los cantos del amor y el amén


abm

autor / francisco lópez vidal
interpreta / lucho gatica

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sábado, octubre 17, 2009

ESPÉRAME EN EL CIELO




Al momento en que doblan
las campanas y el adiós se
nos vuelve llanto es porque
ya se llevan al amor y nos
dejan el purito recuerdo que
nos hace mirar y oler a esa
parte de la vida que ya no
tenemos y que nos lleva a
pedirle que nos espere en
el cielo para seguir los dos
amándonos por siempre


agustín blanco muñoz
el libro de los boleros / inédito


Interpreta / Antonio Machín


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viernes, octubre 16, 2009

EMBUSTERÍAS DE HENRY W. LONGFELLOW

27 de febrero de 1807 – 24 de marzo de 1882



NIÑOS

Vengan a mí niños
que los oigo al jugar
y las preguntas que me dejaban
perplejo se han desvanecido

Ustedes abren las ventanas del este
que miran hacia el sol
donde los pensamientos son cantos
de golondrinas y los arroyos el
trajinar de la mañana

En sus corazones anidan pájaros y soles
en sus pensamientos fluyen arroyuelos
pero en el mío están los vientos
de otoño y la caída de la primera nieve

Ah qué sería el mundo si ya no
hubiese niños
le temeríamos al desierto
detrás de nosotros
más terrible que la oscuridad anterior

Lo que las hojas son al bosque
con luz y aire para los alimentos
sus tiernos y dulces jugos
se han endurecido en la madera

Eso son para el mundo los niños
a través de ellos se siente el brillo
de un clima más brillante y asoleado
que alcanza los troncos que están abajo

Vengan a mí niños
y susurren en mis oídos
lo que el viento y los pájaros cantan
en vuestra atmósfera de sol

Porque qué son todas las contribuciones
y la sabiduria de nuestros libros
comparados con sus caricias
y la alegria de sus miradas?

Son mejores que todas las baladas
que jamás fueron cantadas o dichas
porque ustedes son poemas vivientes
y todo lo demás está muerto

Henry Wadsworth Longfellow

traducción libre / ms

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acceda a la versión original en inglés
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Children

Come to me, O ye children!
For I hear you at your play,
And the questions that perplexed me
Have vanished quite away.

Ye open the eastern windows,
That look towards the sun,
Where thoughts are singing swallows
And the brooks of morning run.

In your hearts are the birds and the sunshine,
In your thoughts the brooklet's flow,
But in mine is the wind of Autumn
And the first fall of the snow.

Ah! what would the world be to us
If the children were no more?
We should dread the desert behind us
Worse than the dark before.

What the leaves are to the forest,
With light and air for food,
Ere their sweet and tender juices
Have been hardened into wood, --

That to the world are children;
Through them it feels the glow
Of a brighter and sunnier climate
Than reaches the trunks below.

Come to me, O ye children!
And whisper in my ear
What the birds and the winds are singing
In your sunny atmosphere.

For what are all our contrivings,
And the wisdom of our books,
When compared with your caresses,
And the gladness of your looks?

Ye are better than all the ballads
That ever were sung or said;
For ye are living poems,
And all the rest are dead.


Henry Wadsworth Longfellow
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jueves, octubre 15, 2009

TODA UNA VIDA




Porque la vida es un estar
junto a la brasa que nace
en cada una de las ilusiones
que quedan sembradas en
los atardeceres en los que
el amor se vuelve angustia y
desesperación que terminan
en el querer del contigo al
conmigo para que siempre
crezca la cercanía de los
enamorados de la eternidad



abm

interpreta / antonio machín
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martes, octubre 13, 2009

EL RELOJ





Las horas siguieron pasando
más allá del pedido lanzado
a los relojes para que se
unieran en la tarea de detener
el tiempo para que se pudiera
alcanzar en el camino la
salvación perpetua de una vida
hundida desde el día en que el
amor se fue para siempre


abm


Autor / Roberto Cantoral
Interpreta / Lucho Gatica Leer mas!

lunes, octubre 12, 2009

MANIFIESTO DE LOS NO DESCUBIERTOS - 1992




Para continuar la discusión sobre
la condición y la conciencia requeridas
para crear un verdadero país




Somos el viento que registra y asume el tormento del hombre masacrado por el invasor. La señal de un tiempo que impone la continuación de una lucha que es nuestra, como nuestra es esta tierra que habitamos, aunque tenga por ahora otros dueños.

Somos la lanza que dibuja en el aire el arco de una historia milenaria, la cima de la piedra que mira hacia el solsticio, el rito de la primavera, convocando el nacimiento de la vida.

Nuestros son los sueños que se levantaron sobre este continente con nombre de lluvia y sonoridad de cascada. Nuestro el trabajo, el fruto y el telar.

Nuestros los caminos que conducen a las constelaciones, en las que nuestros antepasados leyeron los signos de las cosechas y de la vida. Nuestras, aunque arrebatadas, apropiadas y destruidas las voces, el canto y el amor del habitante que levantó la guerra ante el invasor.

¡Nadie descubre a Nadie! No hay sociedades cubiertas ni descubiertas. Somos vida que se hizo río fértil y sonoro sobre estas tierras, hasta que llegaron los asesinos con sus instrumentos de muerte a sembrar desolación y ruina, donde antes florecían sonrisas sobre los rostros.

Desde entonces quedó planteada la querella, los términos de un combate entre los supuestos descubridores y los No Descubiertos, entre invasores e invadidos, entre domesticadores y quienes se han negado a ser domesticados. Ellos son los No Descubiertos, quienes resisten, quienes no se entregan ni dan tregua, a pesar de todas las derrotas. Quienes han guardado el canto ritual de las consagraciones en las embarcaciones de la libertad.

Los No Descubiertos, una conciencia y una condición diferentes. Porque somos la otra cara de la historia, la historia anónima y colectiva que escriben los pueblos, a pesar de las minorías que los rigen y los dominan, la historia luminosa de la resistencia, más allá de toda muerte impuesta, toda masacre ejercida. La historia de los No Descubiertos.

Tenemos la fuerza de los ríos, el vigor de los bosques, la templanza del maguey, la ilusión de la siempreviva y todas las lecciones que los dioses antiguos dejaron sobre las piedras. Y nos toca hacer trabajo de artesanía, oficio floricultor, tarea de enjambre y de panal, para reconstituir la vida que nos fue quebrada, y recomenzar los tiempos de cosecha y los días de maíz.

Nos toca a los No Descubiertos aglutinar la rebeldía, sembrar caramelos de amor en las luces de los ríos y echar a andar los días de las risas y el combate. Ellos tienen la propiedad de quinientos años de infamia y nosotros el infinito de la vida que resucita cada día sobre la ilusión de los hombres. Ellos tienen la autoría del crimen, nosotros la razón histórica que se vuelve pedernal.

Ellos tienen la mordaza y nosotros el canto. Ellos tienen su cultura y su ciencia descubierta para domesticarnos y nosotros el mágico talismán de una palabra hecha de alas de pájaros, de piedras de jade, que algún día emergerán de la tierra, del viento y de las aguas, escribiendo en el corazón de los hombres las señales de la vida que habrán de instalarse en estas tierras como bienes colectivos.

No han bastado quinientos años para borrar los vestigios de las ansias alfareras que se anidan en el pecho de los No Descubiertos. No han bastado los descubridores de ayer ni los criminales de hoy, para acallar el sueño de justicia, el anhelo de redención, la decisión de hacer la historia que se aposenta en los pueblos.

No ha bastado ni bastará la represión, la domesticación, la apropiación para silenciar el canto y la copla, la cuerda que se tensa en el aire ni el repique del tambor que anuncia los tiempos nuevos. Ni la cruzada evangelizadora de ayer, ni los propósitos de los descubridores de hoy, logran borrar las huellas del hombre de estas tierras de la faz de este continente usurpado.

Tenemos sólo la piedra y el canto frente a las armas de fuego y el poder de las minorías. Pero somos los más. Y somos muchos y somos fuertes y somos recios. Y llevamos grabadas en el corazón las antiguas y nuevas invocaciones, estirpe jirajara, goajira, pemón, arahuaca, caribe o timotocuica, las lecciones de los gayones, los guaiqueríes o los yupkas, el horizonte de los tepuyes, el sol de las tierras llanas, y el canto de neblinas que se posa sobre los páramos. Tenemos el relámpago, el fogón aún sin encender, la leña aguardando su tiempo de fuego, los sueños recogidos en un haz.

Proponemos un deslinde necesario y asumimos un compromiso ineludible: el del cambio que nos lleve a hacer causa común con quienes reclaman hoy los mismos derechos que disfrutan los llamados descubridores-invasores. No podemos ni nos acordaremos nunca con los conquistadores y colonizadores actuales, que propician el reparto desigual, la injusticia, la muerte y la autodestrucción.

No transigimos con la mentira, la trampa ideológica, la demagogia, el fraude histórico, las razones de los ‘descubiertos’.

Buscamos las raíces para encontrar la verdad y la historia que corresponde a los pueblos, a sus luchas, sus combates, sus derrotas, para convertirlas en victorias. Vamos más allá de las mentiras oficiales para advertir la inmensidad de la destrucción y la infinita posibilidad que tienen los pueblos de levantarse sobre los reveses, en sus anhelos de ser alfareros y constructores de un tiempo distinto. De ser cantores del porvenir.

El cuestionamiento que adelantan los No Descubiertos, va a ritmo de escalada, o a nivel subterráneo, convocando rebeldías inéditas, llamando a la organización de los poderes creadores. Empresa paciente y silenciosa, que a pesar de los obstáculos, va abriendo cauce y brecha en la historia descubierta.

De allí la fuerza inagotable, presente en cada insurrección contenida, en la decisión de los pueblos por conservar su estirpe verdadera de flor y canto para convocar, en esta hora de los No Descubiertos, a la creación de una sociedad de justicia, belleza y amor, que sea la base del país que estamos obligados a construir.




Cátedra “Pío Tamayo” / Centro de Estudios deHistoria Actual / 1992.
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EL SON DE LOS NO DESCUBIERTOS




EL SON DE LOS DESCUBIERTOS


AUTOR
OTILIO GALÍNDEZ

INTERPRETA
CÉSAR LIENDO


Este son se estrenó en octubre de 1990 en el Aula Magna
de la Universidad Central de Venezuela,
en el marco del acto titulado:

CAMINO Y TRASCENDENCIA DE LOS NO DESCUBIERTOS


Se juntaron dos creadores extraordinarios para
producir una obra que es síntesis del pensamiento
no descubierto, cuya vigencia, vigor y
extraordinaria belleza perdura 19 años después
y perdurará en el tiempo como señal
de la historia que tendrá que ser

¡NADIE DESCUBRE A NADIE!

Que resuene hoy, en la maravillosa voz de
César Liendo, en homenaje al hermano, amigo,
poeta y cantor que es Otilio Galíndez


http://dl.dropbox.com/u/10918402/El%20Son%20de%20los%20No%20Descubiertos.mp3
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domingo, octubre 11, 2009

EMBUSTERÍAS DE ESTAMBRES



De esta florería no conozco
su nomenclatura vegetal
su geneología botánica ni el
filamento que la hace estallar
en infinitas espirales
pero en cambio sé que viene de las
profundidades de los besos que las
tempestades depositan sobre la tierra
en las madrugadas móviles
que su respiración cabalga
en las alas de una caricia que
nace del engranaje de los pozos
que abren las aguas en las
estaciones de otoño
que se nutre de la dulzura que
escancian los torrentes amorosos
de las colmenas
que aparece en el recodo
de cualquier paisaje
que relumbra como un sol
aún en medio de la noche
y que sus estambres
se nos quedan grabados
en la memoria como un siempre
luminoso y torrencial


texto y foto / ms
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sábado, octubre 10, 2009

NUESTRO JURAMENTO



Cuando el morir se vuelve
parte de un juramento es
porque el infinito es ya
aposento de adioses y
recados para que cada
una de las palabras del amor
sigan ofrendando hasta las
promesas de la eternidad

abm

Autor / Benito de Jesús

Interpreta / Julio Jaramillo

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jueves, octubre 08, 2009

LAMENTO BORINCANO



Déjame que te cante borinquen
en medio de esa gran tristeza
lanzada por quienes andan
empeñados en quitarle el aliento
a toda señal de alegría que brote
de los jibaritos que en cada amanecer
inventan la felicidad para que nunca
se vaya de borinquen y alcance
lo sembrado para todos los creyentes
en el Dios eterno del fuego inventado
para que nunca se acabe la venta de
contenterías que es capaz de llevar a
la ciudad el jibarito que sabe del arrullo
donde tendrá cabida por siempre la
locura de los ritmos que todos le ponen
a los caminos de frutas amor y libertad

Agustín Blanco Muñoz
Serie Boleros

LAMENTO BORINCANO
AUTOR / RAFAEL HERNÁNDEZ
INTERPRETA / DANIEL SANTOS


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miércoles, octubre 07, 2009

EMBUSTERÍAS PARA IGOR


para igor
porque las mágicas
palabrerías que me regala
en los entresijos de las horas
le tejen fiesta a mis días


En la irreverente
persistencia de tu andar
pervive la vida
más allá de todo desasosiego
en tu decir de amores y
escapularios


mery sananes
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PARA CLEMENTINA TAMAYO, CUATRO AÑOS DESPUÉS


CLEMENTINA TAMAYO
EN EL SOLAR DE SUS SUEÑOS

Cuatro octubres después
el amor sólo ha tejido más hilos
en el tapiz de porvenires
que desde los solares del mundo
siguen construyendo Pío y Clementina

Clementina Tamayo se nos fue para el solar de sus sueños. Era la última de los Tamayo Rodríguez que aún quedaba entre nosotros. Tenía 94 años y una sonrisa de niña que jamás perdió. Fue de alguna manera, la guardiana de los sueños de Pío, de la memoria familiar, de la vida de aquella hacienda llamada “El Callao” que los vio nacer. Fueron once hermanos, hijos de José Antonio Tamayo y Sofía Rodríguez. Pío era el hermano mayor y Clementina la penúltima. Sus cenizas serán esparcidas el domingo 02 de octubre del 2005 en las ruinas de lo que fuera el solar familiar. Regresa Clementina a sus predios, a reencontrarse con los suyos, y a soñar desde otros espacios, la misma ilusión titiritera de un tiempo de solares florecidos.
Clementina, junto con sus hermanas Rita y Flor, contribuyeron decididamente a que la Cátedra Pío Tamayo pudiera hacerse realidad y que se lograran publicar tres tomos de sus obras rescatadas, que se inscriben en el hacer del combate por los tiempos que vendrán. Y con estas páginas se da continuación a la empresa que tiene como militante principal a Clementina, para seguir la lucha contra todo régimen negador de la justicia, la belleza, la libertad y el amor. Por ello la sabíamos preocupada y llena de tristeza. Venezuela sigue, nos dijo en una ocasión, en los tiempos de los avatares de Pío, y ya no sabemos cuando llegaremos al día de un porvenir diferente.
Fuimos en su búsqueda hace más de veinte años y desde entonces nos hemos quedado prendidos de su inmensa ternura. Nos cobijó como hijos y nos fue deshilvanando papeles y rutas de Pío, que ella reconstruía con verdadero amor, para que no se perdiera aquella esencia de justicia, libertad y belleza, que la propia madre, Sofía, les sembrara en el interior de cada uno, desde aquellos días de El Callao.
Nos correspondió editar su libro “Recuerdos de mi infancia en la hacienda El Callao”, que constituye un vivo testimonio de un tiempo, un vivir y unos valores que se proyectaron como código de deberes, al decir de Pío, y como compromiso de solidaridad y ternura para con todos.
La amamos profundamente. Y hoy cuando regresa a sus territorios mágicos y encantados, sabemos que no la despedimos, sino que la acompañamos en su encuentro con Pío, quien la aguarda, armado de una carpa y un papagayo, para recibirla y llevarla a los suyos, que deben andar urdiendo amasijos en las nubes y encendiendo fogones en los atardeceres. A ella le escribimos la carta que adjuntamos, una de las muchas que tuvimos el privilegio de escribirle en estas dos décadas, y que seguiremos escribiéndole, hasta que una enredadera de jazmines esparcida por el planeta nos anuncie un tiempo de Píos y Clementinas.

mery sananes
CLEMENTINA EN EL ADIÓS
DE LAS EMBUSTERÍAS MAYORES

Sabíamos que alguna vez habríamos de escribirte esta carta. Y nos fuimos aferrando a tu resistencia de caña dulce para ir retrasando ese tiempo. Y como siempre lo hiciste, fuiste una arbola capaz de resistir todos los vendavales. Y nos ofrendaste tu infinita sonrisa hasta que los arrullos de la madre y las titiriterías de Pío te llamaron a reconstruir en el porvenir esa estirpe tocuya que se hizo horizonte cuajado de luceros aquí en este territorio de la hacienda El Callao.
Y en verdad, Clementina, que esta carta la fuimos deletreando a través de los años, porque sabíamos que jamás habría despedidas, porque quien como tú siembra en el alma confituras de amor, se queda prendida en el vivir como si estuviese bordada en cada amanecer. Hoy, sólo venimos a hacer una nueva travesía contigo.
Hace casi diez años dibujaste en tus letras diminutas el trayecto hasta El Callao. Entonces dijiste: “sólo es el relato sencillo de una infancia feliz, vivida en el campo, en una naturaleza abierta y generosa, que dejó para siempre su huella, con sabor a miel y la frescura inigualable del amanecer campesino, saturado el aire con fragancia de jazmín y brisa del cañamelar.”
Y te convertiste en vasija para contener las mieles y solar para que en él las enredaderas de jazmines no cesaran de crecer. Tu corazón siempre se asemejó a una alforja de donde extraías, para repartir a manos llenas, rumores de agua, aroma de pomarrosas, golosinas fabricadas en una infancia que volaba en rieles de viento y fantasía.
Y tu presencia se constituyó, como la de Pío, en coraza, en vereda hacia los tiempos que vendrán, en gajitos de porvenir que nos regalas para que ninguna devastación nos confisque la alegría ni nos detenga el andar. Y ese precioso tesoro que nos entregaste, Clementina, silenciosa y perseverantemente, a través de todo tu vivir, nosotros lo prolongamos en nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, como lección jardinera, para que no se acabe ni se silencie jamás.
Por eso, esta carta comenzó hace mucho y no habrá de cesar jamás, en su afán de bordar cabriolas de colibrí en tu regazo, manjares de piña y de guayaba, ofrendas de embusterías, como aquellas que Doña Sofía tejió en las ansias floricultoras de Pío.

Hoy es apenas una nueva estafeta. Y me dice Pío, Clementina, que te aguarda para tus noches una inmensa carpa que él construyó para su Pinochita, hecha de pie de monte y de brisa, que contiene en su interior un fogón que rebosa amasijos y un trapiche que destila mieles, y agigantías de amor.
Hoy sólo hemos venido para acompañarte a recoger la risa que dejaste esparcida en estos lares. Y contigo nos volvemos a ir. Sólo que ahora tienes la tarea, Clementina, de levantar otra vez la casa, de encender la leña, de poner en funcionamiento los engranajes de la vida, de volver a escribir la historia que será. Y aquí vendremos, cada madrugada, a recoger tus viandas aliñadas de panela, para con ellas en el alma, resistir fatigas y desencantos, desesperanzas y pesadumbres.
Me dijo Pío que fabricó especialmente para ti un papagayo que vuela sin hilo, adornado de cocuyos, y con una instancia lo suficientemente grande para que quepa en ella tu ternura. Me dijo que así sabríamos reconocerlo cuando en el dintel de la ventana nos deje sus mensajerías nocturnas, mientras recorre la cresta de los montes de regreso a su Callao, otra vez al revuelo de la caña en su afán de hacerse dulcería.
Hoy sólo cumplimos una palabra empeñada, cuando dijimos: “Clementina es así el cauce de agua que nos comunica lo que fue con lo que será, el día en que los sueños de Pío se hagan realidad sobre las tierras de los hombres. Ella, junto con los suyos, vendrá de regreso, algún día, a celebrar la resurrección de las cosechas y la floración de los nísperos. Ella estará cuando el mundo se convierta en una casa grande donde todos tengan cabida para el disfrute del trabajo común, del amor compartido.”
Aún no hemos arribado a ese tiempo. Y seguimos desde la hondura de los pozos artesianos tratando de restituir el cauce de los hilos de fósforo, que Pío dejó encendidos como lámparas de tierra, en la noche.
Pero como una hoja que en el invierno se deposita en la tierra tan sólo para comenzar de nuevo su viaje hacia las nubes, hoy Clementina, sin ataduras que te retengan, emprendes otra vez el recorrido por la vida en el papagayo de Pío.
Regresas a los territorios de donde, en verdad, nunca saliste. Regresas con estatura de montaña, con fortaleza para resistir cualquier vendaval. Regresas con tu rostro de niña a enamorar otra vez a los pájaros, los espejos de agua, los maizales. Regresas a poner otra vez en funcionamiento el viejo trapiche y las notas de una pianola que en su interior lleva retenidos cantos y acordes que quieren salir adheridos a tus mágicas resonancias.
Regresas a poner orden en las hierbas que acamparon, durante tu ausencia, en las escalinatas de piedra, en el caminito de los caracoles, en el paso de las chicharras. Vienes a aromar la herrumbre del silencio con tus inciensos de azahar. A reunir de nuevo la asamblea de juglares, a levantar otra vez el telón de las hazañas de Pío, a reabrir las trochas y a reanudar las faenas en los membrillares. Te aguardan días festivos.
Pero me pregunto, Clementina, en tu quieta y sencilla sabiduría ¿no será que escogiste este tiempo para armarle a Pío, una hermosa batalla en sus predios floricultores? Estuviste, como prometiste, en la celebración de su cumpleaños, cuando en sus arcones antiguos arribó a cien años de estar sembrando estafetas porveniristas. Y ahora, cuando sólo faltan días para su viaje, en un hilo de luz, desde Namur de nuevo a El Callao, y cuando otros creen haber apagado para siempre su lumbre, ¿no será Clementina que decidiste reunir a Sofía y a todos tus hermanos para recibir a Pío, mientras Rita pone de nuevo a andar su escuela de música, y Flor prepara su manjar de piña, y Juan le deletrea la lecciones aprendidas, y Toño retoma las faenas de la hacienda, y Rosa Eloísa revive los jazmines guardados en el cofrecito de sus amores?
Conociéndote, Clementina, sabemos que andas en esas tareas. Y podemos escuchar tu alegría y el susurro de tu respiración, como cuando Pío te montaba sobre las tablas, o cuando Sofía los acariciaba a todos con sus cuenterías. Y nos alegra acompañarte en tus travesuras de amor.
Ahora podrás regresar como y cuando quieras, hecha flor o fruto, rumor de agua o canción de los sapitos. Siempre serás un recadito de amor que se nos siembra en la ilusión.
Y mientras nos toque el turno de venir a ampliar la asamblea de porvenires, que ahora presides, nos queda la tarea de nutrir el viento, para que no se detenga jamás tu vuelo aventurero. Y lo haremos, Clementina, navegando en el pozo de azúcares de tus pupilas, en el bajel de brisa de tu memoria y en el itinerario porvenirista de Pío.
Para tu viaje hacia el adiós de las embusterías mayores te dejamos una ristra de suspiros y el amor cuajadito en vagones de eternidad.
mery y agustín

Hacienda El Callao
Domingo, 02 de octubre del 2005
al esparcir los sueños de Clementina Tamayo
en el solar de su risa
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martes, octubre 06, 2009

EMBUSTERÍAS DE OCTUBRE


a chilita


Cada octubre se levanta
irrefutable la tenaz permanencia
de una ternura que se adhiere
a los parpados de los días a
los que sigues aferrada

04 de octubre del 2009


ms
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PERFUME DE GARDENIAS

AB

Yo entonces entendí que
para ti fueron sembradas
miles de gardenias para que
en cada uno de tus pasos
encontraras la magia
necesaria para seguir
abriendo caminos al amor
que un día nos inundará a
todos para que cada atardecer
esté libre de traiciones

Autor / Rafael Hernández
Interpreta / Bienvenida Granda

abm


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lunes, octubre 05, 2009

CARTA A JOSE PIO TAMAYO



Esta carta a Pío Tamayo fue escrita hace veintiséis años. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.

Hoy, a 74 años de su escapada a las crestas de sus montes tocuyanos, la volvemos a publicar, con la intención de que despierte en sus lectores anhelos de conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento de avanzada, supo sembrar en este continente infinitas semillas de porvenir que aún aguardan para germinar.


Pío

Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.

Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera. Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.

Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.

Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.

Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste el día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?
Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos llenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.

Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.

¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmensa de tu corazón?

Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.

Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.

¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.

Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompañó tu combate.

Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba allí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.

Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.

Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.

Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. En la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos socialistas que habrán de abrirse en macetas de rosas.

Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo el rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.

05 de octubre de 1983

mery sananes
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