martes, abril 26, 2016

AQUILES NAZOA PERVIVE EN LA RISA DE LOS COLIBRÍES



Apenas tenía 55 años cuando se sembró en las espigas violetas de los cañamerales de Aragua, un 26 de abril de 1976. Había nacido un 17 de mayo de 1920. Y desde que comenzó a echar al vuelo sus imaginerías, no cesó de dibujarle al mundo la visión del niño que llevaba dentro.

Sus secretos poblaron una realidad que lo escuchaba con asombro, pero no comprendía a cabalidad el sentido y proyección de lo que decía, narraba o escribía. Aquiles se fugaba al mundo real de un hombre sin tristezas ni rupturas. Encontraba la armonia en cualquier ser vivo o en cualquier cosa sencilla. Y desde allí iniciaba su travesía hacia el proceso de encantamiento que haría posible trasmutar el ruido en acorde musical, el silencio en palabra amorosa, la niebla en un río de colores, la sequía en retoño.

No hacía otra cosa que repetirle una y otra vez al hombre, que alguna vez fue niño, que está en nuestros propios dominios, hacer un mundo mejor.

Prodigó versos y belleza en cada uno de sus días y los esparció y celebró como una ofrenda que le hacía a sus hermanos. Espantaba los malos tiempos con quimeras de muñecas y con los pabilos que alzaban los cometas. Enfrentaba la sinrazón de los violentos con el rítmico tableteo de una perinola. Escudriñaba la vida con el espejo de sus pupilas que, aliñadas con el amor de Mariita, le permitían ver, más allá de lo accesorio, lo que en verdad resplandece en el interior de cada cosa o cada ser.

Rescató personajes, costumbres, hábitos y valores que pertenecen a ese don del ser humano de ser siempre oferente, no desde la misericordia sino desde el amor. El café recién colado con el que se festeja al visitante. La confitura que nunca falta en la despensa, aún vacía, para que quien llega a tus predios, no se vaya sin su porsiacaso bajo el brazo, como señal de afecto, de solar que se comparte, de hierbas que se juntan para sanar males y padecimientos, o simplemente para aromar los días.

A cada uno y a cada quien le hizo su justo retrato para que no olvidáramos lo múltiples que somos, lo extraordinario en que podemos convertirnos, si nos despojamos de tanto atuendo extraño, de tanto ocio impuesto, de tantos valores en los que no nos reconocemos.

Su casa no tenía puertas ni ventanas. Sus caballos comian flores. Sus muñecas hablaban el lenguaje de la ternura. Sus conservitas curaban los males del alma. Sus mariposas derramaban sobre los cielos de la tierra un alborozo de suspiros.

Sus trabajos, su vida, sus obras, son un regalo, un verdadero ejercicio del vivir, una muestra inmensa de lo que podríamos ser, cada uno, si cultivamos nuestras propias imaginerías y esa maña tan nuestra de querer al otro.

Hoy, en estos tiempos tan difíciles que corren, Aquiles es una tierra a la cual regresar. Tal vez sus palabras nos ayuden a entender por cuántos caminos equivocados hemos transitado y seguimos transitando. Tal vez contribuya a que comprendamos que el mundo que debemos construir más se parece a la casa de Aquiles, que a cualquier modelo o proyecto político o polìtiquero, sea de cuarta , de quinta o de cualquier república inexistente.

Y ojalá podamos visualizarlo primero en nosotros mismos, para después convertirnos en militantes de su credo, en iniciadores de rituales, en constructores de vida y alegrías, en su nombre y el nuestro, con él en nuestra mesa, servida con el azúcar de la caña desde la cual emprendió su vuelo hacia el siempre de lo que vive y pervive en la risa de los colibríes. mery sananes

17 de mayo 2014

Invitamos a leer sus obras y a entrar en estos enlaces


24 de abril del 2009
AQUILES NAZOA, EN OTRO ABRIL

24 de abril del 2009
EMBUSTERÍAS DE AQUILES NAZOA – CREDO


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