miércoles, marzo 31, 2010

ZAIRA: DEL TIEMPO CALENDARIO AL TIEMPO MÁGICO




Zaira de mis amores, Zaira la niña en flor que se le ocurre escalar los noventa para que creamos que alguna vez creció. Zaira la maga que recluta hojas secas y las convierte en almácigos. La que resucita colibríes. La que restaña heridas y destila mieles sobre colmenas fabricadas de su propia piel olorosa a eucalipto.

La que cura a distancia con el simple acorde de su voz o invocando el triángulo exacto de sus energías que esparce generosamente sobre cualquier regazo adolorido.

Zaira la de las cartas amorosas, los versos que se abren como arrecifes de pétalos, los abrazos que se quedan grabados como una memoria infinita sobre el resplandor de los rubores. Zaira la novia de siempre, enamorada hasta del guijarro diminuto que le sirve de aposento a la danza ritual de las hormigas.

Zaira la inmensamente dulce que da de comer a todos, con su fronda de azúcares, sus gajitos tiernos, su corteza de azahares y su bocado de especies que condimentan la vida en todas sus travesías.

Zaira de cielos sin capotes, de amaneceres que aún no hemos presenciado, de días que quedaron registrados en el código genético de las sonrisas de los niños que arribaron con lágrimas al santuario de su regazo y emprendieron su fuga hacia el círculo de las rondas.




Zaira la que es capaz de escabullirse en el lomo de un delfín o salir volando en la luz de un cocuyo,que hace suya la canción de la cigarra y la guarda cuidadosamente sobre los árboles para sepan de sus abriles.

Zaira la que hechiza los malos tiempos y le dibuja a los vientos sonatas para flauta dulce y clavicordios de mazapán.


Zaira la de la olleta siempre rebosante de caldos nutricios capaces de estamparle a la tristeza un salvoconducto para las fronteras del olvido.

Zaira hecha de especies marinas que, en alianza con los peces de agua dulce, es capaz de subvertir una lágrima hasta convertirla en residencia de luceros.

Zaira la madre y la hija, Zaira la abuela, Zaira la cuentacuentos, que llena su cuartel general con toda suerte de actos de magia, encantamientos y milagros que trepan por las paredes, se detienen en las ventanas, toman por asalto las vigas más altas y los cristales que se miran en los árboles, hasta el punto que después de visitarla, uno ya no sabe si anda o vuela, si habla o musica, si respira o si uno se convierte en puro suspirito de agua.

Zaira la de todos los que se le acercan, Zaira la rebelde y libertaria, subvertidora de muros y líneas divisorias, la que le borda armonías a los tiempos más fieros y le teje golosinas a la oscuridad.

Zaira la hermosa, la que aún se enciende en rubores y se le aguan los párpados ante la terneza, Zaira cumple noventa años calculados en uno de esos calendarios formales que se han hecho para edificar la vida como si fuera un edificio hecho de ladrillos que se suman unos a otros.





Sólo que Zaira no cabe en calendario alguno. Los años no tienen estatura para contar sus travesuras ni los meses una estación lunar que contenga sus misterios. Zaira se derrama por los siglos, los que la precedieron y los que habrán de llevarla a los confines del futuro, engalanada siempre con un manto de amor incomensurable.

Nosotros somos privilegiados testigos de una parte diminuta de su vuelo. Y la celebramos y festejamos hoy, como todos los días de nuestro vivir, como uno de los regalos más hermosos que la vida nos ha entregado, para dar muestras de la magnificencia y el esplendor que mana de ella y que algún día se esparcirá sobre toda la tierra como la expresión cotidiana de la humanidad en colectivo que aún no hemos construido.

01 de abril del 2010 / ms


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martes, marzo 30, 2010

ALMACIGUERÍAS




El día en que los almácigos
inunden el corazón de la
tempestad de cada hombre
habremos llegado a la
convicción de las campanas
que no doblan por la vida


abm

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lunes, marzo 29, 2010

PARA ROMPER LOS PROTOCOLOS - A IGOR SILVA



Igor

Ayer, 28 de marzo, a las 2 de la tarde, diste por concluida esta etapa de tu vida. Opusiste todas las resistencias, batallaste como un gigante, sin otras armas que esa sonrisa tuya, que pretendía ocultar siempre una tristeza que amarizó sobre el torrente de tus sueños, y que se quedó allí para un siempre que se rompe en este instante de desprender el día de la noche, e ingresar a un espacio vasto como los silencios de los que se te llenaron las miradas. Ahora eres de nuevo pez anclado en una tierra que en sus precipicios interiores guarda pozos de agua dulce para tu sed.

Pensamos este instante tantas veces, al verte erguido imaginariamente sobre una estructura que ya no te sostenìa, cuando indagábamos en la poblada de células que equivocaron su rumbo al abordarte como un galeón, presto a tomar para sí, como un bebedizo sagrado, el rumor de la colmena que te nutría.

Y sin embargo, no bastó la tarde, ni la madrugada para que cupiera en ella la escarcha de las palabras que no se pronunciaron, los abrazos que quedaron inéditos en el pecho, la estación de risas que no se esparció sobre los equívocos callejones de las penas expropiadas.

Ahora que tu bendición cobra una nueva dimensión, que me toca recogerla más allá de las empalizadas, en el territorio sonoro desde donde las chicharras elevan su cántico, retomo el lenguaje de los fagots para hacerte llegar mis recaderías.

Me había prometido a mí misma que esta carta te la entregaría en tus manos, que no quería esperar tu ausencia para que las palabras hicieran estación en los pozos de los ojos que ya no retratan el reir de tus abrazos. Pero nunca te la entregué.

Hoy recompongo el papel que estaba escrito para que tus manos lo leyeran y se lo entrego al hemisferio de los náufragos, al almácigo que te contiene, al viento portentoso que transporta el día hasta su estafeta nocturna, para que algún milagro te lo despliegue hasta devolverte tu eterna picardía y ese reir desenfrenado de colibrí enjaulado, que tanto llenó nuestro vivir de tu presencia caminante y peregrina.




Igor

Me niego a escribirte cuando ya no puedas sostener entre tus manos mi carta y leerla. Y no porque piense que tú no sabes lo que te voy a decir en ella, sino por mi propia necesidad de expresarte, en palabras, lo que uno te ha dicho, a través de toda la vida, con una sonrisa, o simplemente pidiéndote esa bendición que siempre me ha protegido contra serpientes venenosas y todo bicho raro.

Sé, Igor, que formas parte de esos afectos que se instalan en el corazón y nunca se van, porque se arraigan en el alma, se asientan en las pupilas, se quedan en el territorio de las cosas esenciales al vivir. Después de todo, siempre has sido y eres, la risa que contagia, el vuelo alto en medio de las dificultades, el juego que nos vuelve a hacer niños.

Y sé que te tocó recorrer un camino escarpado, indeseado, inesperado, que un día te atrapó sin que ninguno de nosotros pudiera hacer nada para detenerlo. Sé que te empecinaste, con recio coraje, en espantarle las vías a esas células que dejaron de protegerte para hacerte heridas dolorosas y profundas.

Te hemos visto dando tu batalla y nos hemos asombrado de tu fortaleza, tu envergadura, tu resistencia, tus ganas de aferrarte a la vida, sostenido del más mínimo hilo, aunque el dolor se agigante. Y allí, silencioso, sin dejarte ver, de bajo perfil, como para que nadie advierta los destrozos, nos has dado y sigues dando una lección perseverante de vida, de alegría, de altura humana.

¿Cómo entonces no he de escribirte? Si ahora es cuando quiero decirte lo que te queremos, lo que significas para nosotros, las memorias que has dejado grabadas en nuestros días, la risa que brota de tu cara de niño regañado, de carajito travieso, capaz de inventar cualquier cosa, para romper todo protocolo y vestir la hora de alegrías.

Y sin embargo, sé también que el tiempo se nos está yendo ligero, proporcional a la intensidad de los dolores que ya no se te calman ni siquiera con los calmantes más recios. Y me niego, Igor, me niego rotundamente a escribirte esta carta cuando ya no andes con traje de hombre, sino que hayas traspasado a otra dimensión, en la cual el amor jamás desaparece.

Te hablo ahora, hoy y aquí, no en tiempo de despedida, sino en encuentro de alegría. Porque, cualquiera sea el desenlace, tú y yo le seguiremos dando cuerda a esas conversitas que siempre nos construyen memorias de hermanos.

Y sabes, Igor, en medio del dolor, sólo podemos mirar la vida que hemos vivido. En medio de la hondura de las heridas, debemos celebrar la fortaleza de nuestro cuerpo, y la fuerza gigante de nuestro andar en las travesías que hemos acometido.

En medio de lo inesperado debemos dejar registro de todo aquello que aguardábamos y que nos fue concedido en el devenir de los días.

En medio de la tristeza debemos ir al encuentro de todas las alegrías que han honrado nuestras vidas.

En el centro de la ausencia debemos traer a la memoria viva, toda la presencia que ha acompañado nuestras noches y días y que le dieron plenitud a nuestro vivir.

Cuando sólo los milagros ocurren, debemos seguir los designios que el tiempo determine y que la vida haya dispuesto para nosotros y con armonía en nuestro corazón ser capaces de caminar a través de la oscuridad a sabiendas de que en nuestras manos se asienta la verdadera clave que ilumina todas las cosas.

Cuando los días se tiñen de grises recordamos el sol y lo aguardamos con más pasión que nunca. Cuando los días amanecen brillantes a veces necesitamos nubes y tormentas que nos recuerden lo a salvo que estamos entre aquellos que amamos y que nos aman.

La gracia de la vida reside en nuestro interior y cuando hemos hecho camino siendo oferentes, sin amargura y siempre con nuestras manos y el corazón abiertos a los otros, sabemos que estamos en paz con nosotros mismos y con aquellos a quienes amamos

Cuando suceden las cosas, aún las más inesperadas, si hemos vivido en alegría y paz, hay que acompañar este nueva estación sin desesperación ni tristeza sino con fuerza y un amor que lo arrolle todo, a sabiendas que hicimos lo que debimos y aún más, y que aquellos a quienes quisimos y que nos quieren, siempre vivirán en nosotros y nosotros en ellos, en la alegría de las cosas más sencillas que hemos compartido.

Entonces, si tenemos la humildad y la entereza suficientes, las lágrimas se irán, también el dolor, y así lograremos recomponer todo lo quebrado, reintegrarlo todo a la unidad de lo que somos, y la vida volverá a ser un acto de magia del cual privilegiadamente hemos formado parte.

Eso significa, hermano del alma y de la vida, que todos los que te rodeamos, quienes te queremos a rabiar, te decimos que nunca estarás solo, que donde quiera que vayas, nuestros amores te acompañarán, y que no queremos verte sufrir más de lo que ya te ha tocado. Que te queremos y que tu bendición estará conmigo hasta que vaya a tu encuentro a seguir desafiando los formalismos y las composturas y podamos reirnos de nuevo como los niños que somos, hurgando centellas o contando suspiros.

ms
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OFRENDA DE PAPAGAYOS





Ofrenda de papagayos
en un tiempo de lluvias
que humedeció el ascenso
y enredó los hilos
en los tejados más bajos
fantasía de vuelo
sin brisa ni viento
para una travesía que soñó
un lugar entre luceros
desde su morada de barro
y amapolas


ms / 1980
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domingo, marzo 28, 2010

ALMACIGUERÍAS



Hoy no se cómo andar
mientras pasa la
tristeza que nace al calor
de los almácigos que
siempre perdemos pero
que nunca dejamos de
querer



abm
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sábado, marzo 27, 2010

IMAGINERÍAS DE PALOMAR




Una tarde de diciembre y frío invierno, una paloma se detuvo justo frente a la ventana desde donde me asomo para ver a los pájaros en su comer de alpiste. No era de las palomas blancas y negras que suelen revolotear en las plazas. Esta era color sepia, marrón claro. Y nunca la había visto antes por estos corredores del viento.



Y fue como si la vida entera se hubiese detenido en aquellos ojos inmóviles que me miraban desde el lugar donde se había posado. Y como si todas las palomas de mi infancia hubiesen comenzado a volar de una sola vez, danzando su alegría sobre las migajas de pan de jobo que llevaba en mis diminutas manos de niña.


Recordé que cuando era pequeña mis padres a veces me solían llevar a la Plaza de las Palomas que queda en Macuto, con nuestro equipaje de arroz y migas, con los cuales alborozábamos los días y construíamos memorias.








Cuando mis hijos comenzaron a dar sus primeros pasos, allí los llevé con sus recortes de pan y sus sonrisas a que les dieran de comer en sus manos. Y ellos a su vez construyeron sus memorias. Y aún en tiempos recientes, he bajado a la plaza con los hijos ya grandes, a esparcir granitos y recibir alegres revoloteos. O me he ido en solitario a desandar caminos de aves y pan.



Me gustan las palomas, las que arman su bullanguería en las plazas y las que de pronto salen volando de los ojos como si fuesen palomares. Las que beben en las fuentes de las plazas, las que se posan en la mano amiga que les ofrece el grano. Las que se van y regresan. Las que no vuelven. Las que nacen en el corazón de los niños. O en el diafragma de los enamorados.


Las que pintó Pablo Picasso para garabatear la paz sobre este mundo de muerte. La que dibujó inmensa sobre las alas del mar René Magritte. La de Rafael Alberti que se equivocaba creyendo que el trigo era agua y el mar el cielo, que las estrellas eran rocío, y que en vez de irse a dormir en la cumbre de una rama, hacía silencio a orillas de un regazo.



La paloma que Efraín Huerta hizo anidar en el hombro derecho de la muchacha negra para que una sonrisa de oro se hiciera luz en sus labios. La que se hizo collar entre las letras de Ibn Hazm, para que en su plumaje en vuelo esparciera las señales más altas del amor.



Las que se quedan mansas y tiernas sobre el palomar de unas manos y luego salen en bandadas de los párpados como rayos de luz. La paloma que llega a los ventanales con las recaderías de aquel a quien se extraña.




Las palomas que a veces nadie quiere porque lejos del agua se anidan en los dinteles, en los charquitos, en las goteras y en los zaguanes, llenándolo todo con sus plumas pequeñitas que como hojas de otoño se despiden en el viento como las cuerdas de un fagot que se silencia lentamente. Las que llaman los niños con sus manitas extendidas con hebras de trigo, y las que la gente grande espanta, sin advertir que con ellas se marchan sus propios suspiros.


Las que llevan mensajes en sus piquitos escritos con la tinta indeleble de sus propias respiraciones. Las que hacen nido en el anverso de los latidos. Y esparcen la espuma que les regalan las piedras. Las que son espejos móviles del agua. Parámetros de los azules oceánicos. Estampida del aire.



Y a quién que haya nacido en tierras de orilla no le va a gustar el mar. Lo llevamos por dentro y lo escanciamos en los días de sequías. Aliñamos los días con su sal. En su oleaje hemos escrito todos los versos del universo. En sus piedras nos hemos sentado a reinventar la vida, a desaparecer los horizontes para que todo fuese cielo o todo fuese un mar inmenso.


En sus tonalidades hemos conocidos todos los verdes y los azules y el plata de la luna cuando se zambulle en las noches en busca del rumor de los peces. O hemos encendido todas las fogatas que nos regala el sol cuando al fin se rinde ante la majestuosidad de las aguas.



En sus orillas hemos soñado travesias en bajeles de velas azules siempre con sus brújulas en dirección a los sueños. Y hemos lanzado nuestras atarrayas para hacernos de un equipaje de espumas y de susurros de agua.



Hemos desandado la tristeza de los pelícanos en su último vuelo, perseguido a los cangrejitos entre las piedras, nos hemos sumergido en busca de un caballito de mar o de un collar de corales para engarzarnos el cabello. Y le hemos robado al viento el rubor con el cual desata las crines del agua.







Todo eso me trajo a la mente la visión de esta palomita solitaria que acampó en mis espacios y se quedó más de diez minutos inmóvil mirándome y yo a ella en un diálogo silencioso para que su música quedara entretejida en la noche que no termina.

ms


Publicado en Media Isla
el 20 de marzo del 2010.


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viernes, marzo 26, 2010

ALMACIGUERÍAS




Al amanecer a la diestra de los
almácigos sólo nos queda la
siniestra de los amores o los
milagros de tus atardeceres

abm
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martes, marzo 23, 2010

AMOR SIN ESPERANZA




¿Pero es que tendremos que vivir
y seguir andando por un mundo
sin amores ni esperanzas?

¿Cuándo
iremos a la creación de un tiempo
en el que los amoríos y aspiraciones
formen parte de todo lo que no
tendremos que buscar porque
ya está en el propio disfrute
de la existencia?

Atrás quedarán entonces los vacíos
de las almas de los recuerdos dejados
en los cuartitos para que sólo viva el
sueño del lugar donde florecieron
todas las entregas que deben hacer
del volver la alegría del corazón para
que la suerte se encauce hacia caminos
en los cuales se rescate las luces de
membrillos y los amores de vuelo
y esperanzas mayores


abm
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EMBUSTERÍAS DE AZAHAR



Y el amor
cabalgó sobre
un río de azahares


ms / 1980



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lunes, marzo 22, 2010

PERDÓN - MAESTRO PEDRO FLORES




Perdón
Pedro Flores

Todo corazón ansía un poco de
amor para llevarlo al regazo de la
vida sin perdón donde el querer
vuela en alto y la ilusión va más allá
del encuentro con lo marchito que
queda en la huella de los días que
no alcanzan al paso de las trinitarias
de los sinsabores
y sólo así los ángeles tienen la sensación
de que no habrá separación de los
corazones llamados a convertir las iras
del mundo en un simple andar
de cariñitos que nos
coloquen más acá de todo perdón de
soledad y tristeza

abm
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viernes, marzo 19, 2010

SERIE ESPEJIDADES




Si el espejo ríe
es porque la risa
también es un espejo


abm


Johann Sebastian Bach
Schubler corales / Cantata 140

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jueves, marzo 18, 2010

UN APLAUSO PARA LUIS MARIANO RIVERA




Hace once años, un quince de marzo,
Luis Mariano fue a hacer residencia
en el corazón de las florecitas silvestres.
Hoy seguimos desde esta cátedra que lo designó
Maestro Floricultor celebrando y festejando
el manantial de poesía que fue su vida
y el racimo de palabras que se hicieron canción
en las sonoras cuerdas de un cuatro
que no se apagará jamás.



UN APLAUSO PARA LUIS MARIANO
Publicado en La Razón, el 17 de marzo del 2002


ETERNO TRANSEÚNTE DE LA FLOR

Eran las seis de la mañana de este viernes 15 de marzo, cuando Luis Mariano tomó el vuelo de las guacaritas que llevan a los territorios de los cundeamores y las florecitas de monte. Allí decidió irse este titiritero del amor y la belleza, la libertad y la justicia, la alegría y la creación. Y fue sencilla su partida. Porque su equipaje estaba hecho a la medida de los hombres que viven para siempre y están dispuestos al cada día y a las circunstancias que señale la vida. Un arsenal librado de enseres y cargado de sueños e ilusiones. Todos los infinitos se juntaron para conformar el nuevo espacio en el que Luis Mariano levanta la posada del eterno transeúnte llamado a hacer en las naves del viento el más colosal reparto de las más vibrantes cariñerías.

Sabemos por esta razón que Luis Mariano se fue a conciencia. Tenía Todo dispuesto y planificado para una silenciosa partida que sirviera, sin embargo, para que todos supiéramos que había llegado la hora de andar por los caminos de los otros tiempos. Esos que sirven para poner a prueba la existencia o no de una verdadera vida. Luis Mariano tenía seguridad y confianza en sus pasos. Por ello sabía que tenía que andar con su canción en el momento en el cual se erige el nuevo y potente domicilio. Por ello, en la madrugada de hoy hizo llamar César y Augusto, Alejandro, Flor y La Negra y les pidió tomaran cuatro y guitarra, voz y firmeza para entonar el más alto himno a la vida.

DIMENSIÓN DE CANTO

En todo momento tuvo presente el señalamiento de Pío Tamayo: “Aún en el instante supremo de la muerte / yo quisiera sonreír / viendo entrar el sol de primavera / por las grandes ventanas de mi alcoba / oyendo a los pájaros gorjear / y al viento contar maravillas de / sus últimos viajes” Sí, Luis Mariano esta sonriente y feliz porque andaba en la dimensión de la canción y en ella se transportaría. Fue entonces ver como se agolpaban cada uno de los temas que habían nacido a lo largo de los días de una vida que no se dejaba dañar por los creadores de tropiezos. De esta manera se echa a andar la cancionadera con sabor a fragancia, amor y tierra. Un poema tras otro. Unos que harían existencia musical y otros que serán recitados por la sensibilidad del poeta de escenario a escenario.

MÁGICO TEJEDOR DE BELLEZA

Primero llegó un Canchunchú Dichoso que marcó la diferencia entre el artista creador de las huellas orales y las escritas que se transforman en documentación musical. Todo había comenzado con las ganas de parrandear y la preparación de un gran conjunto de aguinaldos. Y en esta empresa nació el Canchunchú Florido que comenzó a andar por todo los lados hasta llegar al punto tan increíble como cierto de convertirse en la canción que lleva dentro de sí todo oriental y buena parte de los venezolanos de entonces y ahora.

Será por siempre inolvidable la experiencia que iniciáramos en 1991, cuando dejamos registro de un total de 45 canciones que en lo fundamental se refieren a su condición de mágico observador de la naturaleza: Lucerito, La Cerecita, La Guacara, Mi Ranchito Campesino, Florecita sin Nombre. El Tucán, El Mango, El Casabe, La Taparirta, La Cocoroba, La Chiva, El Pilón, La Achicapoza, El Sancocho, El Cundeamor. De tejedor de la belleza que anida en la vida de los hombres y mujeres de su tierra: La Negra Petra, La Viejita Ramona, La Carbonera, Mi Comai Juana María, La Negra Ciríaca, La Negra JaJa. O de recolector maravillado del paisaje de su tierra: Macarapana, Maturín, Cariaco, La Esmeralda, Santamaria de Cariaco, Río Caribe, Margarita, Guiria.

CANTOR DE COSAS SENCILLAS CON SABOR ETERNO

Por todas estas canciones pasó Luis Mariano. Su misión era poner en la voz y el sentir de la gente esta obra que nace del corazón de los pajaritos que acarician la flor con su piquito en movimiento agigantado: “A mi me gusta cantar / canciones para mi pueblo / canciones que tengan gracia / y alegría por dentro / canciones que digan algo / que arranquen del sentimiento / canciones tontas no gusto / para cantarle a mi pueblo / en mi cantar sólo busco / en mi cantar sólo quiero / cantar las cosas sencillas / que tengan sabor eterno”

Y al lado de este discurso musical, el poético que alguna vez podrá escribir su música. En celaje pasaban por la mente del Luis Mariano estas canciones, aquellos momentos de la permanente alegría. Sus amores, las parrandas y sobre todo la preocupación por su propia gente, el campesino, el esguañangado de siempre que ha visto pasar por su frente todo tipo de ofrecimiento y que a la larga permanece condenado a todas las miserias y en espera del próximo ofrecimiento de otorgarle las reivindicaciones a quienes sólo parecen haber nacido para el padecimiento. Por ello la obra de Luis Mariano no es sobre su gente, es la propia gente quien se expresa. “Hago versos para mi pueblo / a mi pueblo le gusta / el sabor de mis versos / habrá algunos que digan / que no tienen sentido / que son necios / esto no importa / lo importante / es que a mi pueblo le gusten.”...






CREADOR MAYOR

La nota de la sensibilidad social es la misma nota musical. No hay aquí intención de jugar o afirmar lo que se conoce como compromiso intelectual ni una obra para que sirva a.... La obra que nace espontáneamente de la gente llamada del común, sin nombre, como las florecitas de monte, llena de aroma, de vida y alta condición de humanidad, es la que, de verdad, conforma el hacer artístico-creador del pueblo que los hacedores tradicionales de menjurjes en el campo del saber-conocimiento llaman cultura popular, para diferenciarla de la auténtica, es decir, de la que producen los élites del conocimiento y dueños de la posibilidad de hacer y expresarse en forma y términos artísticos.

En realidad, Luis Mariano, estuvo toda su vida bien alejado de estas consideraciones teóricas. Nunca surgió como intelectual en el sentido en que se conoce esta “especie” en nuestro medio. No se le vio tomar posición de gente aparte porque tiene el don de la creación, la composición, porque es autor que disfruta de la fama. El máximo valor de Luis Mariano reside en su capacidad para ser uno más de su pueblo-gente-pobres y hacerse simplemente una voz de todos y para todos. La intención no es llevarle un mensaje a ese colectivo sino recoger el suyo y esparcirlo por toda la sociedad.

VIEJO SOÑADOR

Por esto el caso de LM es tan singular. “Era un viejo / que amaba las flores / los pájaros los nidos / que hacía versos sencillos / y canciones ingenuas / que penetraban / por su pureza el sentimiento / vivía en un rancho / de tejas y palmas / rodeado de árboles / donde a su sombra / vivían pajaritos ranitas / mariposas / seguros de que nadie los dañaba / porque él los protegía / con amor y con afecto / era un viejo soñador” No tiene nada que ver con el común de las acciones promovidas y emprendidas por la intelectualidad. LMR es uno de los tantos creadores con que cuenta esta Venezuela maltrecha, saqueada, golpeada y limitada en sus perspectivas. No se trata entonces de verlo como algo aparte, singular o especial. Es un creador del pueblo que decide alzar su voz para hacer de muchos lo que nunca consideró suyo.

GIGANTE DEL SUEÑO

Toda esta revisión se hermana con el acto simple y tan profundamente amoroso que acometió con fuerza y brío, este gigante del sueño de todos los colores y tamaños de infinitos. A su lado se situaron los integrantes de su último conjunto, pero al comenzar a tocar se le fueron juntando muchos otros cuatristas, guitarristas, tamboreros, maraqueros y cantaurías. El desfile de las canciones no se detuvo en ningún momento. El director de la gran banda se agitaba con fuerza, valor, perspectiva y decisión. Quería música para tenerla, llevársela y repartirla entre los habitantes del gran teatro del viento que se hace aposento del pueblo musical. Fue asombroso el brío de su voz, la señal de sus brazos, la insistencia de sus peticiones para que se respetara las tonalidades de este gran concierto de su despedida dirigido por el propio poeta de Canchunchú Florido.

POETA CAMPESINO

Y ante esta despedida tan festiva, vibrante y creadora, uno de los miembros de la gran banda preguntó sobre el qué hacer con la voluntad que Luis Mariano expresó hace varios años: “Cuando yo muera / quiero que se cumpla éste mi ruego / que mi urna sea sencilla / que sea de cedro / hecha a la usanza antigua / para que mejor carguen mi cuerpo / que mi cadáver repose / antes de partir al cementerio / bajo del techo de mi rancho humilde / donde tantas canciones hice al pueblo /... / y no olviden de poner mi cuatro / con preferencia sobre mi féretro / no puede dejar de ir conmigo / quien fue en mi vida amigo y compañero / oh cuatro de sonoro acento / sencillo instrumento de mi pueblo / que mientras más sencillo eres más puro / y mientras más puro eres más bueno / a ti te debo mucho lo que fui / a ti te debo mucho lo que dejo / ¿y qué puedo pedir para mi tumba? Una lápida que diga así estos versos / aquí yace Mariano poeta campesino / cantó a las flores cantó a los pájaros / cantó a la tierra y cantó a su pueblo”

NO HAY ENCIERRO PARA QUIEN VIVE ENHEBRADO
A LA VIDA INFINITA

La verdad, Luis Mariano, es que no hay cadáver que vaya a reposar en una urna de cedro porque el pueblo de tu canción te pide mantener en alto el cuatro y la voz de lucha y poesía. La decisión está tomada por ti mismo: no es posible abandonar al pueblo ni a tu cuatro ni a tu conjunto. Menos a La Negra enhebrada para siempre a tu vida infinita. Entonces te está impedido formar tumba con lápida para encerrarte. El poeta campesino que eres no yacerá porque no hay muerte que pueda estar por encima de la licencia poética que manda al poeta a seguir cantando a las flores, a los pájaros, a la tierra, al pueblo, al hombre y la historia que tendrá que aparecer, ser y crecer.

CENTINELA DE FLORES

Sabemos, sin embargo, Luis Mariano, que falta aún mucho por andar para que tu lección de humanidad, tu visión del mundo, tu código de amor, se sirva en la mesa como el manjar de cada día. Aún está prendido en la enredadera de tu corazón, aguardando el tiempo de hacerse concierto colectivo y anónimo. Como siempre te dijimos, Luis Mariano, no basta tomar tu canto y hacerlo resonar en los escenarios. Para serle fiel a tu militancia de creador, a tu compromiso de hombre libertario, a la dimensión de tu acto creador, es necesario aprender a vivir tu vida de centinela de las flores, de enamorado de los rostros más tristes, de ilusionado aventurero de los caminos. Hace falta desprendernos de todo lo accesorio para ingresar en el territorio de lo esencial, donde tejen los sapitos sus melodías de agua, donde las achicapozas bordan los pozos con sus alitas primorosas, donde el juguito de amor hace alianza con el acidito de tu tierra, para escribir la canción de la humanidad que algún día entonarán los hombres.

LIRIO, ESPUMA, FRAGANCIA Y AMOR

Por eso, Luis Mariano, sabemos que nunca habremos de escribir despedidas. Tras los cristales de los ojos, con los que te adentraste en el dolor y la injusticia, para destilar amores, sabemos que estarás por siempre prendido en los hilos invisibles de la vida, hecho lirio, hecho espuma, hecho fragancia, hecho purito amor. Luis Mariano, porque te necesitamos, te tendremos y rescataremos cuantas veces sea necesario para seguir aplaudiendo tu vida de siempre y todavía.

Agustín Blanco Muñoz




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miércoles, marzo 17, 2010

SERIE ESPEJIDADES




Yo no sé si el espejo
sirve para que se vean
los chocolates en las
penas de las almas


abm
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lunes, marzo 15, 2010

PALABRAS DE VIENTO Y CAMPANARIO



A Orlando Zapata Tamayo,
asesinado en Cuba
por los hermanos Castro,
el 23 de febrero del 2010,
y a quienes como él son violentados
hasta la muerte, por rebelarse
contra regímenes, de todos los órdenes,
en los que prevalece la continuada
y extendida negación
de la humana condición

Esta carta está dirigida al primer transeúnte que pase por el lindero de mis azares, por el precipicio de mis sinsabores, por la oquedad de la tristeza que se agolpa y acumula en el corredor de los días, como barcos sin velámenes desplegados, ni mapas de navegación.

Carta que lleva engarzada una flor que sigue desprendiendo aromerías, a pesar de que se cerraron los canales del viento. Un papel maltrecho que, sin embargo, reparta sonrisas y confettis en los rincones de la muerte, que encienda candiles en los agujeros por donde la tierra mitiga sus vacíos, que se abalance con un beso sobre el primer rostro escarnecido.

Que contenga un tropel de palabras que se vuelque sobre el silencio de los muros hasta abrirles boquetes por donde entre la luz. Una carta que pueda convertirse en vasija o que desplegada se trasmute en la imaginería de un campanario.

Una carta que hable por todas las palabras extinguidas, por los cometas que no pudieron acampar en el niño a quien le arrancaron la risa, por la miel que se escapó de las colmenas sin encontrar su recipiente en el corazón del hombre.

Palabras que el agua convertirá en la sed de un cauce reseco o que el fuego le regalará a los albores violeta del día. Mensaje sin itinerario y que es apenas un antojo de ir a contracorriente estampando florerías a los fusiles, como si algún día las balas pudieran cambiar su dinámica de pólvora por el almìbar que se desprende de las caramelerías.

Un papel estrujado y arrugado que no lo sostiene la mano pero cabe en la irrupción de un suspiro que conjuga lo que no pudimos respirar ni alcanzar con el arco de un abrazo.

Una señal de esas que van a parar al olvido o que se consignan en las esquinas de una lágrima que nadie enjuga. Un verso que no adquiere la sonoridad del poema. Un adagio sin cello. Como quien quiere alargarle la mano abierta a un hombre desarmado, sacudido por odios de los que no tenía conocimiento alguno.

Palabras que cabalguen por encima de la gramática, de los sujetos y predicados conocidos, para adentrarse en el territorio abrupto de las perplejidades, en el campo atrincherado del otro, en los espacios de un infinitivo que aún no hemos aprendido a conjugar.

Un recado de amor que convoque al hombre sin palabras a que desate el caudal de su dulzura, el arpegio de sus imaginerías, los sinsentidos de sus asombros, hasta robarle a la muerte los escenarios de sus antojos.

Carta escrita una y otra vez en la nervadura inquieta de los gajitos de mandarinas o en la humedad trivial de los nísperos. Pero que no alcanza a ser esculpida por la deforestada condición de un hombre sin vocales.

Un gesto que detenga la migración incesante del sufrimiento, que le ponga fronteras al desahucio, que repele toda agresión y exilie del planeta la forzada servidumbre de los expropiados de sus raíces, cantos y nostalgias.

Una carta dirigida a los mandatarios del mundo, para que cesen en sus funciones destructoras y dejen lugar a que el hombre se descubra a sí mismo, en el espejo de sus propias pupilas hasta que ejerza el oficio creador que lo sustancie, y derrame sobre los huertos desvalijados la mágica espiga del grano que se multiplica.



Palabras hechas de hilos de madera para buzones de nubes viajeras, que avance libre por las frondas de los párpados, descienda por el canal naranja de los sueños y haga estallar la risa contenida de una humanidad arrebatada.

Una carta inacabada dirigida a cada transeúnte inerme, desde Haití hasta Chile, desde la rota circunferencia polar hasta el sol devastador de los ecuadores, desde este expaís destrozado hasta el corazón de los peces aventados hacia un vuelo para el que no fueron hechos.

A cada uno de esos seres sometidos a un designio de horror. A los asesinados, como Orlando Zapata Tamayo, con la saña de quienes perdieron toda humana condición para convertirse en maquinarias de muerte y destrucción. A quienes les secuestran hasta la muerte, para que no quepa duda de quién decide el destino del odio.

A los prisioneros de todas las cárceles en las cuales ni la migaja de hombre que queda, vale la condescendencia de los asesinos. A los que amordazan con los colores del desatino para marcarlos como reses de matadero. A los atribulados, los desesperanzados, a los que les robaron el horizonte, la aurora y hasta el espejo de plata que dibuja la noche sobre los mares.

Una carta silenciosa que ronde como una conciencia sobre los territorios letales en los que se fragua la muerte en todas las instancias de este vivir vuelto tan poca cosa.

Palabra en vuelo que como el sueño de un papagayo se refugie en el viento para alcanzar el anverso del llanto y acunarse en la risa que habrá que inventar.

Una simple y solitaria hoja de papel con la cual se pueda envolver un suspiro o construir un andén, del cual manen caricias capaces de aquietar todo desasosiego, si tan sólo pudieran acampar en las alas estremecidas de un rubor.

Una palabra tan semejante a la hierba que aparezca en cualquier grieta para asentar la existencia de la vida y enamorar el paso del peregrino que huye del desconsuelo sin saber de dónde viene ni a donde ir.

Una carta en fin, inconclusa, cuyas palabras a veces remontan y se diluyen en el azul como pájaros efímeros que, sin embargo, le entregan su razón de ser a los bosques.

Una carta que contenga, en el plexo solar de sus honduras, unas ganas infinitas de volverse campanario, de desafiar la tristeza en la instancia de un beso, de extenderse como un oleaje caribe sobre el tormento de los continentes, hasta que no exista sobre la tierra quien no la junte a la espiga de su risa, para convertirla en granjería de almácigos para la vida, el amor y el porvenir.

mery sananes



Publicado en Media Isla
el 06 de marzo del 2010

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domingo, marzo 14, 2010

NIEBLA DEL RIACHUELO


William Turner / Barcos carboneros a la luz de la luna


Nadie puede negar que todo barco
que se vuelve carbonero tiene un
compromiso con la búsqueda que
lleva a cada niebla a pensar
en el riachuelo donde quedaron
aquellas sombras que nunca
zarparon por haberse convertido
en naufragios de un corazón
que tomó el camino del morir
que va más allá de los cementerios
de la espera que nunca más volvió a
tomar en sus manos este amor
fondeadero que en aullido de viento
y recuerdo se aleja en un adiós
de olvido y dolor

agustín blanco muñoz



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