martes, septiembre 27, 2011

ATRILERÍAS VI


Un espacio para guindar al sol 
palabras de lluvia




Navego entre dos ríos
sin bajel ni cuerda
que atar a un velamen
de brisas y alturas




texto y foto / mery sananes
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sábado, septiembre 24, 2011

CUENTERÍAS - ERNESTO




Nadie volvió a pasar por el sitio después que se cumplió la palabra profética de Ernesto de que al morir, todas las urnas de cada una de las medidas que había fabricado, le quedarían chiquitas al tamaño de su muerte.

agustín blanco muñoz
serie cuenterías
foto / mery sananes
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jueves, septiembre 15, 2011

CUENTERÍAS - DE REGRESO



Cuando creyó estar de regreso 
se dio cuenta que nunca 
había comenzado.

Entonces supo porqué 
no había logrado
entender la vida 
que nace en el vuelo

de los atardeceres.

agustín blanco muñoz
serie cuenterías
foto / mery sananes
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sábado, septiembre 10, 2011

TIERRERÍAS 8



En las migajas de la
tierra está el fuego de los

disparos inocentes

agustín blanco muñoz
serie tierrerías
foto / mery sananes
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miércoles, septiembre 07, 2011

HACIA UNA PALABRA-PÁJARO



IMAGINERÍA DE LA PALABRA

HACIA UNA PALABRA-PÁJARO


Con la ilusión de alcanzar
la palabra-pájaro
que en vuelo sobre sí misma
funde al fin
la preterida historia
 del hombre


LA PALABRA-ADAGIO

La palabra, ese arrullo que se adormece en la garganta, queriendo convertirse en música, en adagio que remonte las estancias de la ternura hasta convertirse en un beso alado y vivo, que siembre mandarinares en los rostros, pomarrosares en los huertos, aromerías en la vida.

Ese grito perplejo, que viene de las profundidades de los pozos buscando un párpado que la ataje y la haga suya hasta convertirla en piedra de honda, en guijarro que desciende hacia el río, en corteza de un bosque que aún no ha nacido.

Esa disonancia que se convierte sin querer en grieta, herida, tumulto de lágrimas que no la contiene alfabeto alguno, sino que se derrama como un arroyo desbordado sobre la sed de quienes no tienen risa ni suspiro.

Esa arma que se carga de dolores tercos, que desenvuelve sin pudor el cristal de su inocencia para dinamitar muertes, como si fueran estrellas fugaces de un firmamento que ha perdido su luz.

Ese invento inútil del hombre por alcanzar la sonrisa del hermano, que se convirtió en piedra de amolar fuegos ajenos y extraños, en los que se perdió la transparencia  de una risa sin congojas.

LA PALABRA-ESPEJO

Ese errático estatuto de injusticias, de proverbios amañados, de salmos sin ánforas de miel y de mirra, de voces apagadas y cuentas opacas sin mágicos abalorios en los cuales inscribir la vida.

Ese juguete aromado que se dobla y quiebra en simetrías y acordes para ajustarse a un ritmo y un corte que es un delirio de sueños sin despertares, de acompasados versos que caen en el precipicio de un canto quebrado que no encuentra su camino en la escalinata interminable de los deseos.

Esa huella de cicatrices clavadas en el costillar como un ritual fúnebre que no sabe descifrar la magnitud sonora de un latido sin traducción ni ortografía.

Ese cuchillo que destroza la piel de los encantamientos y la luz de las fulguraciones hasta convertir el sobresalto del día en un tropel de oscuridades.

Ese rictus sin melancolía ni esperanza que se dibuja en los rostros sin palabras ni alarido.

Ese párpado desprovisto de pupila que deambula ciego sobre las frondas de un tiempo que no reconoce como suyo.

Esa anfitriona que endulza y embauca, domestica y paraliza, seduce y condena, hasta apagarse en si misma como un candil sin cedazo.

Ese tumulto de florerías que se quedó atrapado en los solares del olvido, que no logró acampar en el hemisferio central de un corazón enardecido y que sepultó sus ansias jardineras en el estropicio de una vida convertida en muerte.




LA PALABRA-LÁGRIMA


Ese instrumento que de ser canto y melodía para convocar la lluvia, la primavera, la cosecha y el abrazo, se trastocó en sistema contable, en almacén de números que no guardan en su interior sino la clave de todos los maleficios, inventados sin consonantes, para que rijan cada uno de nuestros pasos, como si fuese la palabra viva de un manantial.

Esa herramienta sin cinceles ni azadones, que se disputa el filo de las metrallas y el estruendo de los combustibles que se vierten sobre los niños que no comen caramelos.

Esa desfachatada creación de la muerte para confundirnos la vida y hacer estallar en sollozos el rito de amor que nos pertenece por razón de especie.

Esa inútil voltereta de los labios que no conocieron el sabor a duraznos de los besos niños.

La palabra fraccionada y herida en mil palabras que se desentienden y disgregan, separan y desvanecen, hasta que no nos reconocemos sino en la palabra muerta que nos dejaron inscrita en los viejos libros de una historia que se repite incesantemente. 

LA PALABRA-METRALLA

Con esa palabra desvencijada y fracturada hemos acometido todos los crímenes, hemos descrito la historia milenaria de nuestras propias inutilidades, hemos albergado la esperanza para luego verla disuelta en un vertedero de lágrimas que aún no logran estructurar su sal en verbo que contenga el alto grito de la vida.

Con esa palabra hemos dibujado la tristeza en todas sus dimensiones, y hemos endulzado los manjares amargos que nos entregaron desde el nacimiento para llenar nuestras alforjas de proscritos de la vida.

Con esa palabra hemos avalado y justificado, consentido y permitido, que se haga ley y costumbre, república y frontera, la palabra que acalla y adormece,  extingue y aniquila.

Y hasta con esa palabra, con la que no logramos entendernos, hemos distraído nuestra nuestra vida hasta convertirla en palabra muerta y exhausta, de tanto contener silencios que no silencian y gritos que no despiertan a nadie.





LA PALABRA-AURORA

Y es tiempo y hora de una palabra-aurora que se acueste sobre la noche para producir el alba. Una palabra que nos devuelva el lenguaje de la especie que somos, del umbral de infinito que nos contiene, de la dimensión estelar de la que formamos parte.

Una palabra oceánica que haga cesar los naufragios y que le devuelva a las orillas ese sabor a estadía en la casa del hombre que ha borrado las fronteras de los otros, las verjas de metal ancladas en los costados del agua, para hacer prisioneros a los sueños de una palabra que vuela en su lamento más allá de sus ausencias.

Una palabra-barreno que dinamite los claustros, las reclusiones que convierten la palabra en un despojo del viento, en un grito sin viga que lo sostenga, en el ruido sordo de un tormento.

Una palabra-gigante que rompa los linderos de las lenguas, que tome por asalto las manos, las miradas, los gestos, los abrazos y hable con ellos palabras de amor que hagan acallar los verbos de odios enardecidos, de conjuros extraños, de silencios ensordecedores y malignos.

LA PALABRA-MOLINO

Una palabra-molino que desgrane la tristeza hasta convertirla en una harina para el pan de los días que se viven, tomados de los días de los otros, que hicimos nuestros en un intercambio de cuerdas sonoras que nos otorgue el don de escuchar y comprender la palabra del otro como nuestra propia memoria.

Una palabra-horizonte que le teja caminos a la palabra que aún no alcanzamos, que le tienda un manto de soles a las oscuridades que nos arropan, que le borde cánticos a los llantos estremecidos de a quienes les arrebataron hasta el habla, dejándolos solos con una muerte a cuestas que nos toca y golpea como un madero furioso lanzado por un torbellino.





LA PALABRA-LIBERTARIA

Una palabra libertaria que desenvuelva los linos, las mortajas, las inmensas sepulturas de que están hechos nuestros sueños vulnerados por una palabra que nos atraviesa como el filo de una noche ensimismada de menguantes.

Una palabra que navegue en los charcos hasta anegar las sequías, que arrulle en el elípsis de sus conjugaciones, una sonata para niños  que aún no conocen la risa.

Un palabra escudo, que detenga en la urdimbre de su tejido, toda violencia que acometa la ausencia de palabras y la presencia de una bala certera que rasga el corazón de las azucenas que nadie recogió.

LA PALABRA-COLIBRÍ

Una palabra que comunique, que lleve en sus acordes el reverbero de las abejas cuando producen su miel, el revuelo de los pájaros cuando regresan a su nocturnidad,  el aleteo incesante que produce la mágica inmovilidad del colibrí a orillas de un pétalo esculpido de polen y azúcares.

Una palabra recia que inunde los sinsentidos y las sinrazones de quienes usan las palabras como un instrumento para herir, acumular, expatriar o masacrar.

Una palabra enfurecida cuyo furor no llegue más allá de la letanía de los números que  cuentan los muertos y su repunte en la bolsa de valores donde se rematan los restos de palabras que ya no sirvieron ni para adormecer.

Una palabra que teja un manto de encantamientos en los escampados del alma, que le traiga florerías a los atriles de los días por vivir, que se convierta en el abrazo que el niño entrega generoso a la brisa que le alboroza los rizos de los que están hechos sus suspiros.

Una palabra que ponga en desbandada la maldad, y que le entregue a cada quien su porción de alfabeto, el predicado con el cual habrá de hacer florecer su huerto, sin subjuntivos ni condicionales.

LA PALABRA-PEZ

Una palabra-pez nacida de los pliegues de los párpados que se sumergen en el agua de los nacimientos para que la palabra que se gesta en el murmullo inicial de la vida, no pierda jamás la dulzura de la lluvia, el resplandor de los aguaceritos, el acorazado de los cielos despejados de grises.

Una palabra de agua que inunde todas las vasijas y los cántaros que dan de beber a la sed su manantial de palabrerías alegres.

Una palabra sustantiva, que se conjugue en gerundio, que no se detenga hasta aplacar la ira de los otros.

Una palabra recia que ascienda hasta el interior de los morteros y desarme la pólvora, que alcance el corazón del uranio y lo regrese a los macizos donde pertenece.

Una palabra que no retroceda, que no se quiebre al erguirse sobre quienes quieran acallarla, que retumbe, como quería León Felipe, desde el fondo de los pozos, para que puedan escucharla los hombres que han quedado sordos de tanta palabra amañada y mentirosa.





LA PALABRA-RAÍZ

Una palabra-raíz que nos devuelva a la tierra de donde provenimos, a la arcilla y el agua, al fuego y al horno que cuece la vasija y el cántaro.

Una palabra-pájaro de alto vuelo y nidales encendidos. Una palabra-mariposa que reparta florerías de polen al planeta todo.

Una palabra-rebelde que se alce sobre todo atropello y deje correr su abecedario preciso y contundente para detener todo metal convertido en bala, metralla o reja.

LA PALABRA-LIRIO

Una palabra-dulce como el rizoma de un lirio, que extienda en el aire su murmullo de arpegios, hasta acabar de una vez con todas las guerras, las conflagraciones, los enfrentamientos y la muerte, hasta sembrar al fin en este vulnerable y triste planeta, la palabra-vida como la lengua definitiva del hombre.



texto y fotos
mery sananes



Publicado en Media Isla
el 27 de agosto del 2011
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lunes, septiembre 05, 2011

CAMINERÍAS


Rafael Olbinski



Hoy no pude entender
porque lanzaste tanto
silencio sobre la música
que salía de los caminos
que labraste dentro de mi


agustín blanco muñoz
serie caminerías
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sábado, septiembre 03, 2011

ARMANDO CÓRDOVA: LOS PASOS DE UN SILENCIO


Armando Córdova se fue silente por los caminos manzanares en los que sembró, al lado de la poesia y la canción, estudios, cálculos, análisis, consideraciones teóricas e investigaciones sobre la apremiante y dura realidad que le tocó vivir.

Somos testigos de excepción sobre la angustia que nunca lo dejó. En los espacios del Centro de Estudios de Historia Actual y la Cátedra Pío Tamayo discutimos  sus tesis  militantes en la empresa liberadora que alcanzara el cambio que nos permitiera trascender la  historia deshilachada y ubicarnos en un tiempo para la verdadera justicia y realización humana.

Un trecho que era y es necesario recorrer sin más desvaríos y a partir del aporte de todos. Porque el desarrollo tiene que ser misión de una sociedad y no de un puñado de intelectuales o políticos de avanzada. Por ello su empeño en clarificar los ‘modelos históricos del subdesarrollo’ para dejar las señales del trabajo por hacer.

De allí que en cada momento de este  proceso social que ha socavado fieramente las posibilidades de organizar una vida ciudadana, productiva y, en particular, comprometida con labores de justicia, libertad y belleza, como dijera Pío Tamayo, levantara la voz y la acción del investigador creador cuyos  afanes  se materializaran en aportes para  forjar una historia diferente.

Nos dejó en silencio, sin aspavientos ni bullicio. Tal como fue su hacer en estos territorios en los cuales dejó su siembra de ideas y sueños llevados a escenarios para muchos irrealizables, por su carga de inocencia para clamar, ante el tramado gigantesco de la destrucción y el aniquilamiento, por un tiempo para la vida y el amor.

Este Maestro Floricultor de la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela, fue  desde sus propios inicios,  un permanente indagador de los problemas de la historia actual  mundial, latinoamericana y venezolana.  Y en esta dirección levantó la biografía del capitalismo  hasta llegar a la era del mayor desafío de la exacción asumida por la globalización.

Armando Córdova, el pensador de estos tiempos y los que vendrán, seguirá presente en nuestras aulas, dictando sus profundas lecciones en forma y tono de  sencillez y colmado de sus ansias de  despejador de las madejas del malestar que imponen las miserias.

Su recorrido y presencia hoy, convertida por decisión propia, en un trayecto de silencios, cobra una nueva dimensión que debe ser rescatada, extendida y honrada, en términos de presente-porvenir.

Para Ligia, Armando, Elenita, demás familiares y amigos nuestro afecto inalterable.

agustín blanco munoz
y mery sananes
02 de septiembre del 2011


  
EL SILENCIO DE ARMANDO
A Armando Córdova

La piedra que hizo girar el agua finalmente
se detuvo para regalarte el espejo donde
habrías de mirarte y allí en ese intervalo de
silencios te fuiste sin naufragio al sitial de las
presencias que se adhieren a la vida como
la piel de árboles milenarios

Nada tenías que decir porque no eran despedidas
las que les bordabas a las madrugadas sino nuevas
travesías a los mandarinares de tus vuelos y a la
estatura de tus andares trotamundos y aventureros

Y la madrugada se te hizo el tiempo de no despertar
a ligia porque si con ella recorriste la via láctea
de todas las distancias medidas a la velocidad
de las heridas sólo el silencio podría contener las
palabras que ya estaban prendidas de infinito

En ellas te quedas disperso en los amaneceres
que alumbran cada uno de tus sueños suspendidos
en tus ganas de albergar el mundo entre el fragor
de tus papeles y el horizonte que los fue quebrando
uno tras otro sin misericordia

Fue el silencio el que detuvo los adioses
porque en ese tránsito sorprendido dibujaste
en consonantes mudas tu siembra en
el continente de los ocasos y tu permanencia
en el cordel vegetal de los vientos

Y desde allí el abrazo es un silencio de adagios
que guarda en su partitura la completa secuencia
de tus días de ardides y sobresaltos desde los
cuales indagaste el porvenir de la risa
y el calendario astronómico de los asombros
que aún te aguardan

mery sananes
02 de septiembre del 2011

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viernes, septiembre 02, 2011

ATRILERÍAS V


Un espacio para guindar al sol 
palabras de lluvia





Las palabras se derraman 
como inútiles gotas 
sobre una misma piedra 
imperturbable



texto y foto / mery sananes
serie atrilerías
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