miércoles, febrero 29, 2012

VOCINGLERÍA - EXPEDIENTE A UN ESTADO DELINCUENTE




Una vocinglería es un grito que asciende por los arrecifes del esternón, se estaciona sobre las cuerdas vocales y allí cincela, con la garúa de los suspiros contenidos, un expediente de arcilla, que como una honda se dispara hacia el aire, hasta escribir en el tiempo un clamor irreverente y tenaz por la vida.

CAUCE DE PALABRAS VIVAS

No es un desafuero ni un grito sin silabeo. No es un silencio abruptamente quebrado por una herida mayor. Es un cauce de palabras vivas, paridas en los lienzos del dolor, sin otra atadura que la que alcanza al otro quien a su vez la deja ir hasta la próxima estación de los sueños.  

Es una carta escrita a lo largo de la historia del mundo, enmudecida de tanto escarnio, doblada en los pliegues de una piel que nunca se curtió de penas, buscando aljibes para alcanzar la estatura de la hierba. Construyendo abecedarios para rubricar una lengua que no espante.

Una vocinglería es un susurro, apenas un rumor, que hace camino desde los estremecidos muros de la tierra que cobija la muerte, hasta el diminuto agujero que alcanza la verticalidad de una chicharra, para desde allí emprender su travesía de grito.

Es una acusación y es un clamor. Una plegaria que se fuga por los tubos de un órgano antiguo, tramonta los vitrales y va al encuentro de los molinos de viento. Es el cuero recién tensado de un tambor que sabe que su resonar llega al otro lado de la colina, como si fuera una señal de humo escribiendo el mapa estelar de la esperanza sobre los cielos del planeta.

Una vocinglería es este retazo de letras organizando la rebelión de los verbos, para que nunca más sean utilizados en contra de otro. Insurrección del espíritu, capaz de espantar la violencia mediante la cual se aniquila un corazón desarmado e indefenso.

Subversión del grito para que retumbe en el oído de los sepultureros y los asesinos, hasta que no haya manos que dejen escapar los disparos, empuñen las hachas o expulsen los detonantes de fuego y masacre por los poblados del desahucio y el exterminio.

Una vocinglería, en el fondo, no es más que un poema de amor, que va sin estruendo haciendo nido en el corazón del hombre.



TIEMPO DE SOSPECHOSOS

¿Y cómo hoy, en este expaís destrozado, en este coloniaje del odio, en esta desventura del poder, no hacer de mi voz una vocinglería, de altos decibeles, para decirles a los pretendidos dueños de la vida, que somos culpables de todos los delitos que nos acusan, y que aquí venimos a entregarnos, antes de que vengan por nosotros, con solo esta estopa en la garganta, esta gota de sangre en la lengua, esta sal que derramó sus linos desde hace mucho sobre las gravas del tiempo?

Vivimos un tiempo en el cual cada uno de nosotros se ha convertido en sospechoso para quienes dirimen la dirección de la vida y la perpendicularidad de los deberes. Sospechosos de no ser dóciles, de dejar que las pupilas se extravíen en los fuegos de las tardes.

De no querer portar armas, de negarnos a ignorar al que pasa por nuestro lado, extraviado en las órdenes que alguien ajeno le impuso. Sospechosos para quienes son capaces de acometer los crímenes y tropelías que hicieren falta para mantener en alto la ausencia de jerarquía humana.

Vivimos un tiempo que se nutre de desechos y que se aferra a la   delación, a la pérdida de la brújula del hacer que nos traslade al mañana. Un tiempo en el cual los poderosos, como ayer, sólo les interesa mantener su dominio, al costo que sea.

EL ESTADO POLICÍA

Y cuando se llega a ese punto, en el cual la mentira ya no fulgura como una verdad en los ojos de los mendigos, cuando la quiebra de lo humano se derrama como un aluvión sobre el reparto de los beneficios ajenos, cuando no basta la promesa demagógica para mantener en vivo el mito del repartidor de alegrías, al Estado que se utiliza como arma represiva no le queda otro recurso que organizarse en base a instituciones quebradas y pervertidas.

Cuando se pasa por encima de un mínimo código de deberes, espejo de alguna vision que se vigila y cuida, ya el Estado se dedica a producir instancias especiales capaces de contrarrestar todo lo que pueda erigirse en su contra. La ley deja de cumplir su función reguladora para cercar al hombre en todas sus expresiones.

Y el Estado se convierte en un estado policía, un estado delincuente, que se ve en la necesidad de legislar a favor del terror, con la excusa de contrarrestar a sus enemigos. Y cuando esto ocurre es porque el Estado ya no es más que una instancia  que requiere de poderes extraordinarios, instrumentos represivos, para poder garantizar su propio sueño de dominación.

Y un Estado así está por sí mismo decretando su partida de defunción, aunque se lleve por delante a muchos seres atenazados, humillados, doblegados por medio de la coacción, el miedo, la amenaza, el chantaje.

Y qué paradoja que un Estado que se  autoproclama revolucionario, antiimperialista y humanitario, termine  utilizando los mismos instrumentos de los imperios de los que quiere diferenciarse.

GLOBALIZACION DEL TERROR

Curiosa coincidencia que tanto en Estados Unidos como en Venezuela, casi al unísono, se decreten leyes antiterroristas, dirigidas, no a acabar con el terror, de los cuales ambos son los principales accionantes, sino contra la disidencia, contra quienes se les oponen, contra quienes no se pliegan a un hacer lleno de violencia y de muerte. Ambos agentes demuestran así su condición fraudulenta.

Después de todo, en este planeta en el cual lo único globalizado es el narcotráfico y el terrorismo, la mercancía de la guerra y la rebatiña del petróleo, de uno u otro signo, a quién pueden importarle los tales derechos del hombre, de la vegetación o del aire contaminado que respiramos.

Hay uranio suficiente para sacudir la tierra. Hay armas suficientes para organizar todas las invasiones que hagan falta al predominio de uno o de otro. Hay el suficiente naufragio del hombre para permitir que millones de niños mueran de hambrunas. ¿A quién puede importarle entonces que a un ser humano se le asesine, secuestre, torture, veje, encarcele y desaparezca entre los muros del horror?

¿A quién  importa que un niño se despedace con un explosivo a su cinto para que en nombre de alguna divinidad proceda a exterminar a otros hombres que nisiquiera conoce? ¿A quién que la masacre continúe, se extienda, se multiplique en todo espacio donde alguien es ajusticiado, exiliado, corrompido o domesticado por el simple hecho de existir? ¿Cómo, cuándo, quiénes detendrán este horror inacabable?

AQUÍ MI EXPEDIENTE

Y en ese sentido, señores cómplices de estos poderes, en todas las instancias en las que estén, antes de que se inicie una nueva etapa, ahora legalizada, de muerte y persecución, antes de que el miedo y el horror se instalen en cada esquina de este expaís en pleno destrozo, antes de que el vecino a quien me unían vínculos de amistad me delate, el señor de la esquina que cada día me ve pasar me mire de modo extraño, antes de que algunos de mis antiguos compañeros de viaje me comience a ver como si yo fuese su enemigo, antes que nadie me acuse porque profeso un credo libertario y un código de deberes, como el que sostuvo Pío Tamayo, de mejoramiento moral para con nosotros mismos,  de ternura para con los nuestros y de solidaridad y sacrificio para con la humanidad, levanto aquí mi propio expediente.

Soy sospechosa de estar contra las tiranías, las dictaduras, las falsas democracias, las revoluciones mentirosas, y todo engranaje caudillo-mesías, que pretenda suplantar la vida de los pueblos por sus nefastos beneficios

Soy abiertamente culpable de enfrentar toda autocracia y toda expresión de violencia.

Soy culpable de negarme a ir a votar porque me opongo a legitimar el totalitarismo de este régimen y su carácter criminal.

Soy culpable de hacer y estudiar la historia actual con el fin de levantarle un expediente a este tiempo de asesinos.

Soy culpable de fabricar Embusterías cada día para poblar el horizonte de mandarinares.

Soy culpable de no conciliar, y de hacerlo con el único instrumento que tengo para combatir: una vocinglería, que es un grito, una denuncia, que resonará hasta los confines de este expaís, aunque me enmudezcan.

Y si eso ocurre, estas vocinglerías, que son mi carta de identidad, mi ADN, mi genética celular y astral, y las que seguirán surgiendo desde todos los parajes donde el hombre se sienta ofendido, disminuido, recriminado, se regarán por el aire y por el agua, haciendo sentir sus furias y sus sueños de un tiempo distinto.

ME DECLARO EN REBELIÓN PERMANENTE

Por ello, me declaro en rebelión permanente contra la injusticia, la privación de libertades, el atropello, la complicidad, las negociaciones, el abuso, el crimen, la superioridad de unos contra otros, el chantaje, la tortura, el vejamen, el hambre, la miseria promovida y mantenida.

Me distancio de los aduladores y traficantes de oficio, los que medran a la sombra de los poderosos, para alcanzar vergonzosos beneficios, los que se autocensuran y los que censuran, los carceleros, los pulidores de aldabas, los demagogos y los mentirosos, los que disparan sin misericordia, los que venden las armas y los que la revenden.

Confieso que trabajo a la luz del día, con las puertas abiertas y los teléfonos intervenidos, para abrir conciencia sobre el proceso de destrucción que vivimos, para convocar una conciencia colectiva capaz de oponerse, por la vía pacífica, al viejo orden que con nuevos nombres, nos ha convertido en expaís y en exseres humanos,

Y por todos esos cargos y antes de que me acusen de algo distinto a las faltas que he confesado, antes de que me siembren con alguna arma, droga o explosivo oculto, antes se me expida una orden de captura, o se me quiera sorprender en alguna esquina oscura, aquí presento mis señas y me pongo a disposición para que se me abra el juicio que a bien tengan.

ADVIERTO: MI JUICIO SERÁ COLECTIVO

Sólo advierto que mi juicio será colectivo. Y que si logran acallarme, detrás de mi, vendrán nuevas vocinglerías hasta refundar este tiempo de miserias que nos quiere convertir en verdaderos desechos.

Y que, con Whitman y León Felipe, he aprendido en mi tránsito por el dolor, que la luz viaja en una gota de lágrima que el corcel del viento toma entre sus alas para depositarla en las tierras baldías. Y que lo seguirá haciendo persistentemente hasta que al fin reverdezca la vida y los hombres puedan ser sacerdotes del hombre y sus propios sacerdotes, en un tiempo ungido de verdadera humanidad.
 mery sananes
febrero / 2012



Publicado inicialmente en Media Isla
el 25 de febrero del 2012
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martes, febrero 28, 2012

TIERRERÍAS 12 - MAHLER



Gustav hoy encontré toda
la fuerza de  tu tierra en
las trompetas invencibles
de la coronación de peones
alfiles y torres


agustín blanco muñoz
serie tierrerías



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lunes, febrero 27, 2012

LOS POEMAS DE EUGENIA LEÓN


escritos a sus nueve años

NEGOCIO

Mi negocio es agacharme
y coger una flor
y ponerla en un jarro
y echarle agua

No sé hacer otra cosa

LA CIUDAD

Hay que levantar la ciudad
para que pase por debajo el camino del sueño

FUENTE

Hay una fuente 
llena de días
que sólo sirven
para el recuerdo

LLUVIA

Un suspiro profundo
es un pájaro que vuela para taparte la lluvia


Para acceder a otros poemas de 
EUGENIA LEÓN
de su libro 
Ahogada sirena, La
editado por Carlos Morales en el 2001
abrir el siguiente enlace


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sábado, febrero 25, 2012

DÍGAME - DE LUNAS



Dígame
una luna haciendo
fogatas  en los recuerdos de
los amores de todos los
sonidos de la eternidad


agustín blanco muñoz
serie dígame
foto / mery sananes




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jueves, febrero 23, 2012

CARLOS MORALES - PALABRAS PARA EUGENIA



Se llama Eugenia, una niña, que un día descubrió que sus ojos no sólo servían para mirar, sino para reinventar el mundo. Un acto de magia para el cual sólo hace falta abrir los párpados que, como sístoles, danzan rítmicamente en armonía con los rayos solares, las alas de los pájaros, el movimiento de una hoja, o las sinuosidades de una lluvia que no se detiene cuando su garúa toca la tierra sino que se eleva de nuevo como un espejo incandescente retratando su interior de arcoiris.

Eugenia lo descubrió,  transeúnte de sus propios pasos, buscando el silencio tras la algarabía y la razón del agua en los pétalos de una flor. Pero no sólo lo hizo, como suelen hacerlo los niños a quienes nadie les ha arrebatado su infinita capacidad de ser espectadores de lo esencial. Sino que además se nutrió de esa alacena de vida y tan maravillada estaba que un día decidió dejar sus huellas en papeles sin otro propósito que el de describir la hazaña de los milagros que se vuelven cotidianos.

Y Carlos Morales, ese misterioso ser que viaja por las palabras como si fuesen estrellas de constelaciones que aún no han nacido, para luego recogerlas y reordenarlas en la circunferencia alada de los asombros o en el barro de un toro, en su incansable oficio de recolector de encantamientos, ha tomado esos papeles, que la madre poeta iba guardando en el cofre de sus memorias, y puso a andar este libro, cuyo prólogo transcribimos aquí.  

Invitamos a leerlo, como anticipación a ese texto que buscaremos para ofrendarlo a los enamorados de la vida, en la convicción de que en cada corazón de niño anida una Eugenia, una mirada que traspasa los dinteles de las ventanas, un río de murmullos que descifra la sabiduría de todo lo que existe, para que cada uno pueda aprender a experimentar, como ella, la breve sensación de que la vida cambie y descubrir que hay una rama en un árbol que puede ser diferente a todas las demás, porque es una rama que nada más sirve para la alegría de los rayos del sol.

¿No es ese acaso el verdadero oficio del hombre sobre la tierra? Eugenia y Carlos pertenecen a estas Embusterías, cuyos predios quieren alcanzar la estatura de esa rama única que sirva para reflejar la alegría del vivir. mery sananes


         
-Prólogo a Ahogada sirena, La
El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2001-
por Carlos Morales


           "El pequeño mundo que va rodando, siempre pone la misma luz./ La misma función hace todos los días a la misma hora./ La vida es siempre un agujero que da la vuelta"...
           Acaso cansada de "ese" mundo, cansada también de "sonreír a la fuerza/ y guardar en el bolsillo/ un vuelo de pájaros",Eugenia León -tenía entonces nueve años de edad- decidió rescatar su propia "luz" un día y dibujar con ella las sombras de su vida con aquellas palabras misteriosas que entonces estaba empezando a frecuentar: quería experimentar "la breve sensación de que la vida cambie". Pero no le fue fácil, porque una cosa era jugar, "soltar las palabras" hasta que se perdieran, y otra, muy distinta, diseñar un nuevo orden para las cosas que habitaban en ese territorio desconocido que, lleno de acontecimientos encantados, le había entornado la puerta. Ella sabía quién era, y cuál su oficio: "me echo -nos cuenta- en un cojín, y contemplo las rosas hasta que se duermen". Tenía muy claro, también, cuales eran sus “limitaciones”: "mi negocio es agacharme/ y coger una flor/ y ponerla en un jarro/ y echarle agua./ No sé hacer otra cosa". Pero dispuesta como estaba a "levantar la ciudad/ para que pase por debajo el camino del sueño",  y aun a sabiendas de que escribir era "como encerrarse en un rincón sin paredes", Eugenia acudió a la escritura, y la escritura le devolvió -con creces- su milagro y, con ella en la mano, al modo de una llave, atravesó el umbral y contempló, admirada, que quien salía del "aro" era "otra persona" capaz de ver lo que nadie podía ver, y de experimentar, gozosa, esa otra vida que transcurre en silencio muy dentro de la vida.
    
 

Y el mundo de Eugenia comenzó, de repente, a cobrar forma. "Me asomo a la terraza -nos cuenta-/ y viene a acariciarme el invierno los brazos" y "veo caer lloviendo todas las enredaderas". Recuerda haber visto desde allí "una rama en un árbol, no como las demás./ Una rama que nada más servía para la alegría de los rayos del sol". También recuerda cómo un día su "pájaro amarillo abrió sus plumas,/ y mirando por la reja de la tristeza empezó a cantar"; y ahora, cuando, apoyada sobre la balconada, ese mismo pájaro se escapa de sus manos, percibe que, de pronto, "ha pasado un Ángel". Se acerca, después, a la chimenea de su casa, se sienta en su cojín, y escucha los cantos doloridos de la lumbre hasta que, de repente, cae en la cuenta de que "me he perdido en el fuego, y no encuentro la salida de una llama". Decide respirar el aire pero, tras saltar "la tapia de la lluvia/ al otro lado encuentro el silencio del agua"; sale "a buscar el margen de la noche/ y sólo encuentro un ramo de glicinias". En su mundo, "cruje" el otoño, el viento dibuja las cosas con los árboles y, oculta en las umbrías, existe "una fuente/ llena de días/ que sólo sirven/ para el recuerdo". Y vuelve al hogar,  donde una mujer le espera con un lunar que parece "un granito de arena que cae del reloj", y al verla se da cuenta de que "cuando mamá sonríe, abre y cierra los labios/ como un tulipán rojo". Absorta frente a ese enorme espectáculo -"todo es resplandeciente en el querer"-, Eugenia se empina hacia esos ojos grandes que todo lo ven: "en el campo nace la brisa. Yo te la traigo. No tengo otro regalo". Por un "aro" Eugenia pasó, y otra persona salió que supo abrir un cauce para el "sueño" en el angosto mundo de todos sus mayores.



* * *

            
Y ahora me cuesta reaccionar, pues hasta "despertar es como desenrollar una cinta roja". Estoy leyendo, Eugenia, los poemas que dejaste en los armarios, sobre tu mesita de noche, ocultos en las páginas a lápiz de tu cartilla escolar, los poemas que fuiste olvidando en tu blusa de domingo, los mismos que, amorosamente, tus padres recogieron para que nunca olvidaras, Eugenia, que tuviste una niña dentro que sólo te cantaba para no morir de asombro ni de tanta ternura. Ante su rara precisión, solo alcanzo a reconocer  lo mismo que tú misma dejaste escrito para Vicente Aleixandre: "no es fácil reconocer el precio/ cuando comercio con tu manera de imaginar las cosas". Leo tus palabras. Me cuentan que  "un cortijo te atristeció" un día en que viste un olivar que se alejaba de la memoria "como si fuera a morir" y que, siendo el amor "una hoja de un árbol", cuando la hoja se cae "es cuando se separa el amor del corazón". Me dicen, también, que "un barco, al alejarse con su humo escribe palabras en el cielo"....Palabras en el cielo, sí, las palabras menudas de un libro que leo frente a esa lumbre que no quiere -que no puede- dejar de cantar... 



Palabras -las tuyas- que me cuentan lo mucho que perdimos los poetas de mi generación -incluso los peores- cuando decidimos olvidar que la imaginación también existe; cuando, sometida nuestra visión, nuestro lenguaje, a los principios racionales que nos atan como esclavos a la realidad que vemos, renunciamos a ejercer nuestro derecho a crear de nuevo el mundo con las cosas que no podemos ver, las cosas pequeñas que la imaginación nos acerca cuando nos roza el hombro y nos saluda con el tasco suave de sus dedos. Eso me digo, Eugenia, cuando cierro tu libro, cuando abro puertas y ventanas y saludo al Ángel que, a mi lado, acaba de pasar bajo tus glicinias con una flauta en la mano: el Ángel que me deja en la boca toda tu verdad, esa extraña música que ya nunca podré cantar porque a mí se me murió el "pájaro amarillo" entre las canas del alma y, sin él, escribir es "encerrarse en un rincón sin paredes".  
Y eso me atristece cada día un poco más, Eugenia, y no sé como decirlo...


1 de enero de 2001

Posdata.- 
     ¿Sabes, Eugenia? Desde que me enteré de la muerte de tu padre, no he parado de escarbar en los viejos cajones de mi vida para encontrar una manera hermosa de decirle que me alegra haberlo encontrado en el camino. Y lo de "alegra" -bien lo sabes- no es banal, porque Rafael era uno de los hombres más divertidos y ocurrentes que he conocido en mi vida. Y me da que este prólogo que tallé para abrir la edición de los poemas que escribiste cuando eras una niña, y que tu madre -por fortuna- iba recogiendo en silencio sin que te dieras cuenta, volverá a ser el mejor abrazo que un hombre puede recibir...
    Recuerdo que, hace ya muchos años, allá por el 84, y con motivo de unas jornadas de poesía en Cuenca a las que fui invitado por Enrique Trogal y por mi maestro Ángel Crespo, publiqué un artículo dedicado a tu madre, María Victoria, a la que vi bajar absorto por las escaleras de la Posada de San José toda vestida de blanco, con un único y sencillo collar de piedras blancas en el cuello mientras él, Rafaél, la esperaba cuan largo era entre quejíos de guitarras, vino y humo de picadura y de pipa de ángel. Todo calló ante la presencia de tu madre descendiendo lentamente por los flacos escalones de nuestro corazón; cesaron las guitarras, congelados en el aire quedaron los quejíos, y las copas  a medio levantar y sin llegar a la boca... Sí, todo calló ante la sola presencia de María Victoria bajando los escalones, uno tras otro, con su vestido blanco... 
     Yo entonces, que no era más que un chaval brutote de no más de veinticuatro, de tu madre solamente conocía sus poemas, que me habían encomendado presentar y me tenían absolutamente deslumbrado; pero a ella no lo conocía, no, a la mujer no... y, entonces le pregunté a tu padre y a Ángel el nombre de esa mujer que desembridaba a su paso los corceles del silencio. "Es María Victoria Atencia", me dijo el ángel pipa en boca; supongo que yo debía tener una cara demasiado cómica, porque tu padre, levantando el entrecejo y su enorme estatura, y totalmente muerto de risa, llegó a decirme con dedo admonitorio y obispal, "¡para, Toro, para ...detente, que esa mujer es mi santa esposa!"...Recuerdo, sí, lo recuerdo como si fuera ahora, que, al recibir la copia de aquel articulo tan atrevido que algún día, no tardando mucho, publicaré, tu madre me llamó halagadísima por teléfono "porque has hablado menos de mis versos que de mí", pero entonces tu padre, tu divertidísimo padre, le quitó el teléfono y me dijo, "oye, muchacho de Cuenca, espero que sepas usar la espada del soneto, porque a este paso te voy a tener que retar a duelo al amanecer"...Lo que pude reírme...
          Ay, Rafael, tu padre, el califa de Málaga y la alegría, el poeta Rafael de León, ese junco alto, elegante y divertido, de día de noche encaramado a La Farola de su más hermosa Victoria, el hombre al que hoy recuerdo con una sonrisa en los ojos...y con una flor blanca prendida en la solapa...


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miércoles, febrero 22, 2012

ANTONIO MACHADO SIEMPRE


26-07-1875 / 22-02-1939 

No olvidemos que, para llegar al concepto de masas humanas,
hemos hecho abstracción de todas las cualidades del hombre,
con excepción de aquella que el hombre comparte
con las cosas materiales: la de poder ser medido con relacion
a una unidad de volumen.
De modo que, en estricta lógica, las masas humanas
ni pueden salvarse, ni ser educadas.
En cambio se podrá disparar sobre ellas.

ANTONIO MACHADO
Juan de Mairena. Buenos Aires, Losada, 1957, t.II, p. 68.


SERRAT CANTA A MACHADO

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martes, febrero 21, 2012

ZUMO DE ORFEBRERÍAS




Qué mágicos encantamientos
guarda el corazón de un fruto
que se entrega así tan amorosamente
como el beso dúlcimo de un niño

Qué fuerza estelar alinea las
semillas en racimos solares
para esparcir su acidito
al paladar de los días

Qué nutriente le regala su verdor
mientras se viste de sepia
para ofrecerse al transeúnte
como un talismán de
sortilegios

Qué estructuras moleculares
bordan caminos de agua
en la inagotable majestuosidad
de sus tejidos
para derramar en oleajes
la savia inagotable de la vida

Y cuando el beso alcanza
su dimensión de mordedura
y el zumo de orfebrerías
remonta la sed de los cactus
    ¿acaso no masticamos  
     las claves incandescentes de  
nuestro propio periplo de vida?

Tal vez valga la pena
empalagarse con el verde 
frenesí de sus tentaciones

texto y foto
mery sananes
El Libro  de los Frutos


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domingo, febrero 19, 2012

A LUIGI BOCHERINI


LUIGI BOCCHERINI


19 FEBRERO 1743 - 28 DE MAYO DE 1805




Luigi
no supe cómo decir
adiós ni que lamentar
a la hora del fandango
que se volvió destrozo
hasta el día del encuentro
con la risa de todos los
suspiros que vuelven
lirios cada uno de los
pasos del asombro


agustín blanco muñoz
ofrenda musical



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sábado, febrero 18, 2012

EN LAS CUERDAS DE UN GORRIÓN





El tiempo se deshace
en las cuerdas
de un gorrión
el canto es una cítara
sin cordajes
y el bosque ofrenda
sus nidos para afinar
un violín
habitado de azulejos
mientras
en el pórtico del
silencio
un campanario
desata
la voluptuosidad
de su vuelo


mery sananes




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viernes, febrero 17, 2012

DECIRES DE LIRIO




Lirio
una manera
de llamar la vida
que no está





Wanda Landowska


agustín blanco muñoz
serie decires
fotos / mery sananes
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jueves, febrero 16, 2012

LIBERTAD: LA FLOR DE LA VIDA

Cali Rivera / Costa Rica / Aires de Libertad
www.calirivera.com/index.php?page=shop.produc...

HASTA AHORA NO HA HABIDO ESPACIO PARA LA LIBERTAD

El ansia o aspiración de libertad nace el día en el cual un hombre se sintió aprisionado, golpeado, negado, sometido. Había llegado el reino de unos pocos y el padecimiento de muchos. Desde entonces es la lucha por adquirir lo que se convirtió en parcela-propiedad de los privilegiados. Y en muchos momentos se ha dicho que, al fin, se alcanzó la libertad. Porque los propietarios tuvieron la suficiente habilidad para hacer de la libertad una mercancía de precio inalcanzable.

De modo que para ‘los de abajo’ lograr aquel estadio se convirtió en un deseo-consigna de todas sus luchas. Pero es inevitable partir de una concreción histórica: en esta sociedad de dueños y servidores, no tiene espacio la libertad sino los acuerdos mediante los cuales, los primeros permiten a los segundos vivir de acuerdo con las normas que ellos establecen.

La pelea se constriñe entonces a alcanzar este objetivo: el respeto a los acuerdos relacionados con La libertad que se le permite a cada clase o a cada integrante de la sociedad.

Y situados en la práctica se entenderá cabalmente que la libertad otorgada, prestada, concedida o derivada está llena de limitaciones.

En lo material no llega a permitir la creación de situaciones en las cuales pueda satisfacerse plenamente las necesidades primarias del hombre.

En lo subjetivo-espiritual no hay libertad para sentir, para expresar lo que se quiere, las opiniones, las aspiraciones. Todo está limitado al pensamiento, postulados, intereses y filosofía de los dueños.

ESCRIBIR CON ELUARD LA PALABRA LIBERTAD

Por ello en esta sociedad, como lo recuerda Paul Eluard, todos hemos escrito alguna vez, en nuestros cuadernos escolares, en nuestros libros de notas, en el envés de una hoja de acacias, o en la vastedad de la arena, la palabra libertad. Y lo hacemos porque sabemos lo que significa y porque carecemos de ella, en la limitada condición de nuestra existencia.

Y por esto, la escasa libertad que se nos confiere la hemos visto en términos personales. Y hemos luchado por ella cuando algún extraño o cercano nos quiere poner fronteras o le pone frenos a nuestras ansias permitidas. Y entonces hasta nos vestimos de rebeldes y somos capaces de gestos heroicos.

La falta de libertad que padecemos la admitimos como parte de las reglas de una sociedad injusta, desigual y violenta.

Recibimos un salario, una ganancia o una prebenda por la firma de un contrato que nos quita la libertad de pensar y de ser, para convertirnos en los escribanos o productores de ideas y acciones que otros establecieron como vigentes.

Los dueños pretenden llevar toda rebeldía al control de un precio establecido en una cuenta bancaria o una tarifa periódica.

LA FALTA DE LIBERTAD NOS CONMUEVE PERO NO NOS ATAÑE

Cuando nos enteramos de que en algún lugar distante la falta de libertad es capaz de matar a mucha gente de hambre, de guerra, de luchas fratricidas, de maltratos, pensamos que es un problema que hay que resolver, y que existen entes encargados de hacerlo. Nos conmueve pero no nos atañe. Hasta que nos toca!

Aquí junto a nosotros, convive toda la negación de la libertad que podamos imaginar. En el niño que no tiene derecho a crecer. En el que delinque porque sus opciones de libertad estaban cercadas por maltratos. En el que es detenido y enviado al depósito de desechos humanos.

En el que sólo tiene la opción del hambre, la desolación y la miseria. En el que, teniendo resuelta la sobrevivencia, ha debido hipotecar la poca libertad de que disponía, para intentar una vida que no garantiza el vivir.

En el que queda atrapado por las gigantescas redes del consumo, la compra y venta de libertades al detal y al mayor, para satisfacer la ganancia de capitales o la avaricia del poder.

LA LIBERTAD HA SIDO SUSTITUIDA POR EL EJERCICIO ILIMITADO DE LA VIOLENCIA

En el que vende sus carencias al falsificador de sueños que nunca se realizan. En el que le han sustituido toda libertad por el ejercicio ilimitado de la violencia.

¿Hasta dónde alcanza el contrato de libertad? A veces no tenemos siquiera la libertad de pensar en ser libres. Hemos dejado de mirar el vuelo libre de las aves en el cielo, regido por las leyes de sus migraciones y su procreación.

Hemos subvertido la libertad del pez que cumple ciclos trastocados por las redes que los atrapan. Hemos asesinado la libertad de los bosques para darnos oxígeno, y la belleza de las flores para darnos su aroma.

HEMOS ENCERRADO LA VIDA EN LAS FRONTERAS DE UNA LIBERTAD FICTICIA

Hemos extinguido la libertad del agua de correr por sus cauces, la de los canales subterráneos de la tierra para nutrir sus solares internos. Hemos encerrado la vida en las celdas de un zoológico particular en el cual el hombre es el actor de una tragedia que no le es dada la libertad de aprehender.

Y nos perdemos en los engranajes de una libertad ficticia que otros crean para atrapar nuestro asombro, nuestra utopía, nuestro sueño de alcanzar algún día un territorio para la libertad colectiva.

Hasta las palabras ejercen su poder conminatorio y nos restringen el habla, el discurso, el contenido de lo que quisiéramos ser, y nos lo sustituyen por coberturas sonoras de libertades desconocidas.

Y SIN EMBARGO RECLAMAMOS LO INÉDITO

Y sin embargo, en el interior de nuestro diminuto tiempo, algo reclama lo inédito, lo que tiene resonancias de acordes musicales, lo que devuelve la risa a la sal de la tierra, a la libertad que reside en la pupila de los niños que tejieron sus primeros alborozos en el regazo amoroso de la madre.

Y decimos como Pío Tamayo, que la libertad está hecha de alturas, que el eco de su voz es de acero azul, y que hay que salir a buscarla, donde quiera que esté, que hay ir a construirla, en cada espacio, que hay que rescatar lo que quede de ella, para armar con sus pedazos rotos, una vida que valga la pena vivir.

De no hacerlo, de quedarnos detenidos en las trampas que otros configuran para establecer una libertad ficticia, que se levanta sobre la celebración de las miserias y la exaltación de las mayores perversiones, nos convertiremos en cómplices de la muerte que avanza impaciente sobre los devastados campos de la vida posible.

ES HOY AHORA Y AQUI

Es hoy, no es mañana, ni después. Es ahora y aquí, en este congestionado, convulso, terrible momento de la historia que aún no conoce de libertad.

Y no se trata de elegir entre las limitadas libertades que otorga el capital de los otros, ni las menguadas libertades que predican las revoluciones que no han sido, sino de imaginar la libertad del hombre, sobre una tierra libre, cada uno en el desarrollo y crecimiento de su fuerza potencial, cada cual hermanado con el otro, en la tarea de rescatar la alegría colectiva del hombre, esa pequeñísima entidad de la vida que no se reconocerá a sí misma hasta que se integre a la alegría del otro.

CONSTRUIR UN PORVENIR A LA MEDIDA DE LA GIGANTE TERNURA DEL HOMBRE

Para un tiempo de convivir y compartir, de repartir y construir, de elegir entre escudriñar las profundidades de las aguas, o la vastedad de los paisajes estelares, entre el maíz o el trigo, entre las confituras de merey o los manjares de guayaba. Entre el estruendo de la risa o la explosión mayor de los violines. Entre excavar o ascender. Para entre todos construir un porvenir a la medida de la preterida ternura gigante del hombre.

Ojalá y así sea, más allá de conjuros y amenazas, de sobornos y chantajes, de mentiras y trampas, de la muerte que no cesa, del golpe que no se detiene, del dolor que crece, con Vallejo, una hora por minuto, de la ausencia que nos maltrata, de lo violentados que somos y los violentadores en que nos hemos convertido.

UN LUGAR PARA LA MESA SERVIDA DEL HOMBRE CON LA FLOR DE LA VIDA

Ojalá y encontremos un lugar para la mesa del hombre, sin puestos designados de antemano, sin exilados ni excluidos, sin desertores ni condenados, sin flagrancia ni complicidades, sin odios ni cesantías, sin olvidos ni cobros. Sólo con la flor de la vida!

mery sananes
07 de junio del 2007
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