martes, julio 31, 2012

SOBRE EL ADAGIO DEL AGUA




Cómo deshacer el maleficio
enastado en tu risa rota
y en los días que te
quebraron sin misericordia

Cómo hacer travesía
por esa lágrima tuya
          que nunca te sembramos
y que te despedazaron
hasta volverla torrente
de soledades

Cómo devolverte el
recinto que se hizo mañana
sobre el alborozo de tus
rizos cuando te clausuraron
el sol y te trocaron tus
amaneceres por
oraciones sin piedad

Cómo recuperar el sonido
de laúd que navegaba
en tus tardes de estanque
y guijarros cuando
el espejo quedó detenido
en las aletas inmóviles
de un pez zozobrado

Con qué palabras invocar
la danza que fulguraba
en tu respiración
al girar y girar sobre el
desparpajo de los sueños
cuando te robaron
el calendario de los besos
ensortijados en tus mejillas

Con qué rituales revertir
el pozo de tristezas que
se conjugó sobre el vuelo
de una cuerda en el re
 mayor de los arrullos que no
llegaron a dejar sus señas
 en la fiesta de los regazos

Cómo desandar el precipicio
de tus ojos tan desterrados de
ti mismo que dejaron de
mirarse en la transparencia
de sus órbitas opacando
así los destellos de la inmensa
ternura de la que estás hecho

Cómo reponer el abecedario
de los pájaros y las florerías
con el que escudriñábamos
el universo hasta transcribir
en las teclas de un piano
la partitura secreta de las
hojas de hierba

Cómo devolverte la piel
de los árboles almacenada en
tus pupilas el revuelo de las
hormigas y el cascabel de la
luna dormida sobre los
peldaños de tus comisuras

Cómo trocar tu fuga
en el amarizaje de nuevo
de tu bajel y el mío
en los ríos crecidos de
espigas que tu paladar
masticaba con fruición
de orfebrería

Cómo hacerte regresar
al epicentro de tu vida
del cual te arrancaron
con saña y sin medida
dejándote descalzo al
borde de una ecuación
ciega

Y sin embargo 
más allá del destrozo 
desarmados de todo odio
desde el frágil recinto
del silencio la verticalidad
de un horizonte en rebeldía
y el frenesí de los colibríes
el amor te escribe cada día
sobre el adagio del agua
y las escarpadas rutas
de la piedra el milagro
que restituirá a la retina
del tiempo la consagración
de los abrazos y la
resurrección de la alegría 

mery sananes




 


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lunes, julio 30, 2012

SUSPIRERÍA DE AZALEA



La flor de azalea
navega en el
suspiro enamorado
de un colibrí


agustín blanco muñoz
serie suspirerías
foto / mery sananes



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domingo, julio 29, 2012

UN PAÑUELO COSIDO CON HILOS DE BRISA



a ella
a la abuela y su pañuelo
que sigue girando sin cesar

 
Los julios pertenecen por
entero a la circunvalación
de aquel diminuto pañuelo
que tú estrujabas entre tus
dedos para pasearlo desde
la orilla de tu tristeza hasta la
curvatura de aquel telar
con el  que recorriste la vida
como si de los días brotaran
huertos de bromelias
y almendrones

Con él sedimentaste la tierra
que le dio cobijo a tus angustias
y con la levedad de sus costuras
levantaste un océano de suspiros
que resguardara en las noches
los hijos que ibas pariendo

De sus pliegues diminutos
hiciste un fogón donde la lumbre
eran tus ojos y un recinto para que
el maíz floreciera sobre los azafates
como un pan aliñado de lágrimas


De tanto agitarlo como si estuviese
cosido de brisa se hizo porche y
mecedora para que guindaras tus
sueños en los atardeceres y
al empaparse de las lluvias de
mayo se abrió como un solar
que salpicaste de flores para que
alumbraran tus madrugadas

De su corazón alpistero
salían en vuelo las caricias
que le dibujabas a  la risa de
los hijitivos que se recostaban
en tu regazo en busca de tus
manos olorosas a panela y
húmedecidas del brote de las
guayabas que habían ascendido
antes que las tejas para que nunca 
dejara de colarse el cielo por el 
ventanal de tus pupilas vestidas 
de un gris que resplandecía más 
que el rayo fugaz de un cocuyo

De ese pañuelo bebimos todos
la confitería de tus abrazos
y las bendiciones que nos repartías
como un rito de amor que se quedó
grabado en la corteza del tiempo

De sus puntadas vimos escurrirse
toda la ternura  de la vida que tú
extraías a retazos para que alcanzara
por igual la envergadura de nuestra sed
y hoy la llevamos enhebrada en la
espiral de las células en la mordedura 
del beso en la encrispada soledad 
de esta historia como un
río de pájaros que cada día
holla la piel con la sonoridad de su
canto dúlcimo e inextinguible



mery sananes
29 de julio del 2012
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viernes, julio 27, 2012

SUSPIRERÍAS DE TULIPÁN



 
El tulipán suspira
por la gota del
encanto por inventar




agustín blanco muñoz
serie suspirerías
fotos / mery sananes 


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jueves, julio 26, 2012

ATRILERÍAS - DE VUELO



 
Pensé un poema
y dejé ir la palabra


texto y foto
mery sananes 


 
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miércoles, julio 25, 2012

SUSPIRERÍAS

 
 

Hoy ya no sé
suspirar sin los
suspiros que están
fuera de mi


agustín blanco muñoz
serie suspirerías
foto / mery sananes


 
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martes, julio 24, 2012

BENDICIÓN DE LA CASA




Esta bendición la leí por primera vez en los ojos de mi madre mientras hacía el ritual de la miel, para que cualquiera fuese el espacio que ocupáramos, se derramara siempre sobre nosotros el amor que ella guardaba en los pliegos de sus párpados y en el cántaro de sus manos.

Nunca la dijo en voz alta, pero cada vez que recogíamos nuestros enseres y arribábamos a un nuevo portal, ella escanciaba la miel mientras yo descifraba las palabras que su silencio dejaba caer sobre la entrada del sol.

Hasta que un día ella se marchó y me toco a mí tomar la miel entre mis dedos y mojar con ella la curvatura del arco imaginario por donde se escapó hacia el reino de la abejas que habitan en el bosque de las resurrecciones. Y desde entonces llevo cosida su bendición en la solapa del alma.

Hasta que un día me hice recinto y vasija para inventarle una morada de llovizna y rocío a los nuevos habitantes de mi alegría. Y de las costuras se fueron desprendiendo las palabras que yo leí en los párpados de mi madre, para ofrendárselas a los hijos en su primera estación.

Y la miel  endulzó el río de la vida, como una cascada de azúcares escalando la piel de los milagros.

Y ahora soy yo quien digo en silencio la bendición de la casa, mientras la miel hace resonar su canto de flor sobre los días, los aposentos y los caminos.


Que los dioses de la vida 
y el amor
bendigan esta casa
y los seres que la habitan

Que llenen sus espacios
de bienaventuranzas
y permitan que crezcan en ellos
las alegrías sencillas
que manan de los árboles
los pájaros y las cerbatanas

Que sea un territorio
donde florezcan los
los encantamientos
que brotan del corazón
eternamente enamorado

Que se haga canto
madrigal y bosque
en los párpados de los hijos

Que se llene de de risas y sueños
para que puedan construir
el asombro la ternura y la fortaleza
que los hagan recios como el samán
y dúlcimos como un racimo
de besos prendidos en la
respiración

Que se vuelva recinto mágico
donde toda pena se trastoque
en milagro
y cada desvelo en anuncio
de dulces amaneceres

Que sea escuela para la vida
compartida
y andén para todas las andanzas
que edifiquen porvenires

Que sea siempre albergue
posada y guarimba
de un vivir con sabor
a caramelo

Que esos dioses maravillosos
que consagran los atardeceres
y el amor de los abuelos
que renace cada día
en las crecidas de luna
y la conjunción de los luceros
derramen sobre esta casa
sus bendiciones

Como hoy lo hace
esta miel que brota de la flor
después que pasa por el engranaje
musical de las abejas
para que en sus espacios sólo reinen
las confiterías de los días vividos
y el amor de los tiempos de infinito
por siempre y para siempre
amen



texto y foto
mery sananes
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lunes, julio 23, 2012

SUSPIRERÍAS - DE UNA ORQUÍDEA



 
La orquídea es un
suspiro del tamaño
de los aposentos
de los dioses


agustín blanco muñoz
serie suspirerías
foto / anala


 

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domingo, julio 22, 2012

ELIPSE EN FLOR - JOAN MIRÓ

 joan miró

 

elipse en flor
sobre el tapiz azul
de un corazón
que baila

mery sananes


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sábado, julio 21, 2012

DÍGAME - DE LA VIDA




Dígame
tanto ver pasar los días
sin ver llegar la vida!



agustín blanco muñoz
serie dígame
foto / mery sananes

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jueves, julio 19, 2012

A PALMIRA, POR EL ETERNO REGALO DE SU FLORACIÓN


Fui una de esos seres privilegiados a quienes les fue dado contemplar la floración de esta palma, en junio del 2003, en el Jardín Botánico de la Universidad Central de Venezuela, lugar que fue y sigue siendo mi casa.

Su aparición fue una verdadera fiesta y una celebración de la vida. En aquel momento escribimos este poema, que fue publicado en Analítica, en el siguiente enlace: http://www.analitica.com/va/arte/actualidad/2130185.asp. Lo recordamos hoy en ocasión de la nota que escribe Sergio Antillano, para contribuir a difundir el encanto de ese momento.

Entonces dijimos:

¿Se han detenido a observar a Palmira, la palma de Ceilán, la palmaflora del Jardín Botánico, que después de sesenta años de preparación, ha gestado un ramillete de espigas que durante un año habrá de trastocar los espacios azules del cielo, dibujando espirales de semillas sobre la hierba, para asegurar su continuidad?

¿Sabían que después de ese inmenso esfuerzo de parir infinitos hijos vegetales, nuestra palmaflora deja su territorio a las que vendrán, alegre de haber cumplido su función vital en esta vida, esperanzada de haber regalado durante décadas los pliegues de sus venas a las pupilas de quienes ascienden por su tallo a escuchar la mágica transparencia de sus cantos?

Desde este recinto piotamayista, recibimos este regalo de la palmaflora, como un hermoso talismán, capaz de abrir los ojos del corazón hacia los paisajes por donde navega el verdadero sentido del vivir.

Llama, invita y convoca a quienes pasan desasosegados por entre calles y ruidos, cementos y piedras, a detenerse un instante en ese ciclo extraordinario de vida, ese estallido de cantos, esa entrega incesante de semillitas de amor, de esta palmaflora, que habla en nombre de todas las florecitas silvestres, todas las hojitas de hierba, todas las goticas de lluvia que pueblan este triste planeta.

Estamos seguros de que esa mirada dejará aposentado en el interior de cada uno, un tesoro inmenso del cual necesitamos echar mano, para poder avanzar por estos tiempos terribles, tan alejados del verde vegetal que en conjunción con los azules, va escribiendo perennemente el testimonio floral de lo que habremos de ser.

Desde estas páginas les regalamos estas palabras que quisieran ser tan aladas como esas espiguitas que manan del corazón de la palmaflora. E invitamos a quienes quieran escribir, expresar, decir, nombrar, para que esa palabra torbellino, ese decir con aroma de tierra, de parto, de esencia que nace, se despliegue como una banderola, una centella, un horizonte tenido al porvenir.

mery sananes
09 de julio del 2003.





Quién diría
que de pronto
encenderías todas
las lámparas de tierra
en el cielo de una aurora
para esparcir diminutas
hebras de luz
en infinita gestación de amor

Quién diría
que en el interior
de tu savia iridiscente
navegaba un río
de colibríes
y que en la musicalidad
de tus hojas
en los atardeceres
de brisa
anunciabas un estalllido
de timbales en flor

Quien diría que desde
lo alto del lucero
donde fue a erguirse
tu enramaje para bordar
en silencio tu vestido
de espigas
habrías de irrumpir
un mediodía
para poblar de hijos
el pasto
y esparcir tempestades
de amor
sobre la hierba

Te preparaste
pliego a pliego
la vida entera
en alegre ascensión
desde el alumbramiento
que fue al que será
para recrear
una y otra vez
agigantada la vida

Quién diría
que en tus verdes aguas
ibas pariendo
bosques de azules
mientras trasmutabas
tu despedida
en el encantamiento
de los tallos que vendrán

¿Aprenderá algua vez
el hombre a leer en el poema
vegetal de tu arquitectura
la lección eterna de la vida?

¿Aprenderá a escuchar
en el largo silencio de tu tiempo
el sonido exacto que va tejiendo
en tu interior un aluvión de alas?

Si tan sólo tuviéramos
tu temple
amaneceríamos un día
inundado el corazón de soles
y recuperaríamos entonces
ese equipaje de flor
que nos fue dado
en el principio de todo
para que hiciéramos del planeta
una enredadera de jazmines
un huerto de palmas
una eterna explosión
de espiguitas capaces
de teñir el universo entero
del verdiazul de tu alegría

¿Te imaginarías palmaflora
cuántos pajaritivos
se asomarían a las pupilas
de los niños
a beber del pozo
de sus suspiros
y del almacén de sus sueños?

Ojalá y esta vez
tus mariposidades
acampen en el territorio
devastado del hombre
para que le regales
el solar de tus ternuras
y los hilos de plata
con los que algún día
habrá de reconstruir
su verdadera humanidad

mery sananes
julio / 2003


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DÍGAME - DE LOS CREPÚSCULOS






 
Dígame
no entender que la respiración
de los retoños llega
al cielo de los crepúsculos
enamorados!


 texto y foto
agustín blanco muñoz
serie dígame



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miércoles, julio 18, 2012

CARTA A ELÍAS MANUITT CAMERO



La vida es la incertidumbre
de los sueños pasajeros,
la vida es el ‘Yo te quiero’
de una mujer a la lumbre.

La vida escala la cumbre
del cerro de las tristezas,
la vida es naturaleza
deshojada por el viento.

Es un sol de sufrimientos
que marchita la grandeza
 
EMC




Elías Manuitt Camero nació el 27 de febrero de 1929 en Altagracia de Orituco, Estado Guárico. Egresó de la Escuela Militar en 1951. Se casó con Amelia Castellanos, con quien tuvo tres hijos: Elías, Flor y Amelia Margarita.

En 1956, está destacado en Maracay y forma parte de la conspiración contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Participa en el levantamiento del 01 de enero de 1958, es detenido y remitido a la Cárcel Modelo, de donde sale el 23 de enero, a la caida de MPJ.

A  comienzos de la década de los 60, aún cuando ocupaba cargos  oficiales, actúa  clandestinamente en conexión con  el Partido Comunista de Venezuela. En junio de 1962 abandona el ejército para  unirse a  las guerrillas de Falcón.

En el Frente ‘José Leonardo Chirinos’  fue designado Sgdo Cdte y miembro del Estado Mayor. El 14 de octubre de 1964, suscribe, junto a Douglas Bravo, el 'Manifiesto de Iracara', en el que se establece la necesidad del acercamiento de la guerrilla a las FAN. A principios de 1966 realiza una gira por Corea del Norte, China y Vietnam. Regresa a La Habana donde ejerce la representación de las FALN en Cuba. 

Al definirse la derrota de las guerrillas sale hacia Cuba donde permanece  entrenando guerrilleros. En marzo de 1967, asume, sin haber participado ni aprobado la operación,  la autoría de una acción que fue criticada por todos, el asesinato de Ignacio Iribarren Borges. Consideró que debía salir en defensa de los combatientes. Eso selló su caída y repudio en el mundo político. Un hecho que explica con mucho detalle en el libro que se acaba de publicar, que recoge las entrevistas que le hiciera Agustín Blanco Muñoz: Venezuela un país podrido. Habla Elías Manuitt Camero. Una verdadera radiografía de este expaís.

En 1976 regresa a su pueblo natal. Divorciado de su primera esposa, se había vuelto a casar con la Dra. Teresa Hernández, pianista y médico cubana con quien tuvo un hijo: Ernesto. Poco después su esposa lo abandona y se marcha a Cuba. El 08 de febrero de 1988  un disparo desde su mano lo conduce a territorios del adiós.

Elías Manuitt Camero era músico, compositor y poeta. Tocaba la guitarra y el cuatro. Improvisaba coplas y versos. Estos poemas fueron recogidos por la Cátedra Pío Tamayo de la UCV, quien los publicó, en 1990, bajo el título Sueños de amor y libertad. Esta carta sirvió de prólogo a esa publicación.


Elías

Esta carta la había comenzado a escribir desde hace muchos años, tantos como los que la línea de tu vida ha dibujado sobre este país terrible y doloroso. Tantos como los que lleva al agua recorrer el río, como los que estuvo Pablo Guédez cantando por los caminos del pueblo y los que estuvo Amalia Méndez con una verdad a flor de labio, endulzando la sonrisa de los niños de la calle.

Tantos, Elías, como las cantorías que fuiste bordando por la tierra adentro para dejar las señales de tu estirpe llanera. Y sin embargo, cuántos contratiempos, cuántas dificultades cuántos escollos para llegar a tus sitios, esos en los que fuiste a reencontrarte con tus anhelos y en los cuales no pudo el monte, ni el campo, ni la brisa de la tarde hacerte desistir de esta despedida que no aceptamos ni queremos.

      Que dirían, Elías, los pájaros mañaneros que no te vieron amanecer. Qué dirían las flores silvestres que contemplaban tus largas caminatas como recordando los días de andar en otros combates. Qué diría el potro que se quedó aguardando tu vigilia. Qué dirían los gallos que no te escucharon de madrugada preparar tu tonada. Qué dirían los luceros de  las noches de Orituco que no vieron más asomarte hasta ellos para hablarles de tus sueños de amor y libertad.

      Yo, que me quedé con esta carta atrapada en el corazón, no sé qué decir, Elías, porque tu despedida golpea demasiado duro las ilusiones y las esperanzas. No las del mundo que vendrá, que por ella diste la vida y consagraste la muerte, sino las que están aquí en estos tiempos sombríos y que debieron  contener la suficiente fuerza para detener tu mano. No para el consuelo pero si para el afecto compartido, el amor solidario que levanta, fortifica y reconstruye.

 

      Elías, cómo nos ibas a dejar con este manojo de versos que teníamos que sentarnos a desgranar juntos en la brisa. Ese racimo de sueños que fue tu vida, tu andar y tu desasosiego. Esos versos que nos ponen a temblar de emoción, porque son evocación y realidad de un tiempo y una verdad que siguen igual de  vigentes y plenas. La poesía combatiente que se convertía en antorcha en las noches largas de ir por los campos defendiendo el derecho a una vida distinta. El verso en vuelo de gaviota que se eleva mensajero de recados de amor y plenitud. El poema-saeta, poema-proclama, poema-homenaje y poema-espiga que fuiste tejiendo en tu andar aventurero y terrible.  

      Elías, como te ibas a ir cuando tenemos tanto por  hacer. Sostener la ilusión, el anhelo de todo lo que habrá que cambiar para vencer la muerte que te mató, la muerte que te llevó cuando había combates por  librar, peleas que dar, esperanzas que compartir y memorias que desenhebrar para dejar el sentido verdadero de la historia que no se ha escrito y que tú llevabas moldeada en el pecho que jamás tuvo temor a la balas enemigas.  

      Qué bala tuvo el valor de hacerle caso a la orden de tu mano que estaba hecha para abrir surcos en la tierra, para las caricias a los hijos, a la compañera, o para montar el gatillo de los fusiles de la revolución. Qué ocurrió que el revolver equivocó la senda de su fuego, de su lumbre para encandilarte y ennochecernos así.

      Elías, qué hago ahora con esta carta que tendré  que amasar hasta convertirla en tierra de abonar, espiga desgranada o vuelo de azulejo para que te alcance en el viento en el surco, en el agua, en el  paisaje en movimiento que es el mar.

      Qué les diré ahora a los hijos de la angustia, a esos seres que caminan solos, con sonrisas que se apagan desde adentro, a quienes diste tu verso y tu pensamiento. Quién ahora tejerá cantos para Cristela. A quien le darás ahora el corazón. Como bailarás un golpe tuyero sin que esté de duelo el sendero. Y como le dirás ahora a Dulce Cecilia que su mirada en la ventana rompía un cristal de rosas. Quién oirá a las aguas del caño pronunciando el nombre de Cecilia Jiménez. Y quién escribirá cartas  a –flor, a todos tus hijos, anunciando un mañana de carnaval de trompetas.

      Qué ocurrió, Elías, con el gladiador que tenías en el alma, armado para silenciar el escándalo del tiempo. Que le pasó al galope por donde iban tus sueños y tu cantar, las ancas llenas de sal, con riendas que teje el viento, inventándole rutas marinas al sol de tus llanuras. Qué quebró la ilusión de ese tiempo de jugar que algún día vendrá.

      Elías qué hago con la palabra, con la copla, con el sueño que andamos cultivando, si no sirvió para llegar hasta tus sitios y regalarte una sonrisa, construirte un muro de contención, un árbol repleto de frutos y una alegría que te mantuviera con nosotros, hacedor de versos y fabricante de papagayos y revoluciones.

      Ay, Elías, por qué en tu soledad no percibiste la melodía de la vida que pusimos a volar con el viento. Y ahora qué haremos con este racimo de cantos que se quedó anclado en las raíces de los árboles.



      Tu ausencia, tu despedida, nos dice una vez más  lo que es esta tierra, lo que es esta historia terrible, este tiempo de devastaciones esta hora de cantos quebrados. Porque no fue tu mano la asesina. Fue este país al cual le han arrebatado la capacidad de conmoverse ante la vida y la muerte. Fue este tiempo de oscuridad el que aceitó el arma para el disparo, el que inventa todas las formas de muerte. Un tiempo de masacre.

      Tu disparo Elías, es un nuevo expediente a esta sociedad, a esta historia dolorosa, a este proceso donde todos, como decía Pío Tamayo hace más de cincuenta años, nos hemos convertido en cómplices de las armas asesinas. Tu vida y tu muerte son radiografía e historial de un tiempo y una sociedad que hay que cambiar.

      Por esa sagrada razón subiste con tu traje de campesino de siempre a conocer los secretos de los cerros para encender fogatas en lo alto. Por esto te enfrentaste una vez al dictador y otra a la democracia que lo había derrocado porque en ella se asentaba la misma miseria, la misma desesperanza de los muchos, el mismo crimen desatado. Por eso fuiste potro y posta, guerrillero y soldado comandante de una batalla derrotada, que dejó estelas de ausencias y traiciones.

      Por eso un día retornaste a tus viejos sitio enamorado como siempre del silbo del viento, del canto del chirulí, del paisaje que dibuja el río en el lecho, del olor de la fruta al madurarse, con tu soledad a cuestas, tus sueños de amor y libertad retenidos, tu ira y rabia encendidas en tu corazón de capitán de aguas dulces.

Regresaste con un equipaje de tristeza tan grande como el horizonte de tus llanos y con la vieja arma de los combates librados aguardando un tiempo de resurrección, no de muertes, sino de pan que se reparte, de racimos de flores, de bienaventuranzas para todos los hombres. Allí estaba quieta, sin guerra ni frente, sin batalla ni victoria.



Tierra hermosa
desde el jaguey hasta el caño
tierra inocente de engaños
donde se enredan las coplas
donde se oyen cantaurías
en las tardes y en las noches
donde el caballo es el coche
que viaja en la lejanía

EMC


¿Fue ella, Elías, la que despertó esa madrugada llamándote a disparar? ¿O fuiste tú quien la tomó para echarla a correr otra vez por el trayecto que deja el fuego, la llama y la fogata? ¿Qué versos se cruzaron que ella se hizo dócil entre tus manos? ¿Qué le dijiste para convencerla de hacer el camino contrario a su blanco? ¿Qué historias escribió ella para ti en esas horas de mengua? ¿Y qué ocurrió para que en un instante aquella arma de mil leguas y mil disparos, hechos para consagrar la vida, se convirtiera en estallido de muerte, allí en el territorio de donde habían emergido versos y emociones, cantos y coplas, esperanzas y decisiones?

Elías, tu disparo nos alcanza a todos. Algo se nos quiebra en el interior del cerebro, algo se nos descompone para siempre en los espacios del corazón ilusionado. Algo nos va dejando una ausencia que nada puede plegar. Porque tu disparo, ese disparo último, que equivocó su rumbo y te hirió en el alma se hizo estallido de repetición. Y su eco no deja de sonar por doquier con un mensaje y unas señas que hay que recoger, retomar, no para que se silencie sino para transformarlo en melodía y esperanza, cono tú lo quisiste. Y por eso, hay que seguir trabajando, silenciosa y tenazmente, para convertir el fuego en faro de luz que permita advertir que tu gesto desolado no es otra cosa que lección, alerta, llamado y sacrificio.  

No es un camino de rosa, es un camino de sangre, dijiste. Y era tu pecho el que hacia la ofrenda de rosas, tu vida la que entregaba el cauce de sangre para convocar a batallas victoriosas. Que mañana no digamos que esta sangre corrió en vano. Petición y reclamo. Llamada para que toda la sangre derramada cumpla su ciclo de agua, lluvia y roció. Por que si ni regresa convertida en flor y canto, en anuncio de alegrías,  acompañando un tiempo nuevo, se habrá vertido sin norte y sin horizonte.

¿Dónde están en esta hora, Elías, tus compañeros de ruta, que no se alzan contra tus asesinos, contra todo el desencanto, la desilusión y la desesperanza que te hirieron de muerte, cuando antes ni los cercos, ni la represión, ni los helicópteros, ni los TO, ni la bombas pudieron detenerte? ¿Qué ocurrió a los que ayer te acompañaron y hoy están celebrando con festejos y jolgorios esta democracia que te asesinó? ¿Acaso todos ellos dejarán pasar tu crimen como si nada hubiera ocurrido? ¿Seguirán sentados en las mesas de negociaciones todos los mercaderes de esta democracia sin detener ni un segundo los cálculos de sus ganancias, aunque haya muerto un hombre, un comandante, un ilusionado peregrino de la vida que un día empuñó el fusil para tratar de cambiar el mundo?



Fue el mismo hombre que deambuló por los andes de la ilusión con una gran derrota a cuestas y sin embargo se prendió de sus sueños libertarios y revolucionarios para no sucumbir. El mismo que en La Habana fue estandarte de la lucha y desasistido comandante de una guerra que no se terminó de librar. El mismo que una vez pacificada, mediatizada, negociada y reprimida, vino a asentarse en Altagracia de Orituco para cultivar la tierra y recoger los frutos mientras hacía una y otra vez el camino de la memoria por lo que no se construyó, lo que falta por conquistar,  las pérdidas que infringió el enemigo y las que se sembraron desde adentro, hiriéndole de una muerte que no conoció en el combate.

En Altagracia de Orituco libraste tu última batalla contra un enemigo invisible que se ha hecho más poderoso que los ejercitos mercenarios. Un enemigo que ya no se distingue, que no se le ve disparar, sino que se confunde entre la gente sencilla, y que lejos de agredir directamente llama a la concordia la conciliación y el acuerdo para que la riqueza permanezca donde está y la miseria también pero sin rebeldía.

Lo hiciste con la convicción de estar aportando el sacrificio exigido para la construcción de una sociedad que promete entregarle algún día su  recompensa, en medio de esa paz concertada que se produce en una sociedad que ha alcanzado sus más altos niveles de degradación económica, política, social y moral, haces tu último disparo, Elías.

No al aire de los cohetes de feria y los fuegos artificiales. No al frente de guerra de un armado enemigo. No al blanco de la viejas deudas de humanidad pendientes, sino a tu propio corazón de amapola y crisantemo.

¿Y sabes qué ocurrió, Elías? Que tu sangre aventurera se enhebró en la tierra, se hizo sendero en el río, se posó en el interior de los turpiales y fue canto en el horizonte. Mensaje y señal, llamarada y aviso para los navegantes del futuro.

Hoy va prendida de estos sueños de amor y libertad que un día nos enviaste para que los hiciéramos un haz de versos para regalárselo a los hombres sencillos, a los obreros de la revolución, a los enamorados de la vida, a los fabricantes desilusiones.

Y en nombre de esos sueños, Elías, te prometemos no cesar en esa tarea difícil de abrir cauces, levantar expedientes y hacer y escribir la historia verdadera. Y para esa labor no dejes de enviarnos recados, no dejes de acompañarnos, que te necesitamos. Necesitamos tu reciedumbre, tu valor y tu coraje, porque con la desazón que te llevaste y los sueños que nos entregaste, haremos un cometa de vuelo largo, para que la brisa de los campos lo convierta en estrella encendida de siempre y para siempre.

mery sananes
  1988  

 

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