jueves, octubre 31, 2013

LOS INSTANTES DE UNA LUZ


Esta noche lluviosa me regaló esta imagen.
Se la robé a la nocturnidad y me dejó a cambio un resplandor inédito.
La comparto con todos aquellos que
como yo rondan la vida
buscando los instantes de una luz

mery sananes
31 de octubre del 2013


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martes, octubre 29, 2013

LA SOLEDAD DE LOS ADAGIOS






No zozobran
las palabras
colapsa el silencio
que no alcanza
la soledad
de los adagios


texto y foto
mery sananes







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sábado, octubre 26, 2013

RAÚL SEGNINI - TODO POETA






Raúl Segnini es un poeta de aquellos que surgen cada cierto tiempo para dejar testimonio de una palabra única. Pero como suele ocurrir, cuando la palabra trasciende los ruidos metálicos de las griterías sordas, lejos de gravitar en los arpegios del viento, encuentra su hospedaje en el silencio. En ese Otro silencio (Caracas, CPT-UCV, 1996, 98 p.), que se construye el poeta, y en aquel que se levanta para amurallar los destellos que se escancian en su interior.

De allí que sus versos sean casi clandestinos, subrepticios, silentes. Sólo que la terca persistencia de quienes conocimos la materia exacta de que estaba hecho este poeta, y fuimos tocados por el ardiente acantilado de su diáspora, regresamos cada octubre de su encantamiento, a sembrar de nuevo en las especies del corazón, el canto apesadumbrado de una ternura que sin piedad nos nombra y nos designa en ‘la abertura herida de la tierra’.


Dejamos aquí otra muestra de su decir, para festejarlo en este otro octubre de su nacimiento.


TODO POETA

Todo poeta ha tenido un remanso de agua luna
en el solar de la vecina y un naciente entre la montaña.
Ha comenzado un pozo solitario y embrujado
en los juncos suaves de su ambiente al frente del paraíso.

Todo poeta ha tenido su capilla escondida
y ha pedido lumbre para la oscuridad.
Vela para su mano y diosas desnudas en el capillar.
Rezos para que no llueva y manto tibio para la piel.
Ha pedido regazo para su grieta y abandono para la pena.
Ha tenido aguamanil para sus manos
y rostros alucinados para el martirio.
Ha tenido muerte en el cementerio y vida muerte en el disparo.
Todo poeta ha tenido enredaderas de cundeamor en el monte
y alas rompiendo linderos no construidos.
Ha tenido alfabetos para atrapar arcoiris en la tarde
y agua lluvia cerca del sol.
Todo poeta busca su rostro en el rastro de la mujer deseada
Y pensamientos guardados en la pimpina de los abuelos,
tinajero viejo en la esquina de su casa
y un helecho fresco donde existieron esporas
silenciosas.

A final, todo poeta tiene una palabra
disparada hacia la piel sin fronteras,
y ha gritado llanto con lágrimas que han de secar.



EL OTRO SILENCIO
Caracas, CPT-CEHA-UCV, 1996.

Este veintisiete de octubre cumple años de poesía, ternura y amor, Raúl Segnini.  Aunque se haya escapado entre los espacios poblados de silencio que él mismo construyó desde su rostro melancólico de niño, su abrazo perdura entre nosotros y lo seguimos festejando y celebrando como si estuviera aquí enarbolando sus auroras, replegando su sonrisa, esparciendo lecciones permanentes de vida.
Un 1º de febrero de 1998, ascendió hacia los alfabetos que atrapan los arcoiris, para cumplir sus deberes de ternura en los acantilados de las nubes. Pero regresa cada octubre y nosotros lo esperamos alegres, para que nos cuente sus travesías y andanzas, sus hallazgos y amores, y hasta que no llenamos nuestras alforjas otra vez de su mirar de neblina, su estatura de páramo y su enamorada asimetría, no lo dejamos ir.  Con sus palabras hacemos una honda que dispara polen de azahares al porvenir.

Raúl nació en Maracay, (Estado Aragua, Venezuela) en 1940, a las puertas del Barrio El Carmen, pero un buen día la aventura lo llevó desde los valles de caña dulce hasta los páramos merideños, a desgajar su pasión pòr ser maestro, educador , fiel a la fuerza de la palabra como forjadora de conciencia, voluntades, compromisos con la vida y la sociedad. Corrían los años del enfrentamiento violento de la década de los sesenta. El poeta se graduó en 1966 y los rituales académicos lo llevaron a hacer estudios de postgrado en los Estados Unidos. Su corazón de niño le vino a estallar en esas tierras para ser conducido a los corredores blancos de un hospital ascéptico, que le rasgó el pecho para injertarle plásticos y catéteres. 

Regresó  armado de una ciencia sobre la que cada vez se preguntaba más y un título de doctor que jamás utilizó. Volvió a sus predios andinos a hacer residencia en San Cristóbal. En el nucleo de la ULA prosigue su andar como docente, investigador y poeta de la vida que no de libros. Llegó a ocupar el vice-rectorado academico, empeñado como estaba en hacer del espacio universitario un lugar para la creación de ideas y la formación del individuo.


Su vivir fue de un silencio de palabra, pero no de los signos que siguieron deletreando versos en todos los instantes de su difícil vivir.  Por eso el trabajo para reunir su poesía fue laborioso. Más una respuesta a la insistencia que otra cosa. Nos empeñamos en esta tarea porque queríamos que antes que su corazón fatigado dejara de saludar el silencio, pudiera tener en sus manos y exhibir a la vida su mensaje de y la magnífica existencia.

De tiempo en tiempo nos entregaba ‘otro papel’, como llamaba a sus poemas. Un día dijo, terminantemente que ya estaba cansado de buscar y que con eso era suficiente. Sabíamos que habían quedado prendidas de anaqueles, olvidadas palabras del silencio que no podríamos rescatar. Por eso aceptamos su decisión y procedimos a publicar el libro.

El otro silencio salió de la imprenta en julio de 1996. Un poeta de un solo libro, que deja para la trascendencia abordajes asombrosos, enlaces inéditos, composiciones de sustantivos con tenacidad y fuerza de verbos. Para ese tiempo, Raúl, por paradojas de la vida, estaba de senador de la república por el Estado Táchira. Unos amigos de la Causa R le pidieron que les permitieran ponerlo en la lista de candidatos con el objeto de llenar una formalidad. Para sorpresa de todos, el silencioso poeta se convirtió en silencioso senador. Fue a aquel circo a vivir una experiencia única. A observar –nos decía- la miseria política en su más alta expresión. Un día dejó la bancada para recluirse en su casa de San Cristóbal. Su corazón no daba más y abría cauces hacia el silencio definitivo.

El 31 de enero se refugió en los territorios donde no llegan las señales de sonidos ni de signos. Se marchó de la misma manera silenciosa como había vivido. Pero quedaron sembradas sus palabras en el interior de los sentimientos que no se extinguen y cuyas expresiones escritas se recogieron en su único libro: El otro silencio. Caracas, CPT/UCV, 1996.

Dice Raúl: “¿El sacrificio valoró la pena para ritual de cantos? No sé. Estoy hecho para las noches, para la soledad de mis cosas y para seguir rompiendo mi nuevo ritual descendiendo en el calendario oficial de mis trampas. ¿Habrá cálculos en los 20 años fabricando mis ritos con sus nombres no llamados? Posiblemente: cuatro ritos mágicos están amarrados a la furia y a un sueño ligado a mis palabras como santuarios. Toda palabra tiene la muerte en la vida, toda fuga y contrafuga esconde la historia. En mis palabras está zozobrando la vida.” Y allí está la razón de su silencio que él convirtió, a través del santuario de sus ritos, en un canto donde zozobra la muerte.

Ese día de febrero en que nos tocó sembrarlo en los confines de su silencio mayor, dijimos: “Vinimos a enhebrarnos en tu ternura de niño para viajar contigo a los parajes donde un imán de rosas tiñe el crepúsculo de telarañas de oro, donde se dibuja la franja de duraznos en amarillo, y la luz trigal de una mañana eterna se abre como un pétalo de amor para recibirte. 

Vinimos a nutrirnos del río vital de tu silencio, para reconstruir las palabras donde vivirás para siempre, asomado al paisaje de un tablero hecho de hierbas, por donde galopan caballos sin jaque ni rey. Vinimos a sorber como gajitos de mandarina, esa estela de sueños que dejaste esparcidos por los corredores del alma, como una ofrenda a la vida. Vinimos a contar tu historia como una fábula que se queda grabada en la sonrisa de un niño, donde no hubo episodios heroicos, ni grandes batallas, sino el trayecto de una hazaña poética que, como una pirámide invertida, trazó la pauta del sufrimiento como un pozo sin rocío, un pozo sin silencio, un pozo de corazón reventado, para luego dispararse como una saeta en dirección a la luz.

Estamos en deuda con Raúl. Pero no para reconocimientos oficiales, sino con la lección de ternura, el alborozo de adverbios, el hondo sentido de ese silencio, que se desliza entre los versos, como fraguando cada palabra, para que se instale en el corazón del hombre, como un alfabeto para atrapar arcoiris en las tardes.

mery sananes



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viernes, octubre 25, 2013

EN LA ESTACIÓN DE LOS MILAGROS





para
danielita
en sus octubres

De qué color amanecen
los ciruelos en los párpados
de salvador

Con qué fulgores se enciende
el fogón de estrellas
que julia convierte en el
recinto sagrado de los
granos de maíz

Quién le sembró el azúcar
al anon púrpura que nace
en el huerto de tus imaginerías

Qué quebrada te dio de beber
su ternura y el vuelo incesante
de tus manos sobre la resequedad
de los días

Quién tiñó de rojo el corazón
de las peonías que tus dedos
enhebran en diademas de rocío

En qué enero de luna llena
se fraguó tu conversión de arcilla
en arado de encantamientos
para que octubre te pariera hecha
de luz de cocuyos y cantos
de jilgueros

Sé que un día llegaste aromada
de pan de horno destilando
fragancias de soles verticales
y aguaceros de vendimia

Sé que cobijaste tu alegría
en estos tiempos devastados
para que nunca se apagara
la sonrisa de adentro que manaba
de los ojos de julia ni se secara el
manantial de cuenterías que salvador
alberga en las cuencas de sus andares
que ahora son purita lejanía en el
paisaje de arados de sus manos
jardineras y en el vaivén silencioso
de los hilos que lo mecen

Sé que nos trajiste en las faltriqueras
de tus sueños ofrendas de amor
y un recetario infinito de querencias
que repartes engolosinada a los niños
de la vida

Sé que tus caminerías conducen siempre
a primaveras inéditas y que jamás te
cansas de bordarle vías lácteas 
a las tardes tristes y a los hondos 
memoriales del dolor

Sé que estatuyes rituales silenciosos 
sin que nadie lo advierta y que tu risa
conserva el secreto sueñuelo del asombro

Sé que en tus ojos navegan veleritos
en los ríos del tiempo y que cuando
asciendes a las colinas los pájaros
reconocen tu paso  y dejan tu nombre
en el alero de sus nidos

Sé que eres albergue y recinto de todas
las orfandades y que sin embargo
sabes como nadie restañar heridas
y entregarte íntegra como las hojas
de otoño al acorazado deslumbrante
de las resurrecciones

Y para festejarte dejo a orillas de tus
madrugadas un amanecer de lirios
la explosion de una flor de baile
y extendido a la altura de tus respiraciones
un macetero de siemprevivas
entonando la canción del agua
que escriben las lágrimas en la
estación de los milagros

mery sananes
26 de octubre del 2013

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UN AMOR ASÍ


A Alfonsina Storni

alma que a ratos suelta mariposas
a campo abierto, sin fijar distancia
a sus poemas de amor

Deja que te quiera así
desde mi aposento de nubes
mi sembradío de mandarinares
mi vergel de florerías
desde el recinto donde se anida
mi risa se sobresaltan mis silencios
y tejen un adagio triste mis suspiros

Deja que te enamore así
cabalgando en las alas de una
caracola o destilando cristales
sobre el lecho de un río
desatando palomas desde el
flanco izquierdo de mis antojos
o construyéndole sonajeros a la
anatomía frugal del cielo

Deja que te colme de aromerías
desde el universo de una llovizna
o el malva de los atardeceres
que te hable el lenguaje con el que
el pájaro carpintero horada su
melancolía en la corteza de un bosque

Deja que mis manos se vistan de
lirios que mis brazos convengan en un
estatuto de jazmines y que desde mis
párpados salga en vuelo enamorado
un temblor de canarios en busca de
un huerto de alpisterías

Deja que se desaten todos los hilos
que nos enraizan en el pozo de las
tristezas y que el beso recorra su sabor
a mordedura de durazno

Deja que el tiempo se diluya en las
coordenadas de un otoño que va pariendo
primaveras y en las encrucijadas de un
invierno que no es más que un estallido
de estrellas sobre la soledad de los árboles

Deja que se remonte este amor
a la perplejidad de los corales
a la vastedad de los arrullos
que despiertan a las orugas
de su sueño de sederías

Deja que ascienda por los cauces
por donde nacen los intervalos de
las aguas y que se confunda con el
tiempo de los guijarros y la edad
de los olivares

Un amor que no zozobre
que vista de azul hasta los grises
que se derrame sobre los iris
hasta pintarle senderos de
siemprevivas a las ausencias

Un amor de lontananzas
que cubra el horizonte con sus
murmullos y vaya repartiendo
cedazos de sol sobre los días tristes

Un amor inesperado que plene
el aire con sus esporas de alegría
que contagie los mares con el verde
viento de hierbas florecidas
que se recueste sobre las noches
como una constelación recién
descubierta que bañe la luna
con sus resplandeceres

Un amor sin valladares a la
medida de la dulzura no alcanzada
del hombre que se siembre como musgo
sobre las tierras baldías y reinvente
la vida como un mapa dibujado en el
párpado de cada niño que nace
de la canción que resguardan
las colinas que aún no han talado

Un amor en fin tan diminuto
que pueda guarecerse en la punta
roma de un lapiz decidido a escribir
la historia aún no vivida del hombre
en su estatura de dedal y firmamento


mery sananes /  31 de octubre del 2009
 El Libro del Hombre
foto / ms




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miércoles, octubre 23, 2013

UN PÁJARO ES UN PÁJARO





a miguel veyrat
a la razón de su mirlo
octubre / 2013







UN PÁJARO ES UN PAJARO
Y UN HOMBRE ¿QUÉ ES?


Un pájaro ubica su casa en lo frondoso y profundo de un bosque. Desde allí su vida está regida por la ley de las estaciones, por la fuerza de la lluvia, por la estructura de las ramas, por la dimensión de los nidos.

Sabe y conoce su oficio de encantador del viento. Y lo cumple a cabalidad, sacando a relucir para ello toda la maestría de su ingenieria de vuelo y toda la eternidad que se acuna en su breve paso por la tierra.

¿Será por eso que canta?

En la línea sencilla de su existencia guarda la clave de todos los misterios y el mágico enjambre de la vida, que se potencia y fructifica en la resolución de todo aquello en lo que seguirá siendo pájaro, como quisiéramos nosotros, alguna vez, ser hombres.

Y esa es la alegría: la del pajaro en lo frondoso y profundo del bosque, que es y sigue siendo pájaro.


Y un hombre ¿qué es?


mery sananes
2005
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martes, octubre 22, 2013

DECIRES DE OTOÑO IV




Desde este ventanal deslumbrado
por las fosforescencias de un otoño
las hojas son pájaros recién
salidos de sus nidos en vuelo
acompasado hacia un aposento
de verdes que aún el invierno no
cubre con su abrigo de estrellas





Mariposas resplandecientes que
juegan a buscar una flor en los
dominios de la hierba








Tempestades de suspiros que los
árboles le regalan al viento para teñirlo
de estambres de un amor enternecido






Abecedario de las ramas que escriben
en el aire una sinfonía en el tono menor
de los susurros






Claves de un tiempo que desentraña
su acontecer en la circunferencia de
un color que se vuelve canto






Prodigio de una musicalidad lanzada
en la brevedad de una respiración hacia
los acordes de un larguísimo de flauta







Fusión de pétalos que habrán de
brotar de sus filamentos de agua y del
dulzor de los gajitos que se bordan
al interior de sus cortezas







Andar de peces que navegan
sobresaltados en el velamen de
una nube aterida de lloviznas







Niños que aguardan trepados a las
pupilas sonoras de una ilusión






Las hojas deletrean en su vuelo azul
el mapa astral de la vida que aún
no aprendemos a sembrar como el otoño
en las honduras de los pozos
en el cauce violeta de las piedras
en las aguas subterraneas que nos nutren
sólo para sellar su regreso vertical
en el documento inalterable de un
aluvion de florerías



fotos / anala
texto / mery sananes
28 / octubre / 2009





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domingo, octubre 20, 2013

LUNA DE OCTUBRE





Luna del 18 de octubre de 2013

En el recinto
de mis párpados
no alcanzó la penumbra
a ennochecer tu fulgor
la tierra no quiso
derramar sobre ti
sus nocturnidades
y seguiste imperturbable
ataviada de luz
hasta convertirte
de pronto
en diminuto sol
en la estación de piscis


texto y foto
mery sananes

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jueves, octubre 17, 2013

MATEO MANAURE: COSECHA DE CREPÚSCULOS EN ALUVIÓN DE TEXTURAS



Esta carta se la escribimos a Mateo Manaure hace 13 años.  Y, como cualquiera de las muchas que le hemos enviado, tiene plena vigencia en este octubre, en el cual solemos festejar y celebrar la fecha de su nacimiento y la dimensión porvenirista de su obra.

En este hoy, que parece más bien un ayer, los obstáculos son mayores, los laberintos se han multiplicado, la orfandad crece como la hiedra. Y en los largos corredores de un tiempo, que hemos suspendido en el territorio de las zozobras, los trabajos de Mateo Manaure, son una encandilada estación de sueños. 

Y ante este silencio devastador, tomado por la iracundia y el desparpajo, por el grito opaco y la querella inútil, asomarse a sus lienzos es una larga y honda travesía por la majestad de la tierra, la fragilidad de los ríos, la sonoridad de las chicharras y el rostro amoroso del hombre que construye un tiempo eterno en la brevedad de su canto.

Y por ello en cada octubre invitamos a hacer el recorrido por ese recinto de estrellas, ese ritual de ilusiones, que aguarda impaciente por la alegría rescatada del hombre. ms

     
Mateo


El tiempo suele siempre hacer de las suyas. Nos roba los días, las semanas, los meses. Nos coloca obstáculos en el camino, nos señala prisas y precisa de nosotros un hacer cotidiano, permanente, incesante, que nos hace transeúntes de un itinerario que se convierte en un inmenso laberinto. En él entramos y a veces sus largos corredores nos llevan y traen a las orillas de sueños inconclusos, o al devastado ínterin de certezas que son como un reto. En verdad nunca cesamos en nuestro empeño aventurero y muchos menos en el cultivo de los afectos que se tejen en los engranajes de la ilusión.


Por eso, Mateo, no hemos regresado a tus sitios a seguir la conversa que comenzamos hace mucho. Desde la primera vez que nos asomamos a unos de tus lienzos, como si en ellos cupiera toda la dimensión del tiempo. Un tiempo que se vuelve color, línea difusa que recorre la geografía de todos los paisajes, que se detiene geométricamente para luego transmutarse en río, en pasto, en un arrebol infinito de luz.


Por ese don que la tierra te otorgó, que tú trabajaste con la pasión del alfarero, para aglutinarla hasta devolverla al hombre hecha amasijo de nutrientes, pastizal de soles, pincelada de un tiempo en movimiento que se detiene en el infinito de una tela, lograste el milagro de hacerte eterno. Mediante ese acto de magia y creación, que tiene sabor a vida derramada, a sacrificio empeñado, a tenacidad inalterable, has entregado a la humanidad un tesoro que aguarda su tiempo de estallar en sus más hondos y profundos significados.

Apenas la fiesta del color, el trazo de la línea, la textura del material, ha sorprendido los ojos. Pero cuánta palabra-pastel, testimonio-óleo, expediente-lienzo, falta por aprehender. Tu voz de hombre enamorado de la vida, tu gramática de combatiente por la causa de la humanidad, tu párrafo-semillero de ideas inéditas, argumentos contundentes aún no ha alcanzado los confines del viento.


Mateo, tú te sales siempre de las galerías, de los corredores donde fijan tus cuadros, de los espacios donde se estacionan tus murales. Te vas a la vastedad de los cielos abiertos y al interior del corazón del hombre, con una explosión de sentimientos que van desde el abecedario de la tierra hasta los nacimientos de los ríos que descienden sobre los paisajes con su equipaje de cristales maravillosos y guijarros de rocío, describiendo geometrías de naranja-atardecer y de verdes-mediodías, que toman por asalto el ocre-arcilla de los adobes con los que el hombre mañana construirá su casa de agua.

Para reconocerte hay que despojarse de los artificios eruditos de los conocedores de oficio y del grafito que recoge los adjetivos de las reseñas que hablan de las parcelas del arte. Hay que verte con el corazón, para que fluya como un torrente sanguíneo tu mensaje de sueños, tu testimonio de amor, tu labor artesana con la que absorbes los paisajes para devolverlos palabras de colores, papagayos encendidos, veleros que surcan deltas, hondonadas y valles donde el hombre recobra su dimensión de asombro, de ternura y de rebeldía.

Por eso, Mateo, para asomarnos a tu universo centelleante, tenemos que hacerlo desde el territorio donde la vida tiene su reino. No desde los lugares amurallados donde se concentra la inhumanidad de un hombre que aún no alcanza su dimensión de creador, de mago de la alegría.

Algún día se acallarán las máquinas de muerte, dejarán de esparcirse las telas que sólo sirven para amortajar, se cerrarán los agujeros abiertos para recibir sepulturas. Entonces se desplegarán tus lienzos con la fuerza del viento. Mientras, tus obras tienen la magia de situarnos frente a lo que podremos ser. Y en ese lugar se reconstruye la esperanza, se hace expedita la alegría, se anuncia el porvenir.


Por eso hoy, que es día de tu cumpleaños, celebramos tu cosecha de crepúsculos, tu aluvión de texturas, tu testimonio de brasas, porque en el diminuto espacio de la vida que nos toca, todavía podemos desplegar el arte del abrazo, el vendaval de la risa, el troquel de la palabra que se engasta en los atardeceres para dibujarte un homenaje de lluvia.


Mery



18 de octubre del 2000

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DECIRES DE OTOÑO III


Vladimir Kush
Departure of winged ship


Y qué de los días que se desprenden
como la vida de un otoño que no sabe
si sus hojas habrán de regresar al torrente
de unas florerías sin nombre ni aposento

Qué de esas horas detenidas que olvidaron
danzar en el viento hasta hacerse musgo
y hiedra en el agua estancada de los ríos
que aún no fluyen hacia el mar

Qué de los acordes que no alcanzaron
el atril de lo vivido sino que se derramaron
como pentagramas quebrados sobre
la ausencia de un tiempo en clave
menor de un re sin concierto ni talud

Qué de la memoria que no se hizo dúlcima
porque le faltaron soledades a los menguantes
y ese tropel de suspiros que la luna
le regala a las noches sin prisas

Qué de la nostalgia que invierte todo
paisaje hasta grabarle muelles a la
estación de los adioses que se quedan
a la espera de otros amaneceres

Qué de los adagios inconclusos que se
prenden de las madrugadas en las que
la vida toda se convierte en una canción
de pájaros sin nidos

Del tremor de estas horas queda un mapa escrito
en las cuerdas de una mandolina insomne
un naufragio erguido sobre el mástil de un
acorazado hecho de alas de mariposas
y un itinerario incesante en las aspas de
los molinos que toman por asalto el aire
hasta llevarlo a la condición de polvo
enamorado y vasija insoslayable de ternura
que se vierten silenciosamente en las
agigantías de las hojas en tiempo de retoño



mery sananes
24 de octubre del 2009


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lunes, octubre 14, 2013

DECIRES DE OTOÑO II



A Efraín Huerta

A través de este ventanal el otoño
es mucho más que un desorden de
hojas disparadas al viento

En ese juego fugaz entre la savia que no
alcanza la nervadura del envés y el ocre
y amarillo que desplaza la lengua clorofila
está encriptado un libro de decires
un concierto para juglares desterrados
y un atril para sinfonías inconclusas

Y no hay manera de descifrarlo ni con
el instrumento de disección del entomólogo
ni con la curiosidad vegetal del botánico

Es un teorema de raíces más profundas
que invitan a recorrer sus brebajes a sabiendas
de que nada sabremos mientras aún
los ojos niños de las esporas no deletreen
el canto del aire




Misterio del espacio que en la hoja se
disputa el territorio del verde y del naranja
que en el tronco se debate entre el frescor
de una espiral en plena reproducción
y una corteza quebrada en pliegues que
tienen aroma de leño de incienso y de fuego

Qué pupila logrará seguirle el hilo al musgo
que se arremolina sobre los pantanos
para servir de hospedaje a noches húmedas
en las que la elocuencia del silencio
le dibujará pasadizos a los charcos
hasta que las gotas asciendan a su
territorio de nubes para guarecerse
en los cielos que aún buscan el azul

Qué dedos escribirán el epitafio de una hoja
que se quedó para siempre inscrita
en el pómulo izquierdo de un corazón
suspendido

Qué adagio soñará este otoño hasta depositarlo
como un tesoro único e irrepetible en las cuerdas 
de un cello melancólico para que desde la resonancia de sus maderos se derrame el crescendo de una primavera de pájaros enloquecidos ante la alegría malva de los atardeceres de abril

texto y foto / mery sananess

publicado inicialmente el 18 de octubre del 2009



Jacqueline Du Pres / Adagio del Concierto para cello de Elgar

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