lunes, junio 22, 2015

UN VERSO EN TIEMPOS DE GRIETAS


UNA CARTA PARA HÉCTOR SILVA MICHELENA

Héctor

Te había dicho que podría escribirte un verso diario, sólo por celebrar los afectos que perduran, los lazos que no se quebrantan, los días de soledades en lo que uno sabe con certeza de que alguien en alguna parte conserva un abrazo que contiene la vida.

Y hoy ocurre que festejamos tus hermosos 84 años. Y como bien dice Adicea, al colocar una junta a otra dos fotos tuyas, ese rostro plácido, fulgurante, sellado por una sonrisa, o por ese ensimismamiento, que tanto te caracteriza, cuando andas en pos de una idea, o un afecto, sigue siendo el mismo.

Y entonces cómo no acercarme a ti, en este día, con una palabra cincelada en el aire, para que te alcance. Un verso extraído del libro de las constelaciones y tejido con las fosforescencias de una luna creciente, que se va abriendo paso a paso, escoltada por júpiter y venus, hacia el párpado de los enamorados de la noche y de los cielos.

A ella acudo para reiterarte lo que ya sabes, en tiempos de grietas, de pozos profundos, de tremendas desgarraduras. Tú las conoces como yo, en el epitelio de su génesis y en la continuidad de sus devastaciones.

Y cómo yo, te has anclado siempre en el  porvenir, aunque esté mucho más allá de donde alcanzan nuestros sueños y nuestras esperanzas. Han sido muchos los aconteceres de un planeta signado por la tragedia, la injusticia, la desigualdad, la miseria y el desparpajo de quienes así las dictaminan. Muchas las utopías esbozadas sobre las carencias del hombre, y demasiadas las derrotas.

La masacre se ha extendido como ayer la ilusión de que podríamos vencer la muerte impuesta. Y los vencidos se convirtieron en vencedores, no de la alegría del hombre, sino de poder y de bienes. Y el capital –tantas veces estudiado, expuesto, vociferado y denunciado- sigue allí en manos de unos y de otros, acometiendo las mismas atrocidades.

Cuánto no has trabajado y sigues trabajando en descifrar ese terrible designio que hoy iguala a democracias y revoluciones con dictaduras y totalitarismos. Cuántos suspiros no quedan atrapados en soledades que no lograron ofrendar su florería al otro que somos, al hermano distante a quien amamos aún sin conocer.

Y en el camino se perdieron los afectos, aquellos lazos, por los que uno estaba dispuesto a dar la vida, sin otro signo que la pureza del corazón. Y entonces aquellos rostros que guardábamos con tanto celo en el regazo, se disolvieron en el erial del odio.

Por eso, Héctor, cuando aún sacudidos por todos los sismos de la angustia, la frustración, la tristeza, logramos enhebrar un hilo con otro, una mano con la otra, en la convicción de que en alguna parte, ha quedado prendida la esperanza, que nada ha roto los afectos ni ese norte o sur, en el cual fijamos una mirada sin coordenadas, que sin embargo no se ha extraviado, la celebración es el verso mayor.

Y ese es el que te envío en este tu día. Colmado de esos pequeños detalles que vivifican las horas, atenúan las ausencias, desbordan todo desencanto.   

Que haya cantos y algarabía, mañanitas aunque sean vesperales, aquellas olvidadas serpentinas que volaban haciendo piruetas en el aire, dulces de coco, conservitas de leche, bien me sabe, un biscocho en el cual sembrar las velitas de los muchos años que habrán de seguir. Y una copa de vino para brindar por estos y los tiempos que vendrán.


mery
22 de junio del 2015



1951


2015

1 comentario:

pablo moraq dijo...

¡Dulzura de la palabra entre la reciedumbre del acento!