martes, marzo 31, 2015

ARPEGIO DE RESURRECCIONES


UN ARPEGIO DE RESURRECCIONES


PARA ZAIRA
EXCELSA NOVIA DE LOS TIEMPOS


Te he celebrado cada día de un calendario cósmico desde los tiempos inmemoriales en los que aún eras estela en el firmamento, halo de luz cruzando constelaciones, en camino hacia un planeta azul que amaba los verdes y que soñaba ser habitado por luciérnagas y girasoles.

Cuando arribaste en un abril sin tiempo ni medida, te seguí festejando de la misma manera en que uno se arroba ante un arroyo cuando desemboca en un río o cuando una flor de pronto suelta las amarras de sus pétalos para ir al encuentro con el sol.

Y los abriles se conjugaron en cada uno de los meses y los años en el asombro de saberte pasajera de un tren sin horizontes. Y desde ese primer abrazo que se deshizo de fronteras, distancias y ausencias, me sembré en tu regazo como en un huerto luminoso que no sabe de despedidas.

Y qué de lecciones, Nona, he aprendido cosida al tallo de tus pañuelos, en el pleamar de tus lágrimas, en el encendido recorrido de tus rubores, en la destreza de tus manos sanadoras y en el remolino de tu alma navegante.

Contigo he surcado el interior de los cardúmenes, el hombrillo de las tolvaneras, la mirada vertical de los pozos y hasta la trayectoria que recorre el suspiro antes de convertirse en agonía. Y a cada tropiezo le has atado un hilo que conduce desde el pasado al porvenir, rielando memorias y preservando alumbramientos.

Noventa y cinco años es apenas un lapso breve de tu tiempo. Un amarizaje en el solar de los colibríes, los mamones y los mangos. Una residencia en el corazón de los niños que acunaste con tu ciencia y con tu magia. Una travesía por los hijos sin otro árbol genealógico que el amor. Una estadía en el andén de los estremecimientos.

En cada uno adheriste a la fiereza de las horas, un soplo de brisa, una ilusión niña, una estancia para renacer desde las fugas hasta los plenilunios. Y nos acompañaste y acompañas en cada tramo de los ascensos con sabor a caída.

Tus 95 son una fiesta hasta para las piedras que con solo mirarte regresan a sus cauces marinos o a la estatura de las montañas de donde partieron para apuntalar la corteza del vivir.

Y aunque haya derramado sobre tus silencios todas las palabras que he aprendido a deletrear con el alfabeto de las estrellas y las partituras de las florerías, hoy en tus 95, me invento un nuevo lenguaje, sonoro como un arpegio enredado en las cuerdas de un cello, dúlcimo como una colmena, recio como la cabalgadura del viento sobre el lomo de un alazán sin ataduras, para dejar en tus recintos el poema que aún no se ha escrito, pero que recorre el aire como si fuera el acento de tu voz en pleno ejercicio de tu ascesis.

En él hallarás las crinejas del amor que teje vendavales en el interior de un dedal para entregártelo, como un manojo silvestre de resurrecciones, en este comienzo de tus 95 años, que ya tienes registrado como excelsa novia del tiempo.





muuuuuuuuuucho


mery sananes
01 de abril del 2015



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SABERSE





Yo soy quien soy
y a veces 
ni siquiera eso




fotos y texto / mery sananes
26 de marzo del 2015
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domingo, marzo 29, 2015

ADAGIO ENTRE DOS ALLEGROS


 

 Lunas del 29 de marzo del 2015

 
Media luna que se hospeda

en el azul como un adagio

entre dos allegros

reverberando la tarde

con el solo fulgor

de sus cordajes






Half moon

dancing in the blue

like an adagio between

two allegros

streaming the afternoon

with the only reflection

of its waves



texto y foto
mery sananes
serie lunas 




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sábado, marzo 28, 2015

RITUAL DE BAUTIZO EN CALENDARIO DE TEMPESTADES




para ignacio luis

Irrumpiste en la mañana de un nueve de enero, desde la décima casa del zodíaco, regido por la constelación de capricornio, en un tiempo que señala el inicio del invierno en el hemisferio norte y del verano en el hemisferio sur de este planeta llamado tierra.

Llegaste con un telar de cosechas en tus manos y un ajuar de agua retenido en el pozo de tus párpados. Tus latidos alcanzaban el paisaje de tu madre con todas las tonalidades que visten los verdes sobre el arrecife de las hojas.  Tus dedos dibujaban sobre la sonrisa de tu padre huellas de labrador y la templanza de un abuelo asomado desde el cristal de un surtidor hecho de hilos de estrellas.

Arribaste hecho de sonrisas a instalarte en los predios de los milagros y en la circunvalación de los amores de una hermana que se sembró en tu paladar desde que habitabas la casa de las lloviznas que miden y medirán la dimensión exacta de tu crecimiento.

Entre todos fuimos cerrojos para que nada despertara tu sueño de mediodía, aferrado a la clave de sol de tu madre. Alumbramos tus recintos con aromas de azahares y escribimos en los pliegues de tu piel, los acordes de un canto perpetuo, fuga y contrafuga sobre las estelas de un clavicordio girando en elipsis de flor.

Hoy, Ignacio Luis, ya  te acercas a los tres meses, y se ha hecho hora de convocarte al oficio de vivir, en un calendario de tempestades. Ritual de bautizo con el cual te construiremos una estación de alegría para todos tus días.


Y aquí estamos presentes tu padre y tu madre, tu hermana y todos los que te amamos como hijo parido de nuestros propios designios, para hacer del corazón la pila bautismal de la cual manará el caudal de riachuelos que nutrirán tus pasos de sembrador de ilusiones.

Y en nombre del verano y del invierno, del otoño y de la primavera, del árbol que resiste la sequía de este valle, de la nube que dibuja vuelos de pájaros sobre la montaña que te circunda, del dorado que tiñe los cantos en los atardeceres de esta ciudad triste, en nombre de la vida que emerge desde el susurro de los grillos, el rubor de la rosa, y la arcilla que se vuelve cántaro, te bautizamos Ignacio Luis, hijo de la alegría, almácigo de amor, recipiente de hazañas recolectoras de esperanzas.

Te entregamos el secreto de las rutas siderales que reverberan con las mismas vibraciones que mueven la magia de tus dedos. Dejamos impreso en el filo de tu suspirar el movimiento circular de la vía láctea, para que cada vez que las necesites le nazcan alas a tus ansias aventureras. Y estampamos en la corteza de tus anhelos el códice secreto de las abejas y las mariposas.


Ignacio Luis, que el amor  contenido en las gotas de las pilas de agua  del floridigio de la existencia, a las que te llevan de la mano Danielita y Juan Jorge,   humedezcan  el corcel de la sonrisa que te acompañará por siempre y para siempre  en tus pasos hacia todos los infinitos.

Caracas, 28 de marzo del 2015



Atardecer de este 28 de marzo del 2015
soles para un niño que comienza un largo peregrinar
por este tiempo de tumultos
foto de jjbs




La media luna de Capricornio
en esta noche de Ignacio Luis




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viernes, marzo 27, 2015

AMIGO MIGUEL HERNÁNDEZ


30 de octubre de 1910 - 28 de marzo de 1942


amigo miguel hernández
quisiera que sepas que por mucho
tiempo te he estado buscando
un día le pregunté por ti al oropel
de la garganta de un niño que
andaba en la luz que se oculta en los
amparos de los mediodías
y me dijo que vió
como te perdías en los zócalos de
pólvora que nacen en la propia excavación
de los tiempos que se convierten
en testigos de la lucha de los pasos que
comienzan por volverse murallas
de tierra abierta para recibir
la maduración de las enredaderas
que levantan su aroma en las caricias de
las semillas que aguardan en las
rendijitas de tu andar de trovador de aguas
encendidas por el amor de tierras que sigue
escondido en las hebras de tus manos
miguel de verdad que duele saber de
los residuos de tu respiración partida
por los asesinos de todas las condiciones
que quisieron hacer de ti otro sembrador
de sangre sin saber que terminarías
como cultivador de las vidas en piedra
que nacen y crecen con los amaneceres

agustín blanco muñoz
2004




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jueves, marzo 26, 2015

¿CERRAREMOS ALGÚN DÍA EL LIBRO DEL HORROR?



Este texto lo escribimos en abril del 2003. Partimos de unas notas de Whitman en las cuales da cuenta de lo que significa la guerra. Y en ella seguimos estando. Si quitamos el nombre de Irak y colocamos hoy a Libia o cualquier otro, todo lo demás queda igual o es aún más doloroso. La guerra lejos de extinguirse se esparce  por todo el planeta, como un mal inextinguible. Y como dice Wright Mills, los llamados períodos de paz, no son más que breves intervalos entre guerras. ¿La detendremos alguna vez? 


Estas notas quizá permitan echar una ojeada muy fugaz sobre aquella vida y aquellos horrorosos pormenores que nunca serán transmitidos completamente al futuro. La parte que transcurrió en los hospitales del drama entre 1861 y 1865 merece por cierto quedar escrita. En aquel drama de tantas facetas, con sus repentinas y extrañas sorpresas, sus mentís a todas las profecías, sus momentos desesperados, el pavor a la intervención extranjera, las campañas interminables, las batallas cruentas, los poderosos ejércitos a la vez macizos y bisoños, las levas, las donaciones, los inmensos gastos de dinero, como una lluvia recia y constante, además del infinito duelo universal de los últimos tres años sobre toda la tierra, de mujeres, padres, huérfanos; la médula de esta tragedia concentrada en aquellos hospitales militares (a veces parecía que el interés total del país era un vasto hospital central y que todo lo demás fuese un reborde); todo eso formaba la parte no contada ni escrita de la guerra, infinitamente más grande –como lo es la vida.- que los pocos borrones y distorsiones que se escriban o digan jamás.

Pensad- y es importante que lo hagáis- cuánto ha sido enterrado ya, cívico y militar, en la tumba de la tiniebla eterna.

WALT WHITMAN[1]

Este es un texto escrito por Whitman sobre su experiencia con los enfermos y heridos, durante lo que él denomina el suceso primordial de su tiempo: la guerra de secesión. (1862-1865).

Tal vez lo que más valga la pena resaltar de esas páginas, transcritas de libretas teñidas de sangre y de dolor, es la afirmación de que la dimensión del horror, el tamaño de la degradación que alcanza el hombre, cuando emprende una guerra que lo enfrenta al hermano, sin saber a ciencia cierta por qué, llevado a los frentes de batalla por intereses, hegemonías y poderes, que nada tienen que ver su desvalida e indefensa humanidad, es la convicción de que el dolor es tal que no cabe en la palabra.

¿Qué diría nuestro viejo Walt, de las invasiones de hoy, si tuviera que cuidar a los heridos y desamparados, a los desalojados de sus tierras y a los lanzados desde tan lejos a zaherir y destruir a sus hermanos de otras latitudes?

¿Acaso ese soldado a quien han apertrechado con la última tecnología bélica y aquel hombre cubierto de miserias que resiste, tienen algo que ver con la disputa por el barril de petróleo que aún no se ha extraído o con la lucha de poderes que se desata a sus espaldas?

¿Será que el colectivo-hombre no podrá alguna vez detener la guerra permanente que le han impuesto?

La actual invasión, constituida en práctica aceptada, convirtiendo en prescindibles los hombres que habitan esas tierras  no es el inicio de una nueva guerra, es tan sólo otro episodio de la masacre que rige el planeta.

Es la máxima expresión de la sobreexplotación y la mayor evidencia de la humanidad que aún no hemos alcanzado.

Ojalá la palabra que el poeta no dijo nos despierte el alma  hasta hacernos centinelas de la vida y no simples y pasivos testigos de la muerte.

Ojalá algún día las madres no permitan que les arranquen a sus hijos para llevarlos a la guerra, cualquiera sea la frontera la razón o la justificación que se levante.

Ojalá algún día ninguna mano se levante contra otra y la bala pierda su recorrido de muerte para convertirse en encendedor de lámparas de tierra.

Ojalá y al final de un día luminoso de un amanecer distinto se encuentre el hombre para abrazarse con el hombre desprovisto de detonantes y de minas equipado con semillas y pájaros, estrellas y mariposas.

Ojalá la sangre deje algún día de verterse para que el hombre se dedique a vivir una vida digna de ser vivida para una muerte-transformación de sonidos de cuerda en timbales oceánicos y cascadas de hierbas.

Ojalá cerremos algún día el libro del horror y comencemos a escribir el primer verso de la historia del hombre.

Algún día entenderá la humanidad que lo que tiene que dilucidar es cómo construir una sociedad fraterna y solidaria, sin dueños ni propietarios, armados del almácigo de su pensamiento y la leña encendida de su corazón viajero y peregrino.

Más vale, con el viejo Walt, rescatar del mañana las palabras del futuro la canción que vendrá, anónima y colectiva, como quería León Felipe, que suene tan duro y tan alto que apacigüe para siempre la trayectoria de los misiles y el cauce de la pólvora.

Ojalá y nos quede vida para esparcirla como lluvia sobre los campos devastados y los rostros ennochecidos.

Ojalá y no se nos apague la pequeña lumbre que nos entregaron al nacer para que la propagáramos al corredor de relevo que seguirá nuestros pasos para hacer un camino centelleante de alegrías.

Ojalá y no se nos haga demasiado tarde para ir a edificar las aristas que perdimos en este tiempo de asesinos al que asistimos.

Ojalá y se desaten las furias del amor hasta arrasar con toda extensión del odio.

Ojalá y volvamos al pozo primigenio del que insurge la mirada primera que inventó la risa.

A esas tareas invitamos a sabiendas de que solos no podremos sino en rueda rueda cada vez más gigante y planetaria.

mery sananes
escrito el 03 de abril del 2003
publicado en embusterías
el 11 de marzo del 2011



[1] Días ejemplares. Buenos Aires, Ediciones Corregidor, 1975, pp. 145-146.

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miércoles, marzo 25, 2015

Y LA ROSA FUE BAJEL




Y la rosa fue bajel 
en vuelo hacia el azul 
erguido su tallo 
sobre la cuerda 
de un horizonte 
que se hizo a la mar 
desde los linderos 
de un cielo 
habitado de flor



foto y texto / mery sananes
31 de enero del 2008
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