Y el amanecer se hizo embustería
en la orfebrería de tus versos
y la mañana le devolvió refulgente
al sol su camisa de luz
y las aguas se detuvieron solemnes
sobre la fuente para regalarle
su remanso a la sed de los ruiseñores.
II
Quién
con un arma tan poderosa
como la tuya
en dorso de la vida
al galope del suspiro
en intrincada conjugación
de futuro
no ha de bordarle candiles
a la noche
desplegar inciensos en los
molinos de pan
abrirle surcos de flor
a la desesperanza
III
La poesía no es más que un
persistente ejercicio de vida
ante un vasto tapiz inconcluso
que se enhebra con la fosforescencia
de los luceros que quedan atrapados
en las pupilas de asombro
de los niños de uva y olivar
las palabras rotas
para que los atardeceres se vistan
de arcoiris
y basta que los hombres se reconozcan
a sí mismos en el vuelo migratorio
de los espejos de agua
para que recobren la dimensión
de su itinerario de gigantes en tareas
de confiterías
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