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jueves, noviembre 07, 2024

EN EL PERCHERO DE UNA LUNA





Este texto lo escribí en el 2013
un año después de su partida
y hoy lo suscribo en el silencio de este otoño
porque no quiero que este día pase
sin que sepa que lo seguiremos celebrando hoy
y todos los noviembres con esa alegría velada de tristeza
que trajo en sus ojos 

07 de noviembre del 2024



a mi hermano alberto
en su día de cumplevida

Aunque digan que no estás
que te fuiste a acampar
a orillas de un río de clarinetes
un bosque de esdrújulas
o a una nube de polvo de
alhelíes
yo te celebro en este noviembre
que te hizo llegar antes que yo
a este tiempo sin labranzas

Celebro el hilo de amor que
nos cosió el alma con una identidad
de bandoneón y papel de estraza
de vapores lejanos que venían de
tierras extrañas a sembrar su
desesperanza en un sol sin mesura

Celebro los pomagases de una calle
sin historia y los nísperos del japón
que aromaron el huerto de sueños
que derramamos sin saberlo
sobre el silencio de aquel cuarto
deshabitado que conducía a
nuestros amaneceres

Celebro el arco de aquel violin
que giró entre tus dedos escriturando
un concierto que jamás tocaste
y el lago inmenso de tus ojos
ofrenda de la madre sobre tus
recaderías de niño

Y celebro la batalla sin fin que
custodió tus días de soledades
de las cuales siempre te erguiste
con una sonrisa pródiga
que entregabas a todos a cambio
de nada

Hoy hermano haré resonar
en la jardinería de los calendarios
tus cantares de amor y la sonrisa
desplegada como un delta que
dejó tejida en tu piel el hijo
que te nació a orillas de un navío
que ancló entre colinas

Celebro la estela de las suspirerías
que bordaste sobre mi nombre 
antes de ir a guindar tus ansias
en el perchero de una luna
sin menguantes que te aguardaba
para acallar por fin la noche
de sus tristezas

Y te celebro con el candelabro
de luceros que la madre
enciende cada noche
para iluminar el hangar de
ilusiones que nunca se fugaron
del campanario inmóvil de
tu corazón estremecido


muuucho, hermanito, muuuuucho!!!
mery sananes
07 de noviembre del 2013
07 de noviembre del 2025





Michel Camilo
Remembrance






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martes, agosto 29, 2023

ELEGÍA



a alberto
mi hermano


Duele un dolor de raíz
de tierra desencajada
de viento detenido  en la
cúspide de una ola
que no llegó a la orilla

Duele un olor a pomagás
a nísperos de japón
que florecieron sólo en la
memoria de un tiempo
imaginario sobre los tres
escalones de una casa
deshabitada

Duele el hemisferio
vertical del sufrimiento
donde una mano extendida
en el dulzor de una golosina
se disuelve en días ajenos
y ausentes

Duele un dolor de árbol
desprendido que el sol
desarropó en intervalos
de tormentas que nunca
cesaron de abrirle
grietas a la tristeza

Duele el soliloquio con
una soledad que  jamás
desistió de poblar
las travesías que sólo
fulguraron en el
silencioso parpadeo
de una madre que se
fue cabalgando en el
filo de una luna nueva con
tu imagen dibujada en la
encrucijada de sus penas

Duele el dolor de aquel
morir que se ancló
a destiempo en la piel
de un caballo de tiro
que se fue a remolque
de una carreta vacía

Duele un dolor de esternón
que nunca pudo reconstruir
aquellos vasos de ilusión
desprendidos del torno de
tu sed desasistidos como
estaban del delta fluvial
de la esperanza

Duele un dolor en clave
de congoja la desmemoria
de un deslave que se derramó
persistente sobre las horas
sin lluvia de un desvivir
desmesurado que sólo
quedó grabado en los
vaivenes de un viento
sin corredores ni umbrales

Duele un dolor fracturado
en la impertinencia de
un océano de peces detenidos
en la circunferencia de un
precipicio de silencios

Y en este jueves de luna llena
en el que te fuiste en la ráfaga
de un suspiro que no terminó
su recorrido por la estación
de tus ansias ni por el itinerario
de tus peripecias de ambulante
cazador de fantasías
duele hasta el anverso de la piel
que amuralla los compases
de un adagio inconcluso

En esta madrugada que
no te anunció su desenlace
que no tuvo despedida
ni recuento ni más zozobra
que el breve recorrido
por un morir al que ya te
habías acostumbrado
en los intervalos sin sol
de tus silabarios
duele hasta la rotación
de los sueños tejidos
con la urdimbre
de solares ausentes

Y no tengo para alcanzarte
sino este tropel ciego de
palabras rotas
con ilusión de andén
que te lleven de nuevo
al regazo de la madre
al territorio de los abrazos
al redil de las bendiciones
que tan ausentes estuvieron
en tus trajines de borrasca
en tu andar desalojado
en tu absoluta vulnerabilidad
ante las sequías que rondaron
sin descanso tu estructura de río

Nos dejas tu vertiente de
mansedumbre ese poema
inconcluso que escanciabas en el
vértigo de las madrugadas
la cancion armoniosa
que tu voz tejía en los espejos
de la noche y tu eterna
ofrenda de quereres que
como florerías nos entregaste
cada día para que no fuera
en vano tu paso desasosegado

Y te prometo hermano
que no habrá silencio que
detenga esas conversitas con
las que siempre aliñamos
los fogones y espantamos
los males ilusionados como
niños en las trayectorias
de un destino que todavía
aguarda sus resurrecciones

Quedo desvalida de un trozo
de mi misma  buscando en el
bosque de los cielos las rutas
que te lleven tierra adentro
hasta el albergue del amor
que sigo construyendo en el
diminuto hospedaje de
esa lágrima por donde
algún día alcanzaremos
la lumbre del vivir

Te dejo el canto de mis 
pájaros el rumor de los árboles
donde me cobijo los retoños
de flor que resguardo en
los pliegues del alma
las alacenas donde deposito
los abrazos de los niños
y los campanarios de sus risas

Te dejo el candor que aún
conservo la memoria de 
aquellas correrías entre
sábanas tendidas donde 
jugábamos a ser felices
en aquel diminuto patio
que ya no existe

Te dejo la sonoridad de un 
violín que siempre te perteneció 
y la mudez de un piano que nunca
aprendí a tocar los recuerdos
de un alcoba morada donde una
abuela te miraba desde el rostro
del padre y de aquellos libros 
que enseñaban a vivir años que 
no supimos hacer nuestros

Te dejo tu primer día de 
escuela y aquel carrito que
tirabas de un pabilo sobre
las cuestas de una calle ya
olvidada mientras yo miraba
al hermano grande que luego
se volvió otro hijo que arrullar
con mis manos de destejer
desilusiones y desesperanzas

Te dejo una aurora para tu viaje
por las estelas de la noche
un amanecer para tu arribo
al planeta de los asombros recuperados
te devuelvo al mapa celeste de donde 
partiste navegando en una madreselva
y te dejo una brújula diminuta
en dirección a la vida que se vive

Y aún quedo en deuda con
la alegría desamparada
que habrá que seguir
inventando sobre la
geografía de la ternura
y el paisaje devastado
de los hijos que dejamos
sembrados para que retoñe
alguna vez el porvenir


mery sananes
escrito 30 de agosto del 2012
y publicada en el blog
el 30 de agosto del 2021




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viernes, agosto 30, 2013

RITUAL POMAGÁS







a mi hermano
un año después

El tiempo es una excavación
en el silencio

Un alarde de la memoria que
transfigura la ausencia

La contabilidad incesante de
los días que no se sostuvieron
sobre la frágil estructura de los
abrazos

El instante detenido  en las brasas
de una sonrisa que no alcanzó la
tristeza prevista en el calendario
de las lunas

Un acantilado de sequías
escriturando  alfabetos de agua
en la piel de una elegía sin final

La abrupta interrupción del
suspiro contenido en el manual 
mayor de las consagraciones

Y sin embargo en el ritual pomagás
de mis antojos regresas cada agosto
a cobijarte en el redil de mis heridas
en el roto conjuro de mis etimologías
desde donde yo te conduzco al atril
de las resurreciones y al regazo del
hijo que te contiene e infinita en el
tiempo porvenir de lo vivido

texto y foto
mery sananes
30 de agosto del 2013


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viernes, noviembre 30, 2012

Y MIRA QUE ME MIRAS



Y mira que me miras
desde el delta de la madre
desatando la memoria
que no se construyó

Y mira que me dices
de los vendavales que vadeaste
en el silencio de tus congojas

Y mira que me dejas
este intervalo de silencios
en mitad de la canción
que nunca concluiste

Y mira que te digo que
si pudiera contabilizar
la vida como se enhebran
los atardeceres
en el cántaro de los ojos
recogería los días de tu risa
y los sembraría en el
adagio de tu despedida
para destejer laboriosamente
entre mis dedos los cordeles
de la tristeza que me mira
desde  tu mirada
y se anida en la mía
como un puente de lirios
que cruza amoroso
el espejo de la noche




30 de noviembre del 2012

texto / mery sananes
foto / danielita barrolleta
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miércoles, noviembre 07, 2012

EN EL DULZOR DE LAS CIRUELAS




para alberto


En qué recinto del cielo se fraguó
la instancia perfecta de tu vida
qué coordenadas guiaron los astros
hacia la modulación de tu canto
qué secretas vasijas de la noche
se escanciaron en la resurrección
de la madre sobre el paisaje de los
milagros de un febrero despoblado

Naciste con su tristeza enmarcada
en la mirada que ella te dibujó
desde las honduras de su risa
y se asió a ti como una colmena
tejida sobre la memoria que ella
no pudo construir

Te regaló el silencio de las encrucijadas
y el revuelo  de los pájaros sobre ese
único árbol que acompañó nuestra infancia
y cuyos frutos destilaban el acidito
de las estaciones de sequía

Primer hijo varón atravesaste los días
con ensueños de estandarte y un tiempo
que tal vez nunca te perteneció

Entre tú yo yo otro niño se asomó
a los frágiles ventanales de la madre
que hubiese sido campanario de tus
días estatura de tus juegos prodigio
de un violín tocado entre dos
pero un destino escrito antes que
nosotros nos robó el vaivén de sus
andanzas y le trazó otra hendidura
al eclipse de las soledades

En un agosto quiso la marea reivindicar
el paso oceánico de la vida sobre el
torrente de las lágrimas y advino en
mayo un rostro teñido de asombro
por el cual me asomé a los acordes
de un adagio que desde entonces me
acompaña

Tú me ofrendaste confituras y yo te
regalé una sonrisa bordada de suspiros
que desde ese día deposité en tus
respiraciones para vigilar los intervalos
entre las sístoles y las diástoles
sin siquiera adivinar entonces
que no tardaría en quebrarse
desasistido como quedaste una vez
que la madre se nos fue en vuelo
hacia el regazo que no tuvo

La vida tenía trazado sus designios
los astrolabios hablaban del agua
y el tiempo que nos tocó fue de
fuego  y de estopa de candelabros
de aceite de escalinatas de cristales
relucientes que estallaban sin que
pudieras ascender por ellas al sitial
que tu padre había imaginado para tí
desde el papel de estraza en los
que garabateaba los números que
aprendió en el silabario de las
mañanas ajenas

Tuviste los zapatos que al padre
le faltaron para hacer el camino
hacia una escuelita aturdida de
distancias y sin embargo se
detuvieron tus pasos en el
precipicio de tus angustias
sin que hubiese quien comprendiera
el sabor aromado del níspero del que
estabas hecho ni la canción que
acunabas en tu garganta como el
último talismán para invocar la
alegría

Del mar conociste las marejadas
que devuelven a las orillas los peces
sin alas y de la tierra supiste el amargor
de las devastaciones que dejan los
sismos del alma

Y por más que te crecieron los ojos
hasta alcanzar los de tu madre nunca
pudiste en verdad contemplar el ritual
armonioso de un vivir sencillo como
el de la flor

Qué de cauces no remontaste
buscándole un remanso a tu fatiga
y cuántas vaguadas se llevaron la
inmensidad de tus sueños

Nunca hablábamos de aquello
que nos hería porque no había el
fuelle para detener los vendavales
pero cómo intentamos sembrarle
arbustos a los socavones endulzar
los abismos evitar los precipicios

Y sin embargo lograste
restituirle el universo a la diatriba
del día a la acongojada sepultura
de los segundos  intentando en
vano mover las piezas de un ajedrez
con los naipes gastados de las
barajas de tu infancia

Recorriste geografías sin hallar
en ninguna el espejo de tu madre
y al fin fuiste a hacer nido en las
angustiadas laderas de un pueblo
en extinción

Y de las hijas que nunca hicieron
recorrido por los postigos de tu alma
quedó una ausencia como la de la
madre que un relámpago iluminó
en el milagro de un hijo que por
primera vez se arrulló en tu costillar
para recostar su vida entre tus ansias
y medir su estatura en la cuenca
de tus manos

Cuántas veces hermano no escribimos
sobre la escritura de los espíritus el
tiempo de tu despedida queriendo
ganarle la partida a la muerte que
te acechó desde siempre y sin embargo
otros designios decidieron por nosotros
tu viaje de regreso a los amaneceres

Te fuiste silencioso como un relámpago
sobre un cielo que aún no arropa la
tempestad erguido sobre la ilusión
que dejaste inscrita en la inmensidad
de las colinas

Yo recojo tus frutos como quien
alcanza por primera vez los tramos
del árbol primero que nos cobijó
y te celebro hoy como lo haré cada
siete de noviembre porque en mis
ansias jamás dejaremos de cumplir
el ritual de las velas ni de desamortajar
la vida en el dulzor de las ciruelas
que tanto paladeaste en los días
en que esos hijos que yo parí
se abrazaban a tu risa para desarticular
todo desencanto y regalarte el susurro
de una abuela que en tus ojos siempre
resplandecerá como una luna inmensa
de cielo sin fin

mery sananes
07 de noviembre del 2012

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