lunes, octubre 26, 2026
CELEBRANDO LA VIDA
Celebrando la Vida
No es nada fácil
en pocas palabras
resumir el alma que
se anida en el corazón
de un ser hecho de magias
Allí en ese milagro de la vida
que aparece de pronto y se instala
en el amor indescriptible de una
madre hecha de luna y caminos
de tierra y de frutos sagrados
y de un padre construido en el amor
de los surcos en el cuidado de los
frutos y de las flores desoladas
donde colocaba el agua necesaria
para que nacieran hechas de zumo
de maravillas es allí en ese territorio
donde la luna ilumina las noches
y el sol regala su calor
Allí en ese territorio silencioso
nació una niña llena de sonrisas
que dejaba en todos los sitios
donde recojía las hojas y cultivaba
la vida
Allí la encontramos un día que
se hizo de fiesta para todos
y tuvimos la bendición de su
presencia en los espacios
siempre abiertos
Y allí era ella quien nos enseñó
a sembrar a rescatar la flor
a integrarse bajo un cielo distinto
que ella recogía para entregarle
a sus espacios el milagro de la
luz y de las sombras
Se hizo capitana de un barco
que ella siempre llenaba del
mundo de sus quereres
y que desplegaba con una
sonrisa que se hizo indeleble
El tiempo ayudó a forjarse
de milagros que ella inventaba
con su sonrisa y a todos nos
entregaba y aun nos entrega
y en ella ha de encontrarse
los más dulces días del vivir
y también de los más dificiles
en un mundo sin piedad ni
alegrías
Y se hizo la Danielita de la risa
con la que derramaba y sigue
derramando la belleza de su
sonrisa sobre todo aquello que
este mundo ofrendió
y sigue creando la tristeza
Esta niña de los encuentros
con la luna y los cielos
hija de la flor de baile
sigue siendo esa bendición
que seguimos compartiendo
como un obsequio de la luna
y del que ella describe
Hoy tiene un título universitario
de Archivología y entendió que
lo que más asombra es esa
capacidad insuperable de
entender que lo que nos
define en verdad está en
nuestro interior
Y que su capacidad no es lo que
recogemos sino aquello
que deja
Mery Sananes
26 Octubre 2026
Ay de esta voz Mercedes Sosa
09 de julio de 1935
04 de octubre del 2009
El azul que cantas mercedes
el que nos habita con campanas
de asombro venidas de tu voz
El azul que cantas mercedes
el que nos habita con campanas
de asombro venidas de tu voz
el que nos moja como un duende
para hacer de cada ser escondido
en las noches otra vez un niño
con tus resonancias de flor y rebeldía
para hacer de cada ser escondido
en las noches otra vez un niño
con tus resonancias de flor y rebeldía
ese azul que es verde también
porque de tanto enjugarlo entre
las cuerdas de tu corazón
musica todos los zaguanes del mundo
regalandole puñados de sol
a todos los enseres de arcilla y susurro
porque de tanto enjugarlo entre
las cuerdas de tu corazón
musica todos los zaguanes del mundo
regalandole puñados de sol
a todos los enseres de arcilla y susurro
ese azul que se nos queda en la
piel como la escritura antigua
de libros sagrados dibujados
en las retinas de los árboles
en las pupilas de las pomarrosas
en los iris que danzan entre
las hierbas y las risas
piel como la escritura antigua
de libros sagrados dibujados
en las retinas de los árboles
en las pupilas de las pomarrosas
en los iris que danzan entre
las hierbas y las risas
ay esa voz tuya y de todos
provinciana y planetaria
que le pinta azules a las mortajas
verdes a las sepulturas sin nombre
que le da gracias a la vida
en medio de las oscuranas del terror
provinciana y planetaria
que le pinta azules a las mortajas
verdes a las sepulturas sin nombre
que le da gracias a la vida
en medio de las oscuranas del terror
ay esa canción que se derrama
de tu amor como un río rutilante
de peces con silbos enredados
en la casa marina de sus rumores
de tu amor como un río rutilante
de peces con silbos enredados
en la casa marina de sus rumores
ese azul eres tú y no te vas
sino que te extiendes en el azul
de los cielos que habitan persistentes
en los tiempos que nunca fueron
en los días sin frutos servidos en la cuenca
de tus manos de guitarra y flauta
sino que te extiendes en el azul
de los cielos que habitan persistentes
en los tiempos que nunca fueron
en los días sin frutos servidos en la cuenca
de tus manos de guitarra y flauta
ese azul eres tu y no te vas
porque te vuelves tapiz de la aurora
estallido de azucenas
mar gigante de machamamas
y estás cada día de canto al sol
en el columpio azul de la alegría
que nos lleva mercedes en tu azul
por los estallidos del vivir
que nos aguardan
porque te vuelves tapiz de la aurora
estallido de azucenas
mar gigante de machamamas
y estás cada día de canto al sol
en el columpio azul de la alegría
que nos lleva mercedes en tu azul
por los estallidos del vivir
que nos aguardan
mery sananes
04 de octubre del 2009
en embusterías
el 04 de octubre del 2014
Mercedes Sosa
Ay este azul!
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domingo, octubre 18, 2026
A MATEO MANAURE, EN OTRO DE SUS OCTUBRES
Esta carta a Mateo Manaure la escribimos en el
2004, cuando el maestro cumplía 78 años. Hoy celebra 90
y retomamos las palabras de entonces para prolongarlas en este tiempo
que no cesa de ser el mismo. Doce años después la destrucción sigue creciendo
al ritmo de la angustia.
Su obra es un verdadero tesoro que pertenece a la
humanidad, salvo que aún aguarda ocupar su lugar, no en los atriles de los
museos, sino en el corazón del hombre que habita las tierras que él moldea como
un alfarero moldeando sus lienzos.
Sobre Mateo Manaure, como en tantos otros que como él
vislumbran el porvenir en sus dedos alquimistas, recae el silencio que levanta
muros y acecha oscuridades.
Desde estos espacios de Embusterías, celebramos una
vez más a este Maestro Floricultor de la Cátedra Pío Tamayo, a este
persistente troquelador de sueños y amaneceres.
MATEO MANAURE
TRANSEÚNTE DEL PORVENIR
en el festejo de sus 90 años
Mateo
A
quienes en estos duros tiempos
apostamos a ser constructores de futuro, nos ha tocado intentar la vida en
medio de la mayor devastación. Porque las sombras tienen tanta dimensión que
oscurecen los lienzos más luminosos. Amurallan las palabras más sonoras.
Desdibujan los gestos más sencillos hasta convertirlos en muecas. Circo,
teatro, pesadilla.
El mundo es un agujero hondo,
profundo, que pareciera que nunca ha de tocar fondo. Por ese acantilado se deslizan los sueños de una humanidad que no termina de
amanecer. Por el contrario, como si se negara ella misma a traducirse en
armonía.
YA NO HAY
RENDIJAS
¿Pero qué le
ha ocurrido a eso que llaman hombre para que no reconozca la vida, para que
ande sembrando la muerte en toda dirección y sentido, como si su única esencia
fuera la de ser sepulturero y asesino, sepultado o asesinado? No hay rendijas
por donde asomarse para adivinar un rayito de luz.
No hay
puertas que se abran sino aldabas que se cierran, postigos que se juntan,
herrumbres que le roban el color a las auroras. Estamos atrapados, como nunca
antes lo estuvo esto que se llama humanidad. Como si nos reiteraran que no hay
salida, que de nada vale buscarlas, que la ternura es una mentira inventada
para adormecer a los niños, y la vida un bien que se negocia.
PERSEVERANTES
ARTÍFICES
DE UN RÍO DE
TIEMPO
En ese mundo
habitamos, sobrevivimos, padecemos. Somos jirones de pesadumbre que se disfraza
a veces de alegría. Retazos de penas que no saben de término. Incesantes
encendedores de lámparas a las que se les ha agotado la mecha. Perseverantes
artífices de un río de tiempo, represado en los muros de una noche que no
acaba.
Somos, como
dice Pío Tamayo, inútiles para vencer,
pero necesarios, imprescindibles para
dejar las huellas de lo que será, más allá de toda contingencia y de toda
destrucción. Como el hilo de plata que deja el caracol en su paso lento por la
tierra. De ellos está bordado el planeta y tal vez algún día los hilos de plata
se conviertan en hilos de fósforo, y los hilos de fósforo en tiempo del hombre.
TU RÍO DE
LUCIÉRNAGAS
Para eso son
tus lienzos, Mateo, y la alquimia de tus manos derramando incandescencias sobre
telas que nunca imaginaron que habitaría
en ellas resplandeciente la vida. Para dejar en silencio la geografía del
paisaje que aún no adivinamos. Para
tomar de la tierra las hebras vegetales de todos los bosques y regalárselos al
agua.
Como cuando
te detenías en el río de luciérnagas que le regaló a tu noche de naufragios la
canción de la luz. De ese silencio sonoro venimos y hacia él vamos, alzando
cometas como si el corazón fuese un largo e infinito cordel de alegrías
inéditas.
ESTAMOS
TERRIBLEMENTE
SOLOS
Y por eso,
Mateo, nos acecha la soledad. Estamos
terriblemente solos. No pertenecemos a ninguna asociación de
sepultureros ni a ninguna confederación de vendedores de ilusiones. No buscamos
cobijo bajo ninguna bandera ni tienen nuestras tardes espacio en las contiendas
de los polítiqueros, los financistas ni los clérigos. Nadie nos puede otorgar
otra titularidad que no sea la de hombre, ciudadano de un mundo que aún no se
construye, parte armónica de un universo
que aún no descubre sus leyes ni sus cauces.
¿Cómo entonces
dejar que alguien nos ubique donde no tenemos cabida? ¿Cómo permitir que
quienes tienen el oficio de mercaderes pretendan que tus pinceles puedan
dibujar al compás de otro ritmo que no sea el de tu corazón volantinero? ¿En
qué mesa habremos de sentarnos para compartir el pan de tus atardeceres?
Ni los
amigos, que alguna vez dijeron serlo, ni los que de antemano han dicho que no
lo son, ni los advenedizos que de pronto se acercan en busca de un racimo de
color, ni los propios ni los ajenos, que no han sido fieles a un código de
ternura, a un deber de humanidad, a una relación entre hermanos, podrán usurpar
nuestro silencio, ni la soledad desde la
cual atesoramos haces de luz cada
mañana.
ORFEBRE DE
LA VIDA Y
ARQUITECTO DEL AGUA Y DEL POLEN
Nada fácil
este vacío gigante que nos mide. Y sin embargo, quienes como tú son orfebres de
la vida, arquitectos del agua y del polen, perseverantes centinelas de los
destellos que aguardan por alumbrar este triste planeta, lo tienen todo. Y en
tu caso es como si atesoraras la esencia de la vida en el lienzo que se abre al
ojo que lo ve.
No importa
que este tiempo sea de pupilas que no se reconocen en el rostro del hermano. Tú
estarás trazando las rutas al mirar, las coordenadas al ser uno en el otro, y
así hasta que no haya ni un hombre sin un espejo en el cual descubrir el misterio centelleante de su propia
alegría.
No importa,
Mateo, que el lienzo esté esculpido del iris de las penas, del geranio de los
suspiros que no se convierten en veleros, del ocre de las arenas que no
llegaron a trasmutarse en cristales. Lo que importa es que nada ni nadie se
haga dueño de lo que sólo pertenece al viento gigante del que somos hijos.
ABRUPTO EL
RECORRIDO QUE
CONDUCE A LA
LUMBRE
Por eso es
tan difícil ese oficio de ser transeúnte del porvenir, artesano de fogatas,
recolector de piedras que llevan en su interior la clave de todos los
incendios. Abrupto el recorrido que conduce
a la lumbre.
Pero es
nuestro, de quienes, como dice Pío Tamayo, tomamos el futuro en la mano para
moldearlo con líneas de ciencia y arte nuevos. De quienes viajamos en el bajel
de una lágrima, avivando a nuestro paso la vida del mañana, para que brote al
fin, el verdadero equipaje del hombre.
TUS LIENZOS
ENCANDILAN
LAS
ASTROMELIAS DE LA ALEGRÍA
Por todo eso,
Mateo, reiteramos el mapa de mágicos vuelos que desde tus pinceles alcanza
nuestra palabra, que ahora habita los territorios del silencio, se anida en el
follaje de los bosques, en el murmullo de los ríos, buscando cincelar las
aristas que la convierta en pájaro de fuego, para irse entonces a juntar con las danzas de tus líneas, el
fulgor de tus suelos, la fiesta de tus sonidos de orinoquias, hasta prendarse,
anónima y colectiva, en el aroma de la existencia.
Y por ello, Mateo, para festejarte en este nuevo octubre de tus 90 años, depositamos,
una vez más, en los rituales de tu tiempo, el vuelo eterno de las mariposas que
emigran de tus lienzos para ir a encandilar
las astromelias de la alegría.
Mery Sananes
18 de octubre del 2016
Etiquetas:
Mateo Manaure a sus 90 años
LA CASA FLORECIDA DEL HOMBRE - A MATEO MANAURE
¿Sabías mateo que tus lienzos
derraman sobre los amaneceres
un sabor a pasto fresco?
El púrpura se desborda
como un río de flores encendidas
trazando rutas de agua
sobre el polvo ocre del camino
El rojo dibuja alianzas con el sepia
para regalarle al bosque de arbolas
azules un continente de ternura
Y el ocre girasol del envés
de tus pupilas estalla en un
revuelo de lumbre y espigas
La mañana se hace diáfana
transparente el mediodia
y la aurora toma prestado
del gajito naranja de tus sueños
el zumo de amor con que cubre
la tarde para iniciar la noche
con rituales de luna
El corazón mateo se viste
cada día con el ropaje
de tus suelos y allí se siembra
como granito perdido de polen
para el vuelo subterráneo
y musical de la vida que habrá
de insurgir cuando quede pintada
de tus colores la casa florecida
del hombre
mery sananes
desde cada 19 de marzo
de su ausencia
y cada 18 de octubre
de su presencia eterna
en nuestros andares
Leer mas!
viernes, octubre 16, 2026
CANON SIN FIN
Carpinterito
desde tu invierno regresaste
a buscar tus arbolas
para escribirle cartas
de amor a tu carpinterita
No eres el carpintero
de nazareth y menos aún
aquel a quien le encargaban
talar los grandes árboles
para hacer cruces con
sus maderos
Tu rítmico picoteo abre ventanitas
en las cortezas para que por esos
agujeros diminutos la savia
reciba el secreto de tu canto
Tú oficio es ser centinela
mientras construyes tu nido
en el corazón de los bosques
con la armonía de un
canon sin fin
De los taladores de muerte
es la agonía que no cesa
y tuya carpinterito
es la música y la perpetua
resurrección del vivir
texto y fotos
mery sananes
escrita en el 2010
publicada el
13 abril 2017
452 mensajes
Pablo Casals
El canto de los pájaros
Yo-Yo-Ma
Song of the birds
publicado
el 13 de abril del 2017
martes, octubre 13, 2026
CARTA A PIO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZANAS
CARTA A PÍO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZAÑAS
CARTA A PÍO TAMAYO
mery sananes
05 de octubre de 1983
Esta carta a Pío Tamayo fue escrita el 05 de octubre de 1983, al instalarse la Cátedra Pío Tamayo de la UCV. Cuarenta y uno años después, sigue siendo nuestro homenaje al Floricultor de Hazañas. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.
Hoy, a 126 años de su nacimiento, 89 de su muerte y 41 de la Cátedra Pío Tamayo de la UCV, la volvemos a publicar, como todos los años. La tiranía sólo ha cambiado de nombre. La muerte sigue suelta por territorios de penuria y dolor. La libertad y la justicia no son más que esqueletos vacíos. Y es esencial conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento porvenirista, supo sembrar en este continente infinitas semillas que aún aguardan por germinar.
EL MUNDO UNA INMENSA SEPULTURA
Pío
Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.
Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera.
Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.
DESDE LA VOZ OSCURA DE ESTOS TIEMPOS INVOCAMOS LAS CUATRO ROSAS DE TU PECHO
Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.
Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.
PÍO NUNCA DEJÓ DE ENVIAR SUS SEÑALES DE PORVENIR
Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste en día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?
Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos lenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.
Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.
Y NO HEMOS DEJADO DE IR AL ENCUENTRO DE SUS RECADOS FLORICULTORES
¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmenso de tu corazón?
Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.
Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.
BUSCABA UNA TROCHA QUE CONDUJERA AL CENTRO MISMO DE LA TIRANÍA
¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.
Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompaño tu combate.
Y LA TIRANIA QUISO DERRIBAR TU FORTALEZA DE COMBATIENTE POR LA VIDA
Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba aLlí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.
Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.
Y SEGUIMOS HURGANDO EN ESOS SIGNOS CLANDESTINOS QUE SÓLO SABE DESCIFRAR EL CORAZÓN
Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.
Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. En la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos que contienen tu idealidad avanzada, que habrán de abrirse en macetas de rosas.
ANTE LOS SEPULTUREROS DE TODOS LOS TIEMPOS REQUERIMOS COMO NUNCA SU ESCUELA DE IDEALIDAD AVANZADA
Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo e rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.
mery sananes
05 de octubre de 1983
lunes, octubre 12, 2026
COMO LA ABEJA ENCUENTRA SU POLEN
Como la abeja encuentra su polen
nosotros encontramos en las flores
el sustento invisible de la belleza
así el alimento que sostiene su vuelo
nosotros encontramos en las flores
el sustento invisible de la belleza
así el alimento que sostiene su vuelo
Cuando veo a los hijos
deleitándose con una flor
mirándola con esa ternura
que solo ellos saben encontrar
algo dentro vuelvo a tener
el verdadero fulgor del vivir
Porque quizás la vida sea eso
beber de la belleza cuando
el mundo parece quedarse
sin música aprender
a detenernos ante lo pequeño
ambas simplemente cumplen
recibir lo que la vida ofrece
y continuar el vuelo
Y así también en la música
las melodías que nacieron en silencio
voces que estuvieron detrás
de las sombras
historias que nunca recibieron
la luz que merecían
como Ana Magdalena Bach
a quien quise rescatar del olvido
Y así de mirar a mis hijos
publiqué su Pequeña Crónica
para devolverle la voz a una mujer
que había quedado detrás de la historia
También importa que nos devuelvan
la fuerza para seguir
escribiendo porque la palabra puede
ser el polen el alimento de su alma
la fuerza que nos devuelva a la vida
Que cada página nos entregue
un poco de fuerza
al ritmo de nuestros corazones
que cada palabra encienda una pequeña luz
y cada historia vuelva a poner la música
un poco de fuerza
al ritmo de nuestros corazones
que cada palabra encienda una pequeña luz
y cada historia vuelva a poner la música
Porque ahora es ese tiempo
de que en cada uno
vuelvan a escucharse
mientras haya algo que escribir
algo que sentir que esperar
y mientras podamos crear belleza
la vida todavía nos estará diciendo:
continúa aún hay primavera
por venir
mery sananes
12/ octubre / 2026
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