martes, octubre 16, 2018

EN CRECIENTE



Luna del 15 de octubre del 2018



En creciente
la luna traza
un rumor de fuego
sobre la noche





texto y foto
mery sananes
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domingo, octubre 14, 2018

SCHEREZADE



Luna del 13 de octubre del 2018


Como Scherezade
la luna cada noche 
teje una historia
distinta

texto y foto
mery sananes







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jueves, octubre 11, 2018

EL HOMBRE Y LOS ASTROS



EL HOMBRE ESCRIBE SU HISTORIA
EN LOS ASTROS




 LOS ASESINOS
EN FOSAS

  



¿Cambiaremos alguna vez el curso de esta historia terrible y desmembrada?


texto y fotos
mery sananes
octubre 2018



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miércoles, octubre 10, 2018

AZUL DE LUNA



Luna del 05 de octubre del 2018


El amanecer la trajo
envuelta en sus azules

Una ráfaga de destellos
se hizo nube para
acompañar su travesía

El cielo estalló en trinos
sorprendiendo al otoño
cobijado bajo la huella
de las hojas que caen

Y con sus pinceles 
derramó su azul de luna
sobre el corazón
de una flor




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lunes, octubre 08, 2018

MI CORAZÓN SE ABRE A TU VOZ



MI CORAZÓN SE ABRE A TU VOZ

a Montserrat Caballé

Si tan sólo el corazón
se abriera a la voz 
de los pájaros
al canto del viento
cuando silba entre los juncos
al adagio que dibuja
la pequeña gota de rocío
cuando se desliza
entre los pétalos
buscando refugiar
su río de dulzura
entre las hebras
de los pistilos

 Si tan sólo el corazón
se detuviera por un instante
en la melodía
que nace de los suspiros
con los que la colina
enamora a los arroyos
para que vayan a mojar
los campos de violeta
que tiñen de amor 
el planeta

Entonces el corazón
estaría abierto 
a todas las voces 
y la tierra toda
estaría poblada 
de palabras-mariposas
en vuelo hacia la garganta
de los hombres


en su interpretacion de
"Mi corazón se abre a tu voz"
de Sansón y Dalila de Camille Saint Saenz 



mery sananes
1987







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domingo, octubre 07, 2018

RESUMEN DE UN IR Y VENIR



Zaira con sus 98 añitos reúne una escuela de sabiduría que bien quisieran tener a mano los más estudiosos. La suya es producto de la intuición, la sensibilidad y el vivir intensamente alegrías y tristezas, para que cada una de ellas deje establecida su lección en ese ir y venir que ella sintetiza en estas palabras. 

Y más que eso, es la observación permanente de su naturaleza interior y de la naturaleza que a su alrededor va dejando alfabetos de una existencia que se mide por la continuidad y la permanencia. Y a esas cualidades se yergue Zaira, con el objetivo mayor de enseñarnos a ser más humildes, más oferentes, más amorosos y más dedicados a las cosas esenciales del vivir que siempre se habrán de espejar en ese otro que también somos.


Salí con la nostalgia de cimera
regresé con la esencia de mi ser
fue un deambular de noches o de dias
envueltos en no sé para qué  y por qué

Hubo dudas, fracasos, encuentros, desencuentros
hubo marchas forzadas y quietud terminal...
también vida vivida sin aquí ni hasta allá
con aquel aliciente de lo desconocido
que te impulsa al ir lejos para no regresar

El amor, la conciencia  espejaron mi ruta
como un faro que guia la inquietud inicial
y retomé el camino con tesón y porfía
para hacer de mi misma fanal de eternidad

El aire fue aliciente de mi melancolía
el fuego fue testigo de mi fugacidad
la tierra testimonio de luchas y porfías
el agua fue alimento del siempre y del jamás
y el cielo con sus luces de soles y luceros 
sembraron de esperanzas mi búsqueda esencial

ZAIRA ANDRADE
05 de octubre 2018


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sábado, octubre 06, 2018

CARTA A PÍO TAMAYO 35 AÑOS DESPUÉS



Pío Tamayo visto por Antonio Cabezas


CARTA A PÍO TAMAYO
mery sananes
05 de octubre de 1983


Esta carta a Pío Tamayo fue escrita el 05 de octubre de 1983, al instalarse la Cátedra Pío Tamayo de la UCV. Treinta y cinco años después, sigue siendo nuestro homenaje al Floricultor de Hazañas. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.

Hoy, a 120 años de su nacimiento, 83 de su muerte y 35 de la Cátedra Pío tamayo de la UCV, la volvemos a publicar. La tiranía sólo ha cambiado de nombre. La muerte sigue suelta por territorios de penuria y dolor. La libertad y la justicia no son más que esqueletos vacíos. Y es esencial conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento porvenirista, supo sembrar en este continente infinitas semillas que aún aguardan por germinar.


EL MUNDO UNA INMENSA SEPULTURA

Pío

Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.

Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera.

Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.

DESDE LA VOZ OSCURA DE ESTOS TIEMPOS INVOCAMOS LAS CUATRO ROSAS DE TU PECHO

Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.

Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.

PÍO NUNCA DEJÓ DE ENVIAR SUS SEÑALES DE PORVENIR

Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste en día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?

Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos lenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.

Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.

Y NO HEMOS DEJADO DE IR AL ENCUENTRO DE SUS RECADOS FLORICULTORES

¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmenso de tu corazón?

Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.

Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.

BUSCABA UNA TROCHA QUE CONDUJERA AL CENTRO MISMO DE LA TIRANÍA

¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.

Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompaño tu combate.

Y LA TIRANIA QUISO DERRIBAR TU FORTALEZA DE COMBATIENTE POR LA VIDA

Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba aLlí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.

Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.

Y SEGUIMOS HURGANDO EN ESOS SIGNOS CLANDESTINOS QUE SÓLO SABE DESCIFRAR EL CORAZÓN

Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.

Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. E la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos socialistas que habrán de abrirse en macetas de rosas.

ANTE LOS SEPULTUREROS DE TODOS LOS TIEMPOS REQUERIMOS COMO NUNCA SU ESCUELA DE IDEALIDAD AVANZADA

Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo e rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.

mery sananes
05 de octubre de 1983
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viernes, octubre 05, 2018

PÍO TAMAYO SE DESPIDE DE SU MADRE Y DE LA VIDA



A 83 AÑOS DE SU MUERTE
120 AÑOS DE SU NACIMIENTO
Y 35 AÑOS DE FUNDACIÓN DE LA
CÁTEDRA PÍO TAMAYO DE LA UCV

05 OCTUBRE 2018


 PÍO TAMAYO SE DESPIDE
DE SU MADRE Y DE LA VIDA

Pío Tamayo siente que se le encima la condena a muerte a la que fue condenado por la dictadura gomecista, por atreverse a disentir y llegar al punto de escribir y leer en el Teatro Municipal un poema titulado Homenaje y Demanda del indio que el régimen calificará como subversivo.

El poema es en sí mismo un abierto expediente  al criminal gomecismo. Se trata de un duro manifiesto antidictadura, que no podían pasar por alto los torturadores de oficio. Y menos aún si se veía como un punto culminante en la labor conspirativa de este jurado enemigo de un gobierno que tenía  por cometido principal el aniquilamiento de todo vestigio de libertad.

Y seis años después de producida la condena el poeta Tamayo siente  que la muerte lo tiene ya atrapado en sus garras. Y se dirige a la madre en medio del dolor que produce el no poder darle el abrazo de despedida.

Son entonces terminantes sus palabras a la madre: “Muero asesinado por los verdugos que también asesinan a Venezuela. Me matan con crueldad calculadora.”…

Refiere de inmediato el por qué se ordenó su asesinato: Dicen...”que mi condena obedece a que mantengo escuela de comunismo en el castillo. No de comunismo, pero sí de idealidad avanzada.”…

Es octubre de 1934. Tamayo ya ha entendido que en una sociedad como la nuestra no tiene cabida el comunismo. Él ya es un crítico de esta práctica. Uno de los primeros en Latinoamérica y el mundo.

Y es por ello que se acoge a la propuesta de la idealidad avanzada, la puesta en práctica de un proyecto con ideas nuevas, de avanzada y en contraposición de los esquemas coloniales que dan espacio a todo sometimiento.

El 24 de octubre del 1934 Pío se siente ya sin fuerzas y se despide de su madre. La agonía se prolongó porque la dictadura al ver el final irremisible del preso lo pone en libertad a mediados de diciembre para  que el asesinato culmine fuera de las paredes carcelarias. Eso ocurre el  05 de octubre del 1935, hace exactamente 83 años. Y este es el texto que le escribe a Sofía, su madre.

  



Mi muy querida mamá

Piense, antes de leer ésta, que el hijo que se la escribe, la quiere mucho, mucho, muchísimo, y que ha puesto aquí toda su ternura apasionada y todo su filial amor.

¡Siempre había de escribirle desde el presidio la carta del adiós! Hace cinco años, en su nombre,   que tiene la pureza de la vida, dije mi testamento. Estuve amenazado por la muerte. Hoy estoy agarrado por las tenazas de sus manos. Y antes de morir, le hago mis letras postrimeras a los veinte días de hemorragia frecuente, con las manos sin fuerza porque la sangre falta ya a mis venas.

Muero asesinado por los verdugos que asesinan también a Venezuela. Me matan con crueldad calculadora. Quieren que mi muerte, como la del otro, parezca natural. Hace seis meses, durante la convalecencia de una gravedad, me separaron de mis compañeros y me incomunicaron, encerrándome en este calabozo, donde falta el aire hasta para respirar. La recaída fue inmediata; me negaron la asistencia del médico, a pesar de que el doctor Joaquín Quintero ofreció venir a encerrarse conmigo, me suspendieron la pasada de encomiendas y me negaron el derecho de pedir aumento de recursos. Hubiera perecido ya, sin la ayuda generosa de los generales Mibelli y Gabaldón, incomunicados en calabozos vecinos al mío, y quienes han logrado suplirme medicinas de urgencia.

Además, me han ayudado a no estar solo, el Teniente Barrios, el del 7 de abril, y el Sargento Guerrero, de Ciudad Bolívar, dos a quienes el despotismo quiere que perezcan, y quienes han sido encerrados aquí, con barras sesentonas. Ellos me ayudan a medicinarme y me atienden algunas necesidades.

Sin embargo, he luchado con firme voluntad de vivir, y al ver que se acera el fin inevitable, me he revestido de serenidad y procurado prolongar la lucha, porque he tenido la ilusión de resistir lo suficiente para salir a darle a usted el último abrazo, y esta esperanza me alienta para combatir las torturas. Pero me iré sin verla hecha realidad. Este es el mayor dolor que llevo: no volver a abrazarla ni sentir el aliento tibio de su ternura grande queriendo darme vida… Y me duele no abrazar por última vez a mis hermanas, ni a Toño, a Juan y a Luis Miguel. No conocí tampoco a los sobrinos, y queda inédita mi caricia para ellos. Me voy.

Supe que mi condena obedece a que el gobierno ha tenido noticias de que mantengo escuela de comunismo en el castillo. No de comunismo, pero sí de idealidad avanzada. Cada día de la cárcel me preparo mejor, y mis amigos Germán Nass hermano mayor, Julio Alvarado, Joaquín Quintero, Jóvito Villalba, Manuel Silveira, José María Suárez y otros, le dirán si yo podría responder al llamamiento del futuro.

El General Gabaldón, mensajero de este adiós, le contará de estos días cruciales y le dirá como supe sonreír bajo el dolor y permanecer sereno ante la dureza del ataque. ¡Que las palabras de mis amigos y la seguridad de que las sendas del bien eran el camino que yo quería recorrer, pongan un poco de consuelo en su corazón, madre querida!

Adiós para todos: no olvido a José Ángel, Ángel Eduardo y Miguel José, ni a esos viejos amigos como a Agustín, Rafael Elías y Carlucho.

La quiere mucho, mucho, mucho.

Pío




PD: Querido General:

        En el mensaje anterior, para mamá, me olvidé del párrafo para los amigos que tenía muy pensado, por eso repito ampliada mi carta de adiós.

        Ya le digo a la madre queridísima que usted le contará mi final y le dirá como supe luchar sostenido por la esperanza de llegar a darle el último abrazo!

        ¡Pero no podré llevarme su beso, estrella de luz sobre mi abatida frente!

        Dígale a mis amigos Agustín, Rafael Elías y Carlos Sequera las palabras de despedida, y a la novia que perdió sus más bellos años de juventud en una espera triste e inútil, pídole la absolución del que la condenó a aguardar sin esperanza. Magdalena lo llevará frente a esa muchacha humilde y dulce.

                        Gracias y abrazos.

Pío

Castillo de Puerto Cabello, 21 de octubre de 1934.*


·    * Diario del Floricultor Pío Tamayo. Tomo I de las Obras Rescatadas. Recopilación, estudios y notas Mery Sananes. Caracas, Expediente Editorial, Cátedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual, 1986, pp. 380-382
  
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miércoles, octubre 03, 2018

VOY A SER RECORDADA




Zaira, lo sabemos todos los que la conocemos,  es una planta en permanente germinación. Un cometa que por donde pasa va dejando sus estelas de luz. Una libélula que jamás se le quiebran las alas al salir de su envoltorio de neblinares.

Un infinito que se cobija en los días, para que nadie sienta que carece de tiempo para vivir. Una escuela de amor que se abre en las pupilas de los niños, en el corazón de los campanarios, en el ojal de las cayenas. Y que ella derrama como guijarros en un estanque para que crezcan los remolinos del agua hasta alcanzar la risa.

Y esta mañana en mi buzón apareció este poema, escrito “Hoy  27 de setiembre de 2018, a mis noventa y ocho abriles arianos”. Y aquí lo dejo para que se prenda de la respiración de cada quien.

¿Cómo entonces no ha de ser recordada?
Nada que agregar!!!
 mery sananes


Conservo mis restos
de recuerdos
que fueron vivencias

Los guardo como un tesoro
en su integridad y en su totalidad

Como vivencias
ayudaron a construir
mi Yo Soy

Como recuerdos
completos o fragmentos
vinculados a mi esencia

fluyen espontáneamente

Me mantienen viva
entre hoy y el ayer
los siembro día a día
voy a ser recordada


Zaira Andrade
Hoy 27 de septiembre de 2018
a mis noventa y ocho abriles arianos
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domingo, septiembre 23, 2018

El CLAROSCURO DEL VIVIR


a rrs


Nada se retiene en el
claroscuro del vivir

Detenidos en el umbral
aguardamos avanzar
hacia el rayo de sol
o internarnos en el cobijo
del pétalo suspendido
en el hilo de un diafragma

Somos errantes transeúntes
de un azar que nadie
nos inventó
y que sin embargo
clava sus dentelladas
en las memorias que aún 
no se han construido

Y en ese límite que dura
apenas el instante de una fuga
respiramos la gracia
de estar vivos
como duendes de una historia
que nadie ha contado

Y sin embargo hemos conocido
el resplandor de una risa
aferrada a una flor que
sólo es bella a las once
el laberinto de un rizo
escribiendo señales de amor
desde el pórtico de un 
lejano ventanal 
y la alegría de un campanario
al que alguien le robó
sus resonancias de canto


Allí en esa frontera invisible 
que nunca supo de cercas
aún somos obstinados centinelas
aferrados a los tiempos 
que no han sido
alcabaleros de una vida 
que habrá que reinventar




23 septiembre 2018

foto y texto
mery sananes











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sábado, septiembre 22, 2018

EN EL SALMO DE UN GERUNDIO




Cada amanecer
tus hebras recomponen 
un canto que deshace 
todo silencio

En la estancia nocturna
del abrazo tus pétalos
deletrean la geografía
de la savia

Y en el dorado rubor
de tu risa conjugas 
la vida en el salmo
infinito de un gerundio




texto y fotos
mery sananes


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