martes, octubre 06, 2026

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CARTA A PÍO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZAÑAS

CARTA A PÍO TAMAYO EL FLORICULTOR DE HAZAÑAS





Pío Tamayo visto por Antonio Cabezas


CARTA A PÍO TAMAYO
EL FLORICULTOR DE HAZANAS
mery sananes
05 de octubre de 1983


Esta carta a Pío Tamayo fue escrita el 05 de octubre de 1983, al instalarse la Cátedra Pío Tamayo de la UCV. Cuarenta y uno años después, sigue siendo nuestro homenaje al Floricultor de Hazañas. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.

Hoy, a 126 años de su nacimiento, 89 de su muerte y 41 de la Cátedra Pío Tamayo de la UCV, la volvemos a publicar, como todos los años. La tiranía sólo ha cambiado de nombre. La muerte sigue suelta por territorios de penuria y dolor. La libertad y la justicia no son más que esqueletos vacíos. Y es esencial conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento porvenirista, supo sembrar en este continente infinitas semillas que aún aguardan por germinar.





EL MUNDO UNA INMENSA SEPULTURA

Pío

Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.

Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera.

Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.

DESDE LA VOZ OSCURA DE ESTOS TIEMPOS INVOCAMOS LAS CUATRO ROSAS DE TU PECHO

Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.

Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.

PÍO NUNCA DEJÓ DE ENVIAR SUS SEÑALES DE PORVENIR

Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste en día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?

Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos lenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.

Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.

Y NO HEMOS DEJADO DE IR AL ENCUENTRO DE SUS RECADOS FLORICULTORES

¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmenso de tu corazón?

Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.

Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.

BUSCABA UNA TROCHA QUE CONDUJERA AL CENTRO MISMO DE LA TIRANÍA

¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.

Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompaño tu combate.

Y LA TIRANIA QUISO DERRIBAR TU FORTALEZA DE COMBATIENTE POR LA VIDA

Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba aLlí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.

Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.

Y SEGUIMOS HURGANDO EN ESOS SIGNOS CLANDESTINOS QUE SÓLO SABE DESCIFRAR EL CORAZÓN

Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.

Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. En la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos que contienen tu idealidad avanzada, que habrán de abrirse en macetas de rosas.

ANTE LOS SEPULTUREROS DE TODOS LOS TIEMPOS REQUERIMOS COMO NUNCA SU ESCUELA DE IDEALIDAD AVANZADA

Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo e rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.

mery sananes
05 de octubre de 1983
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domingo, octubre 04, 2026

A mi muy queridos compañeros de vida hermanos y amigos entrañables





Mis muy queridos compañeros de vida , que me saludan con mucho afecto  ante mis escritos, les quiero informar que FACEBOOK  me ha cerrado su acceso.Y desde hace varios días  sigo sin poder comunicarnos o dejar en sus espacios los textos que suelo soltar. Pero ese proceso aun no ha cambiado
y procuraré seguir dejando mis palabras en el Blog inicial que hemos hechos desde hace muchos años. 

El de Embusterías. El enlace para ese blog es el siguiente:https://embusteria.blogspot.com. 

Hay amigos muy entrañables con quienes he tenido 
afectos muy especiales, y por esta vía quisiera que sepan que no he podido escribirles como siempre lo hago, debido a que FB era el territorio que me daba la libertad de acoger mis palabras.

Y sepan todos que nunca me separo de ustedes. 
Son mi nutriente,  ese espacio especial del vivir.

Los quiero con el alma y siempre he de 
llevármelos en el corazón.
 

mery sananes / 04 10 2026


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sábado, octubre 03, 2026

EL ASOMBROSO CONTENIDO DE LOS ADAGIOS



EL ASOMBROSO CONTENIDO
DE LOS ADAGIOS


La música es sin duda
un anden del cual uno jamás
se marcha

Es un diálogo entre el
instrumento y el corazón

Una lluvia de hojas
buscando su nuevo espacio
para ir desde adentro 
hacia ese vivir que jamás
se marcha

El adagio es una carta
que nunca concluye
y que se inserta em el
corazón como el rocío
busca el tejido
de la flor

Un territorio sagrado que poco
a poco cuidamos distraídos como
si estuviémos adheridos a los
tiempos que nunca han
de ser nuestros

Es un viaje hacia el corazón
que aguarda sostenerse en los
hilos invisibles de un vivir
que aún no hemos podido
ejercer en su plenitud

El asombroso canto que
nos deja el violín
es como si alcanzáramos 
el centro del universo

En sus cuerdas nos atamos
hasta aprender la lección
del vivir entre las notas
y quien desenvuelve la magia
de los adagios

Y el sonido del más dulce
vivir se instala en nuestras
ausencias hasta regresar a
 la más alta magia 
de aquello que jamás ha de
sucumbir cuando
las alas elevan   
 sus vuelos hasta el
interior de nuestros
corazones


mery sananes
03 de  octubre del 2026

 
  • Samuel Barber – Adagio for Strings: 
  • A deeply moving, soaring string piece known for intense emotional resonance.

  • Tomaso Albinoni – Adagio in G Minor: 
  • A solemn, hauntingly beautiful melody carried by rich, slow-moving strings.

  • Ludwig van Beethoven – Moonlight Sonata (Adagio sostenuto): 
  • A quiet, hypnotic piano masterpiece that creates instant stillness.
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ESCRIBIR A QUIEN ESCRIBE - A CARLOS MORALES DEL COSO




Para tí
Carlos Morales del Coso
en este nuevo noviembre
por toda la luz que has extraído
y sigues y seguirás extrayendo
de la densa oscuridad 
de un planeta poblado de
sepulturas sin nombre



Escribir a quien escribe
a quien junta ansias 
sueños y derrotas  recorriendo
el universo en una palabra 
un gesto una vida entera 
dedicada a saciar la sed 
de justicia inalcanzable
la belleza y plenitud
en un tiempo permanente
de guerra

Labor silenciosa
que busca extraer del 
olvido la vida escondida 
que yace en ese hombre 
anónimo que conoce 
la noche entre la quietud de
las ovejas y los fulgores
de la luna

Dedicación a ese
escudriñar las sombras
para reinventar la luz
que yace en ellas

Trabajo subterráneo
de cigarra para alcanzar
la brevedad de un canto
y una respiración al
aire libre

Entrega silenciosa 
de cada día al margen de
los bullicios los avatares
de los otros sumido 
en descubrir la 
perfección del hombre 
entre los sacrificados
de todos los tiempos

Entrega de amor que no
cesa que se reparte hasta a
quien le pasa desapercibida
y en cuyo vacío deletrea
una abecedario de tunas

¿Y cómo rendirle homenaje
a quien recorre la desesperanza
sembrando en su interior
bosques de manzanas
y siemprevivas?

Aprendiendo sus lecciones
para convertirnos en 
indelebles soñadores 
del vivir que aun no 
construimos con la inocencia 
del pájaro y los madrigales 
del viento


Emotivo a
brazo de Carlos con
Mariwan Shall el día de la
presentación de la Antología
Poética del Holocausto

Un pastor de noches
cazador de estrellas  
 inscrito por siempre
en el árbol de los milagros 
la tenacidad de los desiertos 
por conservar en su interior 
esa agua  que dará algún día 
de beber a la sed del hombre
desahuciado


mery sananes
publicado inicialmente el
04 noviembre 2022
y recogido hoy en la fecha
de otro de sus cumplevida

05 de noviembre del 2024





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viernes, octubre 02, 2026

Liszt y Chopin




Cómo reunir a dos gigantes
de la música

Cada uno derrama su vuelo
en el arpegio de sus cuerdas
 y en la ensoñación de su canto

Y entre ambos se establece
un abecedario que nunca
cesa de dejar el diagrama
que los construye

Y la música suelta sus
notas con la dulzura de un
tiempo que aún aguardamos

Y el corazón se desboca
mientras busca las huellas
del viento y del racimo de
hojas bailando en la
superficie de un sueño

Y escucharlos nos entrega
ese lenguaje sin palabras
que se derraman como un
cauce de agua que aguarda
para tejer las guirnaldas
que la vida le entrega

Y la música se integra
como si alcanzando las notas
ejerciera ese oficio
de dejar en cl corazón
el sueño de un niño que 
nace entre los sembradíos
de luna y de rosas

mery sananes
02 de octubre del 2026



Liszt
Liebesträume No. 3 in A-flat Major, S. 541



Chopin
Liszt - Hungarian Rhapsody No. 2 in C-sharp Minor, S. 244 No. 2



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jueves, octubre 01, 2026

NOTAS PARA UN HERMANO



NOTAS PARA UN HERMANO

Ay de la ida
que es arribo
a los acordes detenidos
de una milonga que
aguardaba las cuerdas
de tu alegría para izarle
velámenes al tiempo
Ay de tu larga tristeza
que desanda sus raices
sobre los rieles de una
memoria estremecida
Ay de los noviembres
que se le fugaron a los
calendarios hacia los
neblinares de un río que
escala estrellas en días
de llovizna y aluvión
Ay de esa madrugada
que estalló en tus costillares
en raudal de colibríes hacia
las estancias de un nocturno
grabado en la nervadura
de un violín
Ay de los adioses que se
grabaron en la prisa de los
días asediados de un siempre
que acordamos en silencio
desde la hora pomagás
de las ausencias

Ay de este treinta que encalló
sin su noviembre en la orfebrería
de las ilusiones que bordabas
cada atardecer sobre la aridez
de las soledades que vinieron
adheridas a tus cauces arteriales
como un signo escorpio
sobre de tu tránsito de tierra

Ay del estar que ahora te
invento en cada recodo de los
minutos en los que te instalas
a degustar el deslumbrante
torrente de aromerías de las
que te hiciste portador para
esparcirlas en los engranajes de
la vida que emerge invariable
de cada migración de los suspiros

Dejo en tu respiración el ala
desprendida de mis tallos
y en la coraza vulnerada de tus
decires el tiempo aleluya
de todas las resurrecciones


mery sananes
escrito en el 2012
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lunes, septiembre 28, 2026

EN TIEMPOS SIN TIEMPO




Una inútil reflexión 
en tiempos sin tiempo
hechos de amargos retazos
 

Tal vez lo único que me ha acompañado siempre es esa manía de escribir y seguir escribiendo. Lo he hecho desde que tomé el primer lápiz en mis manos y aprendí a dibujar los garabatos de una letra tan diminuta que ni yo misma podía releerla. Pero en ella quedaba registrada la batalla del vivir, las disonancias con un mundo revestido de penas que no de alegrías sencillas. Y con ese frágil equipaje me tocó emprender mis travesías.

 

Y lo hecho y sigo haciendo sin ajustarme a instrucciones gramaticales o pautas de cualquier forma o tipo.  Pero en cambio encontré palabras que se convirtieron en mi eterno equipaje De allí sacaba las fuerzas para los caminos. Y de los rostros y corazón de la gente más sencilla que, cada día escribían sobre mi invisible diario, un verdadero poema de amor.

 

Y ese fue mi aprendizaje mayor: de la gente sana de conciencia y corazón que sin saber leer ni escribir, pude ver en ellos el verdadero cantar de lo humano, la más auténtica resistencia ante la maldad y un corazón de transparencias. Y de aquellos tantos que dejaron palabras que no espantan, caminos por recorrer, y que se inventan el vivir desde la resistencia a todas las negaciones.

 




Y ay que esa escuela es la mayor de todas y la que más llevo en mis adentros. ¿Y qué he podido hacer con ella? Intentos derrotados de rebeldía. Ir a contracorriente en todas las direcciones. Asumir dos extremos: el silencio o la palabra desmesurada que  no conoce el punto y seguido y mucho menos el punto y aparte. Escaso equipaje para tratar de recomponer ni el mundo ni ese diminuto cajón que me contiene.

 

Y ay!! que el amor lo entregué a manos llenas, como si estuviese con él regando un jardín infinito. Y las flores respondieron. Porque esa es su naturaleza. En cambio el mundo al cual fuimos lanzados, que aún ni siquiera ha podido encontrar su propia condición, fue y sigue siendo el territorio donde se apacientan todos los desafueros.

 

He escrito hasta en los silencios, jamás he dejado de responder a una palabra que me alcanza. Y nunca he esperado de nada o nadie algo a cambio. No nací para ser ni mercader ni administrador de bienes. Soy un alma a solas que cruza el aire con un lápiz romo de donde a ratos salen poemas-expedientes, palabras-rebeldes, un calendario vacío o un interminable poema de amor que a nadie pertenece.

 


Se preguntarán, si acaso: ¿y toda esa retahíla a qué viene y qué busca? No tengo respuestas sino una necesidad urgente de recoger, entre tanta palabra inútil, aquello que pueda tener sentido a los tiempos que vendrán. Y me responderán: ¿y de dónde sacas tú que palabra alguna ha de servir a esa causa? Y diré que no sirvo a ninguna causa, que no sea la integridad plena de un hombre que no se ha encontrado a sí mismo, debido a nuestra gigantesca inutilidad.

 

Sólo veo crecer la hierba y sobre ella voy dejando palabras que como caracoles de tierra dejan las señas de sus pasos. Nada más y nada menos. Y tal vez las flores, las mejores lectoras que conozco, las recojan y las borden en sus esporas con la ilusión de que en el corazón del hombre –tan similar a los glaciares que hoy caen abatidos- lleguen a ser palabras del presente.

 

Requiero refugiarme en un silencio habitado por todos aquellos que han dejado entre mis manos sin olvido afectos de envergadura, señales de porvenir,  grabadas en estos tiempos tan destrozados. Y les dejo, escondidos en anaqueles, en buzones imaginarios, en las alas del viento, en el infinito lenguaje lunar, y en los pliegues naranjas que dinamitan sobre los cielos los amaneceres y atardeceres, mis señas recogidas en un haz de espigas, donde siempre podrán encontrar un abecedario en esa lengua humana que aún no aprendemos a transformar en canto colectivo.

 




No sé cuánto será. Puede ser un día, un mes o un año. Tal vez en unos segundos decida lo contrario. He aprendido tardíamente que el tiempo corre más veloz que nuestra mente. Y el corazón ni siquiera se molesta en contarlo. Tiene esa absurda creencia de que uno lleva en su interior una especie de eternidad protegida. Pero a ratos visualizamos con transparente claridad que el tiempo solicita nuestro lugar para entregárselo a otro que vendrá ilusionado de flor y encandilado de amor.  ¿Y para qué desilusionarlo?

 

Sólo que el tiempo que nos pertenece hay que cobijarlo de palabras, gestos, actos que puedan hablar por nosotros cuando ya no estemos. Y corre a prisa. Y antes de que se detengan a una hora y un día cualquiera las esferas de nuestras maquinarias, quiero recomponer los pedazos rotos, los poemas dejados a medias, los expedientes aún no concluidos, vitalizar las tristezas y del cauce ininterrumpido de las lágrimas dejar que corra río abajo una corriente de agua en dirección a la mar donde alguna vez seré amiga de los peces y escafandra de los buzos.

 


Debo concluir la promesa hecha a los nietos. Rescatar los libros de los hijos. Entregar a quienes tanto me han dejado un talismán invisible que hay que ir a buscar entre los tréboles. Hacer llegar las cartas que jamás alcanzaron el corazón al que iban dirigidas. Sin proferir un solo adiós. Porque no creo en despedidas ni en ausencias. La luna me tiene reservado en sus menguantes un territorio en el cual podrá alcanzarme quien me busque. Y en las cuerdas de los pájaros hay un trino que tendrá las resonancias de mis más cálidos suspiros. En los árboles siempre habrán de encontrar la resonancia de la hoja que habré de habitar. Y en los frutos me encontrarán en la dulzura que se me quedó sin derramar, engarzada en sus semillas.

 


Sólo me cabría reiterar  algo que muy bien dijo Bertolt Brecht. “Vivimos en tiempos sombríos”. Y nada ha cambiado de entonces a ahora. Sólo queda solicitar para … “cuando lleguen los tiempos / en que el hombre sea amigo del hombre / pensad en nosotros / con indulgencia.”



mery sananes
texto y fotos
publicado inicialmente el
27 septiembre del 2022

 
Gustav Mahler
Adagietto / Sinfonía No. 5
Leonard Bernstein 

 


 

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