jueves, febrero 26, 2026

CARTA A JAIME VÁNDOR - escrita un 19 de octubre del 2012


Jaime Vándor
del Libro de las Cartas


Jaime


No te conocí hasta que hurgando en las páginas de Carlos Morales, me tropecé con tu poema: Nunca Korczac llegó a Jerusalem. Te referías a aquel gesto de Janus Korczac de acompañar a los niños que él protegía al campo de exterminio de Treblinka. Y lo que allí dices, sobre ese Mal con mayúsculas, del cual de alguna manera, todos somos culpables,  me tocó de una manera tan honda, que ahora te llevo conmigo, cada vez que un dolor trastoca la risa de un niño, o cada vez que estalla una mina, o un disparo alcanza el asombro mayor de la vida.  


Al leerlo, escribí: Estas palabras estrujadas unas con otras, como los niños con Janus, quiebran todos los moldes. Se salen de las clasificaciones, se desbordan de los papeles y de las nomenclaturas. Y es lo que queda de pie como estandarte, hasta que alguna vez, -si es que alguna vez será- que nos sentemos como hermanos y el Mal con mayúscula deje de ser ese obsceno misterio que nos engulle, destroza, inhabilita, trastorna, hasta convertirnos en meros espectadores. 

En el poema de Vándor no hay nada que distraiga. Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen, no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura, y como diría León Felipe, es una estopa en la garganta.

Ahora, Jaime, me he asomado a otro poema tuyo que titulaste Hijos, en el cual dices: Hijos del dolor / no es culpa vuestra / mi reloj asigna lejanos lutos / duelo de personas que no he conocido / manecillas enloquecidas me hostigan / ¡ay, ruta solitaria! / y esta alforja de plomo... Y a ellos quieres pedirles perdón.

Y sin embargo, Jaime, todo ese dolor no es algo por lo que tengas que excusarte. Hay un destino en cada cosa, cada tiempo y cada ser. El que se extingue para reverdecer y el que sobrevive para extinguirse con el peso atroz de todo aquello de lo que fue actor y testigo, sobre una piel desguarnecida y un corazón sin costillar que lo resguarde.

Y eres tú, Jaime, y ese penar que se cimbra sobre cada uno de tus días, el destino que nadie sino tú podías cumplir. Tú llevas en el interior de tus vacíos, la mirada de ese niño que Janus llevaba sobre su pecho, camino hacia su propia extinción, y su abrazo colgado del miedo de esos niños,  reinventando desde la muerte el contenido mayor de una alegría que te la dejo a ti, envuelta en el tremor de sus noches.

Cada uno cumpliendo el segmento de una elipse que aún no se fractura para dejar salir el canto que yace entre las cenizas, aguardando.

Qué perdón vas a pedir, si los hijos a su vez son testigos de un horror que no se acaba, de una masacre que no es la última, presenciando, como lo llamaste, el obsceno misterio de un Mal, que cambia de paisaje y de retórica, de abecedario y vestidura, pero que sigue infringiendo las mismas heridas y abriendo las mismas sepulturas.

Sólo que ahora la muerte se fracciona, se divide, para que su orfandad no sorprenda o despierte al hombre de su inútil vigilia a los márgenes del morir.


Si no fuera por ti, y quienes como tú tienen la misma gota de dolor enastada en la lengua, qué de olvidos se esparcirían por las tierras para hacernos creer que alguien ha podido exterminar el mal.

Has cumplido con creces tus deberes, Jaime, como si hubieses hecho el viaje con Janus y sus niños, hacia unas hogueras que no se han extinguido.

Tus hijos, lejos de perdonarte, donde quiera que estén, honrarán la dimensión de tu sacrificio, el tamaño de tu valor y tu valer, porque no sólo, al modo de Janus, tomaste para tí el peso de los ausentes, sino que asumiste esa culpabilidad que todos tenemos, en las masacres de ayer y en las de hoy, porque aún no hemos dejado que colectivamente hable el  corazón, sino a través de esa lágrima tuya, individual, única, que como la de León Felipe, no alcanza a reventar los muros del Mal.

Sólo que debes saber, en el interior de tí mismo, que tu sacrificio, como el de Janus, como el de los niños que Janus acompañó en su destino, harán posible que algún día eso ocurra, que el Mal se extinga, que prevalezca la ternura, que el Amor se haga la fuerza que mueva los engranajes del mundo.

Hoy nos dice Carlos Morales que andas aquejado de salud. Y me apresuro a escribirte porque nunca pude llegar a tus orillas a decirte cuánto significas en las propias batallas que libro contra el Mal con mayúsculas y las Males diminutos y fraccionados que se cuelan hasta por los intersticios de los ventanales en los que crecen las florerías.  

Y esa tristeza se le adhiere a los hijos y a los nietos, a quienes de alguna manera, como tú, suelo aguarles la alegría, con esa alforja de plomo que a veces se me atraviesa en la pupila.

Sólo que la recojo y la convierto en alas de pájaros para que ellos puedan sobrevivir los males de este tiempo con una dosis de magia y de misterio, con unas hojas de trébol guardadas en las páginas de un libro, y una hoja seca recogida en medio de un otoño único.

Hoy te envío todos mis talismanes enhebrados en el galope de caballitos de mar, en el piquito de un azulejo, en el suspiro que dejan en el aire las mariposas, y en el trozo de canción que le regalamos al porvenir.

Ellos llevan poderes sanadores pero por sobre todo, una melodía que acaricia el corazón, un palomar de versos inconclusos, un paisaje tallado en los ojos de un niño que aún no ha salido de su propio asombro. Es decir, Jaime, algunos de los ingredientes de los que estará hecho el porvenir.

Y te los dejo a orillas de tu tristeza, al borde de tu dolor, en el dintel de tus angustias, para que los siembres en el envés de tus pupilas, como un solar de mandarinares.

Con todo mi afecto
mery sananes
19 de octubre del 2012


 Alejandro Marcelo
Adagio



Nota adicional


Jaime Vándor, o Helmut Jacques Vándor, como consta en su partida de nacimiento, vio la luz en Viena, de madre austríaca y padre húngaro, en febrero de 1933. Hacía menos de cuatro semanas que Hitler había asumido el poder en Alemania. Tras la anexión de Austria al Tercer Reich su familia, judía, se refugió en Budapest, Hungría, en 1939. Su padre, que había sufrido mucho a raíz de la guerra de 1914, en el frente ruso y luego como prisionero de guerra en la Siberia Oriental hasta 1920, de ningún modo quiso vivir otra conflagración, y se estableció en Barcelona con la esperanza de poder sacar a su familia de Hungría, cosa que con el cierre de las fronteras no fue posible.

Con su madre y su hermano pasó en Budapest las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial y las persecuciones raciales a partir de la invasión de Hungría por las tropas alemanas en marzo de 1944. Se salvaron de la deportación en una de las “casas españolas” gracias a la protección de los “Justos de las Naciones” Ángel Sanz Briz y Giorgio Perlasca -y como ellos, otros 5.200 judíos húngaros- en los meses que precedieron la ocupación de la capital por el Ejército Soviético (enero de 1945). Gran parte de su familia pereció en el Holocausto.

Reunidos por fin con su padre en Barcelona en 1947, Vándor terminó los estudios de bachillerato en el Instituto Menéndez y Pelayo, en 1951. Se licenció en Filosofía y Letras, Sección de Filología Semítica, en la Universidad de Barcelona, en 1956. Se doctoró en 1987.

La tesis doctoral de Jaime Vándor, de literatura comparada, apareció con el título de Los ricos de espíritu. Estudios en torno a un personaje literario. En dicha tesis establece, partiendo de El idiota de Dostoievski, un tipo psíquico, estable e intemporal, de la máxima perfección humana, con los rasgos comunes y diferenciales de unos cuarenta caracteres, desde Homero hasta el drama y la narrativa del siglo XX.

Paralelamente a sus estudios universitarios, Vándor cursó ocho años de teoría en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona, incluyendo tres de Armonía y uno de Contrapunto, así como Paleografía Musical y Musicología en el C.S.I.C. Impartió Historia de la Música y Formas Musicales en el Colegio Mayor Virgen Inmaculada, de 1970 a 1977, e Historia y Literatura en “Dor Hahemshej” –formación judía superior para adultos– en la Comunidad Israelita de Barcelona.

Tras seis meses pasados en Israel estudiando hebreo moderno (Kibbutz Ein Hashofet, 1957-1958), asignatura que en su tiempo no formaba parte del plan de estudios en la Universidad de Barcelona, entra en la misma como profesor ayudante, pasando en 1967 a Encargado de Curso, y a Profesor Asociado Extranjero en 1987. Sigue cursos de perfeccionamiento en Israel (nuevamente Ein Hashofet, 1966-67, y Ulpán Akiva, 1989). Desde 1958 hasta su jubilación en 2003 enseñó en la Facultad de Filología de la U. B. Lengua y Literatura Hebreas, Literatura Hebrea Moderna, Historia del Judaísmo Moderno y Contemporáneo y otras materias.

Vándor ha participado, como invitado, en numerosos simposios y congresos internacionales. Ha dado centenares de conferencias en España, Alemania, Italia, Hungría e Israel sobre temas de historia y cultura judaicas, sobre literatura universal, especialmente del ámbito de las lenguas alemana, húngara y hebrea, así como de Historia de la Música. Como traductor del húngaro ganó un premio de la Radiodifusión Húngara en 1977, con Veinte Poemas de Endre Ady. También tradujo del húngaro la autobiografía de Tibor Déry (1894-1977), Sin juzgar. Para su labor como poeta, véase el apartado correspondiente en esta página web.

tomado de su página web




POESÍA DE JAIME VÁNDOR



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miércoles, febrero 25, 2026

ARMANDO QUINTERO el cuenta cuentos




15 / NOVIEMBRE / 1944
13 / FEBRERO / 2022
Para
Armando Quintero
por el regalo de su cuento
y para 
el burundunguito
quien alimentará
la ternura de los lobos
con su eterno corazón 
de pastor de alegrías


Ya me devoré el libro
por donde cabalgan
los lobos que guardan
en sus alforjas frascos
con goticas de rocío
cajitas con piedras de río
mazorcas que inventan
unicornios

Ya me pasé por libros
de hojas de pétalo
donde los lobos escriben
la historia de los hombres

Ya acompañé al guardabosque
en su día de recorrer
la savia de los árboles
que nutre de ternura
a los lobitos pequeños

Y ya aprendí que más allá
en su día de recorrer
la savia de los árboles
que nutre de ternura
a los lobitos pequeños

Y ya aprendí que más allá
del bosque viven seres
que no llegan a los humanos
que se la pasan disparando
a los lobos y a los corderos

Y que nunca han tenido tiempo
de comprender las lecciones
que tejen las nubes en el cielo

Ya me asomé a la boca del lobo
para descubrir que entre sus
fauces danzan barquitos de papel
y que no hay nada más hermoso
que el amor que se esparce
entre una corderita y un lobo
cuando se encuentran
en los atardeceres en los que
los abuelos lobos se sientan
a contar sus cuentos
de estrellas y bosques azules

Ya conversé con el lobito
que de tanto comer zanahorias
se vistió de naranja
y con la avejita que se salió
de los sueños del pastor
tan solo para que el lobito
pequenito lo llevara de nuevo
a los linderos de la noche

Ya escuché el silbido
de codorniz que se anida
en el corazón del lobo
enamorado

Ya vi como en medio
del silencio emergió de una
crisalida una marposa de
siete colores que fue a anidarse
en la boca del abuelo lobo
para regalarle a los lobitos
la condición de que están 
están hechos cuando
el amor los roza con su
acuarela de suspiros

Ya viajé al interior
del bosque encantado 
donde los niños inventan
abuelerías de lobos
para enseñarle alhombre
el ropaje azul de las vaquitas
que pastan en en tu pecho
de mágico cuentacuentos

Y ya estoy alegre porque
en mi regazo tus palabras
se convertirán en una lluvia
de estrellitas que se multiplicarán
por siempre en la risas 
de los niños por venir


mery sananes
julio 2002


EL OFICIO DE CONTAR CUENTOS
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domingo, febrero 22, 2026

LAS JORNADAS DE LA AMNISTÍA

CATEDRA PIO

TAMAYO         

CENTRO DE ESTUDIOS

                              DE HISTORIA ACTUAL

 

 Invitan al foro inicial de

“Las Jornadas de la Amnistía”.


¿Qué hacer ante una “Ley de Amnistía para la paz y la reconciliación” que trae incorporada la lista de los presos políticos que seguirán encarcelados?

 

   Ponentes

Blanca R. Mármol de León

  Andreína Baduel

Jackeline Sandoval 

Octavio González


Moderador

 Agustín Blanco Muñoz


Lunes 23 02 26 / 3pm / Sala ‘E’

de la BCUCV

 

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viernes, febrero 20, 2026

ANDANZAS GALILEAS





Hay palabras que se quiebran
se deshacen en diminutos espejos
despojados de arena y resplandor
sílabas que se desploman como
un árbol reseco arrasado por el viento
o como una ventisca que parte en dos
la coraza de una lágrima

Hay días que se convierten en monólogos
sin vocales que no encuentran acomodo
en la edificación de los sentidos
sino que se deshacen en el aire
como hojas de papel que la lluvia
devora para nutrirse de ilusiones

Hay horas que se desbordan de
los relojes y los calendarios y se derraman
sobre los días con su carga de pólvora
como si su única misión fuese minar
la vida que aún subsiste

Hay estaciones que de un solo cuajo
aposentan sus ciclos sobre la hierba inerte
dejando una estela de pájaros sin nombres
y silencios que nunca fueron poblados de
paisajes de risas o rumores de guijarros

Y en este despilfarro de eternidades
que se detienen en el hilo roto de un amanecer
que no alcanza a sembrarse en la raíz dúlcima
de la vida no queda sino seguir en estas
andanzas galileas de permanencia envueltos
en el murmullo musical de las aguas
que no cesan de deletrear su ritual de amor
y florerías sobre los tiempos que vendrán


texto y foto
mery sananes
escrito el 11 de agosto del 2010
publicado en este blog
el 18 de febrero del 2010



T. Albinoni
Adagio del Concierto para Oboe
Op 9 No 2



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miércoles, febrero 18, 2026

EL BOLERO HUERTO DE IMAGINERÍAS

EL BOLERO: HUERTO DE IMAGINERÍAS





a rafa galindo

El bolero es como la colmena a la abeja, la oruga a la mariposa, el nido al pájaro cantor. Es la casa donde habitan las nostalgias de esa perplejidad que somos. La guarida de las pasiones que nos nacen en los linderos de una comisura o en el andén de un suspiro.

El escondite de la melancolía y el paradero central de los amores que van y vienen, sin saber que su solo aletazo deja en el costado una herida que no sana.

El territorio donde todo es posible, la compleja conjuncion entre el olvido y la memoria, el arribo y la partida, el derroche que alcanza el encuentro y la tristeza mayor de las ausencias y las despedidas.

El bolero es el amor que baila y es la danza que se fragua en el espíritu, cuando cesan los acordes. El espacio geográfico del estremecimiento. Y es el regazo donde descansan los sueños que jamás se realizan.

Puede adquirir la majestuosidad de las grandes sinfonías y la ternura del verso más dúlcimo. En un bolero se llega hasta a navegar el mundo entero y aún quedarse en un muelle a la espera del bajel que no ha llegado.

Es la siembra mayor de ese ejercicio inclemente de recordar lo que al fin no fue. El solar de las renuncias. Y el albergue de las esperanzas. El insomnio de las pasiones que no se cuidaron.

Es la melodía que se queda grabada en la estancia de los deseos y que se vuelca como una atarraya sobre los párpados de aquel a quien se ama.

Es el huerto de todas las imaginerías. El telar que mide la longitud de las lágrimas y recoge la musicalidad de los primeros rubores. Es el lugar de todas las camaraderías. Porque el bolero no tiene más horizonte que el corazón desbordado de florerías que pone en manos de los transeúntes del amor.

Su origen está en la primera canción de cuna y conserva aún la fragilidad del sueño que se arrulla. Desviste al rostro de sus corazas y deambula sonoro entre los pliegues del alma.

Quien lo cincela en su voz se hace dueño del aire que nutre las respiraciones y de las sístoles que invaden la sed. Quien lo recibe se hace cantor a su vez y resplandece en su garganta un torbellino de luminarias que van dibujando los infinitos pliegues del amor.

Un bolero es una carta que depositamos en el viento para que alcance el cántaro que alguna vez nos dio de beber. Es una fragancia contenida en una melodía que cuando toca sus raíces se derrama sobre las horas como una enredadera.

Es un espacio sorprendido, una conmoción que registra todas las tonalidades de la caricia cuando traza en el vacío los arcos de su laberinto. Es la palabra en tiempo de congoja y el verbo sacudido de una noche que no concluye.

Es el refugio de la desazón y a la vez la floresta donde crecen silvestres los imanes del abrazo. Es el dictamen absoluto del frenesí y el itinerario de la lluvia que moja las recaderías de amor.

Es el campanario donde se mecen las ilusiones niñas que se niegan a crecer. Un alfabeto que no requiere de consonantes porque su lenguaje es un murmullo de aguas sobre un continente extinguido. Un adagio sin allegros. Un compás que se repite como una tolvanera de pétalos.

El éxtasis de un instante que se fuga sin que podamos detenerlo pero que renace cada vez en la sonoridad de una guitarra que busca sus cuerdas en la altivez de los pistilos.

El desbordamiento de un tiempo que perdura en el breve porvenir de los pelícanos y en la intrincada ingeniería de los andantes.

Una marinería que viene y va del mar a los ríos, que trasvasa las piedras, se detiene en los guijarros, le borda luceros a cuerdas hechas de hiedras, que se derrama de las islas para irse tierra adentro, como un son que nunca se repite, porque cada vez que ancla sus pasajes en la cosecha de besos que inventamos, las embarcaciones surcan rutas inéditas en compases del más alto frenesí.

Un bolero, en síntesis, es la vela mayor de un tiempo que embriaga de amores las estaciones de un vivir que no se vive, sino que se sueña sin tristezas, en la conjunción de los colibríes danzando su algarabía en el diminuto mosaico de una flor.

Este bolero, no ha terminado aún.

texto y foto / mery sananes
25 de mayo del 2010

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domingo, febrero 15, 2026

COMO UN REGALO ETERNO






Vivimos al trote de un vivir
que no hemos diseñado
atrapados como estamos en 
reglas que nos son ajenas

Y se procura cumplir con los
deberes básicos como especie
de respuesta a quienes
tienen configurado el sentido
de cada día cada mes
cada año




Y sin  darnos cuenta 
o huyendo de un mundo
que no nos pertenece
solemos reaccionar a lo 
que imponen como 
un credo en el que
no creemos

Y es todo tan ausente
y distante que hay maquinarias
para convencernos de que
el querer sólo se ha
de distribuir dentro de
los límites impuestos




Y decididos están en
creer que para darle
un paisaje creciente
al día que otros eligen
para que todos expresen
sus sentimienos
el amor se suscribe
a un juego que nos
es ajeno

A mis hijos y nietos
siempre he querido reiterarles
que el árbol de navidad
que se cierra cuando termina
el día y la  noche en verdad debería
existir como parte esencial
del hogar y lugar donde
dejar el amor de cada instante






Si se enciende una vela
para celebrar las alegrías
más pequeñas hay que 
retener su llamarada

Y a quienes celebran el
amor en una fecha prevista
por otros la magia desaparece
mientras se cumple una
directriz que no es nuestra




Alabado el amor que se 
expresa cada día
como la flor que no detiene
su florecer y se derrama
como un regalo eterno


mery sananes
15 de febrero del 2026





 

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sábado, febrero 14, 2026

CARTA A MARCOS ANA

CARTA A MARCOS ANA EN SU CUMPLEAÑOS




Hoy se marchó a otras batallas Marcos Ana
Sus huellas quedan indelebles
En su espíritu y su fortaleza
anida el porvenir que siempre soñamos
con construir
y dondequiera que esté sabemos
que sigue trabajando para que algún día
se haga realidad

No lo despedimos porque con nosotros
se queda para siempre


Autobiografía 

Mi pecado es terrible; 
quise llenar de estrellas 
el corazón del hombre. 
Por eso aquí entre rejas, 
en diecinueve inviernos 
perdí mis primaveras. 
Preso desde mi infancia 
ya muerte mi condena, 
mis ojos van secando 
su luz contra las piedras. 
Mas no hay sombra de arcángel 
vengador en mis venas: 
España es sólo el grito 
de mi dolor que sueña


MARCOS ANA, POETA MAYOR

CARTA A MARCOS ANA
EN SU CUMPLEAÑOS
(escrita en el 2009, hoy la reproducimos
en ocasión de su viaje)

¡Para la alegría nuestro planeta
está poco preparado!
Debemos arrancar la alegría
a los días venideros.
En esta vida
morir es cosa fácil.
Hacer vida
es mucho más difícil.

Vladimir Maiacovsky
Poema a Serguei Esenin


CARTA A MARCOS ANA
EN SU CUMPLEAÑOS
(escrita en el 2009, hoy la reproducimos
en ocasión de su viaje)

¡Para la alegría nuestro planeta
está poco preparado!
Debemos arrancar la alegría
a los días venideros.
En esta vida
morir es cosa fácil.
Hacer vida
es mucho más difícil.

Vladimir Maiacovsky
Poema a Serguei Esenin


Te conocí hace muchas décadas cuando tus versos formaban parte de nuestro mejor armamento de combate. Tu voz, tu ejemplo y la continua enseñanza que mostrabas era para los jóvenes de entonces una lámpara encendida, un secreto talismán, un equipaje que ninguna requisa podía quitarnos. Los llevábamos como si fueran nuestros de tanto enjugarlos ante el horror que nunca ha dejado de existir. Sabíamos ‘y aún lo sabemos’ que mientras un hombre, en alguna parte, no se doblegue y mantenga su estatura de gigante, ante quienes lo acorralan e intentan aniquilarlo, la esperanza subsiste, como un sueño posible.

Y la realidad terminó diciéndonos que eran esas las lámparas a las cuales seguiríamos aferrados, para que los rostros niños que se nos fueron, las sonrisas que quedaron en sepulturas sin nombre, la ristra de ilusiones que el odio convirtió en mortajas, no fueran en vano. Seguimos siendo, más allá de fracciones, discursos y mentiras, de guerras y enfrentamientos fratricidas, de violencias y atropellos, los guardianes de esa memoria, los responsables de ese recorrido de tierra, que aún no florece.

Y tus versos, Marcos, tu vida, la libertad que construiste detrás de los muros, la belleza que no se amortiguó, era y sigue siendo parte esencial de lo que somos. Se entrecruzaban tus versos con los Nazim Hikmet, los de Bertolt Brecht, los de Maiacovsky, Esenin, Miguel Hernández, César Vallejo, García Lorca, Neruda, León Felipe y tantos otros, que no aceptan enumeración alguna. Nos colgábamos de un verso para sobrevivir la tristeza. Nos cobijábamos en un gesto para que nos diera el valor de no retroceder en nuestras ansias de ser pájaros.


Entonces, cómo no celebrarte en tus 89 años. Si hemos convivido contigo tantas décadas sin saber siquiera que día naciste a la vida. Porque nacías con nosotros en la oscuridad de las noches, en el destello de los disparos que alcanzaban al compañero, en la terrible soledad a que quedó reducida la utopía.

Y hoy eres más necesario que nunca. Como son indispensables brazos que, como un bosque, llenen toda la tierra, hasta acabar con todos los tiranos. En medio de la confusión en la que vivimos, entre tantas violencias que nos azotan, entre la prevalencia de los odios, el deseo de poder, el trastocamiento de tantos de nuestros anhelos, tu fortaleza, tu coraje, tu perseverancia, tu ternura, tu amor son esenciales.

Hoy cuando los ametrallados de ayer se convierten en portadores de nuevas y más mortíferas metrallas, cuando los encarcelados de entonces visten hoy el traje de carceleros, y una vez más el deslinde se hace entre discursos y palabras vacías, y no entre la muerte y la vida, entre la humanidad que aún no creamos y el terror que sembramos cada día, hasta sin darnos cuenta, tu capacidad de inventar paisajes donde sólo hay muros, tu visión de amanecer desde la noche larga de tu cautiverio, tu verso vasija desde las sequías de la desesperanza, debe nutrirnos de nuevo.

Tú nos enseñaste cómo arrancarle la alegría a los días venideros y cómo hacer la vida en un mundo donde prevalece la muerte. Por ello, y por tantas otras cosas, Poeta, te celebramos hoy como ayer, como lo haremos mañana, en este largo transitar por guerras ya perdidas, por horrores conocidos, por las estrellas que aún habremos de dibujar, con los pinceles de tus ojos, sobre las corrientes profundamente azules del corazón del hombre. ¡Para que no queden nunca en silencio las cadenas! Y el planeta se convierta al fin en una casa sin llaves, siempre abierta, como el mar, el sol y el aire.

mery sananes

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