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miércoles, enero 16, 2013

AMANECERES DE MAGIAS





Por muchas partes se comentaba que la gente no había entendido la forma como se presentó aquel amanecer.

Su rostro era diferente.

Calles y demás lugares fueron tomados por la magia para la fabricación de un tiempo en el que permaneciera en alto ese ánimo que a todos y por todas partes los llevaba a sentir la vida en señal de plenitud.

El propio  Gerardo, que tenía tantas tristezas juntas,  supo como muchos otros de la llegada de ese tiempo  que tenía reyes de magias y vida para construir esos despertares que nunca fenecieran y en los que la gente siempre andaría prendida de vida.

Nunca nadie pensó ni conoció en ese territorio eso que llaman cementerios.

Agustin Blanco Munoz
17 de enero del 2013






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jueves, enero 10, 2013

ALAS EN TEMPESTAD




Con aquellas lluvias día a día aumentaba el temor. Estaba bien difundido que todo habitante debía evitar caer en las garras de las gotas que conducen al sueño.

Cuando Aurelio llegó   le pidieron tener cuidado y control de sus pasos: ¡Cuidado con mojarte!  Pero él sentía muy adentro el deseo de conocer aquel pueblo.

Por ello se adentró en el mismo, alado por  su impresionante  flora y por la música de vuelo de alas. Fueron horas de un profundo e inolvidable vivir.

Y en medio de estas alucinaciones se dio cuenta de la presencia de unas nubes que crecían con el viento y  en la propia cercanía de la oscuridad. Su primer impulso fue no hacerle caso a lo que veía. Pero entonces Recordó  la advertencia de que la lluvia del lugar era fatal y decidió de inmediato regresar.

Su paso quería ser veloz pero lo atemperaba una flor o un sonido de alas en tempestad. Y había andado un buen trecho cuando sintió una gota que se convertía en presagio. Por eso aceleró el paso hasta donde ya no podía.

Casi que corría cuando sintió una y otra gota. Todo entonces fue correr en busca de un techo salvador. En el recuerdo un  sonido de pájaro en flor.

La lluvia podía desatarse. Por eso corría y volvía a correr. Las gotas se multiplicaron. Su carrera se hizo angustiante. Por ninguna parte un mínimo refugio. Y de pronto ya no sintió gotas sino un gran torrente. Su cuerpo todo se inundó.

Y cuando al fin llegó a los sitios donde había gente y techo, todos lo veían como con lástima y compasión. Quiso hacer preguntas pero a todo aquel que intentaba hablarle lo evitaba para no decirle la verdad: todos los que se habían mojado así nunca  regresaron.

Por todas partes se desplazaba Aurelio. Cada vez que preguntaba  recibía del viento la respuesta del silencio y continuaba. Su obsesión era lograr la manera de mantenerse despierto. Por ello seguía y seguía a pesar de que eran ya muchas las horas sin probar bocado. Lo atacaban inclementes el hambre y el cansancio.

Pero no podía detenerse a descansar. Y seguía y seguía sin parar. En su memoria mantenían las flores que se vuelven fuego en la ristra de los cantos que hacen vuelos de alas.

Nadie lo miraba ni escuchaba.

Y ya cerca de la noche alta, se detuvo en una pila de agua del camino y tomó de manera desaforada. Luego se sentó un momento dominado por el peso del tanto tomar. Sería cosa de minutos y esto para emprender su andar con más fuerzas.

Al amanecer corría  en el pueblo la noticia del hombre que se había mojado de lluvia y que anduvo deambulando tres días antes de caer en las garras del sueño.

Nadie le informó nunca a Aurelio que la única manera de seguir en las alas de la tempestad era si el mojado  se podía despojar de la ropa hecha aguas y enterrarla en una fosa profunda, mientras se rezaba la oración de los Salvados de las lluvias y se ofrendaba rosas y lirios de aquella tierra donde estaba sembrado el amor de todas las tempestades.

Nadie nunca se sinceró con Aurelio. Y por eso ahora nos cuenta sus aventuras desde  el cielo de las tempestades, que vuelan por  las lluvias de sueños donde moran los pasos dormidos de los atardeceres.



Agustín Blanco Muñoz
Serie Cuenterías
enero 2013

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miércoles, junio 27, 2012

UN DÍA EN LA BODEGA



 
Un día en la bodega
Don Antero le explicaba a
Valentín  que cuando
las lágrimas se nos salen
solas es porque ya no
tenemos el recinto de vida
que ellas siempre inventan.

Y el muchacho apenas
comentó que no sabía que
era tan difícil empezar a vivir.



agustín blanco muñoz
serie cuenterías
foto / mery sananes
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miércoles, marzo 28, 2012

CUENTERÍAS DE BRÍOS -


Rafael Franceschi



Todos los adioses corrían por los
bríos de las  lunas, cuando nos
escondimos en las guarderías
de los amores,  sin saber que nuestro
tiempo también había transcurrido.


agustín blanco muñoz
serie cuenterías



J. S. Bach / Chaconne / Yehudi Menuhim
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martes, febrero 07, 2012

CUENTERÍAS DE RÉQUIEM

Guayasamin


Sólo pudo explicar 
sus lágrimas de siempre
cuando supo que su vida  
comenzó en el propio 
camino de los réquiem 
que no tienen amor




agustín blanco muñoz
serie cuenterías



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viernes, diciembre 09, 2011

CUENTERÍAS



Cuando creyó estar de regreso se dio cuenta que nunca había comenzado
entonces supo porqué  no había logrado entender la vida que nace en el 
vuelo de los atardeceres


agustín blanco muñoz
serie cuenterías
foto / mery sananes





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viernes, diciembre 02, 2011

CUENTERÍAS - JOSÉ RAMÓN

Rafael Olbinski


Aquel día el llanto seguía la dirección de todos los relojes del pueblo, que  daban el mismo repique por el mismo dolor. Pero pronto se supo que José Ramón había llegado a los tambores de los cielos del amén.


agustín blanco muñoz
serie cuenterías
imagen: rafael olbinski
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viernes, mayo 22, 2009

SERIE CUENTERÍAS




Ella sabía que su único amor era el viento.
Pero nunca creyó que se la podía llevar
con casa y todo. Y todavía la esperan los
recuerdos en cada uno de los rincones que
se ofrecieron para guarecer lo que quedaba
de su figura de camelia adolorida.


abm / serie cuenterías
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