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domingo, enero 19, 2020
VOCINGLERÍA la primera del 2020
Escribo para despertar al
que está aletargado. Para alertar sobre el odio y difundir la belleza. Para
acercarme al otro que soy. Para ir más allá de las ráfagas y la violencia y
reencontrar esa alma sensible que todos llevamos dentro y que ha sido
expropiada.
Escribo sobre las heridas que el hombre colectivamente ha recibido
y sobre su invisible y silenciosa resistencia. Escribo sobre las heridas
propias sin que ellas me hayan jamás llevado al odio. Hablo sobre el dolor
clavado en crucifijo sobre la vida de la mayoría de los seres que sobreviven
este planeta.
Escribo, hago, digo y expongo para cumplir un
deber de vida y un deber conmigo misma. Es un llamado a que este hombre, convertido en caballo de tiro de un carruaje que no le pertenece, comience a verse a sí mismo. Y no hay menor manera de hacerlo que en el espejo de la
naturaleza. Allí donde la armonía se antepone, la belleza y la interacción prevalecen
para la sobrevivencia de todas las especies.
Nos hemos acostumbrado a hablar con una palabra que espanta. A escuchar
sólo las ráfagas. A marcar diferencias con el otro que a nuestro lado va. Y
cada vez más vamos desapareciendo como especie. El hombre ya ni siquiera es un
bien imprescindible para la acumulación. Se puede acumular sin la carga de
tener que alimentarlo, fusilarlo, matarlo de hambre o echarlo de su tierra, su
casa y sus pocos granos.
¿Esperaremos que toquen a nuestras puertas para advertir el mundo de
asesinos en el cual sobrevivimos? ¿O comenzaremos tal vez por comprendernos a nosotros
mismos, a aprehender el mundo que nos rodea, que nos lleve a hurgar quiénes somos y qué
podríamos hacer para no parecernos a quienes hoy mantienen los poderes
existentes ni a quienes se los quieren arrebatar
para acometer los mismos crímenes?
Bastaría tal vez que dejáramos de ser cómplices, por lo general inconscientemente,
de una sociedad que nos utiliza y cuando ya no les servimos, se deshace de
nosotros.
Qué bueno sería que escribiéramos sin reclamar pertenencia alguna, hablando en una
lengua común que se extienda y agigante en la medida en que cada uno sienta que
le pertenece, que es suya y que sus palabras son tan importantes y esenciales
como las de cualquier otro.
Qué maravilloso sería que pudiésemos darle voz a los silencios.
mery sananes
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MS Vocinglería - 2020
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