lunes, agosto 31, 2026

Ernesto Campos / Dígame, un libro que invita a decir y soñar



Ernesto Campos


Lista la tarea propuesta mi estimado profesor con la lectura de su ‘Dígame, un libro del decir y el soñar’.

Sus páginas no se empolvaron en una repisa ni se sepultaron en una gaveta. Líneas del insípido y trágico camino del pobre y moribundo hombre, llenas de reproche, desesperanza, y utopía, apenas salvadas por los grandes de la música y las letras, y la inocencia pura de la naturaleza, quizás tratando todos de recuperar el amor y la vida antes de que el último tren se lleve nuestros despojos. 

Aquí le dejo el parafraseo de mis percepciones. Nada mío. Todo suyo. Espero que le guste: 

¡Imagínese profesor! Que somos repletos de melancolías y de muertes virtuales, donde los gallos siempre cantan y las mariposas nos siembran cabellos. ¡Su respiración de papagayo acompañando gaviotas de mandarina y madres de la pobreza! El cartero dejándole a Platero y llevándose sus olvidos nucleares para que sus ojos quieran seguir viendo. 

Que los cocuyos le hacen olvidar las horas que se acaban, los tiempos del morir, los camposantos, los trenes del engaño y la tristeza, y la ciénaga de hecatombes de nuestra humana condición de poca humanidad, allá, aquí y más allá. 

Imagínese profe, que sabemos hacia dónde vamos, que habitamos el vivir, que no se nos agotan las fuerzas en la vía del adiós, que vamos arropados de lunas y flores de hierba.

Dulcinea repartiendo gajitos de jobo y caramelos sin pesar entre nubes de arcoíris y risas de Chaplin, sanando la desigualdad de la historia. 

Que el tiempo de vivir finalmente llega hecho un Réquiem de Beethoven enterrando tumbas, epitafios, señales de la cruz, y precipicios del otro destino. Que camina junto a Miguel y Lorca por las constelaciones de humanos planetas sin huracanes, guiados por el piar de los pollitos.

Tranquilo profe, porque en alguna parte escondida de su gran cabeza existen los pensamientos que sí tenemos, sin estremecimientos ni golpes de ataúdes, llenos de libertad y espíritu de vida, y mandarinas y cocoteros.

¡Imagine profesor, que no se mojan las palabras en este simple truco de horas, y que completa su misión de caballero pudiendo alcanzar el privilegio de la vida! 


No hay comentarios.: