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viernes, junio 21, 2013

MERY SANANES - CARTA A RAFAEL RATTIA


RAFAEL RATTIA RESCATA UN PEQUEÑO LIBRO
ESCRITO HACE CUARENTA AÑOS


Rafael

Me sorprendiste, amigo. Aunque conociendo de antemano tus labranzas, no resulta azaroso que te hayas podido reencontrar con un texto que, escrito hace cuarenta años, contiene ciertamente ya el descontento, las dudas con la revolución que veíamos como el centro de nuestros ideales y que ahora se nos revelaba como algo que no correspondía con la realidad que prefigurábamos.

Difícil, terrible, duro procesar una certeza que convertía el dolor de la muerte, la ausencia, en una doble mordedura. Porque los hermanos que se nos quedaron en el camino, lo hicieron cabalgando un sueño de redención para el cual sólo tuvieron su entrega.

Cuántas contradicciones iban y venían en aquellos días aciagos, que no concluyeron nunca, sino que se prolongaron hasta hoy, como si no existiese la memoria, ni las penas grabadas en las despedidas que no quisimos. La muerte siguió su curso ilesa de todo obstáculo. Porque quienes la adversaban, luego la hicieron suya, o la negociaron, la pacificaron, o la enfrentaron con nuevas solicitudes.

La razón quedaba como excluida de todo planteamiento. Siempre tratando de arribar a una estación que otros nos colocaban como nuestra, y en la cual nunca habitó la ilusión de un tiempo nuevo. El sufrimiento quedó petrificado en los rostros atónitos de los transeúntes. Nadie hizo de aquellas ausentes sepulturas una reflexión que ahuyentara la muerte y atrajera la vida.

Y sin embargo cuántas veces se nos hizo creer que había que librar aquellas batallas desiguales. El enemigo fue tan poderoso que se apoderó incluso de nuestras utopías. Las hizo suyas tan sólo para convertirnos en lo mismo que ellos. Terminamos utilizando sus mismos procedimientos, sus mismas armaduras, sus mismas sinrazones, en busca de un espacio de poder que hasta el día de hoy sólo ha servido para hacer reinar lo que excluye, divide, segrega y fracciona. Nunca para establecer la vida.

Tal vez todo eso estaba en aquel pequeño poemario, que no era sino la radiografía de un dolor tangente, que no encontraba cómo convertirse en palabra-arma para hacer girar la historia, al fin, hacia el lado del hombre, de la gente, y de un mundo construido a semejanza de su humana condición.

Los cuarenta años que le siguieron no han hecho sino corroborar aquella certeza de incertidumbres, aquel desasosiego de lo inútil, aquella tragedia de quienes no fueron preguntados por su vida, sino sólo por su muerte. Y sin embargo, cuántos aún son los mismos actores y testimoniantes, críticos y anticríticos, reinando en una dimensión que sólo ha vivido entre masacres.

Por eso, Rafael, a la hora en que rescatas ese texto, que más que poemas, son un gesto, una exhalación, un grito aherrojado, se me hace presente de nuevo la misma y vieja historia que no fuimos capaces de transformar, de llevar hacia otros términos. Y lo terrible sigue siendo que esa disolución sólo ha crecido hasta convertirse en red gigantesca que ya no nos deja siquiera reconocernos entre nosotros mismos. Nos convirtieron en seres ajenos, distantes, agriamente enfrentados, sin saber por qué, ni cómo y mucho menos para qué.

Hoy la tragedia es mayor. Y por ello, Rafael, me ha conmovido profundamente tu acercamiento a aquellas páginas que sólo han pertenecido al silencio y al olvido. Cuando tú las retomas, es como si se iluminara de nuevo el vendaval que las convirtió en palabras. Y reviven en este tiempo, para hacerse de nuevo contraseña, señal, de lo que nos aguarda por construir, de lo que hay que develar, y sobre todo de lo que debemos emprender desde los acuciantes agujeros de las nocturnidades hasta su preterida residencia en los solares del porvenir.

Te envío un afectuoso e inmenso abrazo

Mery Sananes
Octubre 2006


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RAFAEL RATTIA - SOBRE TIEMPO DE GUERRA DE MERY SANANES


escrito en el 2006


Existen libros destinados a recorrer extraños itinerarios que trascienden las fronteras geográficas y se siembran en la conciencia de los lectores como árboles cuya savia irriga los caminos de la esperanza, de la lucha incesante por la dignificación de la especie humana al margen de circunstancias y momentos coyunturales de cualquier índole.

Obviamente, el destino de un libro adquiere un carácter tan autónomo con el paso de los días que su autor nunca será capaz de columbrar su capacidad de resistir la implacable inexorabilidad de la Historia con sus ineludibles avatares.

"Tiempo de Guerra" es un portentoso libro que se puede catalogar entre los libros dinamita; esos que horadan la conciencia y perturban la aparente tranquilidad de la buena conciencia del individuo-ciudadano. Publicado originalmente en el hirviente año de 1968, en el fragor de las legítimas rebeliones estudiantiles que sacudían la sensibilidad cultural que generaron las hermosas revueltas de Nantérre y Paris; este libro se adelantó de un singular modo visionario (un acto de profetismo poético) a la Renovación Universitaria que protagonizó la gloriosa Universidad Central de Venezuela.

Pienso, animado por una irrevocable convicción ácrata, anarquista, revolucionaria, que este libro de la magnífica escritora Mery Sananes, adquiere una espeluznante y sobrecogedora vigencia histórica que me temo, inclusive, no tuvo tanto cuando fue publicado por primera vez a finales de la utópicamente sugestiva década del sesenta.

La edición que ahora comento pertenece a la Segunda Edición de Septiembre de 1974 y está expresamente dedicada al Comandante Argimiro Gabaldón y a todos aquellos valientes y aguerridos quijotes latinoamericanos que dejaron sus vidas ofrendadas al calor de los tableteos de ametralladoras a orillas de los ríos y en el corazón de las selvas y montañas del Oriente y Occidente de este "cuero seco" llamado Venezuela.

Cuan ¡urgentes!, ¡insoslayablemente urgentes!, son las páginas que aun palpitan en este "Tiempo de Guerra"escrito por Mery Sananes como quien traduce en el poema la dolorosa desgarradura de un tiempo que migró sus fórmulas pero mantiene su inalterable esencia injusta de dominio y explotación. Veamos una lacónica muestra de nuestra afirmatio:

"Son estas en verdad
horas terribles
por todas las cosas
que no se perdonan
por todas las cosas
que hay que salvar
por todas las cosas
que son necesarias
en este tiempo de guerra"

En verdad, hay que decirlo aunque nos duela en lo más hondo: vivimos, perdón; desvivimos en tiempos de desolación en los campos y ciudades en esta Venezuela bolivaresca donde la continuidad de la masacre es la ley de cada día que signa las frágiles y vulnerables vidas que siega el hampa y la policía en calles, veredas, avenidas, pueblos y caseríos de lo que con inobjetable acierto semántico denomina el historiador y escritor Agustín Blanco Muñoz "este expaís llamado Venezuela".

En alguna ocasión leí un lapidario aforismo en el "Breviario de Podredumbre" de E.M. Cioran donde el escéptico de los Montes Cárpatos afirmaba: "es en el poema donde la palabra es Dios" y Mery Sananes lo sabe asaz bien cuando levanta su estro lírico con una inusitada fuerza ética y una no menos dulce belleza estética. Lea usted mismo y convénzase de lo que afirmo:

"Quisiera un país
donde pudiera trabajar
sin conceder nada a cambio
donde pudiera hablar
sin temor al que escucha detrás
atento a la denuncia
donde pudiera amar y tener hijos
que vean el sol
donde los hijos de mis hijos
vean el sol
donde pueda levantarme por las mañanas
sin el peso de los rifles (…)
pero aquí
todo está por hacerse".

Nunca como ahora, en este tiempo lúgubre que padece la república, jamás como hoy la palabra poética fue tan necesaria para izar las banderas de la denuncia urgente. Este tiempo de aniquilamientos fratricidas, de guerras interminables de todos contra todos; este tiempo de borrascas y de acentuadas opacidades en el que la ley es un simple "saludo a la bandera", el poema es arma gramatical irremplazable que todo el que ame la vida debe esgrimir sin titubeos ni dubitaciones.

Cuando la tanatocracia, el imperio de la muerte y del odio polucionan el aire de un país al borde de los farallones, la poesía de Mery Sananes es un canto que redime y santifica la lucha por la resistencia de los humillados y ofendidos por el poder omnímodo y soberbio del Estado corporeizado en un psicopatológico culto a la personalidad de mesiánicos providencialismos de nuevo cuño.

Es indispensable re-editar este libro de Sananes. Es la hora aciaga en que el poeta debe sacudir la modorra y el apoltronamiento de sus pantuflas para traducir la nervadura y las palpitaciones de una época que exige, cual imperativo categórico insoslayable, el protagonismo beligerante del verso que sacude y estremece la conciencia de una nación vituperada por la traición a las viejas banderas de la autoemancipación de la especie humana. Como dijo la autora de este "Tiempo de Guerra" en la página 36:


"Mira amor
El caujaro produce una fruta muy dulce
con ella se pueden atar papagayos
Mil hombres
invadieron hoy falcón
¿no es tiempo ya de que nos encontremos?

Rafael Rattia
octubre / 2006

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