Uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo
“Hace años que el mundo está
entregado a un desencadenamiento del odio que jamás tuvo igual [Hablaba
en 1945]. Durante cuatro años, en nuestra tierra, asistimos al ejercicio
razonado de ese odio. Hombres como ustedes o como yo, que por la mañana
acariciaban a los niños en el metro, se transformaban en la noche en
meticulosos verdugos. Se transformaban en funcionarios del odio y de la
tortura. Durante cuatro años, esos funcionarios sacaron adelante su
administración [La Francia colaboracionista de Vichy]: en ella se fabricaban
pueblos de huérfanos y se disparaba contra los hombres en plena cara para que
no fueran reconocidos, se metían a taconazos los cadáveres de los niños en los
ataúdes demasiados pequeños para ellos, se torturaba al hermano delante del
hermana, se formaban cobardes y se destruían las almas más altivas.
Parece que
a estas historias no se les da mucho crédito en el extranjero. Pero durante
cuatro años nuestra carne y nuestra angustia debieron darles crédito. Durante
cuatro años, todas las mañanas, cada francés recibía su ración de odio y su
bofetada. Era en el momento de abrir el periódico. Forzosamente, algo ha
quedado de todo esto.
Nos ha quedado el odio.
Nos ha quedado ese impulso que el otro día, en Dijon, lanzaba a un muchacho de
catorce años sobre un colaboracionista linchado para reventarle la cara. Nos ha
quedado ese furor que nos quema el alma al recordar ciertas imágenes y ciertos
rostros. Al odio de los verdugos ha respondido el odio de las víctimas…
Pues bien debemos vencer todo eso. Hay que sanar esos corazones
envenenados… No ceder al odio, no conceder nada a la violencia, no admitir que
nuestras pasiones nos cieguen…
Todavía hoy ciertos periódicos se dejan arrastrar a la violencia y al
insulto. De ese modo seguimos cediendo ante el enemigo. Se trata, por el
contrario y a nuestro parecer, de no permitir nunca que la crítica se convierta
en insulto, se trata de admitir que nuestro oponente puede tener razón y que en
cualquier caso sus razones, aunque malas, pueden ser desinteresadas. Se trata,
en fin, de rehacer nuestra mentalidad política.
¿Qué significa eso, si reflexionamos sobre ello? Significa que debemos
preservar la inteligencia. Pues estoy
persuadido de que ahí está el problema. Hace unos años, cuando los nazis
acababan de tomar el poder, Goering daba una idea clara de su filosofía al
declarar: ‘Cuando me hablan de inteligencia, saco la pistola’. Y esa filosofía
no se limitaba a Alemania. Por esa misma época y en toda la Europa civilizada,
se denunciaban los excesos de la inteligencia y las taras del intelectual. Los propios intelectuales, con una interesante
reacción, no eran los últimos en participar en ese proceso. Dondequiera
triunfaban las filosofías del instinto y, con ellas, ese romanticismo de mala
ley que prefiere sentir a comprender, como si ambas cosas pudieran separarse […]
Tal vez no haya ningún régimen político bueno, pero la democracia es,
con toda seguridad, el menos malo. La democracia es inseparable de la noción de
partido, pero la noción de partido muy bien puede existir sin la democracia. Eso
ocurre cuando un grupo de hombres se cree en posesión dela verdad absoluta. Por
eso la Asamblea y los diputados necesitan hoy una cura de modestia…
El demócrata, al fin y al cabo, es alguien que admite que un adversario
puede tener razón, lo deja expresarse y acepta reflexionar sobre sus
argumentos. Cuando unos partidos o unos hombres están persuadidos de sus
razones que aceptan cerrar la boca de sus oponentes por la violencia, entonces
la democracia deja de existir.”
Albert Camus, Crónicas (1944-1953), Alianza, pp. 70-74.
08 de noviembre del 2015
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