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miércoles, julio 15, 2009

NUEVAS EMBUSTERÍAS DE POLDY BIRD



En diciembre del 2008, supe por primera vez de Poldy. Me llegaba de manos de Cristina Castello, como parte de su equipaje de ofrendas y musicalidades. Hay tanta gente hermosa y maravillosa que anda cerca o lejos de nosotros, a quienes sólo llegamos a intuir, que cuando en nuestro camino se asoma una de ellas, con rostro e historia y un gesto que se hace de uno, ese instante se convierte en celebración.

A veces nos llegan vestidas de júbilo y alegrías, a compartir una aventura de resurrección. Otras, el hallazgo se hace en medio de una pena que quiebra la mañana hasta robarle hasta el canto de los pájaros. Así me sucedió con Poldy. Su hija, a quien tantas palabras había escrito para que quedaran allí como un velero de su amor cuando ella no estuviera, partió a destiempo, con un corazón fracturado.

Ella no pedía auxilio, y de haberlo hecho, nadie se lo podría haber dado. Pero tanto era su sentimiento de madre, que no le era desconocida la herida porque otros hijos de otros lugares y tiempos, se habían marchado y ella ya había aprendido a bordar sus cuenterías con la tristeza.

Y ella se quedó en nuestros recintos. Porque su batalla es la nuestra, sus hijos los nuestros, y sus ilusiones tienen también sonoridad de embusterías.

Ayer me llegó un papel de sus manos. Arribaba a un territorio que también le pertenece. Y con él venía este escrito, que forma parte de su libro Palabras para mi hija adolescente. En él habla de la amistad. Un derroche de sabiduría, que no viene de los tratados de psicología, ni es el resultado de profundas investigaciones sociales. Viene más bien del trajín de la vida, de ese asomarse a esa dosis de universo que constituyen los días, desprovistos de ropajes extraños, sin anticipaciones ni solicitudes, como tanto nos ha acostumbrado este tiempo de sequías al que asistimos.

Es una renovación de un sentimiento que tenemos extraviado, que dejamos caer a veces sin advertirlo, en una historia en la que todos nos convertimos en cómplices de una desavenencia que ni siquiera logramos identificar. Un espacio en el cual el aromado café de las madrugadas queda sin servir y las confituras hechas para compartir quedan en sus vasijas hasta perder su dulzor.

Estos consejos para Verónica bien nos sirven a cada uno de nosotros. Tal vez haya aún tiempo de soñar un mundo de amigos, un tiempo de mesas servidas, un solar de jazmines y una casa hecha sólo de ventanas.

Tal vez nos haga falta en el ritual de lo vivido reaprender ese viejo y hermoso oficio de intercambiar gotas de lluvia, hojas secas, ramilletes de flores, guijarros, arcoiris, un globo de colores o simplemente el corazón. Así los ojos aprenderán a ver. Las manos a guarecer precisamente lo que no se puede retener entre ellas. Y el amor a desenfundarse como una enredadera persistente y deslumbrante. mery sananes

Yo quiero un amigo
para compartir
lo que se comparte:
un ramo de lluvia,
un llanto, un jazmín,
la ronda en la calle.
Yo quiero un amigo
para recibir
lo que quiera darme:
una confidencia,
un globo, una risa,
un paso, una tarde.
Yo quiero un amigo
que quiera tomar
lo que le brindo
y pueda sentir
que en mi compañía
vivir es muy lindo.

El texto completo a continuación

LA AMISTAD * POLDY BIRD

Cuando rezo, mi niña, cuando le pido a Dios por vos, le digo: “Señor, haz que ame a todo el mundo, que su generosidad no sea solamente una palabra… pero que a sus amigos los elija parecidos a ella”.

Cuando se tiene un amigo para protegerlo y para darle y darle, solamente se consigue su rencor y su envidia. Los seres humanos, en general, no estamos educados ni preparados para saber recibir, y cuando nos dan nos sentimos como obligados a devolver, a sentir una gratitud excesiva, una dependencia irritante.

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domingo, diciembre 21, 2008

A POLDY BIRD


CRISTINA
EL SABADO 25 DE OCTUBRE (2008)
SE MURIO VERONICA, 
MI HIJA, MI NENA, MI TODO
DE UN INFARTO MASIVO  
(COMO MARTIN, SU PAPA,HACE AÑARES)
NO PUEDO AGREGAR NADA MAS
SOLO LAGRIMAS
LAGRIMAS
POLDY
A Poldy

He sabido de ausencias
de consuelos irreverentes
de dolores que no cesan
de despedidas que no son sino
reencuentros
de adioses que son como destellos violetas
que le dibujan arreboles a días ajenos
he conocido entrañablemente
el recinto donde se labran
las lágrimas y he recorrido en
cada una de ellas el itinerario
de bajeles que leon felipe
les encomendara para que
regresen cabalgando en el corcel
del viento a reinventar la vida
que no existe
he advertido las penas que tienen el
sabor al odio de dios
y aún de las que enamoradas
de la vida eterna han desolado
la tierra con su intemperancia
he sido abrazo y suspiro
tempestad y vendaval
sin que sequía alguna hubiese
reclamado tal torrente de aguas
he ascendido por las escarpadas
caminerías por las que Beethoven
se adjudicó la tristeza para
componer con ella su oda a la alegría
y con romain rolland he fraguado
corales que contienen los más altos
estatutos del hombre
sin que ella borre el espejo de la
lágrima que escribe la epopeya
en los rastros heridos de un corazón
sin nombre ni albergue
como si todos los hijos ausentes
de la tierra hubiesen depositado
su sonrisa amorosa sobre el pliegue
de una ilusión que no desfallece
y como si sobre ese suspiro
hubiese que deletrear de nuevo
el alfabeto que el mundo aún no conoce
y sin embargo cada vez es más honda
la tristumbre que se aposenta en las cuencas
de un tiempo que no logra sobrepasar
su ritmo de letargos


http://www.epdlp.com/asf/gorecki1.wma
Henrich Gorecki / Sinfonía de las Lamentaciones

MS

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EMBUSTERÍAS DE POLDY BIRD

Cristina Castello, quien siempre trae en sus alforjas algún equipaje frugal y necesario, nos hace llegar en este diciembre, un cuento y una carta. Las dos cosas son de nuestra absoluta incumbencia.

Nuestras Embusterías, como los Cuentos para Verónica, escritos por Poldy Bird, son material de y para niños, para adultos que no dejan de serlo, para quienes crecer no signifique doblegar la esencia que los hace creadores, imaginativos, sorprendentes y dueños de una sabiduría que no tiene límites, como su asombro y su mágica percepción de todo lo que vive.

Su carta, en la que da noticia de la muerte de su hija Verónica, es síntesis, en su silencio, de un dolor colectivo que hiere y dispara contra tantos hijos que se nos quedan en el camino, sin haber tenido tiempo de entregarle al mundo su ofrenda de porvenir. Nosotros somos apenas recipiente y vasija.

Verónica, como tantos otros hijos, que se nos fueron a hacer nido aparte en alguna galaxia de nuestro vasto corazón, refleja y reflejará siempre su risa en las pupilas de los niños que habrán de ser, en el manantial de quienes alcanzan con sus manitas ascender hasta el tumulto de los sueños y aún amanecer como eternos expedicionarios del vivir. MS

CHIQUITITA

Con los años que cumplís ya puedo hacer un ramo : doce. Una docena, Verónica. Te compré una pollera larga hasta el sue lo y unas sandalias con las que me alcanzás. Hermanas en altura. La gente te mira ya como a una muchachita. A nadie se le ocurre protegerte cuando cruzás la calle, ni despacharte última en el almacén o en la tienda, como les hacen a los niñitos.

"Una hija MUJER", me dicen los que nos conocen, y yo asiento, bieneducada, sin replicarles que no sé bien qué es MUJER, mujerona, señora, adulta, grande. .. , por­que me prometí no pasar de adolescente, y cumplo mis promesas.

He gastado caminos y he gastado zapatos, me he dado con la cabeza contra las pa­redes, pero nunca aprendí tanto como en estos doce años en los que anduvimos jun­tas. Empecé caminando con pasitos de flor, alzándote con miedo, sintiéndote tan mía y tan extraña al mismo tiempo. Vos me fuis te enseñando qué hacer en cada caso. Ibas creciendo y yo crecía con vos. Me llegabas al muslo, a la cintura, al hombro... Aho ra, a veces, hasta me protegés, hasta me das consejos.

Vos me enseñaste lo que es una madre. Eso era algo que yo desconocía. La última vez que yo llamé mamá y me respondieron, tenía ocho años. Y después, nunca más.

A veces, con miedo, grité desesperada "Mamá, ayudame" : la noche en que na ciste, la tarde que perdí al bebé, en Bar celona, la mañana de noviembre que me operaron.

Y vos me respondiste, mi Verónica.

Cuando naciste con un llanto "aquí estoy".

En Barcelona, rodeándome con tus bracitos y pidiendo " Que no te pase nada, que no te pase nada". Y en noviembre del año pasado mostrándote serena, y por debajo de la serenidad, ese temblor que tan bien reconozco.

Así que me enseñaste que una madre es respuesta,

que una madre es camino,

que una madre es un puerto.

Respuesta que no miente, que aclara y se rena.

Camino que va recto hacia su destino.

Puerto que no corre tras los barcos, sino que los espera y los recibe.

Yo negaba un poco que ibas creciendo. Crecías en el largo de los ruedos y en el número de los zapatos... pero la vez que me di cuenta de que ibas dejando el claro país de la infancia fue hace dos veranos, cuando pasamos frente a una calesita... y no pediste subir. A tu papá y a mí nos dieron unas ganas locas de llorar.

Un ramo. Doce años. Doce colibríes. Doce rositas de azúcar.

¿Cómo serás cuando seas grande? Te re conozco desde ya : capaz de soportar las heridas que te hagan, pero incapaz de he rir.

Esgrimiendo la justicia como una vara de nardos.

Segura de lo que querés. Segura de lo que no querés.

Un ramo. Doce años. Doce jazmines. Doce espadas.

¿En qué nos parecemos?

Yo tan temerosa. Vos tan firme.

Yo tan enamorada de las letras. Vos tan enamorada de la vida.

Yo sin saber nadar. Vos buceando piedri tas bajo el agua.

Yo solitaria. Vos colgándote un collar de amigas.

¿En qué podemos parecernos, habiendo te nido vidas tan distintas?

Yo no quiero que te parezcas a mí, que puedan humillarte, que puedan hacerte sufrir, que recibas el cariño como un mi lagro o un premio, que pienses que sola­mente tenés que dar y lo que te den debe rás devolverlo con creces.

No, no quiero que te parezcas a mí, tan ne blinosa, tan necesitada de afectos. Quiero que seas esa lámpara encendida que da luz a los que amás y a los que te aman.

Doce años, Verónica. Doce campanitas.

Una docena de veranos. Un ramito de llu vias de cristal.

Ya has dejado de ser una nena para todos los que te ven.

A nadie se le ocurriría regalarte una mu ñeca.

A partir de ahora serás chiquitita sola mente para mí.

Chiquitita nada más que para mamá.

Chiquitita que te tapo, que hace calor y te destapo, que te saco el pelito de la frente, que guardo tu primera batita, el primer dientito que se te cayó...

Chiquitita para mí, que te miro y te veo así de grande como estás hoy, y al mismo tiempo así de chiquitita como eras.

Y siempre se estarán superponiendo las dos imágenes en mi corazón, de hoy en adelante. Y de hoy en adelante serás... serás más mía que nunca, chiquitita.


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