a tres años de su vuelo
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jueves, abril 28, 2011
AMANECER DE AUYAMALES
a chilita
a tres años de su vuelo
a tres años de su vuelo
No concluirá este abril sin que
tus manos tinajeras vuelvan a
regar de confiterías los pozos
de la tristeza
Ni quedara el diecisiete de tu
partida anclado en la memoria
del olvido
Porque cada día estalla
en la cadencia altiva de la
espiga de la caña
el espejo de las lágrimas que
no tuviste tiempo de verter
mientras cocías en el fogón
risas de cabello de ángel
para prendérselas en los rostros
de las hijas
Queda en los abriles el aroma
de tus manos milagrosas que
bordaban las telas con el hilo
metálico de tus desazones mientras
derramabas acordes de fuga
en los arcones de tu infancia
Queda la extensión de tus brazos
en el registro de las caricias y la
huella asimétrica de tu dolor en
la incandescencia de un fuego que
nace en el regazo de las aguas
La huella de tu travesía es una
herida en el corazón de una flor
un paisaje al que le han robado
el horizonte el canto quebrado
de una pimpina hecha de viento
Y sin embargo tu memoria es un
alucinante amanecer de auyamales
florecidos cuyos frutos recogemos
en la orfebrería de las horas para
nutrir la vida con el imán de
tu ternura
ms
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lunes, octubre 04, 2010
LA RESURRECCIÓN DE LAS GRANADAS
a chilita
en este nuevo
cuatro de octubre

Cada octubre regresas
engalanada de embusterías
que aliñas con todas las lágrimas
que contuviste para que los innumerables
niños que albergaste en tu regazo
sólo supieran de risas

Cada octubre vienes
con tu cargamento de confituras
tu azafate de bizcochos y el hilo del
azúcar dándole a los suspiritos su
exacta dimensión de golosina
para repartirlos en la vereda de los
sueños que se esfumaron en las noches
sin cobijo

Cada octubre te llamamos
para escuchar de nuevo el dulce
adagio de tu voz inventándole florerías
a los abruptos paisajes de una
tristeza que no culmina
y celebrar el milagro de tu resurrección
en el estallido de las semillas de granada
que aún dibujan en los solares
el rumor de una alegría que la abuela
guardaba en los pliegues del pañuelo
en los que envolvía su sonrisa
para derramarla entre sus dedos
como una caricia dulce y eterna
mery sananes / 04 de octubre del 2010
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sábado, abril 24, 2010
EMBUSTERÍAS DE VUELO - A CHILITA

a dos años de su vuelo
Como un pelícano arañaste la piedra
para dejar en ella señales de un agua
dulce y cristalina como el río fértil del
que estabas hecha

Tu ojo avizoraba desde lejanías de
tierra adentro el pez que domarías
entre tus dedos para que se hiciese
risa en los labios de tus niños
y tus alas se desplegaban cada día como
un abrazo capaz de arropar el universo
con las confituras que manaban de tus
dedos móviles como estampida de granadas
maduras o explosión de flor de baile

No hubo descanso para las
labores de enjambre que acometiste
en tu sueño de construirle un panal
incesante a las tardes que aletargaban
tu vuelo y recogían el oleaje

Ofrendaste a la vida el milagro de
todas las resurrecciones aunque en
tu rostro se dibujaban despedidas
a las nunca asistimos

Tu plumaje taciturno se vestía
cada amanecer de un resplandor
de tiempos futuros y en tu rostro
marino una canción aromada de
muelles asistía a la consagración
de mares lejanos por los cuales
una madrugada ascendiste de
nuevo a las colinas de donde venías
trenzada con corales tu cabellera
de hilos de noche y esperanza

En verdad nunca te fuiste ni te irás
a pesar del vuelo a las honduras
que dibujó un horizonte de guayabas
sobre el torrente de tus sueños
de solar y regazo que reviven en
cada sonrisa que los niños le
roban a la tristeza glacial de este
tiempo sin cecilias

fotos y texto / ms
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martes, octubre 06, 2009
EMBUSTERÍAS DE OCTUBRE

a chilita
Cada octubre se levanta
irrefutable la tenaz permanencia
de una ternura que se adhiere
a los parpados de los días a
los que sigues aferrada
04 de octubre del 2009
ms
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viernes, abril 17, 2009
ABRILERÍAS PARA CHILITA
Te fuiste en primavera
a sembrarte en el azul
de un abril que se quebró
entre tus manos de almíbar
a repartir tus florerías
hechas de sequías silencios
y desgarraduras

Te habías movido entre espejos
invertidos inciensos con sabor
a desolados callejones
enlutados enjambres de
huertos sin frutos
empeñada como estabas
en hacer volar las maderas
de los árboles que surcaban
tu fogón siempre encendido

Habías socavado hasta en los más
abruptos canjilones de la melancolía
en busca de un acorde que no
quedara atrapado en el confín
de la lágrima que nunca derramaste
sin encontrar otra alianza
que el suspiro itinerante de los niños
que se dormían en el esplendor
de tu regazo bordado con los hilos
de la risa que aliñabas cada día
como un manjar único
para servírselo a la vida

Viniste de un octubre aromado
de retoños de abuelerías
que nunca cesaron de derramar
sus azafates de golosinas
sobre tiempos de despedidas
a ser guardián y centinela de
un tumulto de flor de baile
un aroma de guayabos
y un porche donde ocurrían
los milagros de todas las especies

Y no resistió tu estructura de mariposa
tu engranaje de pájaro herido
por los perseguidores de nidos
ni tu ingeniería vital amasada
con pan de avena y membrillares
la embestida de los dolores
que se afincan en el alma
como una blasfemia
Con una pena de pozos te fuiste
pero no así tus encantamientos
que estallan como el granado del patio
esparciendo tu indetenible torrente
de ternura sobre cada uno
de nuestros días por siempre
y para siempre amén
17 de abril del 2009
MS
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jueves, julio 17, 2008
APOTEOSIS DE PREGUNTAS

El tiempo es una historia
que no termina una apoteosis
de preguntas en dirección al silencio
un estruendo de pájaros en migración
hacia el solsticio de una flor
Un imperativo sin sentido que se
aposenta en los calendarios
sin advertir que nada detiene su
armónica marcha de días represados
en el interior de un suspiro
que no concluye
Por ello la ausencia es una patraña
para asustarnos un remolino
que se acuesta sobre el horizonte
como si todo el universo no fuese
sino la señal resplandeciente
de una curvatura que gira
en el envés de los días vividos
sobre la extensión de un planeta
que aún no tiene nomenclatura
La tristeza es la distancia que traza
la pupila entre la risa que se apaga
y el florecimiento de las ramas
que señalan el cumplimiento de los
códigos más antiguos de la tierra
en su irreversible ejercicio
de resurrección
Y entonces un lenguaje se desborda
de las madrugadas escribiendo la carta
astral de los amaneceres en su incesante
empeño de verter sus soles en las
encrucijadas de las cayenas que aún
no nacen y en la estela de pétalos
que dejan constancia para siempre
del ajuar de los abriles que se abrigaron
en los julios para la celebración
que no termina una apoteosis
de preguntas en dirección al silencio
un estruendo de pájaros en migración
hacia el solsticio de una flor
Un imperativo sin sentido que se
aposenta en los calendarios
sin advertir que nada detiene su
armónica marcha de días represados
en el interior de un suspiro
que no concluye
Por ello la ausencia es una patraña
para asustarnos un remolino
que se acuesta sobre el horizonte
como si todo el universo no fuese
sino la señal resplandeciente
de una curvatura que gira
en el envés de los días vividos
sobre la extensión de un planeta
que aún no tiene nomenclatura
La tristeza es la distancia que traza
la pupila entre la risa que se apaga
y el florecimiento de las ramas
que señalan el cumplimiento de los
códigos más antiguos de la tierra
en su irreversible ejercicio
de resurrección
Y entonces un lenguaje se desborda
de las madrugadas escribiendo la carta
astral de los amaneceres en su incesante
empeño de verter sus soles en las
encrucijadas de las cayenas que aún
no nacen y en la estela de pétalos
que dejan constancia para siempre
del ajuar de los abriles que se abrigaron
en los julios para la celebración
de una estadía festiva y amorosa
foto y texto /mery sananes
Samuel Barber / Adagio
17 de julio del 2008
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lunes, abril 21, 2008
TEJEDORA DE VIDA

Y se fue tejiendo su soledad
en cada puntada de un hilo
sin final que se iba desprendiendo
de sus manos confiteras
como si aquel manto interminable
pudiese cobijar la vida entera
Se fue silenciosamente sin que
advirtiéramos que su palabra formaba su
travesía hacia el interior de sus suspiros
como si ya todo hubiera sido dicho
Se hizo ausencia mientras aún sus
párpados no habían alcanzado
la hondura de las noches
presta como estaba a cualquier
aventura que la pudiera devolver
al regazo insomne de sus abuelerías
Se deslizó imperceptible hacia
el precipicio de los espejos
que se miran a sí mismos
sin siquiera detenerse en el dintel
de sus respiraciones
Hasta que cesó su tiempo de penas
su dolor desahuciado su caída tremebunda
para dejarla inerte en el pozo
de los ojos que ya no podían mirar
los rostros borrosos de los antepasados
que regresaban a buscarla
sin hilo de papagayo ni cauce de agua
Y nosotros nos quedamos inermes
ante tanta perplejidad de espejos que no miran
de párpados que no se abren
ante el fulgor de los ríos que nacen
de las tempestades más altas
desasistidos de todo consuelo
ovillada la vida sobre la elipsis
de una luna en súbito menguante
queriendo alcanzar inútilmente
la vertiente de dulzura que manaba
de sus días alfareros
mery sananes
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jueves, abril 17, 2008
TU CORAZÓN HECHO DE MIGAS

a chilita
No supieron las células nuevas
en qué tesoro de vasijas se habían
ido a anidar ni pudieron advertir
las tesituras del organismo
en el que se apostaron de improviso
para crecer vertiginosa y despiadadamente
sin conocer las transparencias
que le servían de murallas ni los dulzores
que emanaban de sus concavidades
Ocurrió como si las leyes de la vida
se hubiesen roto de pronto para
dejar entrar el caos y el destrozo
que silencia cantos amortaja
caricias y acalla suspiros
pero sabemos que no fueron
las circunvalaciones acuáticas
las que fallaron en acudir a los sitios
de sequía sino el humo oscuro de las
calles el crujir de las balas en las noches
el llanto inacabado de los niños
la soledad majestuosa que se vuelca
sobre los días más ruidosos
los que resquebrajaron los vasos
comunicantes para convertirlos en
una trampa feroz de dolor e intemperancia
No pudo su corazón hecho de migas
de avena contener el ataque feroz
que la dejó recogida sobre sí misma
como volviendo a los tiempos de sus orígenes
no pudo la madeja incandescente de sus
crinejas abortar la química insensata de
una ciencia a espaldas de la maquinaria
asombrosa del hombre
ni la largura interminable de sus abrazos
contener la tempestad de estremecimientos
que se volcaron sobre sus inocencias
Tuvo que ir cediendo su raigambre
de jobos su esencia de confitura
tan lentamente como se desliza
la melancolía en el hijo
que se va y no retorna
como el rubor que se convierte en
hendidura del alma
en lágrima atrapada en el vértice
de párpados que ya no lloran
Y sin embargo no dejó de encender el retoño
de su sonrisa ni de repartir sus bendiciones
entre las desmesuras del agua y la partitura
en ritornelo de su frágil geografía de sueños
inconclusos bordados en cruz en aquellos hilos
que hacían danzar sus manos laboriosas
como si fuesen diminutas abejas
en labores de panal
Se nos fue a destiempo como cuando se represa
un río en su nacimiento o se hiere de ala
el vuelo frugal de los pájaros
en su travesía hacia la vastedad de los cielos
como quien clausura la noche
para que deje de sorprender el resplandor
de los amaneceres o confina el asombro
a los apagados vagones del dolor
sin que el amor logre acunarlo
en sus eternos floreceres
Se fue en fuga en dirección inversa
a la savia hacia las raíces de los lirios
y los azahares en busca del regazo materno
que nunca dejó de esparcir sus guarapos
milagrosos sobre los transeúntes que se detenían
en el porche de su delantal oloroso a maíz
Conocía de memoria las huellas de aquel
agosto que deshizo la magia de todos los
calendarios hasta hacer de los días
un retazo de tiempos sin historia y se fue
sin querer irse de aquellas risas
que forjó desde la destemplanza de los otros
para reinventar reverdeceres desde
la cima de un pañuelo que nunca dejó
de enjugar los sinsabores de los patios
desasistidos de flor de baile
Se andará preguntando por las edades
antiguas de marcos y rafael
encaramados en los andamios de la alegría
para reponerle a la abuela sus horas sin
azafate y le estará llevando a esteban
recados de piña y sus viejos utensilios
de maestro de obra para que recomponga
una casa con paredes de enredaderas y
solares de bromelias
Tal vez allí en ese recinto del porvenir
aflore de nuevo en su rostro la urdimbre
resplandeciente de sus horas niñas
Mientras en este intervalo incesante
otra vez la ida se convierte en un
regreso anticipado de tristezas antiguas
como si todas las penas se juntaran
en el diámetro de las telas que recubren
la palabra que no tuvo aliento para
regalarle a los niños el corazón
de las pomarrosas aún a sabiendas
del viento gigante que amortaja
el tiempo finito de los ciclos solares
Y se nos hizo angosto el horizonte
para contener el dolor
estrecha la nomenclatura de la lágrima
para avivar los paisajes de las devastaciones
diminuto el espacio del alma para
poner en movimiento todo aquello
que se detiene en el umbral de los
cristales avenidos en espejos
sin tulipanes ni asomo de candilejas
Y sin embargo es nuestra la tarea
de dinamitar la tristeza para que mañana
los pliegues de tierra cobijen
los gajitos de mandarina
y la sal resguarde los suspiritos de agua
que vertimos sobre el universo
para dejar las señales de la vida
que aún tenemos que vivir
17 de abril del 2008
No supieron las células nuevas
en qué tesoro de vasijas se habían
ido a anidar ni pudieron advertir
las tesituras del organismo
en el que se apostaron de improviso
para crecer vertiginosa y despiadadamente
sin conocer las transparencias
que le servían de murallas ni los dulzores
que emanaban de sus concavidades
Ocurrió como si las leyes de la vida
se hubiesen roto de pronto para
dejar entrar el caos y el destrozo
que silencia cantos amortaja
caricias y acalla suspiros
pero sabemos que no fueron
las circunvalaciones acuáticas
las que fallaron en acudir a los sitios
de sequía sino el humo oscuro de las
calles el crujir de las balas en las noches
el llanto inacabado de los niños
la soledad majestuosa que se vuelca
sobre los días más ruidosos
los que resquebrajaron los vasos
comunicantes para convertirlos en
una trampa feroz de dolor e intemperancia
No pudo su corazón hecho de migas
de avena contener el ataque feroz
que la dejó recogida sobre sí misma
como volviendo a los tiempos de sus orígenes
no pudo la madeja incandescente de sus
crinejas abortar la química insensata de
una ciencia a espaldas de la maquinaria
asombrosa del hombre
ni la largura interminable de sus abrazos
contener la tempestad de estremecimientos
que se volcaron sobre sus inocencias
Tuvo que ir cediendo su raigambre
de jobos su esencia de confitura
tan lentamente como se desliza
la melancolía en el hijo
que se va y no retorna
como el rubor que se convierte en
hendidura del alma
en lágrima atrapada en el vértice
de párpados que ya no lloran
Y sin embargo no dejó de encender el retoño
de su sonrisa ni de repartir sus bendiciones
entre las desmesuras del agua y la partitura
en ritornelo de su frágil geografía de sueños
inconclusos bordados en cruz en aquellos hilos
que hacían danzar sus manos laboriosas
como si fuesen diminutas abejas
en labores de panal
Se nos fue a destiempo como cuando se represa
un río en su nacimiento o se hiere de ala
el vuelo frugal de los pájaros
en su travesía hacia la vastedad de los cielos
como quien clausura la noche
para que deje de sorprender el resplandor
de los amaneceres o confina el asombro
a los apagados vagones del dolor
sin que el amor logre acunarlo
en sus eternos floreceres
Se fue en fuga en dirección inversa
a la savia hacia las raíces de los lirios
y los azahares en busca del regazo materno
que nunca dejó de esparcir sus guarapos
milagrosos sobre los transeúntes que se detenían
en el porche de su delantal oloroso a maíz
Conocía de memoria las huellas de aquel
agosto que deshizo la magia de todos los
calendarios hasta hacer de los días
un retazo de tiempos sin historia y se fue
sin querer irse de aquellas risas
que forjó desde la destemplanza de los otros
para reinventar reverdeceres desde
la cima de un pañuelo que nunca dejó
de enjugar los sinsabores de los patios
desasistidos de flor de baile
Se andará preguntando por las edades
antiguas de marcos y rafael
encaramados en los andamios de la alegría
para reponerle a la abuela sus horas sin
azafate y le estará llevando a esteban
recados de piña y sus viejos utensilios
de maestro de obra para que recomponga
una casa con paredes de enredaderas y
solares de bromelias
Tal vez allí en ese recinto del porvenir
aflore de nuevo en su rostro la urdimbre
resplandeciente de sus horas niñas
Mientras en este intervalo incesante
otra vez la ida se convierte en un
regreso anticipado de tristezas antiguas
como si todas las penas se juntaran
en el diámetro de las telas que recubren
la palabra que no tuvo aliento para
regalarle a los niños el corazón
de las pomarrosas aún a sabiendas
del viento gigante que amortaja
el tiempo finito de los ciclos solares
Y se nos hizo angosto el horizonte
para contener el dolor
estrecha la nomenclatura de la lágrima
para avivar los paisajes de las devastaciones
diminuto el espacio del alma para
poner en movimiento todo aquello
que se detiene en el umbral de los
cristales avenidos en espejos
sin tulipanes ni asomo de candilejas
Y sin embargo es nuestra la tarea
de dinamitar la tristeza para que mañana
los pliegues de tierra cobijen
los gajitos de mandarina
y la sal resguarde los suspiritos de agua
que vertimos sobre el universo
para dejar las señales de la vida
que aún tenemos que vivir
17 de abril del 2008
mery sananes
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miércoles, abril 09, 2008
LA REGIÓN PRECISA DE LA ALEGRÍA

En el rostro de ana cecilia
habitan las desheredades de todos
los tiempos pero en su sonrisa
olorosa a azahares residen todas las
ternuras del planeta
No la sojuzgan ni las tristezas
ni los avatares de esos que inscriben
en la vida las tesituras del desconsuelo
Sus manos alfareras son el regazo
oceánico de sus entregas y en su
corazón hay un eterno azafate de
golosinas que reparte como si en la
oquedad de sus silencios se abrieran
las compuertas de todas las despensas
Nunca conocí a alguien que amasara
el trigo como ella lo hace con una larga
paleta de madera que pareciera volar
sobre la vasija de sus manjares
Sólo a ella la he visto aliñar de clavos dulces
la piel de las toronjas quitándole el amargor
con viejas cenizas de ramajes secos
o troquelar en gajitos los tomates
hasta convertirlos en recinto de mieles
Construyó siempre una casa de muchos
pisos donde cupieran los niños de la vida
que sin embargo sólo encontraron
cobijo en su regazo de uva de playa
Y sin embargo aún le sobra espacio
para los quereres que se arriman
buscando en la arquitectura de su alma
la región precisa de la alegría
Ana Cecilia tiene la estirpe de la abuela
ramona y aprendió de ella a hacer rendir
el pan de avena de todos los jesuses
para que a nadie se le quede solitario
el guarapo servido en el peltre
azul metálico de sus sueños de niña
Ana Cecilia parió sus hijas y siguió
pariendo nietos desde el cálido horno
de sus bastiones de encantadora
de nostalgias y reminiscencias de
ausencias de las que ya nadie se acuerda
Y sin embargo no cesa de invocar
la música como bálsamo para ahuyentar
los malos espíritus y multiplicar las
madrugadas que esparcen sus aromas
habitan las desheredades de todos
los tiempos pero en su sonrisa
olorosa a azahares residen todas las
ternuras del planeta
No la sojuzgan ni las tristezas
ni los avatares de esos que inscriben
en la vida las tesituras del desconsuelo
Sus manos alfareras son el regazo
oceánico de sus entregas y en su
corazón hay un eterno azafate de
golosinas que reparte como si en la
oquedad de sus silencios se abrieran
las compuertas de todas las despensas
Nunca conocí a alguien que amasara
el trigo como ella lo hace con una larga
paleta de madera que pareciera volar
sobre la vasija de sus manjares
Sólo a ella la he visto aliñar de clavos dulces
la piel de las toronjas quitándole el amargor
con viejas cenizas de ramajes secos
o troquelar en gajitos los tomates
hasta convertirlos en recinto de mieles
Construyó siempre una casa de muchos
pisos donde cupieran los niños de la vida
que sin embargo sólo encontraron
cobijo en su regazo de uva de playa
Y sin embargo aún le sobra espacio
para los quereres que se arriman
buscando en la arquitectura de su alma
la región precisa de la alegría
Ana Cecilia tiene la estirpe de la abuela
ramona y aprendió de ella a hacer rendir
el pan de avena de todos los jesuses
para que a nadie se le quede solitario
el guarapo servido en el peltre
azul metálico de sus sueños de niña
Ana Cecilia parió sus hijas y siguió
pariendo nietos desde el cálido horno
de sus bastiones de encantadora
de nostalgias y reminiscencias de
ausencias de las que ya nadie se acuerda
Y sin embargo no cesa de invocar
la música como bálsamo para ahuyentar
los malos espíritus y multiplicar las
madrugadas que esparcen sus aromas
de guayabas y delicias de cabello de ángel
Ana Cecilia aún resquebrajada su piel
de tanto querer ser río en dirección
inversa a las represas que lo contienen
tiene la hermosura de los niños que
conocen la risa y mastican caramelos
Cuando los aguaceros se llevaron los techos
a los árboles le crecieron copos para abrazar
el tintineo de las gotas sobre las láminas
del desespero que nunca llegó a desbordarse
sobre las grietas de los muros que ya no estaban
Ana Cecilia es un tiempo que nunca pasa
que se sujeta a las mañanas sin advertir
el paso de las tardes hacia las noches
sin respiraciones
Ana Cecilia se prende de los párpados
y deja en ellos un canto dúlcimo que se
enhebra para siempre en el paladar del alma
La conocí hace mucho cuando recogía
frutos en el solar de las abuelerías
para ofrendárselas al hermano que habitaba
soledades de café y encierro
y desde entonces transitamos juntas
las perplejidades y los desconciertos
sin que nada nos detenga el amor
que derrochamos sostenido en la clave
solar de un patio poblado de granadas
y hierbabuena
Ana Cecilia se nos crece cada día
en los intervalos de un temblor que
la asedia ajeno a su cántaro de risas
y ofrendas de suspiritos de azúcar
y empanadas de coco
Y por ello hoy le venimos a traer
a orillas de su temple de costurera
de estrellas y bastidora de luciérnagas
como talismán
para sus noches de opacidades
estas ganas de hacerla
retoñar como un arbusto de siemprevivas
retoñar como un arbusto de siemprevivas
este abrazo hecho
de la savia de las sávilas y el hilo
de los cometas de la infancia
para que en su travesía hacia las
de la savia de las sávilas y el hilo
de los cometas de la infancia
para que en su travesía hacia las
algarabías que tejen sus amores
nunca falte el paisaje fugaz de las
flores de la abuela catedrales de luz
que para siempre nos habrá de regalar
nunca falte el paisaje fugaz de las
flores de la abuela catedrales de luz
que para siempre nos habrá de regalar
sus malabarismos de encantos
y sus arrestos de mandarina y cundeamor
ms
abril / 2008
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y sus arrestos de mandarina y cundeamor
ms
abril / 2008
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