viernes, abril 03, 2026
Dura la lucha por la vida
Ernesto Campos
Enyerve Mejías
Transformarse y forjar un nuevo modo de vivir junto a sus parientes
cercanos -conciencia, gratitud, espíritu, esperanza, ocupación, optimismo,
salud, responsabilidad, valentía- a partir del acecho de la muerte y sus
allegados -ego, culpa, depresión, drama, enfermedad, incertidumbre,
inconsciencia, lástima, miedo, ocio, padecimiento, queja, soledad, sufrimiento,
tragedia, victimización, ruido mental-, eso sólo lo hace un Maestro y esa es la
labor adelantada por el montañista Ernesto Campos.
Y Ernesto, además de permitirnos acompañarle a hacer ruta en el Ávila el
pasado 07 de febrero de 2026, nos comparte un conjunto de herramienta que le ha
sido de gran provecho para su tránsito por la montaña y la vida, su desarrollo
profesional -como bombero universitario, rehabilitador geriátrico y terapeuta
ocupacional- y la gestión de su condición de persona con discapacidad como
consecuencia del cáncer, a saber: Resiliencia como responsabilidad con la
familia y los amigos, abrazar el presente -de la mano de Eckhart Tolle y El Poder del
Ahora-.
Desapego, observar los pensamientos y emociones, re encuadrar tu
historia, superar el antropocentrismo, estimular los sentidos -vista, gusto,
oído, olfato tacto-, cultivar el mundo interior y blindarlo frente al entorno,
poner en práctica valores tales como la humildad, servicio, tolerancia, trabajo
voluntad, reconocer el papel de la transitoriedad de los ciclos de la vida,
entre otras.
Es de destacar, que la Maestría de este senderista no emana de un
enfoque académico, sino de su experiencia de vida. Y es precisamente por esto
que “es adictivo escucharle”, tal y como Isaac Benzaquen le dice a Ernesto
durante la caminata-conversación: “Entiendo que todo lo que realmente nos has
transmitido emana de la experiencia, no es algo teórico que está aquí, en la cabeza-,
sino que es algo vivido por ti y de ahí nace la sabiduría de tus palabras. Esas
palabras por eso atraen, por eso quedan aquí en el corazón”.
Adicionalmente, el montañero nos entrega recomendaciones sobre
alimentación, uso de redes sociales e ingesta de noticias. Y sí aún no fuese
más que suficiente, nos regala una serie de frases impresas en algunas de sus
desgastadas franelas: 1. “Quítale el drama y llega hasta donde quieras llegar”.
2. “Si llorando lo logras solucionar, dime para que fundemos un grupo de
llanto”. 3. “La última vez que me lamenté solo conseguí perder mi valioso tiempo,
eso sí que lo lamento”.
Y es que hay gente que no se cansa de servir y entregar, y ese es el
caso de Ernesto Campos. Queda al espectador/lector aceptar esta invitación al
montañismo y con voluntad, decisión, herramientas y orientación en mano, salir
a luchar por la plena existencia.
Porque este es el compromiso mayor que debemos, y tenemos que cumplir
quienes estamos decididos a no vivir en muerte, como pide un viejo poeta, y que
Ernesto lo hace plena realidad.
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