domingo, mayo 31, 2026

¡Un poeta, amigo y hermano nunca se despide!

Palabras para el Ramón de siempre

Mery Sananes


Hoy hemos recibido la noticia del pasaje del hermano, el amigo, el científico. Maestro en las aulas, poeta en su interior que deja en su andar palabras del nunca olvido. 


Muchos años compartimos nuestros afectos y cada uno de nosotros verificamos las labores realizadas, mientras dejábamos los signos permanentes de un hombre dedicado a enseñar la calidad del vivir, mientras el mundo que veía dejaba las señales contrarias.

Su paso por el vivir se alineó siempre a la belleza de la geografía, el manantial infinito de las tierras floridas y las aguas cristalinas que destilan los sueños.

Su transitar deja huellas indelebles y quien haya tenido el festejo de compartir su oficio, no borrará jamás las lecciones estrujadas para poder delinear el suelo de una naturaleza multiplicadora de un mundo construido a la altura del vasto espacio de lo que sobrevive.

En este día, un dolor infinito se nos aposenta en el interior en medio del arrullo que nos trae algún aliento espiritual. Y sólo podemos agregar que jamás hemos de olvidar sus lecciones siempre acompañadas de un querer sin fin.

Querido Ramón, seguimos confiando en las inmensas lecciones que nos dejaste día tras día y seguimos cumpliendo las tareas que aún nos quedan por cumplir para estar al nivel de tu sueño de haber dejarnos el legado que jamás podremos convertir en olvido.

Y así, te sentimos a nuestro lado portando la sonrisa que jamás perdiste aún en el tiempo de combatir tus males.

Y hay una copa compartida que jamás ha de desaparecer y un abrazo infinito que te dejamos para que sepas que jamás hemos de estar ausentes de tus nuevos aposentos que hemos de llenar de esas florerías de vida, que seguirán creciendo en los jardines de tu otra casa y en el adolorido corazón que habrá de recomponerse en cada memoria, en cada gesto compartido y en ese abrazo que se nos quedó indeleble en el más adentro. 


Es el propio e íntimo Ramón en reflexión sobre el silencio que alguna vez se adueñará de nosotros. Y así lo ve y siente el poeta:

... “Suficiente sentir la brisa en el rostro para descubrir asombros y sospechas
Gritar en el silencio un momento de acoso, sin presión alguna por sentirnos en el lugar indicado

Sirva ese lugar para construir nuevos silencios y palabras íntimas, mudas tal vez, como muestra de la pertenencia acumulada

Tan nuestras las palabras como susurro del viento que brinda caricias y recuerdos, sin compromisos en la espera

Y cuando vuela el pensamiento hacia espacios de absoluto imaginario, trascendemos en sueños más allá de las eternidades” …

¡Ramón, y aún así, en tu absoluto silencio, más allá de tus eternidades, seguirás en el arrullo de nuestro permanente recuerdo y en el más inmenso quererte! 
30 05 26 

Y dice el poeta:

Una vez más nos sorprende Ramón Santaella.
Y no porque sea una sorpresa este poema que 
Una vez más nos sorprende Ramón Santaella.

Y no porque sea una sorpresa este poema que 
nos envía, sino porque la pregunta que sobreviene 
es si se trata de un poeta metido

a geógrafo y científico social o si por el contrario 
es la contemplación
del paisaje geográfico y humano el que lo conduce 
a esta reflexión sobre el silencio.

Nosotros apostamos a que es el poeta que hay 
en él lo que dictamina sus rumbos, sus palabras 
y sus haceres.

Y he aquí un testimonio de ello.

Sus preguntas aún quedan buscando respuestas.
ms

EL SILENCIO


Tomo por asalto el silencio residual del bullicio cotidiano 

Supuesta intimidad para dialogar conmigo mismo 
en la construcción de los conceptos necesarios 
para sobrevivir como humano 

Aprovecho la circunstancia del momento 
cualquiera para intimarme durante minutos y segundos 

Me nutro de pensamientos cuando invento 
tiempos para construir sueños y forjar 
ideas de supuesto compromiso imaginario,
hasta comprobar cada una de las propuestas 

Entonces presiento la palabra adherida 
como hiedra sobre la roca como si fuese 
pertenencia escondida 

Infinita propiedad pensada, mil veces 
compañera, sin delación alguna de lo poseído 

Es cuanto poseo, más allá de la sonrisa dibujada
en mis labios como huella gozosa 
de un universo íntimo, imaginario 

¿Acaso cinismo personal ante la vida o 
cobardía ante lo acontecido? No es necesario 
revelar palabras ni compartirlas con alguien 
que no escucha 

Solo basta cerrar los ojos y evitar denuncias 
provenientes de la mirada 

Suficiente, sentir la brisa en el rostro para 
descubrir asombros y sospechas 

Gritar en el silencio un momento de acoso, 
sin presión alguna por sentirnos en el lugar indicado 

Sirva ese lugar para construir nuevos 
silencios y palabras íntimas, mudas tal vez, 
como muestra de la pertenencia acumulada 

Tan nuestras las palabras como susurro 
del viento que brinda caricias y recuerdos, 
sin compromisos en la espera 

Y cuando vuela el pensamiento hacia 
espacios de absoluto imaginario, 
trascendemos en sueños más allá de las eternidades 

Presentimos que el horizonte permanece 
vacío de recuerdos escondidos en posible 
infinitud como si fuesen inconclusos o simples 
palabras poblando el recinto de los deseos 

Entonces, se exalta el pensamiento 
en el instante del susurro y demanda 
de los dioses la libertad de la palabra prisionera 

Musa real en la construcción imaginaria 
de universos en el tiempo de las edades 

¿Acaso, todo depende del silencio obligado 
o habrá de inventarse hechos que 
perturban los momentos? 

Silencio y palabra han de reinventarse 
hasta transformar los segundos de la espera 

Suficiente para construir sueños 
en la conformación de los deseos 

Y la palabra ha de permanecer 
escondida en el extravío consciente
del silencio, ignorando susurros y asombros.

 Ramón Santaella Yegre


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