domingo, abril 30, 2017

ÚLTIMA LUNA DE ABRIL




La última luna de abril 
entra en mayo
en cuarto creciente
buscando un plenilunio
que alcance a todos

¡Ojalá que así ocurra!


foto / mery sananes



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UN NUEVO VALS


para hilario barrero
y sus aves

nadie puede destruir la belleza, señora
la tierra no es un lugar para resignados
bailaremos hasta que el sueño humano
se haga realidad

jean jacques pierre paul


Lo llaman petirrojo
pero se engalana con todas  
las tonalidades que la luna
derrama sobre la noche
cuando conjuga en plenilunio
el poema ardido
de sus nostalgias



Se posa en las ramas
mirando y moviendo sus alitas 
con los tremores del primer beso
aguardando la dulzura del fruto
que aún no ha nacido



Silba desde el claro
campanario de su pecho
un canon en el si menor
de las plegarias y en su
plumaje lleva escrito
un salmo antiguo
que deja sobre las ramas
el enigma de un nuevo
vals



texto y fotos
mery sananes
29 abril 2017


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viernes, abril 28, 2017

EN ESTE ABRIL YERMO DE FLOR




Abril es un mes sin paradojas
sabe que todos aguardan
que extienda su manto floral
sobre los días
y que la lluvia le pertenece
por pertinaz y cantarina




Tiene del invierno los rezagos
de las nieves de marzo
y a mayo le regala las espigas
volantineras que abril le dibuja
como soles amarillos
a la hierba




Abril pertenece a los pájaros
que ataviados de sus más brillantes
colores comienzan a alborozar
las mañanas y a dejar en las
madrugadas sus trinos más hermosos




Pero abril también es un tiempo
de asombros que se esparcen en
el aire como un oleaje de aromas





Es un beso niño que los ojos recogen 
en el arpegio del viento que hace 
danzar las hojas y es el estremecimiento 
de las ramas al ataviarse de nuevo
con su ropaje de verdes





Es una carta de amor que la
nieve dejó escrita en el susurro
de las ardillas y en la respiración
de los venados y que las palomas
recogen bajo sus alas mensajeras
para ir a entregarla a los enamorados
habitantes de la noche




Abril es una mazorca sin desgranar
un pan que aguarda su tiempo
de levadura
un cordaje en busca de
un madero en el cual soltar
su corazón hecho de música




Abril es un lecho de rocío
para mirar las estrellas
y un resplandor de alba
en los párpados del cielo




Un corcel sin ataduras
sembrando de helechos
los mediodías




Pero abril también ha sido
el espejo de un tiempo
yermo de florerías
cuya hermosura no pudo
detener el hacha que corta
los árboles
ni el disparo que silencia
la risa de los vergeles
y secó su savia sobre las aceras
que no supieron de polen 
ni futuro


Quiera entonces que abril 
sea el regazo de los sueños
que habrán de despertar
en mayo esparciendo
las alegrías que nos fueron
y siguen siendo arrebatadas
por el calendario de un odio
que no nos pertenece


28 de abril del 2017
texto y fotos
mery sananes





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jueves, abril 27, 2017

¡NI UN CRIMEN MÁS!




Estamos abocados a una catástrofe moral de
proporciones gigantescas, en la cual sólo queden en pie las virtudes cínicas. Los políticos tendrán que aferrarse a ellas y gobernar con ellas.

Nuestra misión es adelantarnos por la inteligencia a devolver su dignidad de hombre al animal humano. He aquí el aspecto más profundamente didáctico de nuestra Escuela Popular de Sabiduría Superior.
  
ANTONIO MACHADO
Juan de Mairena


Obra de Oswaldo Guayasamín


Nada tan terrible como eso de contabilizar los muertos, como si una vez caídos se convirtieran en un simple número, que alguien sacará a relucir o negociar.

Se olvida que cada uno de ellos es un hijo, un hermano, un padre, enfrentado a los masacradores con el sólo sueño de reconstruir una vida que desapareció en la oscuridad de los callejones, en las noches oscuras, en las emboscadas y el terror.

Me niego a hacer la lista. Sólo quiero que no haya una sola madre más que tenga que llorar al hijo. Que el GN que lanza la bomba o dispara el perdigón sepa que ese hombre que ha asesinado, lleva inscrito en su alegría el rostro de su propio hijo.

Bastaría dejar de cumplir las órdenes asesinas para que acabara esta masacre. Bastaría simplemente dejar de disparar para que se detenga este horror. 

Pero sabemos que eso no es posible. El que porta las armas ya forma parte del estado delicuencial y su misión es cumplir órdenes, que termina haciendo suyas. Forma parte del entramado del poder. Ha sido entrenado, domesticado y guiado para hacerlo. Está allí para eso.

¿Cuándo y cómo entonces enfrentaremos y detendremos esta historia de barbarie, muerte y desconsuelo? 

Esto no es posible sino a través de la organización de una fuerza social consciente. 

Ni un muerto más para la contabilidad de los masacradores. Ni un preso más para saciar la venganza de los asesinos. Ni un lesionado más para la cuenta de quienes se sienten dueños de este poder delincuencial que nos somete. 

Fundemos de una vez por todas nuestra propia Escuela Popular de Sabiduría Superior

Nuestro propio Movimiento de Movimientos

Nuestra propia Escuela de Idealidad Avanzada

¡NI UN CRIMEN MÁS!

texto y foto /mery sananes
26 abril 2017
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martes, abril 25, 2017

LIBERTARÍAS IV

Leslie Ebert / Compasión II
http://www.leslieebert.com/images/Energy/mnp_LeslieEbert_compasion2.jpg


Mientras la sociedad tenga
contratos anónimos y perversos
para que muchos hagan y digan
lo que pocos quieren
la libertad se vuelve
pedestal sin gracia ni amor
porvenir ni entrega
pura compasión

agustín blanco muñoz

sere libertarías
2007

publicado iniciamente el 11 de junio del 2007

 
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lunes, abril 24, 2017

CARTA DE ABRIL A MI MADRE



CARTA DE ABRIL A MI MADRE
Ramón Santaella Yegre


Una vez más, como todos los años, Ramón Santaella, el hermano y amigo, el geógrafo de profesión y poeta en esencia, escribe su carta a la madre. Tal vez sea el mes de abril, que siempre viene mojado de lluvias, el espíritu de la madre, alborotando los aleros, y la memoria del hijo hurgando en los charcos su tiempo niño, que aún lo encuentra mirando llover, con ganas de salir a comerse las gotas como si fuesen golosinas.

Este año su carta está llena de la canción del agua y los regaños de la madre que jamás lograron detenerlos a salir a escondidas a bañarse en el aguacero y dibujarle maromas a los pozos. Y tiene su carta una cadencia de acordes amorosos, que conmueven el alma.

El poeta Ramón siempre nos ha acostumbrado a esa poesía que subyace a todo lo que dice y lo que hace, aún en los tratados de geografía. Pero a la hora de escribirle a la madre la memoria se convierte en verso, el abrazo en una sonata y el amor en un río de luz que junta a los mundos visibles e invisibles, en ese lazo que jamás se borra o extingue.

Invitamos a leerla. En sus párrafos se encontrarán a sí mismos, jugando a ser la guitarra que el viento y la brisa hace sonar sobre los torrentes de gotas de las lluvias de abril. ms


Maracay, 24 de abril de 2017

Señora
María Remigia de Santaella
Rincón más bello del firmamento
Presente:


        Ante todo, nuestra bendición para ti y papá; saludos cordiales para el resto de la familia que los acompañan, amigos y conocidos; hoy cumples 9 años de tu partida hacia el infinito y aún permaneces a nuestro lado no solo en recuerdos, cuestión solo explicable en el indeterminado espacio residencial de los espíritus, no obstante, haber negado información de tu cotidianidad, más allá de auto-convencernos de que en cualquier instante habrá de ocurrir.

En la última de nuestras cartas enviadas, 1 de Octubre 2016, te pedimos disculpas por haber pensado tarde tu cumpleaños terrenal 107, pero, en esta oportunidad, noveno cumpleaños celestial, te hemos pensado con bastante anticipación, podemos decir, desde la madrugada del día 11 del mismo mes referenciado; en tal oportunidad como ha ocurrido ocasionalmente, 4 am, nos asomamos a la ventana del cuarto y allí, ante nosotros, más “cerca” que lejos, según imaginario,  el lucero guardián del alba, “mismo” color, firme en el “mismo” lugar acostumbrado, ocultándose a ratos entre las nubes, nos observaba como si su oficio fuese custodiar cuerpos adormecidos en busca de sueños y propósitos desconocidos.

Allí estaba como soldado de guardia real, como si fuese comisionado especial del tiempo de las edades, vigilante de cotidianidades tempranas; allí como cuando éramos niños y tú, cubierta de estrellas como mandona cuidabas celosamente de tus hijos.

¡Cómo te recordamos vieja!, ¡No sabes cómo ni cuánto! Bueno, para ser sinceros, hacemos lo mismo con cada uno de los nuestros y casi lo mismo, con cada residente celestial que estuviese presente en nuestra existencia.

        Aquella madrugada del 11 de Octubre referido, te recordamos mucho y no sabríamos decirte la razón de ello pero, durante buen rato estuvimos en diálogo con aquel lucero, y el motivo principal fuiste tú; el aire fresco madrugador dictaba pausas, ¡tú sabes!, algo parecido a cuanto ocurría en nuestra infancia y guardamos en la memoria.

¿Cómo no recordar aquellos cuidados de excesivo celo materno, polluelos o cachorros cobijados bajo tu manto de esperanza?


Aquellos tiempos de amaneceres lluviosos, cuando apoyados en el pretil de la ventana, nos peleábamos el mejor lugar para contemplar el suave caer de la lluvia sobre el estrecho pavimento de la acera en rampa cobijada en sombras de los techos viejos como rotos algunos en la extensa enramada de increíbles amoríos infantiles.

Andantes refugiándose bajo su propia ira, sinfonía de celos infundados o diluidos en el charco ocasional del espacio-momento.

¡Vieja! ¡Son tantos los recuerdos infantiles! y aun pretendo el encuentro con  la fuerza del viento en su acostumbrada danza en la agitada lluvia que choca contra la ventana, donde destripadas narices observaron golondrinas atrapando comejenes alados o celebrando su apareo impuesto por el instinto y los deseos.

Un imaginario silencio abarrota los ayeres y te recuerdo como velero solitario, del cual me apropio cuando veo tu retrato, tus ojos apagados por el tiempo y tu profunda mirada de interrogación constante. 

Aquella madrugada de Octubre, el lucero guardián y yo hablamos de ti porque descubrimos el mismo amor por la lluvia serena, la que no genera angustias en la mujer del rancho donde cobija retoños sin inundaciones; coincidimos en bañarnos bajo aleros de aquellos inolvidables techos rotos, contando con tu permiso, después de rogarte y prometer el cumplimiento de tus órdenes o, corriendo el riesgo de ser castigados, salíamos a escondidas saltando por cualquiera de las ventanas para encontrarnos con la lluvia.

El deseo o amor infantil por la lluvia no entendía de castigos, era más fuerte la atracción mágica de su esencia y en ella, tu voz de mando se apagaba y cometía el pecado que luego habría de pagar complacido por la hazaña.



Nunca conversamos de intimidades con la lluvia porque el encuentro era bajo sus aguas; simplemente, éramos niños, no sabíamos de amores y preferíamos el extravío de nuestras querencias en cada barco de papel sobre sus olas; todo era más fuerte que tus negativas por aquellos encuentros; entonces, el momento se traducía en llanto y recostado sobre el pretil de la ventana evitábamos el encuentro de tu mirada acusadora, tal vez, mientras el arcoíris asomaba por momentos para fundirse en aguas, cuando tijeretas empapadas en su intento por atrapar comejenes alados, disfrutaban la ocasión.

        No tienes idea de cuánto padecimos por solo tener que contemplar la lluvia a través de las ventanas, mientras su magia fracturaba tus mandatos y cuando salías a buscarnos, más allá del castigo recibido, nos gustaba contemplarte mojada como estábamos; entonces, disfrutábamos tu frondosa cabellera en aguas como uno cualquiera de los saltos en el impresionante río Aponwao de la Gran Sabana.

        Ahora, pasados los años has de constatar que nunca evitaste nuestra relación con la lluvia, no sirvieron de mucho los castigos más allá de las buenas intenciones perseguidas; ni siquiera lo ha podido lograr el tiempo de las edades.

Ahora, con el transcurso de los tiempos, la madrugada con su lucero me hablan de ti y de ella.

        ¡Vieja!, son muchos los años pasados, la lluvia y tú copan mis recuerdos. Feliz cumpleaños celestial, bendícenos como lo hacemos a diario contigo. RSY.  


fotos / mery sananes
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viernes, abril 21, 2017

TIEMPO DE GUERRA 1964 - 2017


Paul Klee
Death for the idea
1915


TIEMPO DE GUERRA 
DÉCADA DE LOS SESENTA


Son estas en verdad

horas terribles
por todas las cosas
que no se perdonan
por todas las cosas
que hay que salvar
por todas las cosas
que son necesarias
en este tiempo de guerra*

1964


TIEMPO DE GUERRA 
VENECUBA SIGLO XXI

Cincuenta y tres años después
las horas son más terribles
nada hemos aprendido
la guerra sigue su marcha destructora
y poco hemos salvado

¿Cuándo lograremos que prevalezca
la vida sobre la muerte?
¿Y qué estamos haciendo
para detenerla?

2017



mery sananes 
* Tiempo de guerra
Caracas, Ediciones Desorden, 1968.




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martes, abril 18, 2017

TRAVESÍA DE UNA LÁGRIMA




Soltar el hilo de la palabra sobre un lienzo en
blanco para que dibuje paisajes sin imperativos

Hurgar en la esencia del color la raíz púrpura
del alfabeto y luego bebérselo a sorbos

Estrellar contra la noche un racimo de verbos
y verlos conjugar en la lejanía el esplendor de un beso

Atar las tristezas a la cola de un cometa hasta
que en su vuelo se conviertan en estallido de florerías

Desplegar la majestad de un suspiro sobre
la reseca piel de la esperanza

Acunar en el párpado la larga travesía que
la lágrima recorre en su anhelo de ser risa

Escuchar la canción que destila el agua en la
hondura perpleja de los pozos sedientos

Desandar la rota circunferencia del horizonte
para invitar al universo a engolosinarse
con la ternura que aún no construimos

En fin, cosas sin importancia que los espíritus
dejan en los aposentos de los transeúntes de la noche

texto y foto /ms
25 de mayo del 2010
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viernes, abril 14, 2017

EN RESCATE DEL CARDO




En este nuevo viernes de pasión para católicos y cristianos
coincidente con la pascua de los hebreos y para quienes
ven en el sacrificio de un hombre la voluntad de dar su vida
por la igualdad, la justicia y la libertad de sus hermanos
sin distinción de creencias prejuicios y poderes
queremos resaltar por sobre la intemperancia
el odio y la masacre continuada 
esos pequeños instantes de amor
que sostienen aún la esperanza
Ese quiere ser el sentido de esta historia

Entre Zaira y yo oficiamos diariamente rituales de amor. Y entre ambas una corriente, vasta, extensa e ilimitada, de seres que hacen lo mismo, van poblando los espacios. Es una aventura maravillosa por los andares de los encantamientos, la magia y el poder del amor por encima de todo lo abyecto.

Pero que no haya equivocación alguna. Estos rituales no son en absoluto un aislamiento de la realidad. Todo lo contrario. Es el dolor de lo que ocurre, la conciencia del mundo en destrucción en el cual vivimos, el testimoniar el grado de odio que ha logrado quebrar a seres como nosotros, lo que nos hace reaccionar y realizar un ejercicio diario cuya única intención es contribuir a fortalecer lo humano por sobre lo inhumano.

Y en ese hacer ocurren cuestiones verdaderamente extraordinarias, que dan cuenta de la existencia de energías que si lográramos aglutinarlas, ponerlas en sintonía, nos conseguiríamos que el hombre preferiría vivir hermano del hombre antes que convertirse en su más cruel cazador o aguardar, sin probabilidad alguna de salvarse, a ser cazado, devastado, vulnerado en toda dimensión.

Quien tenga paciencia para leer esto hasta el final, recorrerá uno de esos instantes de sincronización afectiva, de sintonía vital, aún con quienes no están físicamente cerca de nosotros. 

Es el aire el que nos junta, es una brisa sin contaminación los que nos reúne, es la propia fuerza de la naturaleza, cuando exhibe su belleza, su poesía, su magia, la que nos hace vibrar y siempre tornar a nuestros puestos de combatientes por la vida. Estos son los hechos.

Andando, como acostumbro hacer desde mi niñez, mirando hacia abajo, descubrí de pronto camuflada entre la hierba crecida, una planta que no conocía ni había visto por estos entornos. Como era de suponerse, me detuve al instante a preguntarle quién era,  qué hacía por estos caminos, qué mensaje tenia que darme y, por supuesto, a fotografiarla.




Recientemente Miguel Veyrat había colocado en sus espacios de FB la sugerencia de que viéramos un video sobre los pensamientos peligrosos. Trataba del acercamiento a la vida de tres científicos que habían logrado penetrar su ciencia como no se había hecho nunca antes. Sus descubrimientos ponían en cuestión todo el saber reconocido. Eso trajo como consecuencia lo que siempre ocurre. Cada uno fue llevado a ser silenciado, aislado y entraron a formar parte de esos seres que Artaud, al referirse a Van Gogh, llamaba los suicidados por la sociedad. 




Uno de ellos, Georg Cantor, avanzaba en la teoría sobre lo infinito del infinito, lo que echaba por suelo toda certidumbre. En una de las imágenes que utilizaba para explicarse esa extensión ilimitada de lo infinito, colocó un círculo al cual le iba trazando líneas del centro hacia la circunferencia, traspasándola. Advirtió que se podía ir agregando cada vez líneas más pequeñas, invisibles, que se hacían infinitas.

Aquí comienza mi historia. La planta que había descubierto, cuyo nombre ignoraba, tenia una disposición semejante: un círculo que se abría con sus hojas y en el centro anidaban los hijos. Recordé a Cantor y le escribí a Miguel para mostrarle la foto.




Su respuesta fue inmediata: ese es un cardo. Y utilizó la foto para ilustrar uno de sus poemas de su libro Babel bajo la luna, perteneciente a la parte titulada El bosque ebrio, que colocó en FB.  Y esto dijo: ese cardo de Mery es rosetón fractal de una catedral románica. 

Pero el cuento sigue. Al día siguiente publiqué aquí en estas embusterías el poema titulado Canon sin final, en el cual hacía alusión al carpintero de Nazareth. Y se lo envié a Zaira. Su respuesta es el asombro mayor de la sintonía. Esta fue:

Zaira Andrade 

Que interesantísima nuestra sincronización. El poema que te voy a copiar, que sé de memoria, lo encontré anoche, con otro poema y los aparté para enviártelos. Tenía dieciocho años. Escribía cosas, según te he contado, con el que fue mi amigo del alma y nos casó Juan Francisco Hernández, estudiante de seminario y fungía de Tío Perejil, representaba al de la foto de un viejito y así se llamaba la página de La Religión, periódico de Monseñor Pellín frente a la Plaza Bolívar y yo en San José de Tarbes en Carmelitas y después en El Paraíso.

Tú  nombras hoy en el hermosísimo  poema al carpintero de Nazareth y en esa época leí una prosa de Gabriela Mistral sobre la Flor del Cardo –El Espino-, que por estar en los caminos vio a Jesús de Nazareth. Y de allí debió salir el poema que escribí. El caso es que lo publicaron con un título que me hizo tilín por mi cortísima edad, dieciocho años y mi montunería: Ha nacido una poetisa.

Este el poema de Zaira, escrito a los 18 años, y recordado hoy a los 97 años.


Zaira a los 15 años

ODA A LA PROSA DE GABRIELA MISTRAL
ZAIRA PÁEZ MAYA, 18 AÑOS


Un jardín oriental en que natura
volcó sus fuerzas todas en concento polícromo
trocose en hermosura,
de todos los vergeles el portento

El lirio, la camelia, el heliotropo
la inocente azucena y el jazmín,
el blanco nardo de perfume ignoto
y el ardiente clavel color carmín

Todas las flores con que el cielo quiso
dotar la tierra en todos sus confines
se encontraban reunidas y felices
en aquellos lindísimos jardines

Una rosa, que erguíase altanera
dominando el conjunto en hermosura
pregunta a sus hermanas placentera
¿Conocéis a Jesús, todo dulzura?

 La pregunta concisa va pasando
de una flor a otra flor y a una tercera
más nadie pudo dar, ni aún dudando,
una respuesta que satisficiera

El suave lirio díjoles que un día
alabando su dueño su hermosura
comparole su prístina blancura
con el rostro del Rey de los Judíos

Recordó la rosa, entonces
que allá afuera en el camino
estaba la flor del cardo
que pudo ver al Divino

Sobre su endeble tallo
alzándose altanera
al inocente cardo
habló de esta manera:

Las flores del jardín venimos a pedirte
que si al Jesús Divino
en el camino viste
nos digas como era
si su andar era vivo
si su boca era suave
si su vista era altiva
como Señor que Sabe
que es el Rey de la Tierra

Responde, hermano cardo,
estamos impacientes…

Y la flor de los cardos rezó con voz doliente:
Yo si he visto a Jesús, Divino Penitente,
que en este mundo pena por una culpa ajena
Su tez sí, era muy blanca
su boca sí, muy suave
su caminar sería el palpitar de un ave
más que altiva la vista,
su mirada era grave

El sol reverberante rebota en su cabeza
los guijarros del suelo hieren su paso tardo
Si tú quieres mirarlo, si su bondad te pesa,
conviértete no más en una flor de cardo

La rosa impenitente lanzó una carcajada
gracioso oír al cardo aquella quijotada
ella la hermosa reina de aquel lindo jardín
convertida en un cardo, ser hollada sin fin

Y además qué interés tenía para ellas
que no gustaban ver sino las cosas bellas
mirar aquel viajero en el camino abierto
que era todo un mendigo de polvo recubierto

De más está decir que ni una entre las flores
vio jamás al Jesús de los grandes Amores
porque para dejar los placeres fugaces
las flores de este mundo somos poco capaces.






Y éste el poema de Gabriela Mistral


EL ESPINO
GABRIELA MISTRAL

El espino prende a una roca 
su enloquecida contorsión, 
y es el espíritu del yermo, 
retorcido de angustia y sol. 

La encina es bella como Júpiter, 
y es un Narciso el mirto en flor. 
A él lo hicieron como a Vulcano, 
el horrible dios forjador. 

A él lo hicieron sin el encaje 
del claro álamo temblador, 
porque el alma del caminante 
ni le conozca la aflicción. 

De las greñas le nacen flores. 
(Así el verso le nació a Job.) 
Y como el salmo del leproso, 
es de agudo su intenso dolor. 

Pero aunque llene el aire ardiente 
de las siestas su exhalación, 
no ha sentido en su greña oscura 
temblarle un nido turbador... 

Me ha contado que me conoce, 
que en una noche de dolor 
en su espeso millón de espinas 
magullaron mi corazón. 

Le he abrazado como a una hermana, 
cual si Agar abrazara a Job, 
en un nudo que no es ternura, 
porque es más ¡desesperación!


http://www.poemas-del-alma.com/el-espino.htm


Quede a cada lector que haya tenido la paciencia
de llegar al final de esta hermosa aventura
ir a buscar sus propias sintonías
que por lo general están allí
al alcance de los dedos y de los ojos
y en particular del corazón

mery sananes
14 abril 2017

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