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lunes, agosto 08, 2016

LA ELÍPSIS DE UN PAÑUELO



Flor de Baile / 10 am
08 de agosto del 2014



Flor de baile / 10 pm
08 de agosto del 2014


Te sueño entretejida en la corteza
de cada árbol envuelta en un aroma
de hogazas recolectando ilusiones
en el patio donde maduran las
granadas y se escancian como lluvia
las guayabas

Te veo madrugando sobre el fogón
de tus esperanzas aliñando el pan
de maíz que conviertes en frugal
sustento de los amaneceres

Te escucho sentada en el hechizo de
tu mecedora desenredando
los rizos de una niña que se quedó
para siempre adherida a tus caricias

Y tomando de la mano un niño
hechura de tu temple para llevarlo
a consagrar las memorias de las horas
en los que aún se escuchaba el silbato
de un tren estacionado en el andén de
los olvidos

Te imagino aún con aquel equipaje
de hierbas y frutos con el que 
ibas repartiendo la savia dúlcima de 
tu propio corazón a todo transeúnte que 
se detuviera sediento frente a la sombra 
de tu almendrón

Reconstruyo tus pasos leves como
el susurro de un tejerito sobre las
alas de una flor labrándole 
filigranas a las piedras recolectando 
alegrías en el lecho de los días

Recuerdo recoger en el techo de
un albergue hecho de nubes aquella
ristra de cambures puestos al sol y
al sereno para que luego fuesen a
saciar el ansia de abrazos de un hijo
cuya alegría se fugó contigo desde
entonces

Y sé que nunca dejas de rondar estos 
tiempos atribulados de oscuros ensañamientos 
buscando mitigar la lágrima que quedo 
anclada como un océano en los linderos 
de un párpado ennochecido

Y te busco una y otra vez en la catedral
de luz de esa flor tuya que cada agosto
nos ofrendas como un encantamiento
esparciendo en la noche el perfume de
todas las alegrías que quedan pendientes
y que tú resguardas dobladas en la
elipsis de un pañuelo tan infinito como
tus huellas sobre la piel del universo

Porque sé que algún día se desplegarán
como un cauce de jobos y pomarrosas
sobre la mansedumbre de esta tristeza
sembrada en el paladar de la vida


mery sananes
08 de agosto del 2014



treinta años después siguen floreciendo
 

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martes, julio 29, 2014

DESDE LOS RETAZOS DEL DESTROZO






Te vimos descender
con una sonrisa
adherida a los pliegues
de tu asombro
las más altas escalinatas
del dolor

Tu paso era raudo y
tenía la levedad de la
caricia con la que envolvías
la zozobra de los niños
que se bordaban en tu regazo

Venías ataviada de
azahares y tus manos
se movían como estremecidas
rosas al viento escriturando
con tu mirada el epílogo
de todo mal

Mientras
tus hijos ascendíamos
por esa misma ruta
al cielo de los misiles y las
inmisericordias en busca
del huerto de bienaventuranzas
que allí habías dejado
para que bebiéramos de ellas
el antídoto a toda desventura

Tú continúas en tu oficio
de recomponer la vida desde
los retazos del destrozo y
nosotros aún deambulamos
en busca de tierras sin minas
para sembrar los pasos
hacia tu alegría acantilada


mery sananes
29 de julio del 2014 
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miércoles, agosto 07, 2013

COMO UN BOCADO DE BESOS





Se fugó contigo la risa
que habitaba el porche
de los milagros

Se deshizo en la raíz del
almendrón la silleta donde
mecías el candil de tu ternura

Se dobló en el interior
de tu pañuelo el regazo
donde mis hijos descubrieron
el vitral de tus caricias

Se silenció en el atril de las
nubes el aroma de tu brasa
y el hilo de azúcar que cuajaba
en el panal de las guayabas
dejó de girar al compás de tus
ojos y se hizo cristal mientras
ascendía por la ruta de tus
despedidas

Se detuvo el tiempo en aquella
madrugada de agosto que no vio
abrir tu flor de baile ni escanciar
sobre la noche el canto de
tus azahares

Pero nos quedó el abrazo hecho
del pan de amor que trenzaste
con el rocío de tu estatura y
la marejada de tus certezas

Y tu huella se adhirió como un
escapulario al espacio de una
ausencia que llevamos cosida
a los días como un bocado 
de besos 


mery sananes
08 de agosto del 2013
29 años después
y hoy en el balcón
están abriendo enviadas por tí
cuatro flores de baile
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lunes, julio 29, 2013

ORFEBRERÍA DE AZÚCARES - A CARMEN RAMONA




a carmen ramona 
en otro 29 de julio

Venía ataviada de un cesto
de frutas de una tristeza gris
que se desbordaba de sus ojos
como si fuesen pozos de sed
de un diminuto pañuelo doblado
en el número de desventuras que
le sembraron a sus ansias y que
sin embargo al abrirse le bordaba
fascinaciones a la desesperanza

La conocí en sus amaneceres
de azafate en el leño encendido
de un pan ausente y en el aroma
del maíz que ella desgranaba
como si en cada guijarro estuviera
bordada la mirada de dios

Parió diez hijos y la vida la robó dos
uno aún adherido a su regazo
y el otro mientras desandaba su
desazón desde un andamio sin
cuerdas ni ataduras

Enjugó las lágrimas que nunca
vertió y guareció sus penas en
el corazón de una flor de baile

En su solar las guayabas se hacían
confituras aún antes de caer
el granado escribía una partitura
para solo de percusión mientras
regalaba su savia a los que todavía
no habían aprendido a mirar

Y en el porche un almendrón y
un uvero retaban todo asfalto
para dejar las señas de una costa
hecha de cueros tensados sobre
un calendario de orugas

Sabía de hierbas y de pócimas
para sanar cualquier dolencia
y sus caldos podían espantar
cualquier anuncio de una despedida
a destiempo

Le cosía estrellas a los ojales
pintaba de bromelias el recinto
de sus ojos aliñaba la soledad
con maticas de hierbabuena y
sabía descifrar el código genético
del llantén el orégano y la yerbamora

En su pañuelo podía transportar el
aroma de los azahares del patio
hasta más allá de sus pasos y en su
brasa los granos cuajaban con el
solo soplo de una paleta de madera

En el vasto paisaje de su delantal
los niños viajaban hasta el lugar
donde nacen las caricias que ella
entregaba silenciosa con sus manos
talladas de fogón y madrugada
bordando en la piel un calendario
de besos que aún perduran en
la corteza del tiempo

Su llegada advino en un julio lejano
sin imaginar siquiera el delta de
tristezas que desembocaría
en el atril de sus párpados
y sin embargo nada pudo derribar
la estatura de su tallo desde donde
destiló su orfebrería de azúcares
hasta arraigarse para siempre
en el enigmático y asombroso
paraje de la alegría que se
alcanza una sola vez


texto y foto
mery sananes
29 de julio del 2013

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miércoles, julio 29, 2009

A LA ABUELA, 25 AÑOS DESPUÉS


Llegó un julio cualquiera de un año que se pierde en el hilo de los días. Y se nos fue un agosto cuando aún su fogón estaba encendido para madrugar confituras que repartía a todos los transeúntes. Su tiempo no lleva las cuentas del calendario, porque existió mucho antes de ese julio y permanece después de aquel agosto, en cada flor de baile que desviste su corazón de luz a las noches de menguante.

Se sabía el lenguaje de todo lo vivo. Las ciruelas nacían al arrullo de su voz y los azahares echaban al vuelo sus perfumes con sola verla en el dintel de un patio sin casa. Llenaba los azafates de los hijos con panes de maíz aliñados con las gotas de su corazón. Y conocía la virtud sanadora de todas las hierbas, que ofrendaba en guarapos para calmar toda sed y toda pena.

Parió hijos como quien pare tesoros que le entregó a la vida, prendida de sus solapas sus lecciones de coraje, de valor, de entereza y sobre todo de amor. Hizo florecer todas las sequías que se le inscrustaron en sus días, haciendo milagros con la panela, con la corteza dura de los panes, con el dedal de café que calmaba el hambre y saciaba la sed.

De su fogón salían los manjares más deliciosos, aunque no tuviera a su alcance más que la ternura que le brotaba de sus dedos y la mano con la cual aquella paleta de madera iba cuajando los caldos.

No conocí cielo más claro que aquel que destilaban sus ojos tristes. Ni un regazo más cálido que aquel donde pastaban sus sueños todos los niños que pasaron por sus solares descubiertos.

Cuando venía cargada con sus jobos y sus mangos, sus pomarrosas y sus ciruelas, el mundo parecía estallar en los colores de su risa y en el calor de sus abrazos.

Toda su angustia la envolvía en el pañuelito blanco que arrugaba en aquel boquete de su delantal, en el cual guardaba las penas y las trasmutaba en alegrías.

Nunca partió, sino que se fue en busca de Marcos y de Rafael. Y siempre regresa con su aluvión de flores de bailes a quitarnos la tristeza de encima y a regalarnos el don franco de su sabiduría.

Y en este julio y en este agosto, que traía las penas del abril que se nos llevó a Chilita, ha regresado más aromada que nunca, a seguir velando por los niños sin regazo y por los hijos que parió envueltos en hojitas de yerbaluisa y guayaba, con la ilusión de que pasemos ilesos de corazón por este duro vivir.



Regresas cada julio
ataviada de noche
con tu aroma de flor
y tu corazón de baile
esparciendo golosinas
de pomarrosa y hierbaluisa
a los atardeceres sin luz

Con tus manos encantadas
húmedas aún de bálsamos
y viandas rehaces cada nicho
para depositar en ellos
tus florerías de amor

Luego vuelves silenciosa
al manantial de las madrugadas
donde se nutre tu savia enamorada
de las circunvalaciones de la miel
en los gajitos de los girasoles
hasta completar el ciclo que va
de tu regazo al recinto boreal
de tu ternura tendida en el azafate
aliñado de tus bendiciones

ms / 30 de julio del 2007


Nunca supo la hondura de la ausencia
que dejó aquel agosto de penumbras
porque ocupaba su tiempo
en macerar hierbas para mágicos brebajes
en aliñar los días con la sazón de sus pasos
en preparar viandas que repartía en todos
los vecindarios que le cabían en el corazón

Experta en el arte de las confituras
convertía la piel de las toronjas en un
derroche de mieles
y procesaba pacientemente el aromado
equipaje de las guayabas hasta convertirlas
en un río de azúcares que tomaba por asalto
los techos las paredes el fogón
hasta que la larga paleta de madera
cumplía sus labores de cuajar
aquel hervor en generosa ofrenda
de conservitas que ofrecía a los
visitantes que se detenían en el umbral
de su memoria

Conocía mejor que nadie la ciencia
del maíz de donde emergían empanadas
rellenas de un guiso de amor cuya receta
quedó estampada en la mazorca que
desgranaba como un ritual de madrugada

Guardaba celosamente en el costado
de su vestido un diminuto pañuelo
capaz de escanciar todas las lágrimas
y que cuando lo desenvolvía dejaba salir
de sus pliegues cantos de pájaros
y cuentos de aparecidos que a veces emergían
en las calles de su barrio

Aprendió del maestro esteban el oficio de albañil
y del primer amasijo de barro fue haciendo
florecer una casa de tantos cuartos como
niños iban llegando a su regazo
nunca faltó el guarapo que mitigaba las carencias
ni el mango maduro que destilaba
sus dulces hilachas entre los mordiscos
que lo devoraban

Tenía el don de la alegría construido
sobre las más terribles de las tristezas
un día se le fue marcos cuando apenas iniciaba
su travesía por los sacos de samán
y luego se le fue rafael el mayor de todos
cuando el frágil andamiaje que lo sostenía
alzó vuelo con su sonrisa de niño a cuestas

Sobrevivió tantas batallas anónimas
que sería imposible enumerarlas
pero su rostro jamás cambió su temple
porque en el anverso de sus manos
cabían todas las caricias

Se nos fue un agosto que jamás ha terminado
y sin embargo regresa cada mayo
a encender las catedrales de luz dondequiera
que estemos y vuelve cada julio a inundar
los anocheceres con su aroma de espigas solares
y entonces es como si renaciera la vida
en el polen que da cuenta de la eternidad
como si de nuevo pudiésemos cobijarnos
en su regazo de azahares a deletrear el futuro
que nos regala cada vez que en las madrugadas
se encienden las lámparas de tierra


ms / 08 de agosto del 2007

Johann Sebastian Bach
Ofrenda musical
http://historiactualdos.googlepages.com/bach-bwv1079-ricercar3-breemer.wma

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