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miércoles, noviembre 12, 2025

HACIA UN PAÍS DE AGUA - AUTOBIOGRAFÍA


Marina / Armando Reverón



No soy más que un cántaro que siempre se rebosa y salpica todo a su alrededor y del cual a veces salta la magia de unos ojos que no nos miran sólo por mirarnos.

Apenas un transeúnte que cuando descubro, en medio de estos tiempos obscuros, un resquicio de alegría, un caminito de flor, un territorio alado, allí me asiento a celebrar la vida.

Y entonces recojo hojitas secas, me detengo en los aguaceritos, monto en el lomo de las hormigas, cabalgo en las alas de las mariposas, para ir reuniendo tesoros que ofrendar a mi paso.

Una carta bordada con hebras, un papel teñido de atardecer, un bajel de nubes, una sonata para cello, la mágica cantata de las chicharras, una flor que aterriza en medio de una copa, o que se esconde debajo de una almohada. La canción de un pájaro que reconoce mi voz.

Me cuelo entre las rendijas de las ventanas, tomo por asalto los dinteles, los solares, las claraboyas, soy capaz de arremolinarme en el hemisferio izquierdo de un párpado sin que nadie lo note. O quedarme en silencio por siglos adherida a un cristal que resguarda una sonrisa.

Soy persistente. Me la paso inventando excusas y argumentos para quedarme, aún cuando ya debería haberme ido. No conozco las medidas del tiempo. Lo doblo o extiendo a mi antojo, a veces sin advertir que lo voy anegando todo.

Me inmiscuyo en cada cauce que encuentro, enrolando cántaros a mi paso, con la efímera ilusión de construir un país de agua. Claro, la mayor parte del tiempo resido en los albergues de la sequía, horadando en silencio en busca de un agujero por donde vuelva a manar una diminuta gota de rocío.

En esos tiempos, que son los más, como los pinguinos, los salmones y los osos polares, vivo de la primavera que escondo en mis más recónditos bolsillos. Y de allí extraigo todo género de utensilios para hacer rituales.

Y cuando se produce el deshielo y el agua vuelve a fluir de regreso a los ríos, y de los ríos a las corolas, y de las corolas a la neblina, la vasija de barro de la que estoy hecha, comienza de nuevo a desbordarse como el maíz de la mazorca tierna, y a derramarse como una risa fresca sobre los atriles de una partitura para un solo de laúd.

El instante luminoso de la alegría sigue siendo un destello azul que nace del agua y que luego se convierte en grieta de una tierra ajada o en los pliegues de los rostros que tienen sed.

Y es allí cuando brota la necesidad de volver los pasos sobre un horizonte que alcance el regazo del agua, que nos devuelva las faenas del río, que nos atempere en las honduras de un océano que aún no hurgamos.

Es hora de juntar los cántaros, de llenar las vasijas, de dar de beber a ese acantilado largo y extendido que se ha ido llevando todas las risas, hasta que conjugue su alegría sobre cada costado herido, cada tiempo inerme, cada mirada vulnerable, y construyamos de una vez por todas el país de agua que soñamos y la sonata en arpegio de amor de siempre, que convoque la altura libertaria de nuestros suspiros.

mery sananes
08 de noviembre del 2009

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miércoles, marzo 21, 2012

EN EL DÍA DE LA POESÍA


Rafael Olbinski

En esta fecha en la cual se conmemora el Día de la Poesía, y que coincide con un acto poético mayor, como lo es el nacimiento de Johann Sebastian Bach, invitamos a releer el texto que produjera Saint John Perse, al recibir el Premio Nobel en diciembre de 1960. Sobre él dijimos:

A casi cinco décadas del discurso que diera Saint John Perse, en Estocolmo, al recibir el Premio Nobel de Literatura, en diciembre de 1960, su texto tiene más vigencia que nunca. Su examen de la poesía y de la ciencia, su visión del mundo que debe ser y de la función del poeta y el científico en esa tarea de construir la vida, es en verdad trascendental.

Constituye un documento que debe ser leído por científicos y poetas, pero sobre todo por ese ciudadano común capaz de producir cotidianamente, aún sin saberlo, ‘pensamientos desinteresados’, en otras palabras, poesía en palabra y acción.

Pero más aún, ese hombre común con frecuencia ejerce de manera espontánea esa fusión de lo lógico con lo intuitivo, que lo lleva a desarrollar una sabiduría y a ejercer una solidaridad, que lleva lo poético y lo científico, precisamente al plano del vivir.

De allí que Saint John Perse afirme que ‘toda creación del espíritu es ante todo poética, en el sentido propio de la palabra’. Aquí Perse toca la raíz del problema. El hombre es en esencia un poeta. Que el desarrollo de la vida material le haya cortado sus alas, desgarrado su intuición, sustituido su sabiduría por contabilidades que dan cuenta de todo menos de su vivir, es otra cuestión, de la cual no puede estar ajeno ni el poeta ni el científico.

‘Hija del asombro’ la nombra Perse, Como el niño cuando adviene a la luz solar desde la residencia acuática de la madre. En sus pupilas está toda la poesía y la ciencia del universo, atrapada entre lagrimitas resplandecientes.

Sólo que luego decidimos vendarle los ojos, atarle las manos, detener sus ganas de conocer y saber, descubrir y moldear, anticipar y crear. Lo convertimos en un adulto, sin ciencia ni poesía.

Pero, como dice el Premio Nóbel: “la poesía es ante todo un modo de vida, y de vida integral’. Y ni las hambrunas, ni las guerras, ni las masacres, ni las extinciones decretadas, podrán borrar esa parte ‘irreductible’ del hombre.

“¡Altivez del hombre en marcha bajo su carga de eternidad! Altivez del hombre en marcha bajo su carga de humanidad –cuando para él se abre un nuevo humanismo-, de universalidad real y de integridad psíquica”..., exclama el poeta.

Y allí en ese mandato está la labor y la tarea del científico y del poeta, en este tiempo de oscuridades. Por eso dice: “El verdadero drama del siglo está en la distancia que dejamos crecer entre el hombre temporal y el hombre intemporal.” ¿Lograremos cerrar esa brecha, rescatar la esencia de una humanidad que no ha podido desarrollarse aún?

Con Perse decimos: se trata de “asociar, en fin, más ampliamente el alma colectiva con la circulación de la energía espiritual en el mundo... Frente a la energía nuclear, la lámpara de arcilla del poeta ¿bastará para este fin? –Sí, si de la arcilla se acuerda el hombre.”

De la arcilla provenimos, de la piedra que se vuelve guijarro en su tránsito por los ríos, de la raíz que se convierte en fruto, de la brisa que garantiza la especie floral, de la pupila diminuta del niño que refleja en su iris la estructura estelar del universo. De allí viene nuestra infinita capacidad para crear, nombrar, construir, ‘sí de la arcilla nos acordamos’, si no olvidamos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Por todo ello recomendamos esta lectura. Pero más que para convertirnos en simples lectores, invitamos a ejercer a plenitud aquello a lo cual convoca: extraer esa sabiduría y esa poesía que está en el interior de cada quien, aguardando su tiempo, su espacio y circunstancia para correr libre hacia el otro, que es su hermano, en un tiempo y una sociedad que logre, al fin, sustituir la muerte, por los fulgores del alma humana, en funciones de vida plena y trascendente. ms

Se puede acceder al texto completo en el siguiente enlace



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sábado, marzo 10, 2012

UN AMOR DE ENCRUCIJADA




para anita

Dime qué enigma
tejió tus angustias
qué diáspora te llevó
mar adentro
hacia el centro de la
tempestad y el naufragio
que carrousel te hizo girar
en dirección al dolor
que huella traías inscritas
en la piel de una alegría
que se deslizó como un pez
enardecido en busca
de su lecho de agua

Qué fue de tu nacimiento
y el rubor de una madre
en fuga hacia la ausencia
qué te hizo sucumbir
ante la tentación
de un corcel brioso que
te llevaba hacia un parir
de tristezas
y qué fue de tu ilusión
estampada en el alero
de unos ojos estacionados
al borde de un horizonte roto

Tanto buscarte en las rosaledas
de un tiempo de risas
mientras tu destejías los días
en la inmovilidad de una pasión
detenida en el sobresalto
de un rumor ausente

Tanto pensarte en campos
florecidos de consuelos
mientras un viento fuerte
le quebraba el corazón a la noche
dejándote inerme de caricias

Tanto apurar las losas del camino
hacia la estación de la mirada
que nos dejaste rumorosa de
lejanías para que la vida no hubiera
pautado el regreso de tus pasos

Tanto latido apresado en un
adiós que se sembró en la
circunferencia de tus brazos
mientras nosotros hurgábamos
en el interior de las hogazas
el sabor de tu pan y de tus granos

Y sin embargo el reencuentro
tiene la altisonancia de un kyrie
la algarabía de un vino aún
sin madurar la sonoridad de la
celebración que quedó resguardada
en aquellos cuadernos de la infancia
por los que cabalgábamos
con las manos llenas de nísperos
prestos a conquistar el mundo que
aguardaba más allá de aquel diminuto
porche que limitaba nuestras ansias
y extendía nuestra imaginación
hacia un itinerario de pinos
y un campo de hijos

Hay de nuevo un sabor a vergel
un aroma de nueces y almendras
escanciadas en las confituras
que salían en vuelo desde aquel
inmenso libro escrito en francés
que nuestra perplejidad nunca
pudo traducir pero cuyos pliegos
despertaban rituales de fogón
y los encantamientos de las
horas sin mortaja ni silencios

Hay de nuevo el recorrido de una voz
que viene de un tiempo inmemorial
buscando resarcir los acordes
despojados de maderas y de viento
para la fragua de un canto
que jamás olvidamos

Y allí en esos predios del milagro
reescribiremos la historia que
nos fue legada en pergaminos
sin nombre pero con la rúbrica
de un tatarabuelo que hizo
la travesía a la inversa hasta
alcanzar la irreverencia
de lo imposible y la majestad
de los recintos de un amor
de encrucijadas

08 de marzo del 2012

texto y foto 
 mery sananes


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martes, octubre 19, 2010

MATEO MANAURE - ANIDADOR DE AMANECERES


A SUS 84 AÑOS

Hace cuatro años, al cumplir Mateo Manaure sus ochenta años, lo designamos Maestro Floricultor de la Cátedra Pío Tamayo y le escribimos la carta que hoy colocamos en estas Embusterías. Hoy cuando llega a sus 84, su contenido refiere el mismo gigantesco silencio que pesa sobre este artista excepcional, y la misma tragedia inmensa que comporta un tiempo y un territorio que ha perdido su capacidad para abrirse a las señales del porvenir.


A tus 80 años el tiempo se vuelve huellas sorprendentes para quien tenga abierto el asombro y sea capaz de irse en los colores que has ido inventando. Colores-palabras, pasteles-susurros, óleos-cantigas, asimetrías-bosques y simetrías que le disputan al horizonte su empeño en hacer de las mágicas curvaturas de lo que somos una línea recta que da el diseño del infinito que nos contiene.


Lienzos-tierra, telas-rostros, tiempos de azules o de ocres, de mandarinas que se tornan violetas como si fuesen viñedos que se van madurando en las estaciones de tus amores. Todos ellos, Mateo, móviles como las luciérnagas que danzan tus cielos de estío. Como la campánula que se levanta al compás de la brisa dando cuenta de su labor realizada. Como las manos mágicas de tu madre, que volaron más alto que los pájaros, inventándole cobijos a los sueños y despertares a tus interminables errancias.

LOS TESOROS QUE NOS
PERTENECEN

Sobre esta tierra de la que venimos, tus trabajos, Mateo, dan cuenta de todos los ingredientes-tesoros que nos pertenecen por esa condición de hombres que quisiéramos hacer pasar de conjetura a realidad. Allí está el almácigo que nace de las turbulencias, el engranaje de hierbas que crece desde la disparidad de las sequías. Están los soles depositados en los enseres del cada día, para que hagamos con él, las confituras de la alegría.

EL ELIPSIS DE LAS MELANCOLIAS

Pero, Mateo, conjugas también en el lienzo la melancolía de las estaturas que no hemos podido alcanzar, de los ángulos rectos que se nos volvieron elipsis, sin que sus hermosas sinuosidades fueran obra de las tempestades. Y está la tristeza honda de los rostros, que queda atónita en el delta de las desesperanzas. Para eso los faroles de tu pincel no delinean, sino que se deslizan entre todas las tonalidades de la risa, como dejando sólo los murmullos de sus ansias.

LLUVIA SIDERAL SOBRE PÁRPADOS
VENDADOS

Por ello, desde la vastedad de los silencios y los olvidos, sigues dando tu batalla desigual contra las oscuridades que no dejan crecer los follajes. Allí te acunas, como si fuese la matriz del universo, a recomponer los espacios del vivir, que nos entregaron devastados. Y persistes, con paciencia milenaria, tu orfebrería del color como si pudieras esparcirla como lluvia sideral sobre párpados vendados.

UNA TRAVESIA ENTRE BEETHOVEN
Y MAHLER

¿Será, Mateo, que deberán transcurrir otros ochenta años, antes de que en verdad reconozcan los signos que dejaste, los señuelos que le entregaste a la ilusión, el contenido libertario de tus confines cromáticos? ¿Será, Mateo, que te encerrarán de nuevo en los museos, sin dejarte salir al aire libre de donde vienes, recolector del lenguaje de los pájaros, los insectos, los peces, las mareas, los ríos y los huertos? ¿Será que no habrán de advertir el lenguaje musical que te hermana tanto con las pastorales de Beethoven como con el grito sinfónico de Mahler?

DESCOMPONES EN COLOR
EL TEJIDO DEL HOMBRE

¿No habrá, Mateo, entre tus festejadores de estos días, quienes, deslumbrados ante la belleza del tejido del hombre que descompones en color, decidan de una vez por todas, recuperar la armonía de la vida, desistir de la muerte, liberar tus huertos florecidos, llevarte junto a Reverón a ver el mar para que se desaten sus azules oleajes y, en conjunción con tus mágicos suelos, construyan de nuevo los caminos del vivir?

TU PALABRA-PINCEL QUEDARÁ
ATRAPADA ENTRE LOS MUROS

No tengo esperanzas de que ello ocurra, Mateo. Y sé que tú tampoco. Los tiempos que vivimos son sombríos, terribles como aún nadie se ha atrevido a describirlos. Duros, trágicos, inconsolables. Tu palabra-pincel quedará atrapada entre los muros. Pero no desaparecerá. Ni se contaminará de seudorrevoluciones ni mentiras. Quedará trabajando subterráneamente, tratando de hurgar en el fuego de las profundidades, el secreto de las más altas incandescencias.

PERO REGRESARÁS A MORAR
ENTRE LOS TUYOS

Y hoy he venido a decirte, en este nuevo cumplevida, que no habrá sido inútil tu empeño, no habrá sido en vano tu alquimia del color, tu minería del espacio, tu destilería de de solares transparentes. Regresarás a morar entre los tuyos, cabalgarás en las alas de los pájaros que, ocultos en bosques lluviosos, aún se resguardan para proteger de la destrucción la eternidad de su engranaje molecular. Vendrás, como quería León Felipe, en el corcel del viento a contribuir a enjugar la lágrima del mundo.

Y resplandecerá la vida, resucitarán los suelos, hablarán los bosques y se confundirán con el lenguaje de los hombres, que tendrá resonancias de estrellas, y sin embargo, conservará el cálido hálito de los suspiros que jamás se resquebrajaron en los túneles de la ausencia.

Y LOS PODEROSOS SE HABRÁN DESVANECIDO

Quienes hoy albergan los grandes poderes, quienes hoy sustentan la propiedad de la vida de los hombres, quienes hoy juegan a la guerra, de espaldas al gigantesco corazón azul del planeta, se habrán desvanecido junto con sus trampas, sus maquinarias letales, sus líneas divisorias, sus exclusiones, sus fronteras, sus propiedades, sus agravios, sus grandes dominios construidos sobre las lágrimas de esta dolida humanidad.

Y TUS SUELOS SERÁN RESIDENCIA PARA EL HOMBRE

Y allí en este territorio del vivir, tus suelos serán residencia para el hombre y para las aves de Braque, los lirios de Monet que Rafael Franceschi revistió de sus afanes, las líneas de Kandinski o de Cruz-Diez, las esferas de Jesús Soto. Y allí se erguirán sonrientes las soledades de César Rengifo, danzará de nuevo la tristeza de Toulouse Lautrec, Van Gogh esparcirá sus girasoles, y el asombro irreverente de los niños hará el resto.

SÉ QUE NO DETENDRÁ NI LA LISONJA
NI LA TENTACIÓN

Mientras, sé que seguirás afanoso tus tareas. Que no de detendrá ni la lisonja ni la tentación. Que seguirás militando en el porvenir. Que aún no has concluido tus deberes. Te faltan aún muchos pinceles que quebrar en nuevas tesituras, materiales que reinventar con el sabor de los cielos que aún no hemos vislumbrado, líneas que liberar para que tracen la abierta circunferencia de los sueños. Rostros para deslizar en ellos la alegría que será.

AÚN HABRÁS DE NUTRIR
LA SIEMBRA DE TU AMOR

Sé que tus manos se siguen agitando como si anduvieran detrás de una melodía que aún no descifras. Sé que tu corazón enardecido no se aquietará en estos tiempos de silencio. Sé que en tus párpados anidan imprevisibles amaneceres, llenos de inéditos tramados y colores. Y que todo ello irá a nutrir aún más la siembra de tu amor.

Tal vez así ayudemos a acortar este tiempo tan lleno de asesinos y a apurar el nacimiento de la humanidad que será un canto para todos los azules de los cielos de la vida de los mares que habitan en los amores de siempre.

Te abraza y te quiere
Mery
18 de octubre del 2006


Audio de la Carta
a Mateo Manaure

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sábado, septiembre 26, 2009

CARTA PARA LAS MADRES DE LOS HIJOS ASESINADOS EN EL BARRIO SETENTA

Eduard Munch

AUDIO DEL TEXTO


Alguna vez escribí que una carta es el espejo de una risa, un adagio escrito sobre un tumulto de silencios. Y hoy, cuando sacude la noticia de los diez muchachos asesinados, en el Barrio Setenta de El Valle, este martes 22 de septiembre del 2009, aquella carta recobra su fuerza y levanta su palabra vertical, verbo en ristre, para ir a alcanzar el regazo de las madres que hoy aguardan ante una morgue para retirar lo que le dejaron de sus hijos.

Y hoy vengo a hablar en nombre de ellas, de todas las madres que se quedaron sin sus hijos, arrebatados por la furia de una sociedad violenta. Y vengo a hablar por los hijos que despertaron temprano, aún antes de nacer, a la muerte que los marcó desde un inicio.

Son los hijos violentados que de tanto ultraje y dolor se hicieron violentos hasta que les partieron el pecho con ráfagas y la cabeza con tiros de gracia.

No vengo hoy aquí a hacer sociología ni psicología ni a justificar a nadie. Vengo a reclamar, en nombre de las madres, de los hijos que ni siquiera saben qué reclamar ni a quién, sino que sus días se van en una sobrevivencia que se vuelve a su vez asesina y criminal.

Vengo en busca de la risa que se quedó en el espejo. De la canción que de tanto retener silencios, se volvió resonancia de bala.

Vengo en busca de una voz y un clamor que se oiga, que retumbe en los aposentos del poder, en las alcobas de los dueños de este expaís, en los encargados de ser sepultureros, para detener esta masacre continuada y extendida, que viene tan de atrás que la hemos olvidado y ahora la digerimos como un complemento diario de una dieta que no nos pertenece.

Hablo por el dolor que quiebra los párpados de las madres a las que ya no le quedan lágrimas, ni caricias en las manos, ni canto en la garganta, de tanto vivir entre heridas y desgarraduras, penurias y sinsabores, muerte continuada y permanente.

Y digo de una vez, y de frente, aquí no existen presos comunes. Cada hombre, niño o mujer, que está detrás de las rejas es un preso politico, una víctima de un odio desenfrenado que tomó por asalto las calles, las veredas, los pueblos, los caseríos, en los cuales no hay ni escuela, ni parque, ni hospital, ni campo deportivo, ni siembra, ni comida, ni trabajo.

Son los pueblos que el petróleo desalojó de su riqueza natural, sin darle nada a cambio salvo una muerte viva que todos llevan a cuestas, en esa travesía infame hacia los resquicios de las sobras de una riqueza bien mantenida, custodiada y disfrutada por los gendarmes de siempre.

Y así lo dice Jorge Zalamea, en su Sueño de las Escalinatas, que Venezuela era un pobre país rico. Esos asesinados hoy en El Valle, que son la repetición de la misma historia en la cual el poder declara su omnipotencia sobre aquellos que acumulan en sus arterias secas, todas las miserias del mundo, son los hijos que no nacieron en un hospital sino en el banco roto de una plaza, o en una camilla vieja y destartalada, que los ungieron desde su primer llanto en la misma muerte que repartirían y que les sobrevendría.

Son los mismos que antes de caminar tuvieron que treparse por las escaleras de nuestros barrios para alcanzar una mañana siguiente. Los mismos que descubrieron la droga antes que el abecedario, que los colocaron en la terrible encrucijada de matar o morir, cada noche, cada calle, cada intervalo.

Yo vengo ahora a hablar por ellos, para que el espejo de la risa tenga sentido, para que se convierta en una bandada de versos, sin rima ni compostura, que soliviante, convoque a quienes nos refugiamos en el silencio de este expais que se cae a trozos, sin que hagamos nada por detener la destrucción.

Hablo por el dolor que se anida en ellos y en sus madres, que nunca conocieron la espita de la alegría, que no parieron sino que les fueron paridos los hijos por la necesidad, la soledad o la dimensión de las carencias.

Hablo por ellas, porque estos abatidos fueron alguna vez promesa de niños, y quizás en algún travesaño del día, en sus rostros se le dibujaron sonrisas que hubiesen servido para sembrarle cantos, pensamientos y creación a este laberinto de muertes.

Hablo por la herida que no se cierra, cuando un hijo se nos convierte en una migaja de piel fracturada de balas.

Y que nadie ose levantar la voz para acusarlos de delincuentes, drogadictos y asesinos. Porque la escuela en la cual aprendieron esos oficios está en quienes deberían resguardarlos, cuidarlos y levantarlos como seres para la vida.

El asesinato aquí lo siembra el poder, no el hijo que nace muerto, en aposentos muertos, en los que hasta el aire ha dejado de respirar.

Ayer fue un 27 de febrero de 1989, antes la defensa de una democracia sin democracia y hoy la exaltación de una revolución sin revolución, sin esperanza, sin vida y sin porvenir.

¿Dejaremos que prosiga esta masacre? ¿O alzaremos la palabra vertical para detenerla? Yo coloco esta carta como un guijarro en descenso hacia el cauce del agua, que ahora va con prisa a juntarse al tumulto de voces que hay que erguir para reinventar la vida y la risa de los niños hoy violentados, asesinados, transgredidos.

Y a esas madres va mi palabra rota, con ansias de ser vuelo de vida y alegría, en sus corazones hoy en pleno destrozo ante la presencia de sus hijos muertos.

25 de septiembre del 2009

mery sananes
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