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miércoles, octubre 18, 2023

MATEO MANAURE: ANIDADOR DE AMANECERES



A tus 80 (hoy cumpliría 97 años) el tiempo se vuelve huellas sorprendentes para quien tenga abierto el asombro y sea capaz de irse en los colores que has ido inventando. Colores-palabras, pasteles-susurros, óleos-cantigas, asimetrías-bosques y simetrías que le disputan al horizonte su empeño en hacer de las mágicas curvaturas de lo que somos una línea recta que da el diseño del infinito que nos contiene.

Lienzos-tierra, telas-rostros, tiempos de azules o de ocres, de mandarinas que se tornan violetas como si fuesen viñedos que se van madurando en las estaciones de tus amores. Todos ellos, Mateo, móviles como las luciérnagas que danzan tus cielos de estío. Como la campánula que se levanta al compás de la brisa dando cuenta de su labor realizada. Como las manos mágicas de tu madre, que volaron más alto que los pájaros, inventándole cobijos a los sueños y despertares a tus interminables errancias.






LOS TESOROS QUE NOS
PERTENECEN

Sobre esta tierra de la que venimos, tus trabajos, Mateo, dan cuenta de todos los ingredientes-tesoros que nos pertenecen por esa condición de hombres que quisiéramos hacer pasar de conjetura a realidad. Allí está el almácigo que nace de las turbulencias, el engranaje de hierbas que crece desde la disparidad de las sequías. Están los soles depositados en los enseres del cada día, para que hagamos con él, las confituras de la alegría.

EL ELIPSIS DE LAS MELANCOLIAS
Pero, Mateo, conjugas también en el lienzo la melancolía de las estaturas que no hemos podido alcanzar, de los ángulos rectos que se nos volvieron elipsis, sin que sus hermosas sinuosidades fueran obra de las tempestades. Y está la tristeza honda de los rostros, que queda atónita en el delta de las desesperanzas. Para eso los faroles de tu pincel no delinean, sino que se deslizan entre todas las tonalidades de la risa, como dejando sólo los murmullos de sus ansias.

LLUVIA SIDERAL SOBRE PÁRPADOS
VENDADOS

Por ello, desde la vastedad de los silencios y los olvidos, sigues dando tu batalla desigual contra las oscuridades que no dejan crecer los follajes. Allí te acunas, como si fuese la matriz del universo, a recomponer los espacios del vivir, que nos entregaron devastados. Y persistes, con paciencia milenaria, tu orfebrería del color como si pudieras esparcirla como lluvia sideral sobre párpados vendados.

UNA TRAVESIA ENTRE BEETHOVEN
Y MAHLER
¿Será, Mateo, que deberán transcurrir otros ochenta años, antes de que en verdad reconozcan los signos que dejaste, los señuelos que le entregaste a la ilusión, el contenido libertario de tus confines cromáticos? ¿Será, Mateo, que te encerrarán de nuevo en los museos, sin dejarte salir al aire libre de donde vienes, recolector del lenguaje de los pájaros, los insectos, los peces, las mareas, los ríos y los huertos? ¿Será que no habrán de advertir el lenguaje musical que te hermana tanto con las pastorales de Beethoven como con el grito sinfónico de Mahler?

DESCOMPONES EN COLOR
EL TEJIDO DEL HOMBRE
¿No habrá, Mateo, entre tus festejadores de estos días, quienes, deslumbrados ante la belleza del tejido del hombre que descompones en color, decidan de una vez por todas, recuperar la armonía de la vida, desistir de la muerte, liberar tus huertos florecidos, llevarte junto a Reverón a ver el mar para que se desaten sus azules oleajes y, en conjunción con tus mágicos suelos, construyan de nuevo los caminos del vivir?

TU PALABRA-PINCEL QUEDARÁ
ATRAPADA ENTRE LOS MUROS

No tengo esperanzas de que ello ocurra, Mateo. Y sé que tú tampoco. Los tiempos que vivimos son sombríos, terribles como aún nadie se ha atrevido a describirlos. Duros, trágicos, inconsolables. Tu palabra-pincel quedará atrapada entre los muros. Pero no desaparecerá. Ni se contaminará de seudorrevoluciones ni mentiras. Quedará trabajando subterráneamente, tratando de hurgar en el fuego de las profundidades, el secreto de las más altas incandescencias.

PERO REGRESARÁS A MORAR
ENTRE LOS TUYOS

Y hoy he venido a decirte, en este nuevo cumplevida, que no habrá sido inútil tu empeño, no habrá sido en vano tu alquimia del color, tu minería del espacio, tu destilería de de solares transparentes. Regresarás a morar entre los tuyos, cabalgarás en las alas de los pájaros que, ocultos en bosques lluviosos, aún se resguardan para proteger de la destrucción la eternidad de su engranaje molecular. Vendrás, como quería León Felipe, en el corcel del viento a contribuir a enjugar la lágrima del mundo.

Y resplandecerá la vida, resucitarán los suelos, hablarán los bosques y se confundirán con el lenguaje de los hombres, que tendrá resonancias de estrellas, y sin embargo, conservará el cálido hálito de los suspiros que jamás se resquebrajaron en los túneles de la ausencia.

Y LOS PODEROSOS SE HABRÁN DESVANECIDO

Quienes hoy albergan los grandes poderes, quienes hoy sustentan la propiedad de la vida de los hombres, quienes hoy juegan a la guerra, de espaldas al gigantesco corazón azul del planeta, se habrán desvanecido junto con sus trampas, sus maquinarias letales, sus líneas divisorias, sus exclusiones, sus fronteras, sus propiedades, sus agravios, sus grandes dominios construidos sobre las lágrimas de esta dolida humanidad.

Y TUS SUELOS SERÁN RESIDENCIA PARA EL HOMBRE
Y allí en este territorio del vivir, tus suelos serán residencia para el hombre y para las aves de Braque, los lirios de Monet que Rafael Franceschi revistió de sus afanes, las líneas de Kandinski o de Cruz-Diez, las esferas de Jesús Soto. Y allí se erguirán sonrientes las soledades de César Rengifo, danzará de nuevo la tristeza de Toulouse Lautrec, Van Gogh esparcirá sus girasoles, y el asombro irreverente de los niños hará el resto.

SÉ QUE NO DETENDRÁ NI LA LISONJA
NI LA TENTACIÓN

Mientras, sé que seguirás afanoso tus tareas. Que no de detendrá ni la lisonja ni la tentación. Que seguirás militando en el porvenir. Que aún no has concluido tus deberes. Te faltan aún muchos pinceles que quebrar en nuevas tesituras, materiales que reinventar con el sabor de los cielos que aún no hemos vislumbrado, líneas que liberar para que tracen la abierta circunferencia de los sueños. Rostros para deslizar en ellos la alegría que será.

AÚN HABRÁS DE NUTRIR
LA SIEMBRA DE TU AMOR

Sé que tus manos se siguen agitando como si anduvieran detrás de una melodía que aún no descifras. Sé que tu corazón enardecido no se aquietará en estos tiempos de silencio. Sé que en tus párpados anidan imprevisibles amaneceres, llenos de inéditos tramados y colores. Y que todo ello irá a nutrir aún más la siembra de tu amor.

Tal vez así ayudemos a acortar este tiempo tan lleno de asesinos y a apurar el nacimiento de la humanidad que será un canto para todos los azules de los cielos de la vida de los mares que habitan en los amores de siempre.

Te abraza y te quiere


Mery
escrito y publicado el 18 de octubre del 2006

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domingo, octubre 18, 2015

JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ A MATEO MANAURE


A MATEO MANAURE


Sin la inhibición de paisajes nuevos,
en el augur asentado en las cimas,
con diez luciérnagas como una mano,
en el gran día enfático, suelo que arraiga con altísimas flautas.


JUAN SÁNCHEZ PELÁEZ





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viernes, octubre 17, 2014

MATEO MANAURE: ENAMORADO HABITANTE DE LA VIDA



Esta carta escrita hace diez años, en
octubre del 2004, tiene plena vigencia. La entregamos hoy en en este nuevo octubre de su cumpleaños, para celebrar, una vez más,  su vida y su obra.  ms

Me siembro en tus suelos cada día, para vencer la tristeza. Navego en tus ríos para salir ilesa de tanta sequía. Hago residencia en las estelas de luciérnagas que incendiaron tus pinceles para espantar las sombras. Me sumerjo en tus azules para reinventar la ilusión. Me deslizo entre tus sepias para recorrer el camino inverso al pan. Y miro como los colores se derraman fuera del lienzo para dibujarle travesías de amor a las pupilas de los niños que se los llevan consigo para volar con ellos sus papagayos en los mediodías.

Eres un enamorado habitante de la vida, Mateo. Tal vez porque nunca has roto el vínculo con la tierra, el paisaje, las aguas y las piedras, las hojarascas y las raíces de los árboles. Sabías que en su interior podías aprender más del corazón del hombre que en la devastadora historia de la que se ha empeñado en ser actor. Allí descifraste los códigos vitales de la naturaleza y supiste que en ese dominio la vida corre libre y raudalosa hacia el asombro. Y tomaste entre tus manos la esencia de la que estaba hecha y la trasmutaste en color y en movimiento que se disemina entre el lienzo, como una danza floral.

Tal vez intuías que allí estaba la señal que había que rescatar en medio de un mundo que ya carece de ojos para ver. Como reconstruir el tiempo primigenio en el cual el planeta se preparaba para recibir a su residente mayor. Cuánto trabajo había realizado para que las hormigas hubiesen aprendido ya a recorrer sus caminitos de invierno. Y las chicharras a desvestirse de su traje primero. Y a los cocuyos recoger en el viento el fuego que las haría relumbrar. Para que cuando se irguiera por primera vez sobre su risa, pudiera prodigarse con un paisaje hecho de estallidos solares y explosiones cósmicas.

Detenido en el asombro, el hombre alcanza la dimensión del infinito. Su mirada contiene cualquier horizonte y su alegría es como si manaran de ella fogatas iridiscentes. Tú nos devuelves a ese tiempo y a ese momento. Pero no para hacer en tus lienzos estación pasajera, sino para convocar a convertirnos en artífices de nuestro propio paisaje interior. Nunca te quedaste en tus telas.

Pero allí te tienen atrapado como si de sus visiones no salieran palabras como ríos de mariposas para despertar al hombre de su letargo de muerte y destrucción. Le pusieron cuerdas a tus alas para que no salieran tus cometas por las ventanas. Etiquetaron tu conmovido corazón de azulejo, para que no se viera el hilo de vida que se te escapaba por las aristas de un cubo, que sólo daba la medida exacta de una línea sin término. Le colocaron marcos a tus sueños, para que no amanezcan vestidos de futuro.

Por eso, Mateo, en estos tiempos turbulentos, te desato. Devuelvo tus colores a donde pertenecen, al rubor de los campos, al estampido del viento, a la humedad de los surcos, a la estatura de los árboles, para que de allí regresen a hacer residencia de verdes donde sólo hay silencio, a construirle recintos violetas a los suspiros, a edificarle vasijas naranja al dolor que duele de sepias.

Tal vez algún día queden recogidos en las pupilas de los niños que serán. Entonces, habrá que ir al encuentro de los rostros para hacer el hallazgo de tus lienzos. Y tú habrás recobrado para siempre lo que te hace eterno en la eternidad de la alegría del hombre.

Mientras, Mateo, la tristeza atenaza los días sin que la pena que se alberga entre las palabras buscando sonoridades inéditas, encuentre aún su cauce melodioso. La muerte parece ir minando hasta la cresta de los montes. Las aguas dejan de dar de beber, para ir a recobrar sus territorios usurpados. El fuego ya no tiñe de púrpura los atardeceres sino que se vuelve disparo. Y el hombre, que dejó de verse en el espejo de las estrellas, en el pozo de luceros del que está hecho, devino en sepultura y en sepulturero.

Como si ya no cupiera sobre la tierra la herida del hombre, ni el grito que la contiene, ni el desahucio, ni la hondura de todo lo que le quiebra la vida. ¿Será, Mateo que habrá que apagar las palabras, pintar de negro los lienzos, silenciar los adagios, cerrarle las ventanas al sol, hasta que venga de regreso, en el corcel del viento, otra vez, el estallido que despierte al hombre a su condición y oficio de jardinero mayor?


Mery Sananes
18 de octubre del 2004

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jueves, octubre 17, 2013

MATEO MANAURE: COSECHA DE CREPÚSCULOS EN ALUVIÓN DE TEXTURAS



Esta carta se la escribimos a Mateo Manaure hace 13 años.  Y, como cualquiera de las muchas que le hemos enviado, tiene plena vigencia en este octubre, en el cual solemos festejar y celebrar la fecha de su nacimiento y la dimensión porvenirista de su obra.

En este hoy, que parece más bien un ayer, los obstáculos son mayores, los laberintos se han multiplicado, la orfandad crece como la hiedra. Y en los largos corredores de un tiempo, que hemos suspendido en el territorio de las zozobras, los trabajos de Mateo Manaure, son una encandilada estación de sueños. 

Y ante este silencio devastador, tomado por la iracundia y el desparpajo, por el grito opaco y la querella inútil, asomarse a sus lienzos es una larga y honda travesía por la majestad de la tierra, la fragilidad de los ríos, la sonoridad de las chicharras y el rostro amoroso del hombre que construye un tiempo eterno en la brevedad de su canto.

Y por ello en cada octubre invitamos a hacer el recorrido por ese recinto de estrellas, ese ritual de ilusiones, que aguarda impaciente por la alegría rescatada del hombre. ms

     
Mateo


El tiempo suele siempre hacer de las suyas. Nos roba los días, las semanas, los meses. Nos coloca obstáculos en el camino, nos señala prisas y precisa de nosotros un hacer cotidiano, permanente, incesante, que nos hace transeúntes de un itinerario que se convierte en un inmenso laberinto. En él entramos y a veces sus largos corredores nos llevan y traen a las orillas de sueños inconclusos, o al devastado ínterin de certezas que son como un reto. En verdad nunca cesamos en nuestro empeño aventurero y muchos menos en el cultivo de los afectos que se tejen en los engranajes de la ilusión.


Por eso, Mateo, no hemos regresado a tus sitios a seguir la conversa que comenzamos hace mucho. Desde la primera vez que nos asomamos a unos de tus lienzos, como si en ellos cupiera toda la dimensión del tiempo. Un tiempo que se vuelve color, línea difusa que recorre la geografía de todos los paisajes, que se detiene geométricamente para luego transmutarse en río, en pasto, en un arrebol infinito de luz.


Por ese don que la tierra te otorgó, que tú trabajaste con la pasión del alfarero, para aglutinarla hasta devolverla al hombre hecha amasijo de nutrientes, pastizal de soles, pincelada de un tiempo en movimiento que se detiene en el infinito de una tela, lograste el milagro de hacerte eterno. Mediante ese acto de magia y creación, que tiene sabor a vida derramada, a sacrificio empeñado, a tenacidad inalterable, has entregado a la humanidad un tesoro que aguarda su tiempo de estallar en sus más hondos y profundos significados.

Apenas la fiesta del color, el trazo de la línea, la textura del material, ha sorprendido los ojos. Pero cuánta palabra-pastel, testimonio-óleo, expediente-lienzo, falta por aprehender. Tu voz de hombre enamorado de la vida, tu gramática de combatiente por la causa de la humanidad, tu párrafo-semillero de ideas inéditas, argumentos contundentes aún no ha alcanzado los confines del viento.


Mateo, tú te sales siempre de las galerías, de los corredores donde fijan tus cuadros, de los espacios donde se estacionan tus murales. Te vas a la vastedad de los cielos abiertos y al interior del corazón del hombre, con una explosión de sentimientos que van desde el abecedario de la tierra hasta los nacimientos de los ríos que descienden sobre los paisajes con su equipaje de cristales maravillosos y guijarros de rocío, describiendo geometrías de naranja-atardecer y de verdes-mediodías, que toman por asalto el ocre-arcilla de los adobes con los que el hombre mañana construirá su casa de agua.

Para reconocerte hay que despojarse de los artificios eruditos de los conocedores de oficio y del grafito que recoge los adjetivos de las reseñas que hablan de las parcelas del arte. Hay que verte con el corazón, para que fluya como un torrente sanguíneo tu mensaje de sueños, tu testimonio de amor, tu labor artesana con la que absorbes los paisajes para devolverlos palabras de colores, papagayos encendidos, veleros que surcan deltas, hondonadas y valles donde el hombre recobra su dimensión de asombro, de ternura y de rebeldía.

Por eso, Mateo, para asomarnos a tu universo centelleante, tenemos que hacerlo desde el territorio donde la vida tiene su reino. No desde los lugares amurallados donde se concentra la inhumanidad de un hombre que aún no alcanza su dimensión de creador, de mago de la alegría.

Algún día se acallarán las máquinas de muerte, dejarán de esparcirse las telas que sólo sirven para amortajar, se cerrarán los agujeros abiertos para recibir sepulturas. Entonces se desplegarán tus lienzos con la fuerza del viento. Mientras, tus obras tienen la magia de situarnos frente a lo que podremos ser. Y en ese lugar se reconstruye la esperanza, se hace expedita la alegría, se anuncia el porvenir.


Por eso hoy, que es día de tu cumpleaños, celebramos tu cosecha de crepúsculos, tu aluvión de texturas, tu testimonio de brasas, porque en el diminuto espacio de la vida que nos toca, todavía podemos desplegar el arte del abrazo, el vendaval de la risa, el troquel de la palabra que se engasta en los atardeceres para dibujarte un homenaje de lluvia.


Mery



18 de octubre del 2000

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martes, octubre 18, 2011

MATEO MANAURE: REGISTRO DE LO QUE SERÁ



A SUS OCHENTA Y CINCO AÑOS


18 de octubre de 1926 - y hasta el infinito registro
de lo que será

Mateo

Si tan sólo pudiésemos tomar de tus lienzos algunos de los hilos de púrpura, naranja y violetazul con los que dibujas los suelos de esta tierra, entonces te escribiríamos una carta hecha de paisajes. Allí el agua haría conjunción con la luna,  los pastos con el cielo, los luceros con las luciérnagas, y como un río de colores se desbordarían del papel para inundar tus espacios con la misma luz que nos regalas.

¿De qué cántaro está hecho tu corazón, Mateo, que puedes con tu amor amalgamar auroras con areniscas, atardeceres con espigas, lámparas de tierra con linternitas de agua? Como si por la magia de tus manos sembraras huertos en las telas,  solares en las pupilas, manantiales en una sola hebra de color trazada como elipse de la vida.

¿Será por esa humana decisión de recordarle al hombre el hecho de que es humano, en una época que demostró no estar madura aún para esa advertencia? ¿Será por esa  indagación infinita de la tierra, de los ríos, de las hojas, de los pájaros, de los rostros, en los que te has detenido como esforzado arquitecto de todas las texturas que el arrebol dibuja sobre los oleajes de arcilla?

¿Será, Mateo, por ese disparo de amor que haces al mundo, hecho con la pólvora de tus sueños? ¿O será acaso que el río Uracoa, derramando violetas de agua sobre el azul de los bosques, te ofrendó sus encantamientos para siempre?

Tal vez fue aquella madrugada en la que el silencio conjuró todos los ruidos, para que fueras espectador único de aquel enjambre de estrellitas que te cubrieron el asombro hasta envolverte eternamente en su alada fosforescencia. O esa persistente decisión de advertir la raíz de la vida en la amalgama de tejidos que brotan de la tierra y del alma, para que en tus tapices de amor, quedara el registro de las auroras que habrán de ser.

Cómo si no explicar ese estallido de armonías que se tocan y limitan, entrecruzan y difunden, entreveran y suspiran en un almácigo que se hará campo florecido de alegría cuando el hombre aprenda a leer en los antiguos sedimentos la noción exacta de la fiesta de la vida que hace ruta subterránea hacia la cima de los cielos.

Es como si a orillas de tu río, en los andenes de las tierras que recorrió tu afán explorador, hubieses encontrado los signos vitales del planeta, grabados en el rostro de las piedras, en las desembocaduras de los hilos de agua, en el polvo de arcilla que se hace vasija o surco para una misma siembra.

Allí estaban y están todos los dones del hombre,  dispuestos para la celebración de una vida en armonía, pletórica de frutos, flores, granos, pastos, hierbas, soles y bosques de risa.

Y se hicieron color y cobijo entre tus manos magas, en el interior de tu corazón de lirio y rocío, para derramarse otra vez sobre la tierra, hechos ahora andén de los sueños, espacio de la esperanza, imagen del paisaje de la vida, en las pupilas de un hombre que ama.

Sabías que mientras mezclabas atardeceres con la ingeniería exacta de los panales, mediodías con polvo lunar,  arenas desérticas con gajitos de pomarrosa, se iba secando el color sobre  la tierra, opacando la risa sobre los rostros, acallando la música de las chicharras y los sapitos.

Y te diste a la tarea de rescatar para el hombre maltrecho y devastado de este tiempo, el huerto infinito de la vida. Como si sobre los campos resecos pudieran leerse las simientes que sueñan convertirse en cometas y floraciones.

Así de tus lienzos, Mateo,  emergen espigas y hierbas, pájaros y mariposas, girasoles y bromelias, aliñados con el azúcar dúlcimo de tu corazón enamorado. En ellos queda el registro de lo que será nuestra casa algún día, cuando el hombre aprenda a vivir entre hermanos, cuando se convierta otra vez en hortelano de su propio huerto cósmico y eterno.

Tomamos entonces, Mateo, un ramillete de hebras de tus lienzos, que sembramos desde siempre en el recinto de la palabra que aún no se ha dicho,  para entregártela como una infinita floración de arcoiris.

Sabemos que aún de tu ternura emergerán vuelos altos, vientos largos, aire enamorado, tiempos de ocre florecer y verde tallo, de horizontes naranja, y mediodías azulados, de ríos de amapolas y piedras que desgranan racimos de vides. 

Sabemos que, más allá de todo tiempo, algún día el hombre habitará una casa que tendrá los colores que brotan de tus pinceles. Entonces, aprenderá a reconocerse a sí mismo, y los suelos de la tierra toda tendrán para siempre el aroma de tu lumbre.

Te abrazo con el creciente amor de siempre.

mery sananes

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domingo, agosto 14, 2011

MATEO MANAURE ENCANDILÓ LOS CIELOS DE CARABALLEDA


Foto tomada por Agustín Blanco Munoz
en Caraballeda el domingo 07 de agosto del 2011

El sol se ha empeñado en dibujarle paletas de colores al cielo. En estos días, tan oscuros de nuestro expaís, ofrece una sinfonía de tonalidades, un derroche de pasteles, un lienzo cambiante.

En sus horas recoge los sepias de Armando Reverón, los naranjas de Mateo Manaure, los violetas de Claude Monet, los azules de Joan Miró, y toda la gama de colores que anidan en las pupilas de los niños que sueñan.

Hace unos días nos sorprendió un amarillo tostado, como si Armando Reverón, desde sus talleres cósmicos, hubiese decidido armar un lienzo con la totalidad del cielo y desde allí perfilar sus lineas cromáticas.

Esta vez fueron los Suelos de mi Tierra de Mateo Manaure quienes hicieron aparición como una ofrenda gigantesca a estos tiempos de destrozos y tristezas. Como si de esa amalgama de sentimientos, pudieran brotar las semillas que requerimos para repoblar los suelos de este expaís con florerías.

Mateo Manaure / Serie Suelos de mi tierra

Y esto nos hace pensar que hay que mirar al cielo para leer en él los escritos inmemoriales que dan testimonio de nuestra estructura celeste, de la dimension de la ternura que albergamos, de la noción de raiz que abriga el planeta en su totalidad, de esa genética olvidada, preterida, que nos hace a todos hermanos. 


Y que hay que observar los suelos de esta tierra y de todos los territorios donde habita la esperanza de un hombre atormentado, fraccionado y subvertido en su capacidad de ser.  Allí en esa lectura profundamente amorosa que le da Mateo Manaure, que le pemitió derramar toda la gama de color en ese sueño de ver la tierra florecer en sus majestuosos primores.

Nada es casual ni por azar en el breve ciclo de la vida en el que nos toca estar presentes. Y estos cielos son escritura esencial para comprender quienes somos.

Ese gigantesco espejo que cada día nos deletrea la vida, hay que mirarlo, masticarlo con pasión, engullirlo con avidez, para que nos revele el entendimiento capaz de aprenhender lo sencillo por encima de la complejidad de todo lo intrascendente. La vida más allá de tanta muerte que se ha enseñoreado sobre estas tierras. La tarea de ser y hacer lo que somos sobre esta pesadilla en la que nos han convertido la existencia, en esta poca cosa en la que hemos devenido, plegados como estamos a cualquier vanidad, horror o desparpajo.

Que no sean los blancos y negros del Guernica de Picasso los que remonten nuestros cielos. Invoquemos ahora los girasoles de Van Gogh, los verdes de El Ávila de Manuél Cabré, los rostros de niños y los cellos de Rafael Franceschi, las líneas geométricas de Carlos Cruz Diez, las paletas de Joan Miró, y todos los que quieran añadir a una lista innumerables de creadores de sueños, y tal vez comencemos a irrigarnos de esas semillas, y comenzar a fundar un tiempo distinto.
mery sananes



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martes, octubre 19, 2010

MATEO MANAURE - ANIDADOR DE AMANECERES


A SUS 84 AÑOS

Hace cuatro años, al cumplir Mateo Manaure sus ochenta años, lo designamos Maestro Floricultor de la Cátedra Pío Tamayo y le escribimos la carta que hoy colocamos en estas Embusterías. Hoy cuando llega a sus 84, su contenido refiere el mismo gigantesco silencio que pesa sobre este artista excepcional, y la misma tragedia inmensa que comporta un tiempo y un territorio que ha perdido su capacidad para abrirse a las señales del porvenir.


A tus 80 años el tiempo se vuelve huellas sorprendentes para quien tenga abierto el asombro y sea capaz de irse en los colores que has ido inventando. Colores-palabras, pasteles-susurros, óleos-cantigas, asimetrías-bosques y simetrías que le disputan al horizonte su empeño en hacer de las mágicas curvaturas de lo que somos una línea recta que da el diseño del infinito que nos contiene.


Lienzos-tierra, telas-rostros, tiempos de azules o de ocres, de mandarinas que se tornan violetas como si fuesen viñedos que se van madurando en las estaciones de tus amores. Todos ellos, Mateo, móviles como las luciérnagas que danzan tus cielos de estío. Como la campánula que se levanta al compás de la brisa dando cuenta de su labor realizada. Como las manos mágicas de tu madre, que volaron más alto que los pájaros, inventándole cobijos a los sueños y despertares a tus interminables errancias.

LOS TESOROS QUE NOS
PERTENECEN

Sobre esta tierra de la que venimos, tus trabajos, Mateo, dan cuenta de todos los ingredientes-tesoros que nos pertenecen por esa condición de hombres que quisiéramos hacer pasar de conjetura a realidad. Allí está el almácigo que nace de las turbulencias, el engranaje de hierbas que crece desde la disparidad de las sequías. Están los soles depositados en los enseres del cada día, para que hagamos con él, las confituras de la alegría.

EL ELIPSIS DE LAS MELANCOLIAS

Pero, Mateo, conjugas también en el lienzo la melancolía de las estaturas que no hemos podido alcanzar, de los ángulos rectos que se nos volvieron elipsis, sin que sus hermosas sinuosidades fueran obra de las tempestades. Y está la tristeza honda de los rostros, que queda atónita en el delta de las desesperanzas. Para eso los faroles de tu pincel no delinean, sino que se deslizan entre todas las tonalidades de la risa, como dejando sólo los murmullos de sus ansias.

LLUVIA SIDERAL SOBRE PÁRPADOS
VENDADOS

Por ello, desde la vastedad de los silencios y los olvidos, sigues dando tu batalla desigual contra las oscuridades que no dejan crecer los follajes. Allí te acunas, como si fuese la matriz del universo, a recomponer los espacios del vivir, que nos entregaron devastados. Y persistes, con paciencia milenaria, tu orfebrería del color como si pudieras esparcirla como lluvia sideral sobre párpados vendados.

UNA TRAVESIA ENTRE BEETHOVEN
Y MAHLER

¿Será, Mateo, que deberán transcurrir otros ochenta años, antes de que en verdad reconozcan los signos que dejaste, los señuelos que le entregaste a la ilusión, el contenido libertario de tus confines cromáticos? ¿Será, Mateo, que te encerrarán de nuevo en los museos, sin dejarte salir al aire libre de donde vienes, recolector del lenguaje de los pájaros, los insectos, los peces, las mareas, los ríos y los huertos? ¿Será que no habrán de advertir el lenguaje musical que te hermana tanto con las pastorales de Beethoven como con el grito sinfónico de Mahler?

DESCOMPONES EN COLOR
EL TEJIDO DEL HOMBRE

¿No habrá, Mateo, entre tus festejadores de estos días, quienes, deslumbrados ante la belleza del tejido del hombre que descompones en color, decidan de una vez por todas, recuperar la armonía de la vida, desistir de la muerte, liberar tus huertos florecidos, llevarte junto a Reverón a ver el mar para que se desaten sus azules oleajes y, en conjunción con tus mágicos suelos, construyan de nuevo los caminos del vivir?

TU PALABRA-PINCEL QUEDARÁ
ATRAPADA ENTRE LOS MUROS

No tengo esperanzas de que ello ocurra, Mateo. Y sé que tú tampoco. Los tiempos que vivimos son sombríos, terribles como aún nadie se ha atrevido a describirlos. Duros, trágicos, inconsolables. Tu palabra-pincel quedará atrapada entre los muros. Pero no desaparecerá. Ni se contaminará de seudorrevoluciones ni mentiras. Quedará trabajando subterráneamente, tratando de hurgar en el fuego de las profundidades, el secreto de las más altas incandescencias.

PERO REGRESARÁS A MORAR
ENTRE LOS TUYOS

Y hoy he venido a decirte, en este nuevo cumplevida, que no habrá sido inútil tu empeño, no habrá sido en vano tu alquimia del color, tu minería del espacio, tu destilería de de solares transparentes. Regresarás a morar entre los tuyos, cabalgarás en las alas de los pájaros que, ocultos en bosques lluviosos, aún se resguardan para proteger de la destrucción la eternidad de su engranaje molecular. Vendrás, como quería León Felipe, en el corcel del viento a contribuir a enjugar la lágrima del mundo.

Y resplandecerá la vida, resucitarán los suelos, hablarán los bosques y se confundirán con el lenguaje de los hombres, que tendrá resonancias de estrellas, y sin embargo, conservará el cálido hálito de los suspiros que jamás se resquebrajaron en los túneles de la ausencia.

Y LOS PODEROSOS SE HABRÁN DESVANECIDO

Quienes hoy albergan los grandes poderes, quienes hoy sustentan la propiedad de la vida de los hombres, quienes hoy juegan a la guerra, de espaldas al gigantesco corazón azul del planeta, se habrán desvanecido junto con sus trampas, sus maquinarias letales, sus líneas divisorias, sus exclusiones, sus fronteras, sus propiedades, sus agravios, sus grandes dominios construidos sobre las lágrimas de esta dolida humanidad.

Y TUS SUELOS SERÁN RESIDENCIA PARA EL HOMBRE

Y allí en este territorio del vivir, tus suelos serán residencia para el hombre y para las aves de Braque, los lirios de Monet que Rafael Franceschi revistió de sus afanes, las líneas de Kandinski o de Cruz-Diez, las esferas de Jesús Soto. Y allí se erguirán sonrientes las soledades de César Rengifo, danzará de nuevo la tristeza de Toulouse Lautrec, Van Gogh esparcirá sus girasoles, y el asombro irreverente de los niños hará el resto.

SÉ QUE NO DETENDRÁ NI LA LISONJA
NI LA TENTACIÓN

Mientras, sé que seguirás afanoso tus tareas. Que no de detendrá ni la lisonja ni la tentación. Que seguirás militando en el porvenir. Que aún no has concluido tus deberes. Te faltan aún muchos pinceles que quebrar en nuevas tesituras, materiales que reinventar con el sabor de los cielos que aún no hemos vislumbrado, líneas que liberar para que tracen la abierta circunferencia de los sueños. Rostros para deslizar en ellos la alegría que será.

AÚN HABRÁS DE NUTRIR
LA SIEMBRA DE TU AMOR

Sé que tus manos se siguen agitando como si anduvieran detrás de una melodía que aún no descifras. Sé que tu corazón enardecido no se aquietará en estos tiempos de silencio. Sé que en tus párpados anidan imprevisibles amaneceres, llenos de inéditos tramados y colores. Y que todo ello irá a nutrir aún más la siembra de tu amor.

Tal vez así ayudemos a acortar este tiempo tan lleno de asesinos y a apurar el nacimiento de la humanidad que será un canto para todos los azules de los cielos de la vida de los mares que habitan en los amores de siempre.

Te abraza y te quiere
Mery
18 de octubre del 2006


Audio de la Carta
a Mateo Manaure

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lunes, octubre 23, 2006

ENCUENTRO CON MATEO MANAURE

A LOS OCHENTA AÑOS DE ANDAR
POR LOS COLORES DEL MUNDO

En ocasión de celebrarse los 80 años del andar de Mateo Manaure, por los colores del mundo, la Cátedra Pío Tamayo le hará entrega de la más alta distinción que esta escuela de idealidad avanzada y de sabiduría popular otorga a quienes, dejan huella de porvenir en estos tiempos sombríos. Se le designa:

MAESTRO FLORICULTOR



Invitamos a la comunidad universitaria, al público en general, a los amigos de Mateo a acompañarnos en este encuentro con uno de los grandes creadores de este país, y en particular con quien diera luz, espacio y belleza a este recinto universitario.





LUNES, 23 DE OCTUBRE DEL 2006 / SALA “E” / 6 pm
FRENTE A LA BIBLIOTECA CENTRAL

Información
Tlfs / 6052536 / 6052563 / telefax 5500784 / 0416-6387320
abm333@gmail.com

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