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jueves, junio 09, 2016

LAS LECCIONES DE EL PRINCIPITO



Antoine de Saint Exúpery
09 de junio de 1900 – 31 de Julio de 1944

En estos tiempos tan desprovistos de vínculos y de ritos, la voz de El Principito es siempre una lección necesaria. El vínculo nos otorga una condición única. Pero mucho más que eso nos revela el carácter único de todo lo que vive y existe, ya sea una flor, un niño o un pájaro. El vínculo es precisamente lo que junta el uno con el todo, el individuo con el colectivo, el hoy con el mañana. Y por consiguiente es como sembrar el porvenir cada nuevo día.


Y para eso es el rito. ¿Qué es un rito? Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra, le explica el zorro a El Principito. El rito es lo que nos convierte en habitantes del asombro, en tejedores de milagros, en floricultores de la vida.


Si creamos vínculos y multiplicamos los ritos, rescataremos los días de la historia de los otros, y podremos comenzar a edificar una historia del hombre donde a cada quien se le otorgue esa condición de ser único, que significa a la vez, revelar en todo su gigante contenido, que necesitamos el uno del otro, para poblar el planeta de rosas y de zorros, de serpientes y de niños.


Hasta ahora hemos sido domesticados para romper todo vínculo, para arremeter contra todo rito para la vida, para hacer de nosotros un campo sembrado de rosas o de trigo, que puede ser arrasado o devastado, en cualquier momento, sin que ni siquiera haya ausencia.


Y la historia del hombre hasta hoy es una historia de ausencias, de campos devastados de rosas y de niños.


Y como dice el zorro: los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos.




El gran sentido del rito es que cuando uno descubre lo única que es la flor que domesticamos, al conocerla, conocemos todas las flores del universo. Y sólo así comenzaremos también nosotros a ser únicos para la rosa y para la vida.




En este nuevo aniversario de Antoine de Saint Exupery invitamos a leer El Principito, a recuperar el valor de los vínculos, la magia de los ritos, el código de vida que registra su hazaña, y que requerimos rescatar en este tiempo de muerte y desolación. MS

Lea parte del texto de El Principito

¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor... domestícame —le dijo.

—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

—¡Seguro!

—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído
quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...


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martes, junio 08, 2010

ANTOINE DE SAINT EXUPERY Y ROBERT DESNOS: LA MEMORIA SE DISPARA HACIA EL FUTURO




En este nuevo junio la memoria se dispara hacia el futuro. Se vuelca hacia los predios donde se sembraron ilusiones, en medio de las mayores oscuridades. Don del hombre común que es capaz de transfigurar su propio dolor en una ofrenda a la humanidad que, diminuta, puebla su interior de floreceres.

Encontrar en uno mismo esa visión y esa condición preterida del hombre, es la tarea prioritaria hoy. No tenemos otra alternativa que escoger entre la muerte o la vida. Entre la servidumbre y la libertad. Entre los huertos de rosas o los cauces secos de los ríos que nunca nacieron.

Si no elegimos, otros, ajenos y extraños, lo harán por nosotros, hasta cercarnos por completo la luz y convertirnos en ramas secas de un otoño que carece de toda nocion de primavera.

Donde quiera que estemos, no importa la geografía: la tragedia es la misma y se repite una y otra vez, conduciendo el planeta y al hombre que sobrevive en él, en un gigantesco erial.

Podemos decidir ser permanantes portadores de sequía o ilusos rescatistas del vivir que se ampara en los pétalos de una rosa roja.

Invitamos a indagar en la obra y vida de estos dos personajes que pueblan los junios: Antoine de Saint Exupery y Robert Desnos.


02 de agosto del 2009
LAS LECCIONES DE EL PRINCIPITO

09 de junio del 2009
ROBERT DESNOS: ESE CORAZÓN QUE ODIA LA GUERRA

10 de junio del 2010
EMBUSTERÍAS DE EL PRINCIPITO

10 de junio del 2009
SEÑALES DE PORVENIR

DESCUBREN NUEVAS IMÁGENES DE ANTOINE DE SAINT EXUPERY


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miércoles, junio 10, 2009

EMBUSTERÍAS DE EL PRINCIPITO

EL PRINCIPITO

Antoine de Saint Exúpery
09 de junio de 1900 – 31 de Julio de 1944

Por azar o coincidencia, Robert Desnos y Antoine de Saint Exúpery nacieron en junio y julio de 1900 y partieron uno en junio de 1945 y el otro en julio de 1944.

Desnos, el poeta, portador de un corazón que odiaba la guerra, se vio envuelto en sus fragores por defender la libertad y ella lo doblegó, cercando su poesía y su humanidad en un campo de concentración del cual no pudo salir.

Saint Exupery, tal vez advirtió o presintió, que en ese lugar donde titilan las estrellas lo aguardaría una morada con un principito y una rosa. Por eso su vuelo de reconocimiento nunca llegó a su destino de tierra, sino que se perdió entre los mares y el viento, en dirección hacia los cielos.

Creemos que ambos están de vuelta, en este tiempo de guerra, escribiendo versos anónimos, haciendo vuelos fugaces, deletreando la ilusión desde el silencio, para contribuir a refundar la vida en este planeta triste.


Las estrellas no significan lo mismo para todas las personas.
Para algunos viajantes son guías.
Para otros no son más que lucecitas.
Para los sabios son problemas.
Para mi hombre de negocios eran oro.
Ninguna de esas estrellas habla.
En cambio tú..., tendrás estrellas como ninguno ha tenido.


¿Qué intentas decirme?

Por las noches tú elevarás la mirada hacia el cielo.
Como yo habitaré y reiré en una de ellas,
será para ti como si rieran todas las estrellas.
Tú poseerás estrellas que saben reír.



Si tan solo el hombre
aprendiera a mirar las estrellas
a escuchar en cada una
el río de risas que titilan
en la noche
si tan solo se detuviera
en el asombro niño
de sus florerías
el planeta estaría poblado
de rosas
de zorros domesticados
de serpientes que regalan
a los transeúntes el secreto
de todos los enigmas
lo esencial se haría visible al corazón
y el principito estaría de regreso
entre nosotros
para dibujar corderos sin bozal

Dicen que antoine se fue a buscarlo
porque la tristeza de esta tierra
le había quebrado la risa
junto a las alas de los aviones
que no saben del vuelo de los pájaros
pero cada noche
los luceros anuncian
a quien habita los espacios
de los cielos
erguido sobre las ramas de las arbolas
que le regalan la vida a las mariposas
que regresarán
antoine y el principito
su rosa y el cordero
a celebrar el nacimiento
del planeta que será por siempre
la casa centelleante del hombre

mery sananes



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