AY LAURENCIO AL TÚ MARCHARTE
SE ME HAN BORRADO LAS PALABRAS
Cómo se puede marchar alguien de quien nunca nos hemos de despedir. Qué jugada de sombras alcanzó su caudal de palabras, su orgía de sentires, su gigantesca capacidad de juglar. No lo puedo entender, ni explicar, ni aceptar. Hasta hace poco lo acompañé en los días en que el covid lo azuzó y maltrató. Cada mañana cada atardecer se fue mejorando, y comencé a leerlo en su página. Como podía suponer que otro ente extraño se iba a aparecer a escondidas para acometer este desacierto del vivir.
No encuentro palabras, yo que las acostumbro derramar como un río crecido, con qué dejar cuenta de la herida que me azota. No consigo lágrima alguna que me sirva para llorarlo, porque siempre fuimos risa, canción, fogata encendida, guitarra sonora, vuelo de cometa. Y no logro procesar este desasosiego sin aviso, sin siquiera sospechar nada.
No le perdono a los míos que se les ocurra marcharse sin el permiso que el amor le hubiese podido otorgar. Qué ocurrió que no nos volvimos a comunicar. Cómo pudo pasar que no me dejaras algún aliento para seguir nutriendo la esperanza de detener, como tantas veces, el proceso de la muerte sobre un ser hecho de tantas raíces y de tantas florerías que para silenciarlo habría que apagar el sol.
Hoy ante la reiteración de la noticia, aún el silencio se me hace demasiado impensable. Hemos recorrido juntos tantos azares, hemos presenciado tantas despedidas y tú siempre lucías como ese tronco inalterable indestructible que aun en medio de la lucha feroz que libraste, nunca se detuvo la armonía de tu canto.
Dejo estas líneas como un grito que se disuelve en el aire intentando alcanzarlo. Luego, cuando recobre alguna serenidad, volveré con su canto a seguir escribiéndole la carta de amor que comenzamos entre ambos a redactar desde hace muchas décadas y que nunca concluirá.
Tal vez la única señal en la que debí haberme detenido fue cuando muy cerca de esa hora decidí el poema que subiría hoy a mis predios, hoy consternados, que relatan la travesía de una lágrima. La que ahora no quiero verter para que tristeza alguna acalle la canción que debe estar creando para saludar su nuevo hospedaje.
No encuentro mejor homenaje que dejar aquí algunos de sus cantos preferidos que él me enviaba cuando de pronto el vacío quería tomar el espacio del amor. Así sus cantos se juntarán y nos los devolverán convertidos en coros de alegría.
Dos personajes a quienes Laurencio amaba inmensamente, entre muchos, Julio Lacarra y Ginamaría Hildalgo lo aguardan para juntarse en coro a seguir a nutriendo el canto que algún día hará desaparecer tanta tristeza que recorre este mundo roto. Y para que sus voces, sus palabras y la mágica resonancia de las cuerdas de las que están construidos sus corazones, nos sigan resguardando la esperanza jamás extraviada.
Lo espera Ramoncito con sus versos de río y viento, para juntos sembrarle amor a este planeta desquiciado. Y aguárdame tú Laurencio, para que cuando me toque, me recibas con ese abrazo que nunca pudimos darnos.
Ay Laurencio cuántos cantos se derramarán entre ambos
sobre este mundo mudo, cuando se vuelvan a encontrar los amigos del alma.
Tu canto más vital
Ay de este seis de febrero del 2022, a las 4y 30 de una
madrugada inesperada.
mery sananes