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domingo, octubre 22, 2023

DECIRES DE OTOÑO I - LA GÉNESIS DE LOS MANDARINARES


 

Si uno se despidiera de las hojas de
otoño como se despide de los caminos
que borraron las huellas de lo vivido
¿cómo luego remontaríamos el trecho
desde las ramas quebradas hasta
la vertiente de fuego de una florería
que estalla voluptuosa de pétalos
y alas?







Si uno se desencantara de los árboles
vacíos y se quedara habitando los silencios
que rondan los desahucios
¿cómo entonces volveríamos a trepar
por los tallos de agua hasta dar con
el fruto que regresa a destilar sus
gajitos de ilusión?





Si uno creyera que en el invierno
la lluvia detenida en el bordado estelar
de la nieve no volverá a su andar de arroyo
¿cómo navegaríamos otra vez en el cauce
de los pistilos que se fueron en el
piquito de un cristofue a sembrar de
azúcares los ríos del planeta?






Yo me adhiero a la madera seca de
los árboles de este otoño a la anatomía
vertical del viento y a la circunvalación de
los espejos para descifrar en la encrucijada
de sus grietas la génesis de los mandarinares
la estatura ritual del maguey el tiempo de
resurrección de los nísperos hasta engalanarme
otra vez con los arpegios en andante brioso
de las hojas que brotan irreverentes en dirección
al corazón desastido del hombre


texto y fotos / mery sananes

publicado por primera vez el 14 de octubre del 2009
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lunes, noviembre 29, 2021

DECIRES DE OTOÑO VI - PARA IR A PARIR LA VIDA



Si en un árbol que anda de otoño
encandilado de sol se puede leer
la historia del agua del aire del fuego
por qué el hombre no logra alzarse
más allá de la hondura desgarrada
de sus penas hasta el paisaje que
le dibuja la vida en nervaduras silentes
que llevan en su cauce la respuesta
a todos los misterios y la clave
de todo porvenir





Si en las diminutas arterias que remontan
el verde clorofila de sus suspiros
hasta el horizonte vertical del azul
se inscribe la estatura frugal e irreversible
de la trascendencia por qué aún no
advierte el hombre que en el anverso
de los párpados en el complejo entramado
de las cuerdas en el sonoro arrecife de
un corazón en movimiento hacia las rutas
inéditas de sus propias floraciones
reside el asombro mayor de la existencia




Si en la curvatura de una rama se congrega toda
la sabiduría de la que está compuesta la vida
por qué el hombre que pasea su mortaja
como si tuvieran destellos los ventanales
de sus pupilas no descorre todos los cerrojos
que atan su andar a los pasajes de un tunel
y le abre compuertas a la noche haciendo
estallar la estrella que lleva detenida en su
costillar hasta que irrumpa otra vez como
un río su paso andariego en premonición del
mañana que aún no hemos previsto





Si allí en esa imperceptible estación
de la hoja que aún no se abalanza sobre
la tierra y el polvo que la hacen volátil
como una mariposa se conjuga la tarea
precisa que siembra la tierra con sus bosques
por qué el hombre aún no se decide a escribir
el código infinito del que estamos
hechos para trascender toda carencia y
alzarnos al reino del universo con el traje
de la ternura mientras poblamos el planeta
de frutos granos y estampidas de besos que
se fraguan sobre la risa de los niños que
nacen en los lechos de las aguas y
en el refugio de los sueños




Aquí en este árbol de otoño al que ya
lo cubren amaneceres de escarcha se instala
inalterable una leccion que aún no aprendemos
y que hace falta deletrear en todos los abecedarios
hasta que este hombre manso que somos
teja la algarabía de su simiente en el trazado
simétrico de una historia que aún no
comienza pero que hay que enhebrar laboriosa
y pacientemente hasta que el rostro se nos
cubra de la imaginería de la hoja y las manos
se nos extiendan como ramas en vuelo en el
espacio del silencio que precede todo nacimiento
para que vayamos al fin a parir la vida
que no hemos vivido


escrito en noviembre 2009
publicado en embusterías el 14/12/2012 

Antonio Vivaldi / Las cuatro estaciones / El otoño

texto y fotos / mery sananes


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miércoles, noviembre 13, 2013

DECIRES DE OTOÑO V




Y en otoño a dónde van a parar
los nidos de las mariposas
cuando las frondas se desvisten
de su hospedaje de verdes y sólo
le quedan las ramitas secas para
construirle conjeturas a sus ansias

Cómo hacen para navegar libres
los barquitos de papel cuando los
pozos de sus risas se llenan de
hielo y de escarcha

El otoño es la medida exacta
de nuestros afanes porque sólo
cuando extrañamos aquello que nos
hace móviles y libertarios
es que regresamos al tesoro
de nuestras manos constructoras
a nuestros párpados exuberantes de
paisajes a nuestro oficio jardinero
de recolectores de esperanzas

Y es allí en esa bruma de los atardeceres
en ese lento silencio de las hojas ausentes
desde donde tendremos que reinventar
nuestro arsenal de ilusiones hasta que
renazca la risa de otoño en los lazos
alegres de un tiempo de porvenires


texto y foto / mery sananes
20 de noviembre del 2009
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martes, octubre 22, 2013

DECIRES DE OTOÑO IV




Desde este ventanal deslumbrado
por las fosforescencias de un otoño
las hojas son pájaros recién
salidos de sus nidos en vuelo
acompasado hacia un aposento
de verdes que aún el invierno no
cubre con su abrigo de estrellas





Mariposas resplandecientes que
juegan a buscar una flor en los
dominios de la hierba








Tempestades de suspiros que los
árboles le regalan al viento para teñirlo
de estambres de un amor enternecido






Abecedario de las ramas que escriben
en el aire una sinfonía en el tono menor
de los susurros






Claves de un tiempo que desentraña
su acontecer en la circunferencia de
un color que se vuelve canto






Prodigio de una musicalidad lanzada
en la brevedad de una respiración hacia
los acordes de un larguísimo de flauta







Fusión de pétalos que habrán de
brotar de sus filamentos de agua y del
dulzor de los gajitos que se bordan
al interior de sus cortezas







Andar de peces que navegan
sobresaltados en el velamen de
una nube aterida de lloviznas







Niños que aguardan trepados a las
pupilas sonoras de una ilusión






Las hojas deletrean en su vuelo azul
el mapa astral de la vida que aún
no aprendemos a sembrar como el otoño
en las honduras de los pozos
en el cauce violeta de las piedras
en las aguas subterraneas que nos nutren
sólo para sellar su regreso vertical
en el documento inalterable de un
aluvion de florerías



fotos / anala
texto / mery sananes
28 / octubre / 2009





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jueves, octubre 17, 2013

DECIRES DE OTOÑO III


Vladimir Kush
Departure of winged ship


Y qué de los días que se desprenden
como la vida de un otoño que no sabe
si sus hojas habrán de regresar al torrente
de unas florerías sin nombre ni aposento

Qué de esas horas detenidas que olvidaron
danzar en el viento hasta hacerse musgo
y hiedra en el agua estancada de los ríos
que aún no fluyen hacia el mar

Qué de los acordes que no alcanzaron
el atril de lo vivido sino que se derramaron
como pentagramas quebrados sobre
la ausencia de un tiempo en clave
menor de un re sin concierto ni talud

Qué de la memoria que no se hizo dúlcima
porque le faltaron soledades a los menguantes
y ese tropel de suspiros que la luna
le regala a las noches sin prisas

Qué de la nostalgia que invierte todo
paisaje hasta grabarle muelles a la
estación de los adioses que se quedan
a la espera de otros amaneceres

Qué de los adagios inconclusos que se
prenden de las madrugadas en las que
la vida toda se convierte en una canción
de pájaros sin nidos

Del tremor de estas horas queda un mapa 
escrito en las cuerdas de una mandolina 
insomne un naufragio erguido sobre 
el mástil de un acorazado hecho 
de alas de mariposas y un itinerario 
incesante en las aspas de los molinos 
que toman por asalto el aire 
hasta llevarlo a la condición de 
polvo enamorado y vasija insoslayable 
de ternura que se vierten silenciosamente 
en las agigantías de las hojas e
n tiempo de retoño



mery sananes
24 de octubre del 2009


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