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martes, abril 15, 2014

CÉSAR VALLEJO - EN OTRO JUEVES DE AGUACERO





Cada 15 de abril se cumple un nuevo aniversario de la despedida de César Vallejo. Una despedida que había escrito muchísimo antes, desde que el dolor se le hincó en el costado. No sólo el propio sino el del mundo desolado al que asistió sin otro instrumento que su palabra herida de muerte, y sin embargo.


Un sin embargo que daba cuenta de la vida en todo su esplendor, si tan sólo fuese un pan compartido, una lluvia planetaria, un estallido de flor. Su oficio no fue de poeta sino de ingeniero de una alegría que no conoció.


Arquitecto de un dolor que en el interior de su corazón se hizo recinto del dolor gigante de un hombre llevado a la guerra y a la penuria sin siquiera conocer las razones. En sus versos el dolor del mundo se retrata como si en sus trazos se dibujaran los lienzos de un Goya o el Picasso del Guernica.


Su tristeza tiene la sonoridad de un Gorecki, o de una quena antigua. Como si hubiera podido atrapar la tragedia milenaria del hombre, en el vértice de un verso, o en el espacio cóncavo de un pecho malherido. Por eso nació en un día en que Dios estuvo enfermo. Y sus versos tienen un sinsabor de féretros.


Pero sus versos no son el circunloquio de un solitario, sino la tempestad de un náufrago en busca de orillas. ‘El claustro de un silencio que habló a flor de fuego’. Por eso no distrae sino apunta. No adormece sino convoca. Nos ubica en el cauce de un dolor humano que no cesa. Y en la causalidad de la que somos cómplices.


Nos lo siembra dentro, muy dentro, no para acallarnos sino para que salgamos a detenerlo. ¿Cómo entonces leer a Vallejo y seguir impasibles? ¿Cómo hacer el tránsito por su dolor mil veces adolorido y luego amurallarlo como si hablase de algo que no está ocurriendo hoy, aquí mismo, en este instante, en el que el hombre sigue usurpado y violentado?


Hoy, una vez más, insistimos: Vallejo no es materia literaria, es una advertencia. Un espejo opaco en el cual mirarnos. Un espiral que sueña con convertirse en línea recta. Un abecedario sin consonantes en busca de un tiempo futuro. ‘Es el tiempo que marcha descalzo de la muerte hacia la muerte’.


Invitamos en este día a reencontrarlo, a hacer la travesía por sus acantilados, a detenerse en su tristeza de honduras, a ver si alguna vez salimos a reinventar la alegría del hombre.

mery sananes

Véase también:


HAY HERMANOS MUCHÍSIMO QUE HACER


CESAR VALLEJO: A 68 AÑOS DE SU OTRA SOLEDAD
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lunes, abril 15, 2013

CÉSAR VALLEJO: SEMBRADOR DE GOTICAS

 

Recuerdo el día y la propia voz
del poeta de nombre césar
y de apellido dolor
que una tarde de lluvia y canción
dijo querer morirse en un tiempo
donde no exista el tiempo
y la poesía asuma el papel del hueso
en el que no se tocará
la lira amarga de un destino
que no pudo saber de su nombre
su apellido sus recuerdos y de
las fronteras que quisieron imponerle
para que levantara la capilla de sus huellas
allí donde ni el junco o el capulí
hicieron del atardecer
de una estación de soledad
el naufragio que conduce
a este hombre machu pichu a un coche
que lleva sin color ni contemplación
al cementerio su cuerpo ya sin alma
pero con poesía y amor porque
si césar vallejo supiera lo que vivimos
se echaría a andar en la sonrisa
de su propia mascarada de afanes
que ven morir los acorazados
de las ilusiones

Te llaman césar vallejo
y tienes nombre de risa quebrada en
el centro de una canción
que muere en el pasar de cada uno
de los instantes del césar para renacer
en la inmediata emanación del vallejo
sembrador de goticas en los retoños
de los hombres


agustín blanco muñoz

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sábado, diciembre 27, 2008

EL ODIO DE DIOS

César Vallejo / los dados eternos




Fue más que evidente que el poeta llevaba una enorme carga de dolor en el César, que traspasaba todo norte hasta alcanzar el Vallejo.

Y como a la hora de los golpes más duros que llevamos en la vida, invocó un ‘yo no sé’ que consiguió en el propio fondo de su ser, y que lo llevó a una especie de explicación. Son golpes tan fuertes, tan duros y profundos, que parecen propinados por el odio. Pero no por un odio cualquiera sino, nada menos, que por el odio de Dios.

No hay una instancia más alta de la desesperación que esa que tropieza con el más excelso e increíble de los odios. Desde ese día se sabe que Dios no sólo ama sino que también tiene capacidad para odiar. 

Y lo que en ese momento de su grito no puede entender el poeta, tampoco lo podemos comprender los caminantes de este tiempo.

Por ello cuando pensamos el mundo en que decimos vivir, nos sabemos rodeados de dolor, pena, amargura. El destrozo, la negación de lo humano. Una dimensión agotada, perdida o tal vez extinguida. O, desde otra perspectiva, simplemente por aparecer.

Y si fuere así, se trataría de que el mundo de la muerte, de los exterminios y abatidos por todas las fuerzas destructoras, las injusticias y vejámenes, el crimen del hambre o el carcelario, la bomba sólo mata gente o los bombardeos que no se han detenido desde Hiroshima y Nagasaki, no corresponden a la era de la humanidad verdadera sino a la continuación apocalíptica de la destrucción.

Y cuando pensamos este ex país y lo que estamos viviendo se nos opaca el entendimiento. ¿Qué es esto? ¿De dónde surgió tanta carga de odio? ¡Nosotros no somos así! ¿Qué nos pasó entonces para llegar a esta terrible y penosa dimensión?

En verdad, es como si sobre nosotros como sociedad, y en particular sobre su colectivo, haya caído un odio grande, inmenso, aplastante, interminable. ¡Como de Dios!

¿Y cómo arrancarnos tanto dolor, pena y frustración?

El propio Dios tiene que ayudar al colectivo para que adquiera la fuerza y la conciencia necesarias para poner a andar la historia de los auténticos humanos que estarán por encima hasta del odio de Dios.

Entonces se abrirán los espacios de la creación, el tiempo compartido, el acercamiento del amor, los lirios de la libertad, la justicia, el entendimiento. De la belleza que cubre y recubra la humanidad, al fin, terráquea.

Y será en ese tiempo cuando adquiera sentido el estallido de quienes nos declaramos militantes de los días que vendrán.

Y eso ocurre, en definitiva, porque, como apuntamos en nuestro mensaje 08-09 de la Cátedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual: los líricos seguimos a la espera de los capullos que establecen la alegría, en cada uno de los amaneceres, para que los niños de jobo y pan hagan de ella los recaditos de sal, que alumbrarán los suspiritos de amor, en los años en que la siembra se vuelva un dictamen de luz para la coronación del porvenir.

Entonces habremos convertido el odio de Dios en alegría de eternidad y en muralla contra todos los odios mundanales o celestiales.

Esto nos indica que la tarea hoy es descomunal. Y por ello el compromiso tiene que corresponder a la gama de lo interminable. Como el Dios de los sueños de todos los caminos que dejaron atrás todos los odios.

Y conste, que no nos quedaremos en la posición de simples esperadores de Dios, sino que iremos a su búsqueda y a todas las que haga falta para ubicarnos en el camino de un país de humanos y hermanos verdaderos, amantes de la trascendencia, la belleza y la entrega compartida y amorosa. abm333@gmail.com

El Universal, 26 de diciembre del 2008.
Agustín Blanco Muñoz

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miércoles, abril 18, 2007

EMBUSTERIAS PARA CESAR VALLEJO

Cesar hoy simplemente
cavaré tu fosa de mar
para volver a ver
tu mirada de sal
que se junta al fuego
del almidón azul
que nunca alcanzaste
para alertarte de
la despedida del sueño
de la muerte en el
eterno mar que te
libraría de los cielos
y hasta del mismo Dios
que nunca pudo comprender
tu modo amargo de
no tener ganas de tener
ganas de vivir



agustín blanco muñoz / ofrenda musical
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