sábado, octubre 27, 2018

CENTINELA DE SUEÑOS




Como los pájaros al anochecer
que se van a sus nidos a componer
el canto de la mañana siguiente

Como el agua en bajamar
que se aquieta mientras le sigue
el paso a la luna para retornar
a dibujarle en puntadas de espuma
el paisaje de sus marinerías
a la sed de los arenales

Como las petalerías de las
campánulas que se adormecen
hasta que el estruendo solar de
las madrugadas vuelve a llenar sus
copas de la iridiscencia de un
dorado de espigas

Como el tremor de los párpados
que se cierran ante el encanto
de las noches buscando en
sus silencios el fulgor de los
luceros que se acunan
en el bajel de los deseos

Como orfebre que construye
sueñerías de hierbas y pastos
de cielos y lumbres de risas
y rizos para derramarlos sobre
los tormentos que no tienen
cabida en la transparencia
de sus andantes y sobre el dedal
de un conjuro tramado sobre
la ira de los corderos

Un susurro puede abarcar la
diáspora de los días el tiempo
sin escanciar de las ausencias
el roto algoritmo de una lágrima
sostenido sobre las resonancias
de un adagio que se queda prendido
para siempre en las comisuras
de unos dedos tejidos a los míos
en la infinita caligrafía del amor

foto y texto
mery sananes
14 de junio del 2012


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viernes, octubre 26, 2018

EN EL ESPEJO DE SU RISA





Hay seres cuyas vidas transcurren
en el más hermoso de los silencios
carecen de tiempo para el bullicio
y siempre llevan entre sus dedos
una aguja que teje afectos y desteje
vanidades un hilo hecho de brisa
con el que bordan suspiros en los
ojales alegrías en el andén de
los párpados y ternura en el redil
de los días que nadie cuenta

Danielita es uno de ellos y en el cuenco
de sus manos hay un talismán para 
recomponer tristezas y desconsuelos 
y un manojo de hierbas para sanar 
cualquier accidente que se aposente 
en el corazón de aquellos a quienes 
les han robado los mediodías



Conoce mejor que los científicos y   
sabios el curso de las mareas la
música de los guijarros mientras vierten
sus compases a los ríos y sabe descifrar
como nadie el enigma de la semilla
cuando insurge anón maduro sobre los
amaneceres color violeta

Las palabras son para ella un racimo
de pétalos que pone a cocer en el
patio de las mazorcas aguardando
la resurrección de los jobos y las
pomarrosas

En su presencia el fogón se convierte
en un sitio encantado en el que
se cuecen milagros se aliñan sueños
y se adoban los pesares en el rojizo
dulzor de los onotos

No hay oficio que no aprenda
ni caminos que sus pasos no recorran
para ir a sembrar una ilusión en
medio del estanque vacío y la casa
que la noche deshabitó

Se entrega a quien la requiera
como un azafate desbordado de
aromas de guayaba y toronjil
y a nadie da cuenta de la armonía
de sus pasos desasistidos



Es capaz en un soplo de desmantelar
maleficios e invocar noches cuajadas de
luceros para ir a pedirle prestado a la luna
el espejo en el que guarda su lumbre
solar

Sabe recostarse en el costado Izquierdo
de una herida y bordarle una migración de
mariposas al dolor más intenso

De su madre le viene el dulzor del
pan de horno la paciente espera del
grano de maíz y de su padre la sed de
de las estrellas y la matemática de
las peonías

Nunca falta al encuentro con un destino
que le es ajeno pero en el cual deja un
vertedero de nidos para alegrías
que aun no han nacido

Es ella la hechura de un ser humanecido
que nada ni nadie le ha podido secuestrar
su ilusión niña de ser tejedora de cuentos
pozo de dulzura y embalse de llovizna


Luna del 26 de octubre del 2018
tomada desde el Ávila



Y no hay manera de verse en el espejo
de su risa y no entender cuánto nos
falta para alcanzar su estatura de silencios
la dimensión de su ofrenda de lirios
y su sabiduría de nodriza del vivir
en medio de un mundo que perdió todas
sus coordenadas

Sabemos sí que de su estructura de arcilla
y ciruelos con los que ella talla diminutos
campanarios para esparcirlos en todos
sus andares, será de donde advendrá
algún dia el vivir colectivo de una humanidad
al fin hecha de  música libertad y amor


mery sananes
26 de octubre del 2018

fotos
danielita barrolleta
  
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martes, octubre 23, 2018

EN EL PALOMAR DE UNA LÁGRIMA




A un amigo del alma

Tanto se ha extendido el dolor sobre
un tiempo sin porvenir sobre los días 
que extraviaron aquellas alas que un 
día fueron tremor de colibrí
sobre la densidad de un aire que le 
roba cada día los crepúsculos a los 
amaneceres que nunca llegaron 
que sólo van quedando agujeros 
enmudecidos sobre noches ausentes 
de toda lumbre

Y tú fuego de cocer hogazas
que conociste en profundidad
las claves sonoras que van
dejando las tierras baldías
y que sobre ellas cultivaste
talismanes de hierba y de flor
hoy destilas un cansancio infinito
una angustia detenida
como si de pronto fuese un muro
de cristales a punto de desbordarse
un desasosiego minado
una tristeza de honduras vasta como 
el mar pero sin el desafío de las olas

Y ambos sabemos que ante el dolor 
la metáfora no es más que una palabra 
vacía un silencio que no logra acallar 
el ruido ni cincelar la sed de los árboles 
y que sin embargo aún manan miel 
de las colmenas del corazón desasistido

Aún siguen tensadas las cuerdas
de un violin mudo que aguarda
su tiempo de ser cántico del hombre
aún la soledad es un huerto
poblado de jazmines que aún
no ha derramado sus enredaderas
sobre los recintos del alma
nosotros un campanario
en permanente trabajos de restauración
de un vivir que muerte alguna
podrá desmantelar 

Y que es nuestra la tarea de horadar 
al interior de todo lo que permanece 
hasta que algún día en el palomar de 
una lagrima el vivir recupere su resplandor 
de fuego y de flor

23/10/18



texto y fotos  mery sananes




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domingo, octubre 21, 2018

LA CANCIÓN DEL HOMBRE



En su interior se alberga
la totalidad del bosque

Y al desprenderse
danzando su sueño de
ser lluvia otra vez
deja  en el aire un cántico
que los pájaros recogen
para construir
la dúlcima orfebrería
de sus trinos

Nuestro es el bosque
la lluvia el cántico y el trino

Y con esas pertenencias
¿cuándo manará de las
cuerdas sonoras del vivir
la canción del hombre?





texto y fotos
mery sananes
11 octubre 2018






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miércoles, octubre 17, 2018

RETORNO A MÍ MISMO

                                               Duy Huynh



Pedro Parayma, poeta siempre, sabe que la poesía parte y llega a ese retorno a sí mismo, que requerimos para advertir lo vivido y por vivir. Toma el instante presente, en su fugacidad, y hace de él la razón de uno y otro.

Concluye un círculo tan sólo para recomenzar uno nuevo. Y el trastocamiento del alma es precisamente lo que le otorga al poema y al poeta, esa visión que perdura más allá de toda contingencia.

El alma es siempre el territorio de lo sagrado, precisamente porque es capaz de trastocarse, reiventarse, hacerse de nuevo, para reajustar las heridas, y acompasar nuevos latidos a los afectos de siempre. A los sueños que nunca se escapan. A la vida que queda.

El poema de Pedro está dedicado a la Nona, nuestra Zaira Andrade, que en estas cosas es experta, y alma que no cesa de trastocarse cada día, para destilar cualquier impureza y reaparecer más transparente que nunca.

A ambos, habitantes de estas embusterías, les agradecemos el gesto de hacernos llegar estos papeles, que tienen sabor a corazón ardiente.


RETORNO A MÍ MISMO

                  A la Nona…


Un día
decidí partir
y recorrerme
hasta el final.

Lo hice
sin temor.
Miré mi sombra
en el camino.

Me aproximé
al que seré
sin comprender
su idioma.

Era
mi propio Yo
y, a su vez,
un gran desconocido.

Al retornar
a mi hoy
era otro,
idéntico
a mí mismo,
pero con el alma
trastocada.

p.parayma
Mérida, octubre 2018




Duy Huynh
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martes, octubre 16, 2018

EN CRECIENTE



Luna del 15 de octubre del 2018



En creciente
la luna traza
un rumor de fuego
sobre la noche





texto y foto
mery sananes
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domingo, octubre 14, 2018

SCHEREZADE



Luna del 13 de octubre del 2018


Como Scherezade
la luna cada noche 
teje una historia
distinta

texto y foto
mery sananes







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jueves, octubre 11, 2018

EL HOMBRE Y LOS ASTROS



EL HOMBRE ESCRIBE SU HISTORIA
EN LOS ASTROS




 LOS ASESINOS
EN FOSAS

  



¿Cambiaremos alguna vez el curso de esta historia terrible y desmembrada?


texto y fotos
mery sananes
octubre 2018



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miércoles, octubre 10, 2018

AZUL DE LUNA



Luna del 05 de octubre del 2018


El amanecer la trajo
envuelta en sus azules

Una ráfaga de destellos
se hizo nube para
acompañar su travesía

El cielo estalló en trinos
sorprendiendo al otoño
cobijado bajo la huella
de las hojas que caen

Y con sus pinceles 
derramó su azul de luna
sobre el corazón
de una flor




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lunes, octubre 08, 2018

MI CORAZÓN SE ABRE A TU VOZ



MI CORAZÓN SE ABRE A TU VOZ

a Montserrat Caballé

Si tan sólo el corazón
se abriera a la voz 
de los pájaros
al canto del viento
cuando silba entre los juncos
al adagio que dibuja
la pequeña gota de rocío
cuando se desliza
entre los pétalos
buscando refugiar
su río de dulzura
entre las hebras
de los pistilos

 Si tan sólo el corazón
se detuviera por un instante
en la melodía
que nace de los suspiros
con los que la colina
enamora a los arroyos
para que vayan a mojar
los campos de violeta
que tiñen de amor 
el planeta

Entonces el corazón
estaría abierto 
a todas las voces 
y la tierra toda
estaría poblada 
de palabras-mariposas
en vuelo hacia la garganta
de los hombres


en su interpretacion de
"Mi corazón se abre a tu voz"
de Sansón y Dalila de Camille Saint Saenz 



mery sananes
1987







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domingo, octubre 07, 2018

RESUMEN DE UN IR Y VENIR



Zaira con sus 98 añitos reúne una escuela de sabiduría que bien quisieran tener a mano los más estudiosos. La suya es producto de la intuición, la sensibilidad y el vivir intensamente alegrías y tristezas, para que cada una de ellas deje establecida su lección en ese ir y venir que ella sintetiza en estas palabras. 

Y más que eso, es la observación permanente de su naturaleza interior y de la naturaleza que a su alrededor va dejando alfabetos de una existencia que se mide por la continuidad y la permanencia. Y a esas cualidades se yergue Zaira, con el objetivo mayor de enseñarnos a ser más humildes, más oferentes, más amorosos y más dedicados a las cosas esenciales del vivir que siempre se habrán de espejar en ese otro que también somos.


Salí con la nostalgia de cimera
regresé con la esencia de mi ser
fue un deambular de noches o de dias
envueltos en no sé para qué  y por qué

Hubo dudas, fracasos, encuentros, desencuentros
hubo marchas forzadas y quietud terminal...
también vida vivida sin aquí ni hasta allá
con aquel aliciente de lo desconocido
que te impulsa al ir lejos para no regresar

El amor, la conciencia  espejaron mi ruta
como un faro que guia la inquietud inicial
y retomé el camino con tesón y porfía
para hacer de mi misma fanal de eternidad

El aire fue aliciente de mi melancolía
el fuego fue testigo de mi fugacidad
la tierra testimonio de luchas y porfías
el agua fue alimento del siempre y del jamás
y el cielo con sus luces de soles y luceros 
sembraron de esperanzas mi búsqueda esencial

ZAIRA ANDRADE
05 de octubre 2018


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sábado, octubre 06, 2018

CARTA A PÍO TAMAYO 35 AÑOS DESPUÉS



Pío Tamayo visto por Antonio Cabezas


CARTA A PÍO TAMAYO
mery sananes
05 de octubre de 1983


Esta carta a Pío Tamayo fue escrita el 05 de octubre de 1983, al instalarse la Cátedra Pío Tamayo de la UCV. Treinta y cinco años después, sigue siendo nuestro homenaje al Floricultor de Hazañas. Entonces como ahora queríamos romper el cerco de silencio que se ha dispuesto sobre una vida y un pensamiento que están por rescatar en un tiempo cercado de pasado.

Hoy, a 120 años de su nacimiento, 83 de su muerte y 35 de la Cátedra Pío tamayo de la UCV, la volvemos a publicar. La tiranía sólo ha cambiado de nombre. La muerte sigue suelta por territorios de penuria y dolor. La libertad y la justicia no son más que esqueletos vacíos. Y es esencial conocer a este joven tocuyano que, armado con su idealidad avanzada, y en medio de una tiranía que no le perdonó ni su actividad política, ni su pensamiento porvenirista, supo sembrar en este continente infinitas semillas que aún aguardan por germinar.


EL MUNDO UNA INMENSA SEPULTURA

Pío

Es como si el mundo se hubiese convertido en una inmensa sepultura. En un oscuro calabozo. Y los hombres hubiesen olvidado que más allá de los muros amanece cada día renovada la vida. Que más allá de los ruidos, la naturaleza desgrana su concierto de hojas y alas. Que más allá del horror están los sueños. Y más allá de la quietud el corazón aguarda el territorio exacto en el que habrá de desplegar su oficio aventurero y peregrino.

Es como si el tiempo sólo hubiese servido para cambiar de traje a los tiranos, de nombre a los carceleros, de rostro a la opresión. El gallardete de la muerte que se quiso aferrar a tu nostalgia viajera, a tu nave de arcones piratas, a tu melancolía colmada de infinitos, se enseñoreó sobre esta tierra, sin que le hubiesen dado batalla. Ya lo habías intuido desde tu combate solitario y desigual. Y lo habías advertido para que se redoblara la pasión libertaria, la aspiración justiciera.

Pero adivinaste, más que la fortaleza del enemigo, la fragilidad de quienes lo adversaban, y pudiste prever el porvenir inmediato en el cual se acordarían los bandos opuestos y se reconciliarían las ideas en pugna. Por eso, Pío, sé que hoy no sentirías asombro alguno, porque vi muchas veces posarse en tus ojos, como pena de aguacero, la certeza de que los hombres no habían aprendido aún tu canción de guitarra y amapola.

DESDE LA VOZ OSCURA DE ESTOS TIEMPOS INVOCAMOS LAS CUATRO ROSAS DE TU PECHO

Es como si se hubiese enterrado la esperanza. Y por eso, Pío, hoy he venido a buscarte una vez más, porque necesito las cuatro rosas de tu pecho, la banderola de tu amor, y tu palabra de tallo de maguey, para hacerme viajero de la noche hasta la mañana aurorada en que te encuentre de pie, celebrando la victoria.

Por eso te escribo hoy con la voz oscura de estos tiempos, pero con la dúlcima alegría de haberte conocido, de haberme detenido en tu tristeza, en tu pasión, en tus inmensas ganas de vivir. Y querer prolongarlas, multiplicadas en la vida que otros te inventarán, en la que repartiremos el saco de confetis de tus besos, las canciones que el sol dibujó sobre los ríos claros de tus años y los amaneceres que me construí moldeados desde tu puro corazón.

PÍO NUNCA DEJÓ DE ENVIAR SUS SEÑALES DE PORVENIR

Pero ¿cuál carta habré de escribirte primero? ¿Cuál he de contestar? ¿La que me escribiste en día de tu partida, cuando recorriste los campos de tu tierra, los azahares de tu huerto, los muros de la vieja casona, el abrazo de la madre, los muebles de tu cuarto, para emprender la aventura de ser un hombre a la medida de tu corazón? ¿O las que me escribías, apoyado en el viejo piano del ‘Júpiter’ mientras soñabas a ritmo de brisa y colibrí? ¿O aquellas en que las letras saltaban al compás de las piedras del camino, mientras conducías camiones relucientes de polvo y metal? ¿O aquellas misivas pequeñitas, escritas a las orillas de los libros que devorabas en la biblioteca de Don Bartolomé?

Recuerdo las que enviaste desde la flor de la caña y la miel de su tallo, donde te colmaste de toda la dulzura que después te fuiste a repartir a manos lenas. ¿Contestaré a aquellos primeros versos en los que amoroso dibujaste versos de azúcar y confituras de amor? ¿O, Pío, a los primeros sonrojos de tu corazón enardecido de justicia, desbordante de libertad? Llevo grabada la dimensión del sueño, la decisión del combate, la convicción honda de que la vida triunfará sobre los tiranos. Y tengo envuelta entre hojas de membrillo y azahares tu mirada limpia, de lluvia y manantial, derramada sobre los tiempos, como una canción que no ha sonado todavía.

Son tantas las cartas. Pío, que es como si hubiesen llegado todas juntas. Como si de pronto una mágica y milagrosa solución hubiese mojado los papeles haciendo aparecer por doquier el trazado nervioso de tus letras. Cartas que me sabía de memoria porque cada noche me las recitaba la brisa. Cartas que algún menguante dejaba en silencio hasta la próxima creciente. Y cartas nuevas, venidas de todos los sitios donde sé que estás, repartiendo besos de caramelo y la rosa de los vientos de tu amor iluminado. Cartas que suenan a espigas que crecen, a zumo de caña que se destila, a vertiente de agua clara.

Y NO HEMOS DEJADO DE IR AL ENCUENTRO DE SUS RECADOS FLORICULTORES

¿Cuál habré de contestar primero? ¿A las muchas que me escribiste desde cada puerto al que arribaste, cada casa amiga donde fuiste a hacer posada? ¿Desde cada bajel que te llevaba de nuevo, sin rumbo fijo, buscando conjurar los males, dejando la simiente siempre renovada de tu dulzura? ¿O aquellas en que hacías profesión de fe militante, en que entregabas tu pecho, como rosa abierta a los disparos del enemigo? ¿A las del poeta enamorado de todos los amaneceres de la vida? ¿A las del hijo que se detuvo en las embusterías de la madre para inventar viajes nunca antes imaginados? ¿A las del hermano amoroso, las del amigo oferente y solidario? ¿O, Pío, aquellas desgarradas, terribles en que fuiste diseñando la medida de la muerte que otros quisieron entregarte, sin saber que no podrían destruir jamás la canción que salía inmenso de tu corazón?

Ocurre Pío que también mis cartas han ido al encuentro de las tuyas. Y hasta he tomado prestado cartas y versos y palabras que he recogido para enviártelas prendidas de un anochecer, o adheridas a las grietas de los muros, para colarme hasta tus sitios con el olor de los campos. Cuántas no te he escrito, Pío. Cuántos mensajeros no he tenido para hacerte llegar señales de almíbar y cantos de guerra que sostuvieran tu vigilia, acompañaran tus horas. Cuántas veces, Pío, no me doblé hasta los pliegues de los ojos de la madre para junto con ella llevarte o mi modo de quererte y detenerme sobre las neuralgias que se asentaban en tu frente, esparciendo una canción de cuna para tus aventuras.

Cartas arrugadas y dobladas muchas veces para burlar la vigilancia y las requisas. Papeles mágicos y encantados que la alquimia transmutaba en un hermoso mapa de paisajes. Cartas que el fuego enemigo quiso volver cenizas y que convirtió en antorchas. Cartas de amor sin carceleros. Cartas que no fueron leídas ni escuchadas pero que anduvieron en el correaje del tiempo, tocando a tu puerta y a la mía, asomadas en las risas de los niños, en los ojos de la madre, en la melancolía de la novia, en la convicción del combatiente, a orillas de todos los sueños.

BUSCABA UNA TROCHA QUE CONDUJERA AL CENTRO MISMO DE LA TIRANÍA

¿Sabes? Estuve entre los manifestantes reprimidos de Panamá y entre los rostros de los hombres de pueblo que recorriste, enastada en el pecho la banderola roja de tu amor. Contigo navegué el Mar de Dairén hice travesía por todos los puertos, con tu inquietud de poema comenzado. Te acompañé a las reuniones clandestinas, en las detenciones y las salidas apresuradas. Hice de aprendiz de tipógrafo y me anduve entre los inmensos rodillos que fabricaban los diarios, adherida a tus crónicas, tus reportajes, tu verso submarino y musical. Y contigo me fui hasta las fronteras, buscando una trocha, un piquete, que condujera al centro mismo de la tiranía.

Estuve en tus botas claveteadas de agricultor e hice mi aprendizaje de la vida en las hazañas de las que fuiste floricultor. Estuve mientras se cuajaba el maduro verdor de las sementeras en sazón, entre cañamelares y maizales, haciendo camino de arado, señal de azada sobre la tierra. Estuve en el agua del arroyo que bebió el campesino con sus manos y entre los versos primeros que manaron del Tonel de Diógenes. Estuve junto a ti cuando escuchaste, venida de la cresta del monte, resonar la melodía de la vida que hizo morada en la cima volcánica de tu corazón. Estuve entre los primeros libros socialistas, en las discusiones en las que tu emoción fue dibujando una historia del hombre distinta. Y estuve en tu convicción revolucionaria, en tu certeza de que la decisión significaba una entrega abierta y sin reveses. Y estuve en la alegría que siempre acompaño tu combate.

Y LA TIRANIA QUISO DERRIBAR TU FORTALEZA DE COMBATIENTE POR LA VIDA

Estuve en las mismas alas del avión de Lindbergh. Y si no estuve en el cortejo de la Reina Beatriz I, sí estuve Pío en el silencio emocionado que recogió tu verso de indio tocuyo. Y estaba a tu lado cuando te prendieron y te llevaron y te encerraron. Estaba aLlí entre los estudiantes, en el castillo, recibiendo tus clases diarias, tus charlas al anochecer, tu lección de idealidad avanzada, haciendo de clavo y soporte para el paño rojo de tu carpa. Y cuando te dejaron solo, me oculté entre las telas desgastas del viejo catre, para acompañar el ritmo de tu tos. Y estuve en el espasmo de tu respiración. Y me escondí en las ampolletas con las que dabas la batalla a las fiebres y las infecciones. Y ¡ay! Pío me aferré a la repisa aquella que se llevaron los verdugos y entre las cenizas eché a correr la pena de no ser fragua y vendaval. Estuve en el Toque de Animas de Alcides. Y me ovillé entre los grillos queriendo hacerlos más livianos.

Estuve sentada a la mesa de tus afectos los 24 de diciembre y nunca llegué tarde un año nuevo para ser mensajera de tus bienaventuranzas. Estaba, Pío, entre quienes prolongaron tu vida con el afecto que te derramaron. Junto a ti, en el banco del parque, donde salías a enviar recados de rocío. En el barrio Namur, bajo un candil que se agigantaba para no dejar apagar tu rumor. Candil que la muerte quiso secar que sólo pudo convertir en fogata. Y estoy, Pío, entre quienes hoy seguimos prolongando por siempre y para siempre tu claro sentido de la vida, tus sueños hechos a la medida del hombre, tus besos de caramelo y tus versos de cañamor.

Y SEGUIMOS HURGANDO EN ESOS SIGNOS CLANDESTINOS QUE SÓLO SABE DESCIFRAR EL CORAZÓN

Prendida estuve entre las cuerdas de tu garganta para sostener la voz rota en la que resonaban aún melodías maravillosas. En la delgadez de tus manos de sembrador y artesano. En el paso rápido de la madre que convirtió tus quebrantos en suspiros de brisa. Debajo de los almohadones que la ligereza de tu cuerpo apenas doblaba. Y estuve de pie entre tus risas primeras, en el gesto que regalaste a la novia y en el amor que ella te entregó como un estandarte que habrías de llevar a donde fueras. Estuve entre las ventanas abiertas por donde te asomaste al mundo. En el ruido de las multitudes, en tu tristeza y en tu esperanza. Signos clandestinos que sólo el corazón sabe descifrar.

Estuve, Pío, en los rayos del sol que se hicieron arcoiris para siempre en la cuenca de tus ojos. En las guirnaldas de flores que trenzó el amor de los campesinos. En la tierra que se hizo surco, nunca sepultura. En el largo llorar de la madre y en el lago vivo que nunca se hubo de colmar. Estoy en el futuro y en el camino que recorres. E la sonrisa con la que venciste el dolor. En la caricia, Pío, de balada. En los horizontes que no se cuajan jamás. En tus deseos infinitos de vivir. En los pechos socialistas que habrán de abrirse en macetas de rosas.

ANTE LOS SEPULTUREROS DE TODOS LOS TIEMPOS REQUERIMOS COMO NUNCA SU ESCUELA DE IDEALIDAD AVANZADA

Y por todo eso vine hoy a escribirte, Pío, he venido a buscarte. Porque si otros tal vez quieren ejercer de sepultureros, yo indico los surcos por donde has de crecer una y otra vez. Los sitios en los que estás, altivo e rostro, oferente tus manos, dúlcima tu mirada. Los campos de batalla en los que están junto a los fusiles que disparan y junto a los que tus manos recogen para que sólo sirvan para construir la vida, que no la muerte. En las cárceles y las mazmorras donde tu presencia es arroyo claro y flor de caña. En los campos llenos de sol en los que eres espiga y colmena. En los espacios abiertos, iluminados de luna, en los que eres el amante para los hijos que habrán de nacer, para edificar la vida inmensa. Yo doy tus señas, Pío, para que otros como yo vayan a tu encuentro. Que necesitamos como nunca tu afán aventurero, tu templanza de indio tocuyo y tu dulzura de confitura de merey, para irrumpir en la oscuridad con los hilos de fósforo de tus días de yunque y fogata.

mery sananes
05 de octubre de 1983
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