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viernes, febrero 26, 2016

SIEMPRE LA ESPERANZA



El Ávila
La esperanza es la última vez
cuando por delante y por detrás
no queda otro camino
que la realidad golpeante
y golpeable
palpitante y palpitable
como un vals
sobre los cinco sentidos.

La esperanza es el fin
de la esperanza
y el comienzo
del destino
de la esperanza.

PEDRO MIR
para la mano izquierda


Este tiempo demanda de nosotros mucho más que contemplación y misericordia.

La historia ejercida y escrita por otros se propone exonerarnos de la presencia en el centro de los conflictos que hoy estremecen el planeta con más fuerza que nunca.

No hay manera de ser ajenos. Somos parte de este todo y lo que hacemos o dejamos de hacer tiene un costo y dinamita una acción en alguna parte, a veces sin siquiera nosotros advertirlo.

Pero esta historia no es distinta a la que impone el hombre al planeta desde casi el inicio de su existencia.

Es la continuación y el desarrollo del sufrimiento, el horror y la miseria, sin que haya teoría o práctica alguna dispuesta para cambiar esta realidad.

Los desheredados, desmantelados, exterminados y expuestos a todo tipo de dolor y de carencias, deambulan en su soledad, sin siquiera advertir que son mayoría y que la tristeza es una sola, aunque tenga infinitos matices.

Y esta es una realidad que ha sido comprendida, captada, sintetizada por muchos hombres, ha sido recogida en el combate sin tregua que concluye en el olvido, en la muerte que se arremolina como un manto sobre quienes han querido erguir su voz, su garganta y su frágil humanidad para señalar un camino distinto.

Convocar esa palabra y esa acción tal vez ayude a desenmarañar la nuestra, tan atosigada y desprovista de acordes. Tal vez contribuya a colocarnos de nuevo en el sitial de la esperanza, desde la desmesura del combate.

Es tiempo de la voz y la presencia, de encender la música, lanzar al desahucio la muerte, levantar la vida y con ella la canción, la palabra erguida y vertical, que llegue más allá de las fronteras, de las líneas divisorias.

Es el momento de de abrir las manos para alcanzar la del hermano que nos busca sin saberlo, a sabiendas de que lo propuesto no puede ni debe ser una repetición del horror vivido y que se vive, sino una brecha hacia el porvenir, un tránsito hacia la vida y la alegría compartidas.

Es imprescindible, en esta hora, aprehender, más allá de lo superficial y lo externo, la verdadera tragedia del hombre atrapado entre los escombros de un vivir sin existencia. Esta tarea es y debe ser colectiva.

Por ello invitamos a todos, a cada uno, a convertir su propio espacio en un espejo resplandeciente, en una convocatoria, en un imán, en un territorio sonoro, en un cuero templado, en unas cuerdas en pleno repique, en un expediente y en un camino sin rigolas, que toque en primer lugar este ex-país vulnerado y destruido, y atraviese el planeta en toda su extensión.

Como si fuésemos capaces de soltar millones de papagayos en el solar del viento, para que comience a escucharse el latido de la vida que aguarda aún a este planeta insomne.


texto y foto

mery sananes 
23 de enero del 2010 
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viernes, octubre 09, 2015

VENGO A HABLAR DE ESTE EXPAÍS


Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un país.
PEDRO MIR



Este poema fue escrito en el 2009
Seis años después el pasado sigue arrasándolo todo
y el porvenir sigue siendo un cristal que
se nos quiebra entre las manos


Procedente de los canjilones del dolor
del fondo de un abismo que no de la noche
porque en ella florecen aún en su oscuridad
los nardos deslumbrantes de sus desvaríos
vengo a hablar de este expaís
triste y vulnerado que dejó escapar
la vida entre el tumulto de los ríos que
se secan en las grietas que le nacieron
a los sembradíos donde la espiga de la
caña jugaba a ser violeta en las tardes
encendidas de sol y de candil
en la pena larga que se atizó en el rostro
de la gente que huye de los días
que se revisten de metrallas y de miedos
y que se fugó del arrebol que le dibujaba
sonrisas a los niños que ya envejecieron

Como si la historia se empeñara en resistir
la ternura y se engolosinara sólo con la muerte
continua y cotidiana que aparece en las calles
en los zaguanes en los campos en las casas
heridas de desamparo bajo los puentes
en el espejo de las ventanas que no se cerraron
y en el interior de los aposentos que ya nada
guardan sino el terror

Qué siglos vamos a contar si la
muerte no se desviste ni emigra ni
le cede su puesto a nadie sino que se
atrinchera en el despojo de lo que somos
en los rincones de la lágrima y en los resquicios
de la desesperanza que no encuentra canto
que la desenvuelva hasta hurgar en su
raíz de barro y amapola de hierba y de rocío

Vengo a hablar de lo que no tenemos
de lo que dejamos ir sin advertir que
eramos nosotros mismos los exiliados
los despedidos de la mesa y del pan
los que despedazamos los sustantivos
para que se impusiera el lenguaje de los
cuchillos y el tormento haciendo del silencio
este desbaratado sonar de ataúdes sin tierra
ni sepultura

Vengo a hablar de la esperanza que se nos
hizo olvido como si el encierro del solitario
pariera hijos y la noche extendida
de este asalto no tuviera fin ni remedio
como si el rostro ajeno no se nos clavara
en el costado como el disparo certero
de los sepultureros y los negociantes

De la canción que se adormeció en las
enredaderas que ya no florecen en los
cristales quebrados de los sueños que ya
ni soñamos de tanta vigilia sobre el espacio
de nuestra propia inutilidad

Y vengo a preguntar a viva voz
cómo es que esta historia se escribe
si por dentro de cada uno aún respira un
fuego diminuto una centella incesante
decidida a recomponer un tiempo que
nunca tuvimos

Qué hará falta para que el pulgar izquierdo
de lo que ya no somos tense las cuerdas
de un tiempo que será

Hay que agitar las palabras desencadenar
los verbos trastocar la retórica invalidar
la mentira hasta que en los árboles vuelvan
a anidar racimos de mariposas y en las manos
de los hombres de esta tierra renazca
la flor libertaria del porvenir


texto y foto / mery sananes
26 de noviembre del 2009
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lunes, diciembre 09, 2013

PERPLEJIDADES

 foto de pedro genaro
A Pedro Mir


Y cómo vamos a hablar de cercas
si la tierra no reconoce los linderos
que les coloca el hombre
si su siembra crece de ambos lados
de un madero que dejó de ser manzano
para convertirse en despeñadero y
centinela de frutos ajenos y suspiros
arrebatados

Creímos que algún día el paisaje
sería ancho y extendido como una
casa sin puertas ni ventanas en las
que cabría la alegría y por ello 

alguna vez hicimos del bosque una 
encrucijada de metales sin saber 
que el fuego que manaba de sus 
arterias iría a herir nuestra
propia sombra

Y se nos fue la ilusión prendida
de la risa rota del último niño aturdido
por la devastación de sus sueños
y sus cuadernos de dibujar estrellas

Y ahora resulta que no hay huerto ni casa
ni algarabía sino una tristeza que cabalga
en los mariposales del alma como si fuéramos
transeúntes de una historia que no nos
pertenece

Qué se nos hizo la esperanza
que condujo tantas nubes a convertirse
en lechos cristalinos
qué se hizo la canción que entonaba
la tierra en las madrugadas de los frutos
regados en las empalizadas de los párpados

No sabemos ya ni cómo recoger los pedazos
de lo que fuimos de tanto desgranar asombros
donde sólo había muerte sin sepultura
y ahora que apenas somos silentes
espectadores de un tiempo sin colores
ni brisa no atinamos siquiera a escribir
el epitafio de un tiempo vestido de cielo
y aromado de arroyos que sólo sabe
de horizontes quebrados de unas aguas
que se alejan mar adentro dejando su huella
de sequía sobre los surcos de un rostro
aquejumbrado

El precipicio se llevó las palabras
las aturdió hasta hacerlas perder la tesitura
de la que estaban hechas y el aroma de café
que brotaba de sus solares
nos quedamos con un grito aherrojado
que tiene un sabor a metal y a camino minado
y nos quedamos callados en vez de ir
en busca de la canción de la que nacimos
olorosa a guayaba y a azafate de melados

¿Desistiremos acaso de toda ilusión?
¿Entregaremos la muerte que aún nos queda
sin que el pecho se destroce de tanto vacío?

Hay que hacer de la palabra un horizonte
vertical  erguirla como el tallo de un maguey
con hondura de pozos artesianos con una savia
nueva que inunde los vasos comunicantes
de la rota ingeniería que nos sustenta
y salir a sembrarla en los vericuetos de
nuestra incertidumbre hasta que brote
una canción que acalle por siempre
este tropel de perplejidades en que se nos ha
convertido la existencia


mery sananes
23 de septiembre del 2009

Este poema forma parte del libro
Palabras conjugadas, 
publicado por la CPT y el CEHA 
de la UCV, en julio del 2016,
pp. 21-22

SONIA SILVESTRE CANTA UN POEMA DE PEDRO MIR
SI ALGUIEN QUIERE SABER CUÁL ES MI PATRIA

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lunes, junio 03, 2013

RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO - A PEDRO MIR - OTRA LEYENDA DE COLORES



La libertad como un antiguo espejo
roto en la luz, se multiplica más...

Pedro Mir


 

Azar del azogue


No sé talismán dónde andará mi cuaderno azulito de finales del bachillerato, fue lo único que pude salvar del incendio de esos días. Los guardias y las bandas, desbandados, vandalizaban hasta a la barbarie. Yo venía de la escuela y escribía lo que no estaba en los libros de enseñanza. Nadie cantaba completas las estrofas de la oración de la patria, y ciertas letras habían sido escamoteadas de todos los manuales de historia y de geografía.

Eran tan largas las tardes, y tan lentos los olvidos... Aludir el oído de las paredes, en sí, ya era un delito. Yo venía de la escuela y, con un lápiz incierto, escribía en mi cuaderno las palabras prohibidas. La radio era un continuo parpadeo insensible lleno de letanías, un posible, un tal vez, instrumento vacío lleno de sierpes y lentejuelas. Yo volvía de la escuela y aprendía en los zaguanes, flirteaba en los interlineados para leer, para oír y anotar. Disentir no era un verbo, era ponerse a tiro. Leer u oír a Pedro Mir... ya lo era todo.

Eran los años duros, los setenta. La vida era una sola sobre los fusiles, y el poema un aliento. Una escaramuza, un esguince para cruzar al siguiente. Una torcedura para enderezar el día, cada día. Y así, gigante y luminoso, entre las coseduras de los libros con portadas del catecismo, en los descampados y en las azoteas, se esgrimió el poema. Tomó cuerpo en las almas. Yo venía de la escuela aquella tarde y en la radio, una voz, quebró el azogue y la ceguera. Salió a la calle la inocencia. Aún no sé de qué sirve el poema, pero sé que, en un país pequeño y agredido, un poeta pequeño y aguerrido supo encender antorchas apagadas.

Amén de mariposas


Eran otras tardes, las recuerdo. La radio y los aires enrarecidos vivían poblados de turbios nubarrones, pero uno, aunque los sentía cernirse como filosas dagas, se hacía de la vista gorda. Era la mejor forma de oír la música y de leer los mensajes sin miedo a las sordas paredes o las patas de los briosos caballos y arrogantes cancerberos del abnegado y putativo padre de nuestras culpas y desgracias.  Es cierto que hubo quienes aprendieron a leer entre líneas. También quienes aprendieron a entresacar las mejores melodías de entre las filigranas de los aires viciados y mentidores.

Plumón de nido nivel de luna
salud del oro guitarra abierta
final de viaje donde una isla
los campesinos no tienen tierra.

Al margen de las inauguraciones de puentes, plazas y avenidas, otra ciudad se hundía en la ignominia, y en los programas con mayor audiencia cantaban los cantantes oficiosos dulces y aladas canciones de sopor. Fue una  de esas tardes que sintonicé, sin darme cuenta, otra frecuencia que ya estaba abriendo un amplio tajo entre los vientos enemigos; una frecuencia tierna y agresiva que venía a todo tren por los viejos raíles del ingenio, llena de azúcar y de savia para cantarnos la canción.

Los que la roban no tienen ángeles
no tienen órbita entre las piernas
no tienen sexo donde una patria
los campesinos no tienen tierra.

Pienso, ahora lo pienso, es verdad, que despertamos y vimos, nos vimos a los pies, atados, uncidos al yugo del cínico hombrecillo que cada tarde caminaba por el mirador con su sombrero en las manos, ocultando de vez en vez sus afilados colmillos. Multiplicada, parida de retoños, la canción se fue adueñando de las tardes, de la semana y los asuetos, hasta que ya no fue secreto para nadie de que había un poeta en el mundo colocado en el mismo trayecto del asombro y de la luz, sencillamente ínfimo y liviano, capaz de enarbolar la más dulce y tronante voz de rebeldía, y sin embargo, franca e incisiva para hacernos entender quiénes éramos y qué nos pertenecía:

País inverosímil.
Donde la tierra brota y se derrama como una vena rota,
donde alcanza la estatura del vértigo,
donde las aves nadan o vuelan pero en el medio
no hay más que tierra...

Y así fue, a pesar de las pateaduras, de los borbotones de sangre, de las rejas, las desapariciones, de las madres sin hijos y los hijos sin padres y los tiburones y los acantilados y las persecuciones y el llanto y la rabia reprimida, la voz, curtida con guarapo, melao y alcohol, comenzó a tomar calle, abandonando los estrechos conciliábulos y comités, prendiendo la canción y sus retoños por todos los confines de la isla llena de abogados que no son más que placas y silencio, a los poetas que no son más que nieblas y silencio y los jueces silenciosos...

Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebeldía y claridad. 
Y hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y hombres que descifren los dioses de los ríos
y los suban temblando entre las redes.
Y hombres en las costas y en los fríos
desfiladeros
y en toda desolación.
Es decir, faltan hombres.
Y falta una canción...

Eran otras tardes, lo confieso, ya no escucho la radio y, aunque no he dejado de orar porque la bala emplumada del delirio le destemple la risa al penitente solterón de palacio y sus secuaces –que aún siguen pasando las cuentas de su rosario de cruces bajo el ala del sombrero-, sé que no han florecido los camellos en el desierto ni han salido los trenes a las calles, pero el poeta, fatigado tal vez del tufo de los años y la mentira, pidiendo para él, poco menos que “Un nido de constructiva paz en cada palma. Y quizás a propósito del alma el enjambre de besos y el olvido”, volvió al ingenio una madrugada de julio.

Miro un brusco tropel de raíles
son del ingenio
sus soportes de verde aborigen
son del ingenio
y las mansas montañas de origen
son del ingenio
y la caña y la yerba y el mimbre
son del ingenio
y los muelles y el agua y el liquen
son del ingenio
y el camino y sus dos cicatrices
son del ingenio...

Otra zafra vendrá –lo presiento, aunque no encuentre mi cuaderno azulito de finales del bachillerato-, blandiendo sus aperos por los desfiladeros de azúcar y cristales marineros para mostrarnos la tarde americana en la que, entonces sí, Pedro Mir con su guitarra abierta, frutal, fluvial y material, podrá decirnos sin ambages, con palabras, lo que no se puede decir con las palabras... |A Pedro Mir, en las alas de las mariposas

René Rodríguez Soriano, Tientos y trotes, Santo Domingo, Editora Nacional, 2011, p. 163.

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PEDRO MIR: A CIEN AÑOS DE TU NACIMIENTO TU ESPERANZA AÚN PERSISTE




PEDRO MIR
(1913 – 2000)

Nació en San Pedro de Macorís y murió en Santo Domingo.
Poeta, narrador, ensayista y profesor universitario dominicano.



Detrás de la referencia a un poeta o un escritor, recogida en los breviarios de la información, hay mucho más. Algo que no se logra descubrir sino desandando los versos que de tanto ajarse en el interior de sus manos, se convierten en guijarros lanzados a un mar inmenso.

Más allá de lo que sintetiza un párrafo, está el recorrido, la travesía por la vida que el poeta hace para sumergirse en el dolor que no tiene nombre y en la esperanza que sí lo lleva. Está la búsqueda de ese equilibrio humano del cual estamos tan ajenos. Está la resistencia y la rebeldía y está el manjar servido de una alegría que aun no construimos.

Por eso un poeta está muy lejos de ser un hombre que sólo recoge semillas para sembrar estrellas. Un poeta es la medida real de las cosas que cobran sonoridad y persistencia en el abecedario que se blande como una fuga gigante, un riel que corre hacia el futuro, un silencio que recoge las lágrimas vertidas de todos los hermanos. Y las convierte en esperanzas.

Pedro Mir es uno de esos poetas que estremecen desde la primera palabra. Y tal vez eso ocurra porque su voz es esa que llevamos honda en el interior de nuestras tristezas, clavada como un crucifijo que aún no termina de pagar su condena divina.

Es nuestro su canto, es nuestra la patria por la que clama, nuestras las fronteras que se levantan para cercarnos y que algún día se disolverán en los maizales compartidos. Es nuestra la libertad de la que habla, la que no hemos sabido defender, ni cuidar, ni siquiera entender. Es nuestro su paso y hay que comenzar a cabalgar sobre él, hasta que de las profundidades de nuestras gargantas salga la canción que se entona al sur de su isla, con el mismo incendio de penas irresueltas.

Pedro Mir pertenece a estas Embusterías por esencia y por razón. Porque todo vuelo de pájaro es el mediodía que nos aguarda, si sabemos actuar con tino y con tiempo, para detener a quienes levantan las cercas y quiebran la canción, a quienes laceran y levantan la muerte como su único estandarte de razón.

Invitamos a leerlo, pero más que a ese ejercicio, invitamos a recorrer con él los sitiales de lo perdido y destruido, para desde allì izar otra vez la esperanza, que nos otorgue los instrumentos de labranza para rehacer este tiempo de guerra hasta convertirlo en un tiempo de floreceres. mery sananes


Solo de esperanza


La esperanza es un nido
y una semilla en el suelo.
La esperanza una flor
en forma de coliflor
que mastican lejanos
los camellos.

La esperanza es la raíz
en la humedad, y el arroyo
en el desierto.
El barco sobre la mar
y Federico en sus versos.

La esperanza es un concierto
popular
en los años duros
y en doscientos muertos.
El caballo en la montaña
y en Granada un monumento.

La esperanza es un cuartel
de policía consagrado
a cuidar la tranquilidad
del pensamiento
el orden del arcoíris
y la equidad del recuerdo.

La esperanza es la esperanza
convertida en ley
de los pueblos,
el pueblo convertido en ley
y la esperanza en Gobierno.

La esperanza es un Estado
de muchachas escribiendo
un plan quinquenal de niños
y una constitución del soneto.

La esperanza es contar con todo
lo que necesita el librero
y el obrero de obras públicas
para trazar un camino
que una a todos los pueblos
del mundo,
convierta a todas las patrias
en una sola patria,
reúna todos los brazos
en un solo trabajo
sideral y alegre,
lleve la flor y la coliflor
a los desiertos,
traiga invasiones de trigo
y de manzana a los centrales
azucareros.

Un río de lunas que gira
en el corazón del sistema
planetario y derrama
la médula del hombre
sobre la espuma del
firmamento.

La esperanza es la muerte
de lo que fuera antiguo
y ha sido eterno.
La esperanza es la muerte de la muerte.
La esperanza es la esperanza
de reanudar la juventud del pueblo.


Pedro Mir nace en San Pedro de Macorís, el 03 de junio de 1913 y se ausenta en Santo Domingo, el 11 de juli o del 2000. Es considerado uno de los poetas más relevantes de la iteratura dominicana.

En su primera juventud ejerció el magisterio en su ciudad natal, donde escribió sus primeros versos; más tarde, en 1937, publicó en el rotativo Listín Diario sus primeros poemas. Trasladado por motivos de estudios a la capital, cursó derecho en la Universidad de Santo Domingo, por la que se doctoró en 1941.

En 1947, por problemas de salud y también por razones políticas (la dictadura del general Trujillo), abandonó el país. Se exilió en México, Guatemala y Cuba, donde publicó Hay un país en el mundo (1949). Subtitulado "Poema gris en varias ocasiones".

Regresó a su país y fue nombrado profesor de estética de la Universidad Autónoma, dedicándose a la investigación histórica y artística, al ensayo y al periodismo literarios. Su labor y logros literarios fueron continuos. Recibió el Premio Nacional de Historia por su ensayo Las raíces dominicanas de la Doctrina Monroe (1974), y el Premio Anual de Poesía por su extenso poema El huracán Neruda (1975). En 1984 el Congreso Nacional lo declaró Poeta Nacional, tomando en consideración el conjunto de su obra, y en 1993 obtuvo el Premio Nacional de Literatura.

Obra

Seis momentos de esperanza (1953)
Poemas de buen amor y a veces de fantasía (1969)
Tres leyendas de colores (1969)
El gran incendio (1969)
Viaje a la muchedumbre (1971)
Apertura a la estética (1974)
Las raíces dominicanas de la doctrina Monroe (1974)
La gran hazaña de Límber y después otoño (1977)
Cuando amaban las tierras comuneras (1978)
Fundamentos de teoría y crítica del arte (1979)
La noción del período en la historia dominicana (1981)
¡Buen viaje, Pancho Valentín! (Memorias de un marinero) (1981)
Historia del hambre en la República Dominicana (1987)
Estética del soldadito (1991)
El lapicida de los ojos morados (1991)
Primeros versos (1993)
Ayer menos cuarto y otras crónicas (2000)
Ni un paso atrás



A continuación, en Leer más,  el texto completo del poema:

CONCIERTO DE ESPERANZA PARA LA MANO IZQUIERDA


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sábado, enero 23, 2010

PEDRO MIR - LA ESPERANZA




La esperanza es la última
vez
cuando por delante y por detrás
no queda otro camino
que la realidad golpeante
y golpeable
palpitante y palpitable
como un vals
sobre los cinco sentidos.

La esperanza es el fin
de la esperanza
y el comienzo
del destino
de la esperanza.


PEDRO MIR
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