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martes, noviembre 04, 2025
TIEMPO SEPIA EN CLAVE VIOLETA
¿Y
qué es la felicidad?
Podría
ser un
cuarzo
sepia perfecto
habitado
sólo por la vida
al
mago en un septiembre
que
se hizo octubre
He soñado sepias en atardeceres lilas
cada uno de los días en los que la vida
parece deslizarse por el canjilón de los
pesares y he soñado lilas en atardeceres
sepias para recomenzar el tiempo
conjugado en futuro a través de la risa
de un niño que tramonta los faroles
de la noche con los ojos convertidos
en lunas incandescentes
He imaginado un cuarzo sepia perfecto
y lo he puesto en los mediodías al sol
para que no se vaya de él la vida
que lo habita por entero
He escuchado crescendos vivaces
incontenibles haciendo estación
en largo adagio de violines
sobre continuos de clavecines
y he absorbido el universo en la
gota de agua que da de beber a las
sequias
Me he sentado a orillas de un brazo
de río para medir en mi compás de
hacer milagros los acordes que ha
de ofrendarle a los peces de aguas
profundas y he
leído en el espejo
de sus conmociones el retrato de
un atardecer de mandarinares
Me he detenido en los linderos
de un pozo a deletrear el misterioso
lenguaje de las piedras cuando
quiebran la quietud de su cristal
y he creído distinguir más allá del
barro la mano alfarera de la esperanza
aguardando subvertir los desiertos
He visto cristalizar de madrugada
una rama verde noche hasta estallar
en flor de un instante y en su interior
he bordado bajeles de suspirerías
para regalárselas a los amaneceres
He aprendido a recoger la lágrima
para llenar tinajas de tierra y
convertirla en aceite y con él
encender lámparas de luz para
alumbrar las largas noches en las
que el río teje sobre el mar sus
racimos de estrellas y su oleaje
de menguantes
He regresado al solar de la abuela
a aguardar el estallido de las granadas
con las que ellas nos curaba todos
los males bajo aquella sonata alegre
de tintes melancólicos que acompañaban
el vuelo de su pañuelo sobre el aire
azahar que embriagaba su silleta
tejida con hilos de golosina
Y he aprendido a conjugar en futuro
todos los pasados que se recuestan
sobre este hoy inmisericorde que
sin embargo sigue bordando aromerías
en las comisuras de los sueños de
los niños que habitan el país del alma
en busca de un tiempo sepia en clave
violeta sobre los aires de un piano
poblado de alondras
foto y texto
mery
sananes
23
de octubre del 2012
Etiquetas:
JACED,
MS Atrilerías
lunes, agosto 16, 2021
ARSENAL DE CONFITURAS
para jaced, el mago
Adviene agosto y aún julio
es una urdimbre de fuego sobre
un calendario solar que deshoja
antes de tiempo los árboles
y la memoria se detiene en un
mar caribe que plena de luciérnagas
azules la arena que da nacimiento
a las tortuguitas
La vida se inscribe en las aletas de
los peces y en las atarrayas que rescatan
los sueños que deambulan en el fondo
del océano el cielo deslumbra su infinito
y el niño en la piedra contempla
un oleaje hecho de alas de mariposas
Desde entonces comenzó a hacerle
preguntas a los cangrejos a las gaviotas
y al pelicano viejo que al no alcanzar
ese móvil candil que nutre su vuelo
hace suyo el destino de los acantilados
Cada uno le entregó su respuesta hecha
de espuma y de mareas de murmullos
de agua y reflejo solares hasta que descubrió
la noche y su mapa estelar de cocuyos
encendidos
Allí la escritura sideral le entregó su
alfabeto iridiscente y la luna sus estaciones
de viaje y en cada bajel nocturno hizo
travesía hacia el interior de sí mismo
hasta que armado de ese arsenal de confituras
y asombros se fue tierra adentro
al encuentro con los hombres
Y desde entonces fue reconociendo
el hondo silencio de la tierra destrozada
la interminable borrasca de un tiempo
medido sólo por la capacidad de matar
la gigante soledad de quienes sobreviven
aferrados a un hilo de ilusión atado
a la hebra de una mazorca o al rocío
sobre la hierba de un amanecer sin
mediodía ni continuidad
Y se hizo de nuevo a la mar en busca
de un pájaro amarillo una rana verde
el vuelo de un azulejo y el hilo de un
cometa y desde esos territorios encantados
cada día se dedica a reconstruir lo
devastado a reinventar desde el pozo
seco del planeta el cauce de agua que
viene de la risa de los niños a rehacer
desde la partitura de un concierto la
melodía de la voz humana cuando
en vez de herir alcanza los decibeles de
una canción de cuna o el cascabel
de un abrazo
Y desde allí cada día reconstruye el
origen de lo vivo a partir de un macetero
de tréboles un cuadro de van Gogh
una partita de juan Sebastián o
la diáspora del polen en una lluvia
de estrellas fugaces
Tiene la certeza de que ninguna cuerda
tensada sobre la fragilidad de un niño
vulnerado será en vano y dispuesto
está a dejar sus señales regadas como
tentaciones sobre los áridos desiertos
de un vivir al cual le han expropiado
la vida hasta que la mar de nuevo
sólo refugie la alegría de los peces
y su oleaje retome la música que mana
de sus espejos grabada en la risa de una
madre que nunca ha dejado apagar la
llama que cuece las aromáticas vituallas
de su estremecido corazón
texto y foto
mery sananes
16 de agosto del 2021
publicado inicialmente el
15 agosto del 2016
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domingo, mayo 12, 2013
EMBUSTERIAS DE MADRE
Gustav Klimt
Un primero de mayo, unos años atrás, un hijo escribió este poema-vida a su madre. En esa fecha ella había izado sus velas para regresar al mar de donde vino, con su canasta de amor a cuestas, con la que siempre repartió su gigante corazón hecho de helechos y corales. Y fue como si de pronto el oleaje se hubiera detenido para dejar escapar la sal a la estación de los cielos.
El hijo supo deletrear en el silencio lo que la madre le decía y con ello afirmó esa condición humana de no desaparecer jamás de los sitios y los seres que amamos. Cumplir la mágica misión de ser hijo, dando continuidad a ese ciclo maravilloso y eterno de lo que somos.
En ese periplo encantado cada inicio vuelve de nuevo a los orígenes, es decir, a rescatar lo humano que nos define. A veces en el tiempo y con la historia de todos y de cada quien, esa condición se devasta, atropella, quiebra o sumerge en tiempos sombríos. Pero de nuevo insurge en su sueño de instalarse en la tierra como lo que es. Semilla de humanidad, especie en desarrollo, que no tiene más límites que la infinitud del universo.
Esta carta de un hijo a su madre, reproduce la carta que todas las madres quisiéramos escribir a nuestros hijos. Para que no olviden, para que comprendan, para que escuchen que en el susurro del viento hay algo nuestro que habla, que en el vuelo de las mariposas hay señales de nuestro ir y venir. Y sobre todo para que dejen sus huellas para que, a su vez, los hijos que vendrán sepan encontrarlos más allá de toda distancia. Un primero de mayo es buena fecha, como cualquiera otra, para dejarla aquí, entre estas embusterías, que son cosas que se reflejan en las pupilas del niño.
El hijo supo deletrear en el silencio lo que la madre le decía y con ello afirmó esa condición humana de no desaparecer jamás de los sitios y los seres que amamos. Cumplir la mágica misión de ser hijo, dando continuidad a ese ciclo maravilloso y eterno de lo que somos.
En ese periplo encantado cada inicio vuelve de nuevo a los orígenes, es decir, a rescatar lo humano que nos define. A veces en el tiempo y con la historia de todos y de cada quien, esa condición se devasta, atropella, quiebra o sumerge en tiempos sombríos. Pero de nuevo insurge en su sueño de instalarse en la tierra como lo que es. Semilla de humanidad, especie en desarrollo, que no tiene más límites que la infinitud del universo.
Esta carta de un hijo a su madre, reproduce la carta que todas las madres quisiéramos escribir a nuestros hijos. Para que no olviden, para que comprendan, para que escuchen que en el susurro del viento hay algo nuestro que habla, que en el vuelo de las mariposas hay señales de nuestro ir y venir. Y sobre todo para que dejen sus huellas para que, a su vez, los hijos que vendrán sepan encontrarlos más allá de toda distancia. Un primero de mayo es buena fecha, como cualquiera otra, para dejarla aquí, entre estas embusterías, que son cosas que se reflejan en las pupilas del niño.
Tal vez algún día las relaciones que se establezcan entre los hombres, sean relaciones de hermanos, de padres a hijos, de hijos a abuelos, de abuelos a nietos, porque después de todo la inmensa y vasta especie humana es una gran familia, con una mesa común que es este planeta, con una residencia múltiple, con una alegría que ríe en infinitas coralías.
Ese día, el trabajo será la más alta evidencia de nuestra capacidad creadora, porque será como ser ingeniero de los espacios sin cercas, arquitecto de los granos y los frutos, jornalero de los caminos, persistente indagador de las mareas, la velocidad de la luz, las ondas sonoras. Obreros fabricantes de manjares de miel. Esforzados segadores de estrellas.
Sabemos que para muchos estas palabras no tienen mayor sentido en un mundo en el que todo tiene un precio y un sello de propiedad. Sin embargo, cuando el hombre-humano que somos se desata de cercas, se deshace de los límites que le han impuesto a su propia e irrenunciable condición, entonces vuela libre en el territorio de la ternura, el afecto, la solidaridad y la fraternidad. Le gusta adornar los días con hierbas olorosas y festejar al que aun no conoce con un ramillete de siemprevivas.
Detiene el tiempo en el dintel de una ventana a ver pasar la nube y acampar en las pupilas de un niño triste. Reconstruye el universo a partir del color de unos guijarros. En su solar aroman hierbas que curan y en su fogón se cuecen siempre confituras para compartir. Vuela papagayos para alcanzar la estatura de las estrellas. Y sabe que en el diminuto corazón de una hormiga cabe todo el misterio de la vida.
Pero vivimos aún en un mundo que ha cedido su humano espacio a las guerras y a la violencia, al poder y a la acumulación, a la venta y a la compra, al horror y a la devastación. Por ello es menester inventarse cada día, cada uno, una palabra-acción humana, para ver si de tanto taladrar la piedra logramos entre todos hacer de ella el cincel de una nueva historia, en la cual cada quien construya su propia ofrenda a la vida.
Mientras, en estos tiempos oscuros, las madres y los padres, tenemos que seguir enhebrados de las hojas, los luceros, la brisa, las gotas de rocío, la canción de los sapitos, la reverberación de los peces, para cuidar, proteger, acompañar a los hijos, que son todos, donde quiera que estén, hasta que sobreviva al fin la alegría en cada uno de los rostros que aguardan el milagro de un tiempo de humanidad.
Ese día, el trabajo será la más alta evidencia de nuestra capacidad creadora, porque será como ser ingeniero de los espacios sin cercas, arquitecto de los granos y los frutos, jornalero de los caminos, persistente indagador de las mareas, la velocidad de la luz, las ondas sonoras. Obreros fabricantes de manjares de miel. Esforzados segadores de estrellas.
Sabemos que para muchos estas palabras no tienen mayor sentido en un mundo en el que todo tiene un precio y un sello de propiedad. Sin embargo, cuando el hombre-humano que somos se desata de cercas, se deshace de los límites que le han impuesto a su propia e irrenunciable condición, entonces vuela libre en el territorio de la ternura, el afecto, la solidaridad y la fraternidad. Le gusta adornar los días con hierbas olorosas y festejar al que aun no conoce con un ramillete de siemprevivas.
Detiene el tiempo en el dintel de una ventana a ver pasar la nube y acampar en las pupilas de un niño triste. Reconstruye el universo a partir del color de unos guijarros. En su solar aroman hierbas que curan y en su fogón se cuecen siempre confituras para compartir. Vuela papagayos para alcanzar la estatura de las estrellas. Y sabe que en el diminuto corazón de una hormiga cabe todo el misterio de la vida.
Pero vivimos aún en un mundo que ha cedido su humano espacio a las guerras y a la violencia, al poder y a la acumulación, a la venta y a la compra, al horror y a la devastación. Por ello es menester inventarse cada día, cada uno, una palabra-acción humana, para ver si de tanto taladrar la piedra logramos entre todos hacer de ella el cincel de una nueva historia, en la cual cada quien construya su propia ofrenda a la vida.
Mientras, en estos tiempos oscuros, las madres y los padres, tenemos que seguir enhebrados de las hojas, los luceros, la brisa, las gotas de rocío, la canción de los sapitos, la reverberación de los peces, para cuidar, proteger, acompañar a los hijos, que son todos, donde quiera que estén, hasta que sobreviva al fin la alegría en cada uno de los rostros que aguardan el milagro de un tiempo de humanidad.
mery sananes
2006
¡Madre! Buenos días madre
¿ríes madre?
Sí, hijo río
río para ti
desde siempre
y ahora que estoy lejos
¿A dónde vas madre?
sabes donde hijo…
Sí lo sé madre
vas como todos los días
al mercado o
a la bodega más cercana
vas a la compra diaria
la comida de tus hijos
tu almácigo de semilla dulce
tu nube blanca de agua fresca
tu canasta de amor
¿Quién te lo pide madre?
¿Quién te lo mana madre?
Mi corazón hijo
Soy madre hijo
siempre
y ahora que estoy lejos
¿Quién madre?
Ustedes hijo…
los hijos hijo
ellos me lo dicen sin decirlo
ellos me lo piden sin pedirlo
ellos me mandan sin exigirlo
siempre lo han hecho sin hacerlo
lo siguen haciendo
siempre lo hacen
y lo seguirán haciendo
¡soy madre hijo!
¿Y desde cuándo madre
siempre hijo
desde que te traje al mundo
durante tu crecer
ahora que eres grande
y ahora que estoy lejos
ahora que te abrazo en espíritu
que te abrazo con mi atmósfera
que me hago brisa para abrazarte
y bañarte con mi rocío mañanero
hecho de tu lágrima alegre
que dejaste en mi siembra
¿Quién madre?
Mi corazón hijo
mi amor hijo
desde siempre
en la tierra
en el mar
en el viento
Y ahora que estoy lejos
siempre hijo
ahora con los hijos del mundo
siempre hijo
¿lejos madre?
sí lejos…
y cerca de la vez
no ausente hijo
otra morada
cerca hijo
lo sabes hijo
soy madre hijo
¿Y qué haces madre?
Tu canasta de amor hijo
tu semilla en mi almácigo dulce
la canción que te hice desde niño
mi sudor y mi trabajo de amor hijo
el olor de mi cuerpo
sobre tu cuerpo hijo
el roce de mi alma
sobre tu alma hijo
haciendo una sola hijo
siempre juntos hijo
¿Viajas madre?
Si hijo viajo
siempre he viajado
soy navegante hijo
en el mar
en la tierra
en el viento
¡Madre siempre
no olvides mis recados!
Nunca hijo
¡nunca!
en la tierra
en el mar
en el viento
¿Cuándo vienes madre?
¡estoy contigo hijo!
¿te veo madre?
siempre que tu quieres
Cierto madre
si madre
madre siempre
¿Y dónde estás madre?
sabes donde estoy hijo
y sabes donde voy
lo sabes bien hijo
si madre lo sé
sé donde hallarte
lo sé bien…
en la tierra
en el mar
en el viento
en mi alma
Y madre…
nunca se me olvida
1ro de mayo de 1999
madre
estás en el tiempo
¿ríes madre?
Sí, hijo río
río para ti
desde siempre
y ahora que estoy lejos
¿A dónde vas madre?
sabes donde hijo…
Sí lo sé madre
vas como todos los días
al mercado o
a la bodega más cercana
vas a la compra diaria
la comida de tus hijos
tu almácigo de semilla dulce
tu nube blanca de agua fresca
tu canasta de amor
¿Quién te lo pide madre?
¿Quién te lo mana madre?
Mi corazón hijo
Soy madre hijo
siempre
y ahora que estoy lejos
¿Quién madre?
Ustedes hijo…
los hijos hijo
ellos me lo dicen sin decirlo
ellos me lo piden sin pedirlo
ellos me mandan sin exigirlo
siempre lo han hecho sin hacerlo
lo siguen haciendo
siempre lo hacen
y lo seguirán haciendo
¡soy madre hijo!
¿Y desde cuándo madre
siempre hijo
desde que te traje al mundo
durante tu crecer
ahora que eres grande
y ahora que estoy lejos
ahora que te abrazo en espíritu
que te abrazo con mi atmósfera
que me hago brisa para abrazarte
y bañarte con mi rocío mañanero
hecho de tu lágrima alegre
que dejaste en mi siembra
¿Quién madre?
Mi corazón hijo
mi amor hijo
desde siempre
en la tierra
en el mar
en el viento
Y ahora que estoy lejos
siempre hijo
ahora con los hijos del mundo
siempre hijo
¿lejos madre?
sí lejos…
y cerca de la vez
no ausente hijo
otra morada
cerca hijo
lo sabes hijo
soy madre hijo
¿Y qué haces madre?
Tu canasta de amor hijo
tu semilla en mi almácigo dulce
la canción que te hice desde niño
mi sudor y mi trabajo de amor hijo
el olor de mi cuerpo
sobre tu cuerpo hijo
el roce de mi alma
sobre tu alma hijo
haciendo una sola hijo
siempre juntos hijo
¿Viajas madre?
Si hijo viajo
siempre he viajado
soy navegante hijo
en el mar
en la tierra
en el viento
¡Madre siempre
no olvides mis recados!
Nunca hijo
¡nunca!
en la tierra
en el mar
en el viento
¿Cuándo vienes madre?
¡estoy contigo hijo!
¿te veo madre?
siempre que tu quieres
Cierto madre
si madre
madre siempre
¿Y dónde estás madre?
sabes donde estoy hijo
y sabes donde voy
lo sabes bien hijo
si madre lo sé
sé donde hallarte
lo sé bien…
en la tierra
en el mar
en el viento
en mi alma
Y madre…
nunca se me olvida
1ro de mayo de 1999
madre
estás en el tiempo
JACED
Etiquetas:
JACED
lunes, agosto 15, 2011
EL TIEMPO ETERNO DE LOS GRILLOS
a jaced
En agosto
¿en qué dirección
giran los peces?
¿Van o vienen
de sembrarle jazmines
al mar?
¿Qué susurros escriben
con su abecedario
de burbujas?
¿Hacia dónde van
a dirimir
los designios del sol?
¿En qué atarraya
de algas y corales
se enredan
sus alas de pájaro?
Sé que perdura en el aire
un frenesí de olas
un aroma de sal que
lame las piedras
un espejo invertido
en el corazón de los
cangrejos
Y aún así el hombre
no recorre
la distancia oceánica
de sus tristezas
ni asciende por la curvatura
del horizonte
hasta la incandescencia
sutil de los bajeles
Remonta sus naufragios
en el suspiro
de un pez espada
y acampa en el desierto
de sus ojos
como un hortelano
de sequías
Por ello en este agosto
a tí
marinero sin isla ni vela
pasajero ensimismado
en el canto sonoro de los
charcos
atrapado sin querer
en la fiereza de los muros
y la estampida de las
perseidas
he venido a traerte
el tiempo eterno de
los grillos
el humus que nace
de los columpios de
la risa
y la alegría brevísima
del niño que atrapa
en sus pupilas
el arrullo de los palomares
y las fogatas que enciende
la luna sobre la copa
de sus asombros
16 de agosto del 2011
texto y fotos / mery sananes
texto y fotos / mery sananes
lunes, abril 18, 2011
JACED - SIEMPRE EL FOGÓN ENCENDIDO
¡Y quién no cultiva una madre
rescata el niño que dejamos ir
y regresa al espacio del fogón
donde se preñan de sueños los
azafates y se cuece para siempre
el pan de la ternura!
rescata el niño que dejamos ir
y regresa al espacio del fogón
donde se preñan de sueños los
azafates y se cuece para siempre
el pan de la ternura!
Y bien puede
del fogón encendido
a la arepa blancasepia
la irrupción de la canción
en cuerdas de bandolina
para que le cante a la vida
en su fructificación
fragmento a fragmento
en el fuego avivado
abejar las manos
de la madre
y más allá repica otro, y siguen otros concertados
tantos otros en la profundidad de la lejanía
y desde allá como eco se devuelve el mismo repicar
hasta volver al primero que paciente espera
y vuelve a cantar en registro de tenor más alto
su cuello se alarga se encrespan sus plumas
por la fuerza del canto de su onda sonora
y todo el resto del plumaje de su cuerpo
queda ligeramente erizado
suavemente peinado por la brisa tibia
salitrosa, invisible azul con la que saluda el mar
un concierto musical que me ayuda a despertar
y si agudizo el oído puedo oír el rumor del oleaje
que mide aún más la profundidad de la lejanía
empiezo aprender cómo sacudir la melancolía.
Son las cuatro de la madrugada
arriba siempre la luna llena o menguando o nueva
en un cielo cuajado de estrellas que no cesan su invisible goteo
las Pléyades ligeramente a un lado en titileo de luz
Orión al centro con sus brazos exhalando amor
la Cruz al suroeste salutación al hombre pescador
y la Osa con su estrella Polar persistente marcando el rumbo
y allí, noroeste, en oblicua mirada el insistente Venus ante el alba
y bajo este techo enrumbamos al molino para la molienda del maíz
la madre delante con su alta lata de maíz en la cabeza
y otra más pequeña a la cintura ambos manos que se alternan
un conjunto en equilibrio para que no desborde el maíz blanco
atrás el hijo con la carretilla carga dos latas del mismo grano
y su mirada descansando sobre su rítmico andar en desdibujo
la alta lata en su cabeza parece más grande que ella
y bajo el relumbre de la penumbra no sabe quién lleva a quién
Y en el molino él hijo apura el sueño sobre sacos de maíz,
mientras ella atenta, precisa, paciente espera su turno
y a seis de la mañana bajo el insistente Venus ante la aurora
volvíamos a casa con nuestra carga de masa blanca
masa de vida para sostén y el alimento de la esperanza
bajo la vigilia de los gallos ya silenciados por el poniente sol
tantos años ahuecando el mismo camino
de la casa al molino
del molino a la casa
tantas “navidades” tantos “años nuevos” en la misma noria
pero sosteniendo el mismo sueño para que siga viva la esperanza
y aquél ranchito de ardiente fogón donde hundía su vida
y sus manos se convertían en un abejar de apetitosas arepas
panal de arepas blancas ligeramente sepias listas para la venta
venta de la arepa
venta de la propia vida
pero enhiesta la esperanza
como llama de lámpara de kerosén encendida sobre viento marino
un vivir que se va entregando a cuotas
en una sociedad de compra y venta
pero por encima de todo en alto su risa
Y así la mujer se hizo madre
el niño se hizo hijo
la vida de la madre en el hijo
la vida del hijo en la madre
y pensar cuantas madres
cuantos hijos
cuanta vida
cuanta humanidad que puebla la Tierra
Y de su entraña habrá de irrumpir el grito sin estopa
para romper el círculo como volcán que vomita lava:
paren la noria!
entonces, el alba seguida de la aurora al son de cantos de gallos
nuevo despertar del hombre para que haga fructificar la esperanza
reemprender el abejar de manos en el fogón encendido de brasas
y nuevamente volver a hornear el pan que alcance a todos
y de ese hacer de pan la resurrección de la condición humana
la risa de la madre en lámpara mayor para alumbrar aquél camino
y el hombre en nueva jornada para construir al humano
en una sociedad de hermanos
un vivir en cada amanecer
entre ponientes y ocasos de sol
y en una sola geometría
hijo y madre en amor eterno
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JACED
martes, abril 05, 2011
JACED - RETRATO DE UN AMIGO - ANÍBAL SÁNCHEZ PADRINO
Tarea infatigable esta de sembrar y recolectar
pero todos debemos sembrar
y mientras sembramos también recolectamos
los que nos dejan los que deben partir
y con lo recogido volvemos a resembrar
siembra y cosecha para que no pare el molino
y del granero atesorado habrá de surgir la vida
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Aníbal Sánchez Padrino,
JACED
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