domingo, diciembre 31, 2017

LOS PRISIONEROS DE LA MUERTE


Gustav Mahler



Más allá
de las olas de los cantos
de violines incandescentes
en sirenas del alba
y mutación de estrellas
de emanaciones

Más allá
de aquella sinfonía para ti
que compuso el sonido en adioses
que se hizo imán de la existencia

Más allá
del crepuscular que se derrumba
en delirios y gritos y de un
gloria magnífico del tiempo Nazaret

Más allá
de un adagio del supremo oasis
y de la inmigración de sangre
huesos y espíritus
dispersos y dormidos

Más allá del canto que quiebra
su amén en la nota del alarde
de toda compasión

Más allá de los lamentos
que atentan contra los suspiros
que encienden hecatombes

Más allá de la pena que no derrumba
el concierto de los mortales de la
sobrevivencia

Más allá de la vida que quedó fuera
de la muerte que se aguarda está
la eterna  tragedia que los seres
llevan en la búsqueda de un  destino
de lumbre tierra y creación

Más allá de las voces del tanto esperar
está el poder de flautas  y hombres como tú
Gustav Mahler dispuestos a forjar la vida de
resurrección en la que todos encontramos
refugio para la lucha contra los prisioneros
de la muerte



agustín blanco muñoz
 ofrenda musical inédita

18 de mayo del 2012

Mahler / Sinfonía 2 / Resurrección
completa


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sábado, diciembre 23, 2017

¿HASTA CUÁNDO PENAS Y DESTRUCCIÓN?



 CATEDRA PIO
TAMAYO

    CENTRO DE  ESTUDIOS
    DE  HISTORIA  ACTUAL
IIES / FACES / UCV

   MENSAJE 2017-2018



¿HASTA CUÁNDO PENAS Y DESTRUCCIÓN?
  
¿Qué palabras  decir hoy que no estén teñidas por la pena y bordadas por la desesperación y la destrucción? ¿Cómo rescatar el amor de este vuelo herido en su más alto significado?

¿Queda trecho aquí para la vida o estamos obligados a reinventarla? ¿Tendremos la suficiente furia de amaneceres para construir pasos de
creación entrega y desprendimiento?

¿Contaremos con la fuerza necesaria para limitarnos a contemplar el llanto de  la madre por el hijo muerto o padeciendo la enfermedad del hambre? ¿Seremos capaces de enfrentar las condenas de todo  afán de libertad?



¿Y cómo hablar aquí y ahora de felicidad si el llanto nos vuelve Jairo Paola Miguel Ángel Brayan Christian Juan Pablo Neomar o cualquiera de los tantos asesinados en medio de la política de los mismos negociantes que hoy buscan entendimientos de paz para beneficio propio y bien alejados de ese recuerdo de sonrisas valor desprendimiento e ingenuidad que fue aprovechado para el festín de los engaños?

Pero en medio de tanto dolor se levanta una chispa de alegría testificada por el regreso de  jóvenes como Oriana que cambiaron la ruta que le imponían para traernos el mensaje de vida de todos los que seguirán soñando en la certeza de que también de la pena nacen los  arcoíris que alumbrarán los tiempos de la verdadera existencia.



¿Cuándo avanzaremos hacia los tiempos de la vida sin plegarias caudillos salvadores ni condiciones degradantes y pendencieras?

¿Cuándo seremos protagonistas de una historia sin miseria oprobio y  perversión?

¿Cuándo nos apartaremos de los caminos que nos impusieron para ir hacia una auténtica condición de humanidad?   


¿Cuántas lunas, circunstancias y aconteceres trágicos estaremos condenados a presenciar o a recordar desde alguna dimensión antes de poder volver a desear ¡feliz año! con algún criterio y fundamento?




Y al final de este trágico doloroso e inolvidable año que compendia la más profunda destrucción ya en nuestro recuerdo y sentir estamos obligados a levantar conciencia pasos y huellas para asumir el pedido de Pío Tamayo de convertirnos todos en peones jornaleros en labores de justicia belleza amor y libertad.





pinturas de oswaldo guayasamín



cátedra pío tamayo
centro de estudios de historia actual
IIES / FACES
Universidad Central de Venezuela
Agustín Blanco Muñoz / Mery Sananes /  Danielita Barrolleta


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sábado, diciembre 16, 2017

MÁS ALLÁ DEL PRELUDIO




Mi amadísimo Héctor

No tienes que pedirme ni permiso ni opinión para colocar algún texto mío. Todo lo contrario. Me ha emocionado mucho que lo hayas tomado y sobre todo porque habla de la esperanza.

Tu texto completo me ha conmovido de distintas maneras. Primero porque te has envuelto en la cruz del Ávila con Manuel Cabré. No sabemos vincular nuestras tribulaciones sino a esa tierra tan generosa desde la cual venimos y de la cual jamás nos desprendemos.

Cada lugar tiene su historia, y todas van quedando en nuestro equipaje. Y esa evocación que haces, en un momento difícil de tu vivir, trae una brisa vivificante.  Y de Cabré pasas a Aquiles y su ruiseñor de Catuche. Y se desata tu   poesía, tu imaginación y ese tu corazón, Héctor que tiene los colores de nuestras tardes aromadas.

Y allí sabes que el cielo está limpio, porque transparentes están tus ojos de atrapar todo lo hermoso que nos rodea en medio de la mendicidad, el dolor, la carencia y la miseria que se posó sobre nosotros casi como una maldición.

Y qué manera de describir ese instante: se juntaron las bandadas de guacayamas, con la banda de los azulejos y como si no fuese suficiente, la plateada luz de la luna.

Y tomo la frase, y la coloco en mayúscula: AUN DESPUÉS DE LA ESTACION DE LAS LÁGRIMAS, PUEDE VOLVER AÚN DULCE LA ALEGRÍA. Y lo reiteras con profundo amor: las nubes ensombrecen la estación tardía, pero todavía la luz acaricia nuestros ojos y los follajes enlunados.


Y agrego: no hay sombra alguna que nuble tu condición de poeta. No sólo de versos, sino de vida, que es lo esencial. Y Pavese es Pavese. Y su mirada ojos que trascienden toda muerte. En verdad es el mundo el que se encuentra en el abismo más profundo. Y nosotros los sobrevivientes de una muerte continuada. Y dentro de ella hemos podido sacar filamentos de luz, diminutas llamas casi imperceptibles, pero que nos han señalado siempre el camino.

Y sabiendo todo eso, porque está sembrado en tu corazón, mi querido Héctor, tomas mis palabras que en verdad son casi una plegaria que uno se repite a sí mismo, para no abandonar la persistencia de la vida sobre toda muerte. Y como un mágico recorrido traes a esta hermosa mesa servida,  de la cual eres anfitrión, nada más y nada menos que a Perse, ese gigante de la poesía y del vivir.

Y ponerme junto a él, para acercar un mensaje similar, es una ofrenda que me haces, un amoroso gesto del amigo, en cuyos ojos siempre baila una revuelo de alas aunque a veces se haga difícil su vuelo. 


Y va cayendo la tarde, y los dioses regresan a poner su orden divino que no es sino copia del orden de un hombre deshumanizado. "Se ha ido la luna, la cruz de luces me habla. Sufrimos a medida que más amamos. El hombre es como su amor, y sigue la suerte de su amor.” 

Y concluyes, nada más y nada menos, que con Rimbaud, para preguntar: ¿Cuándo iremos más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la nueva sabiduría, la huida de los tiranos y los demonios, el fin de la superstición, para adorar - ¡los primeros! – la Navidad en la tierra?

Eso no lo sabemos, Héctor. Tenemos la certeza, sí, de que no lo veremos. Pero habremos participado en esa carrera de relevo de la que hablaba León Felipe, entregándole el testigo de la lágrima al otro corredor, hasta que a través de ella aparezca la luz.

Brindaremos por eso y por tanto más, dulce amigo, hoy, mañana y siempre. Te dejo mi abrazo reiterado, la esperanza que está más allá del preludio, ese mirar que siempre habrá de distinguir el vuelo de las guacayamas, aún en los cielos más encapotados.

Te quiero
15/12/17

texto y foto
mery sananes


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REFLEXIÓN AL PIE DE LA CRUZ DE LUZ


 



REFLEXIÓN AL PIE DE LA CRUZ DE LUZ
Héctor Silva Michelena

Desde que diciembre pisó nuestra senda, la escondida senda de las tribulaciones, que azotaron al Año Viejo – hambre, enfermedades, presos políticos, muerte – he orientado mis ojos hacia la cruz de luces allá arriba, en el Ávila de Manuel Cabré, nacido el 25 de enero de 1890, en Barcelona, España. Cabré acercó la montaña a nuestras vidas, en este valle donde aún canta el ruiseñor de Catuche, de Aquiles Nazoa, ave nos nos llegó de “El canto del ruiseñor”, un bello cuento que empieza así: “Una tarde, hacia el crepúsculo, el ruiseñor empezó a cantar. Su voz, líquida y pura, se elevó en el aire, armoniosa y dulce”. Deslizado el día, la noche iba absorbiendo los colores de mis tardes amadas.

Delicioso efecto decembrino. El cielo está limpio hoy por la mañana, y la muselina gris de la lluvia flotó sobre todo el circo de nuestras montañas. En este momento la banda azul de los azulejos, el arcoíris de las bandadas de guacamayas, que habían aparecido en el cielo de mi balcón, sube hasta el cénit, y la cúpula del cielo, casi limpio de nubes, deja caer sobre nosotros la plateada luz de la luna. El día fue benigno, nos benefició en esta estación del año.



Así, después de la estación de las lágrimas, puede volver aún la dulce alegría. Di tú, hombre, que entras en el otoño de tu vida que el gran Rubén Darío, como buen ave canora, lo cantó: “¡Juventud, divino tesoro, te vas para no volver!”. Así es, dicen las Escrituras. Pero di también, hombre, que el otoño tiene bellezas. Las lluvias, las nubes ensombrecen la estación tardía, pero todavía la luz acaricia nuestros ojos y los follajes enlunados. Es el momento de reunir las provisiones para el invierno cercano. 

 Cesare Pavese

Cesare Pavese, lo escribió en su dolor de dura vida: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, esta muerte que nos acompaña desde el alba a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento un absurdo defecto. Tus ojos serán una palabra inútil, un grito callado, un silencio. Así los ves cada mañana cuando sola te inclinas ante el espejo. Oh, cara esperanza, aquel día sabremos, también, que eres la vida y eres la nada. Para todos tiene la muerte una mirada. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como dejar un vicio, como ver en el espejo asomar un rostro muerto, como escuchar un labio ya cerrado. Mudos, descenderemos al abismo”. El gran poeta italiano se suicidó el 27 de agosto de 1950 en un hotel de Turín, ingiriendo doce sobres de somníferos.



Esa es una verdad irrefutable como el cero al cual ascienden nuestros labios. Pero no todos los poetas guardan silencio con los labios cerrados. Me llega la voz de Mery Sananes, esa que se brota desde su poema “Preludio a la esperanza”. Escucha, hombre, mujer, este dulce fragmento: “La esperanza es un palomar detenido en el umbral de los sueños, una pupila que se agiganta ante la visión de un mar inmensamente azul, la travesía que recorre la lágrima, desde el diafragma adolorido hasta el delta de unos ojos que no se abren, para que no se escape su sal por el rubor violeta de las mejillas. (…) La esperanza es el espacio de un preludio, por donde habrá de irrumpir algún día el aletea alborozado de las garzas, que beben el néctar de los días vividos, y transportan el polen de los días porvenir”. Mery, perdona mi puntuación. Su libro se llama Memoria de pájaros y hombres (agosto, 2017), y trae a la memoria del olvido a Pájaros (París, 162), de Saint-John Perse, nacido Marie-René-Alexis Saint-Leger Leger, en la isla Guadalupe, dependencia del Imperio Colonial Francés en las Antillas (1887-1975), Nobel en 1960.


Saint John Perse

Mery se angustia por el destrozo del mundo, pero sostiene la esperanza de que el hombre es algo más que un ser prescindible, mortal, y que la vida es una realidad a conquistar. La vida verdaderamente humana. Alrededor de este bello libro – creo – e ha hecho un silencio deshonesto. La poeta propone aprender del pájaro esa conciencia que le permite al ser humano cumplir la función para la que fe creado. Perse, en su isla antillana, festejaba en largas secuencias el vuelo y de los pájaros de ultramar. El ave ejemplifica un tipo de observación y un gesto, una mirada aparte, dueña de sí, pero viendo desde lo alto una cierta eternidad, una certeza a la que está ligado. Avidez, hambre de existir y de cubrir distancias, capacidad envidiable de ensamblar meses en el único impulso de sus plumas.



La bandada de guacamayas, los azulejos en las ramas y algún capanegra furtivo, sirven de maquinaria a esta reflexión, con la mirada en los aires. Veo desfilar a los caídos por la libertad, escucho la sangre que corre en las calles, me indigna la risotada de los guardias, su abominable orgullo de decir que perseguirán, hasta debajo de las piedras, a quienes piensan distinto, que los encerrarán en estrechas celdas militares. Esos “terminators” y su manejadores exigen rescate por la libertad de sus pesos. Ese día llegará, en sus propias conciencias, aun malignas, los ahogarán.

La Justicia, la diosa de la justicia lleva una venda en los ojos, pero es sabia y llega siempre. Era la encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres. Cuando se le hace caso omiso, Némesis trae el justo y colérico castigo. Temis no era colérica: ella, “la de preciosas mejillas”, fue la primera en ofrecer a Hera una copa cuando volvió al Olimpo afligida por las amenazas de Zeus.

 Arthur Rimbaud

Se ha ido la luna, la cruz de luces me habla. Sufrimos a medida que más amamos. El hombre es como su amor, y sigue la suerte de su amor.  Termino esta reflexión preguntándome con Rimbaud: “¿Tuve una vez, una juventud agradable, heroica, fabulosa, como para ser escrita sobre páginas de oro? - ¡demasiada suerte!.  ¿Cuándo iremos más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la nueva sabiduría, la huida de los tiranos y los demonios, el fin de la superstición, para adorar - ¡los primeros! – la Navidad en la tierra?

De la memoria del olvido rescato una copa de vino, y escucho a Mateo (XX, 31): “En verdad os digo que pecadores y prostitutas irán antes que vosotros al reino de Dios”. Nosce te ipsum, quod ipsum liberum sit. Conócete a ti mismo, es la verdadera libertad. Tomemos nuestras armas, la verdad, la lucha, la pluma, y la vida tendrá nuestros  ojos.

Héctor Silva Michelena
16 diciembre 2017

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