lunes, mayo 11, 2026
¿Y cuándo llegará la palabra del verdadero humano?
I
La palabra toma el camino de la Resurrección
para dejar a un lado todo teclado que mire hacia
el vacío.
Resurrección
“Un haber que fracturó la palabra
que quiso ser laúd para tejerle
un eje capricornio al manantial
que se abrió al ritornelo de las horas
e hizo de ella una vorágine de
fugas y contrafugas
sobre un teclado vacío”. (P 39)
II
Porque todo ‘Memorial de Desparpajos’ tiene
tiene que estar ligado hasta al trayecto de la bala
que apunte en la línea de la conjugación de las
palabras que va en dirección de la imparable
resurrección
Memorial del Desparpajo
“Y si cada uno de nosotros no deshace esta travesía
por el incesante trayecto de la bala hasta consagrar
la resurrección de la semilla y la conjugación de las
palabras en porvenir todo lo demás hasta la más honda
de las entregas y el más deslumbrante de los adverbios
quedará como yesca que no enciende”. (P 16)
Porque al hombre se le ha expropiado la palabra y hasta
el sentir para que quede sin pasos para la lucha por la
vida
“Hay que invertir todo pretérito y avanzar por el frágil
pasadizo de una lengua que nombre como si fuese
por primera vez cada instancia expropiada al hombre”. (P 17)
(…)
“Alcanzar la ingeniería de una lengua conjugada en la
octava clave de los misterios”. (P17)
III
La Poeta se propone con sus ‘Perplejidades’ dotar a
las palabras muertas, vacías, que abundan por doquier,
de la profundidad y alzada necesarias para rescatar el porvenir.
Perplejidades
“Hay que hacer de la palabra un horizonte
vertical erguirla como el tallo de un maguey
con hondura de pozos artesianos con una savia
nueva que inunde los vasos comunicantes
de la rota ingeniería que nos sustenta
y salir a sembrarla en los vericuetos de
nuestra incertidumbre hasta que brote
una canción que calle por siempre
este tropel de perplejidades en que se nos ha
convertido la existencia”. (P 22)
IV
Pero cómo hacerlo, cómo dotar a las palabras de raíces
profundas y horizonte trascendente. Para ello Mery abre
los sentidos -oído, olfato, gusto, tacto, vista- y abarca
lo cercano y lejano haciendo del todo una
unidad inseparable, unida a ‘El Código de las Aguas’.
“Si tan sólo aprendiéramos
que somos móviles
e infinitos
que nos somos las ramas
que se quiebra
sino el bosque frondoso
que le sirve de morada
a los pájaros.
Nada extrañaríamos entonces
porque en todas partes
hallaríamos a quien buscamos
y nos encontraríamos
a nosotros mismos
fieles al vuelo de las estaciones
y al código de las aguas”. (P 37)
V
A partir de este punto tiene lugar una explosión de vida
que inunda la a palabra, esta ‘Partita para una Flauta’
que da lugar incluso a un nuevo metabolismo de las mismas.
Partita para una flauta
“Cuando el viento avasalla el tránsito
del suspiro hacia su recinto de agua
la palabra se dobla sobre sí misma
se vuelve susurro y busca cobijo
en el corazón de una flor.
Y desde allí tramonta la aromada piel
de los pétalos hasta alojarse en la diáspora
del polen aguardando el piquito de un
colibrí para prenderse de sus alas
hasta convertirse en un beso frugal
e indetenible.
La palabra entonces encuentra la
esencia de su verbo la estructura
vegetal de su gramática y se deshace
en florerías de amor para que el
hombre sin suspiros recobre la simetría
de sus sueños y el planeta reinvente la vida
en la agreste soledad de los bosques
en el paladar de los pájaros
y en el solo de una flauta dulce
e inequívoca”. (P 44)
VI
Y si no fuese más que suficiente, Mery denuncia
a los enemigos de la palabra, ya se trate de
individualidades, ‘Todo Hombre’
o instituciones.
Todo Hombre
A Pablo Neruda
(…)
“Y no es esta la hora de acaparar palabras
ya dichas ni atesorar las mismas de siempre
sino de volver sobre la historia que
ya fue escrita en la que bárbaros y sayonas
aniquilaron vidas y hasta las lluvias y sus gotas
para dejar implantada la sequía de la serpiente oro.
Pero se dice que nos dejaron como herencia un
idioma como si otras lenguas no hubiesen
existido para nombrar los manantiales y las
ráfagas de tierra que configuraron un continente
atravesado de vitrales de agua e ingenios
bordados de aromas y sabores inéditos.
La otra lengua acallo la sonoridad de
los cantos milenarios inscritos en cada lumbre
de jade y dejó correr su propia exuberancia
sin saber que con ella venía enhebrada la
palabra que hiere y espanta divide y asesina
convierte el tornasol de una cerca de espadas
y el vuelo cromático de las aves en un aluvión
de oscuridades.
Y así lograron que no estallara en estos predios
la acción de gaviotas y arpegios que se junten
a la vitalidad de los itinerarios que nacen en el sinfín
de las decisiones para establecer en rieles
futuros el imperio inmemorial de las vidas que
al fin advendrán en el carruaje de palabras
conjugadas en tiempo de infinito para la resurrección
de un verbo múltiple colectivo y transparente que
nos nombre humanidad”. (pp.19- 20)
VII
Porque en ‘La Casa de las Palabras’ se percibe
Con mucha fuerza que las ’Palabras Conjugadas’
Día a día se vuelven centellas
La casa de las palabras
“Cómo escribir cuando la casa de las palabras
es una edificación minada con centinelas
que cuidan sigilosamente que de ella
no salgan volando por la ventana suspiros
de amor ni canciones de cuna.
Cómo escribir en gerundio si todo está dicho
para que hasta el futuro se conjugue en pasado.
Cómo traspasar las fronteras del otro que dejó
hace milenios de hablarnos en lenguaje de cerezos.
Cómo irrumpir en la palabra estacionada
para que recobre su condición de cántaro
su resonancia de cuerdas que se desbordan
de los maderos hasta volverse centellas.
Cómo girar las esdrújulas para que recobren
la gravedad de su decir rebelde y reconciliar
los subjuntivos con el hacer incondicional
de una libertad que no concede Tregua.
Tal vez sea mejor un silencio de voces
un concierto para cuerdas mudas
una sonata para flautas a las que les han
extraído toda respiración
un solo de clarinetes sin melancolía.
Un manifiesto que escrito en el desatino
de los murmullos contenidos riegue
por el planeta este miserere de tristeza.
Una juglaría que calle al fin todos los ruidos
de metralla y la risa fatua de los ejecutores
de una palabra vacía que se dobla sobre sí misma
para ocultar su civilizada barbarie de intemperancias
y odios recrudecidos”. (P 27)
VIII
Hay gente que no se cansa de servir y dar,
ese es el caso de la Poeta, que nos entrega todo,
desde el “diminuto estambre” hasta los
“gajitos de la mandarina”
-palabras conjugadas-
y con ello nos devuelve la esperanza.
La Canción Rota
A León Felipe
(…)
“Creo que la canción del hombre
está rota y que hay que aglutinar
sus notas hasta que una voz
común recupere la ternura.
(…)
Y por ello entrego desde el dedal
de los olvidos el diminuto estambre
con el que voy cosiendo los días
a la viga que sostiene el universo
para que se junte a las tonalidades
sonoras de un decir hecho de
hebras de fósforo y a ese afán
persistente de ser cristalería de la
penumbra hasta alcanzar la claridad
de las mañanas preñadas de geranios”. (P 14)
VII
Sí, hay ‘Sílabas del Viento’ destinado a imponer
Un infinito código de amor entre los hombres del hoy,
El mañana y el siempre ya en humanidad
Sílabas del Viento
(…)
“Sé que el recinto del silencio
guarda las palabras que aún no se han dicho
y que es tiempo de organizar los
amaneceres para abrir las pupilas antes
de que el alba se haya ido.
Junto las palabras como si fueran
gajitos de mandarina esparcidos
en una mesa a la que nadie asistió
y las guindo al sol para que beban
de las vocales del viento y en conjunción
con las hojitas de hierba hilvanen un
almácigo que cubra los anocheceres con
su enredadera olorosa a jazminerías.
Hasta que algún día brote al fin
en tiempo de allegro la canción vegetal
del hombre regalándole a las mariposas
su infinito código de amor”. (P 34)
Con estos valiosos obsequios en mano, queda al lector
asumir el relevo y contribuir a esta carrera por el rescate
de la palabra, la narrativa, la libertad y con ello la vida.
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