martes, diciembre 12, 2017

MEMORIA DE PÁJAROS Y HOMBRES




MEMORIA DE PÁJAROS Y HOMBRES
Caracas, 2017




PALABRAS CONJUGADAS
 Caracas, 2016.





Este yo que soy sin serlo
no tengo otra cosa que ofrecer
sino éste mi destrozado corazón
aún artillado de florerías
y la música sin lamentos
de los pájaros

Recoger un puñado de poemas para armar una memoria de pájaros y hombres y entregársela al lector, no es tarea fácil. ¿Comprenderá quien los recibe el temblor de donde nace cada palabra? ¿Podrá escuchar en su lectura la sonoridad que alcanza el lamento en su afán de ser un andante? ¿Le llegarán los silbos que el pájaro deja en su vuelo para dar señales de su especie? ¿O tal vez se estacione en el adagio que mana de sus verbos, o en el rumor estremecido de un jilguero,  como navío extraviado entre corales?

¿Y qué hay en el trasfondo de este libro?  Una confidencia que sale de nuestros párpados para tratar de alcanzar la mirada del otro, que está contenida en cada una de las vibraciones que lo hizo posible. Pero no es una tarea solitaria, ni pertenece por esencia a los espacios cerrados. En cada una de sus propuestas la palabra es un dardo que aspira abrir una brecha en las cercas que nos rodean. Y en cada trino que recoge se reaviva el empeño por alcanzar la exacta estatura de la que estamos hechos.

Un recinto que quiere recoger el desahucio de un mundo despedazado, en el cual impera la muerte, empeñada en venderse como la mercancía de un vivir que sólo alcanza a unos pocos. El episodio de una batalla librada, que no concluye al final de las páginas. Porque apenas allí comienza su recorrido. 

Y a la vez una invocación al espíritu del otro, tan lejano y tan cercano, que hemos perdido la capacidad de reconocernos. Y ofrecerlo es invitar a ejercer el oficio de vivir, en el centro del torbellino, no desde sus orillas, como si fuésemos extraños en nuestra propia casa. Y es el atrevimiento inmenso de entrar a predios distantes a juntar aquellos sueños a los nuestros, a procesar sus heridas junto a las nuestras y a rescatar el asombro y la ternura que nos habita.

Estamos ante unas memorias y unas palabras que procesan en gerundio la persistencia de la vida sobre la tristeza. A veces el agua las moldea a su antojo. Otras la arcilla. Nunca van solas. Se juntan a todos los murmullos intentando alcanzar un lenguaje que no espante. Se doblan, se quiebran y a veces alcanzan la resonancia de un campanario o el acorde de un clarinete o un oboe. Han recogido sus nutrientes en todas las estaciones. Y a ratos es sólo una lágrima intentando atrapar la luz. 

Se suelta de esta manera un racimo de versos en los predios cerrados de una historia ciega, para que sirva a la resistencia, para que se convierta en un engranaje de una maquinaria mucho mayor y más vigorosa capaz algún día de enfrentar la muerte impuesta por los poderes a ese hombre desvalido y desguarnecido. Deja sus señales para que quien las reciba pueda utilizarlas como herramientas para su propio oficio de vivir y sobrevivir. Para que haga de su palabra una vasija que calme la sed.



Este libro, aunque permanezca a oscuras aguardando su tiempo de alumbrar, tiene un hilo común con todo lo que he escrito, como lo expresé al comienzo de mi trabajo  La trampa engaño de la cultura: “hemos querido adentrarnos en el universo del conocimiento que nos han legado, sin otro aditamento que la esperanza, sin otro instrumento que el asombro, sin otro norte que no sea el de restablecer la confianza, recomponer lo que está roto dentro de nosotros y en el mundo del que formamos parte, para abrir una pequeña brecha en el intrincado bosque del miedo y el terror, y desde allí convocar al hombre a que ejerza su condición de inventor de la alegría.” *

Y el resultado de ese esfuerzo se ofrece y  entrega con la sencillez del hombre común que brinda el pocillo de café recién colado, desde una mesa vacía de todo menos de ese entrañable gesto de compartir. Con el gesto de alegría del tejedor que concluye un tapiz, del alfarero que le da vida a un cántaro, del sembrador que esparce sueños en cada alba. En el fondo, no es más que un gesto de amor. 

Ojalá que así sea recibido y que cumpla su función prometeica, como quería León Felipe, cuando señala: “Un escrito sin rima y sin retórica aparente se convierte de improviso en poema cuando empezamos a advertir que sus palabras siguen encendidas y que riman con luces lejanas y pretéritas que no se han apagado y con otras que comienzan a encenderse en los horizontes tenebrosos.

De esta experiencia han de salir los principios de la  poesía del futuro, que tal vez podamos llamar algún día la poesía prometeica de la llama. La llama es la que rima. Un día la poesía será un ejército de llamas que dé la vuelta al mundo. Prometeo será la legión, la muchedumbre los que trabajan con el pecho abierto y la palabra encendida. Encendida  aprendiendo su lección de las estrellas. La retórica del poeta está escrita en el cielo.” **



Si estas Memorias de pájaros y hombres, como las de Palabras conjugadas, esparcidas hace poco, logran en alguna medida alcanzar esa petición de León Felipe, de seguir encendidas y de rimar con luces lejanas y pretéritas que no se han apagado y con otras que comienzan a encenderse en los horizontes tenebrosos, habrán cumplido su misión.

Queda en cada uno de los lectores a quienes lleguen estos libros, la esperanza de que sus palabras y sus intervalos de silencio, se hagan a su vez fogata y llamarada.

mery sananes
30 de noviembre del 2017


·         La trampa engaño de la cultura. Aproximación a Luis Mariano Rivera. Caracas, Ediciones CEHA-CPT, 2008
·         León Felipe, Poética de la llama, Ganarás la luz, OC, Buenos Aires, Losada, 1963.



Los libros pueden solicitarse por los 
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1 comentario:

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

DAN MUCHAS GANAS DE TENERLO

Un abrazo, poeta y mis felicitaciones