viernes, julio 21, 2017

MUDANDO EL CORAZÓN


Mudando el corazón

a hilario
regalador del corazón
que se estaba mudando
y que llegó a mis predios


Hoy cambió mi corazón

La partitura en tiempo de adagio
escrita para su latido
venía fragmentada
en una disonancia de notas
desde los días de mi nacimiento

No hay armonía posible
cuando el viento está 
cuajado de disparos

Había perdido su cadencia
en el trazado de una historia
que nada sabe del scherzo 
que dibuja el albor 
entre la noche y el día
para que a nadie se le
expropie el asombro
de su vivir

Andaba a veces a prisa
como corcel en el mar
y otras se aquietaba
como el espejo de un lago
aguardando silencioso a la luna

 Yo lo arrullaba con el rítmico
canto de los cardenales
y en las madrugadas
lo ponía a reposar
con las ventanas abiertas 
al silencioso canon de los grillos

Y de pronto un ser luminoso
vibrante de colores
estremecido de arcos
se apareció en mis predios
mudando su corazón

Y me dijo
toma éste que acabo de
descoser de mi traje de yerbas
y cerbatanas

Aún late como el pétalo
que se esconde en la llovizna
de una rosa
que busca una guarida donde
ir a aposentar su arpegio
enamorado

Y ella misma sin aguja ni
bisturí con su mágica inocencia 
lo colocó en mi pecho

 Y ahora tengo
 un rumor de cuerdas
que resuena en mi respiración
un pincel que restaña heridas 
y un latido que se despliega
amoroso sobre las alas
de este tiempo de destrozos

21 julio 217



texto / mery sananes
pintura / hilario barrero



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lunes, julio 17, 2017

EXPEDIENTE A UN ESTADO DELINCUENTE





Una vocinglería es un grito que asciende por los arrecifes del esternón, se estaciona sobre las cuerdas vocales y allí cincela, con la garúa de los suspiros contenidos, un expediente de arcilla, que como una honda se dispara hacia el aire, hasta escribir en el tiempo un clamor irreverente y tenaz por la vida.

CAUCE DE PALABRAS VIVAS

No es un desafuero ni un grito sin silabeo. No es un silencio abruptamente quebrado por una herida mayor. Es un cauce de palabras vivas, paridas en los lienzos del dolor, sin otra atadura que la que alcanza al otro quien a su vez la deja ir hasta la próxima estación de los sueños.  

Es una carta escrita a lo largo de la historia del mundo, enmudecida de tanto escarnio, doblada en los pliegues de una piel que nunca se curtió de penas, buscando aljibes para alcanzar la estatura de la hierba. Construyendo abecedarios para rubricar una lengua que no espante.

Una vocinglería es un susurro, apenas un rumor, que hace camino desde los estremecidos muros de la tierra que cobija la muerte, hasta el diminuto agujero que alcanza la verticalidad de una chicharra, para desde allí emprender su travesía de grito.

Es una acusación y es un clamor. Una plegaria que se fuga por los tubos de un órgano antiguo, tramonta los vitrales y va al encuentro de los molinos de viento. Es el cuero recién tensado de un tambor que sabe que su resonar llega al otro lado de la colina, como si fuera una señal de humo escribiendo el mapa estelar de la esperanza sobre los cielos del planeta.

Una vocinglería es este retazo de letras organizando la rebelión de los verbos, para que nunca más sean utilizados en contra de otro. Insurrección del espíritu, capaz de espantar la violencia mediante la cual se aniquila un corazón desarmado e indefenso.

Subversión del grito para que retumbe en el oído de los sepultureros y los asesinos, hasta que no haya manos que dejen escapar los disparos, empuñen las hachas o expulsen los detonantes de fuego y masacre por los poblados del desahucio y el exterminio.

Una vocinglería, en el fondo, no es más que un poema de amor, que va sin estruendo haciendo nido en el corazón del hombre.


TIEMPO DE SOSPECHOSOS

¿Y cómo hoy, en este expaís destrozado, en este coloniaje del odio, en esta desventura del poder, no hacer de mi voz una vocinglería, de altos decibeles, para decirles a los pretendidos dueños de la vida, que somos culpables de todos los delitos que nos acusan, y que aquí venimos a entregarnos, antes de que vengan por nosotros, con solo esta estopa en la garganta, esta gota de sangre en la lengua, esta sal que derramó sus linos desde hace mucho sobre las gravas del tiempo?

Vivimos un tiempo en el cual cada uno de nosotros se ha convertido en sospechoso para quienes dirimen la dirección de la vida y la perpendicularidad de los deberes. Sospechosos de no ser dóciles, de dejar que las pupilas se extravíen en los fuegos de las tardes.

De no querer portar armas, de negarnos a ignorar al que pasa por nuestro lado, extraviado en las órdenes que alguien ajeno le impuso. Sospechosos para quienes son capaces de acometer los crímenes y tropelías que hicieren falta para mantener en alto la ausencia de jerarquía humana.

Vivimos un tiempo que se nutre de desechos y que se aferra a la   delación, a la pérdida de la brújula del hacer que nos traslade al mañana. Un tiempo en el cual los poderosos, como ayer, sólo les interesa mantener su dominio, al costo que sea.

EL ESTADO POLICÍA

Y cuando se llega a ese punto, en el cual la mentira ya no fulgura como una verdad en los ojos de los mendigos, cuando la quiebra de lo humano se derrama como un aluvión sobre el reparto de los beneficios ajenos, cuando no basta la promesa demagógica para mantener en vivo el mito del repartidor de alegrías, al Estado que se utiliza como arma represiva no le queda otro recurso que organizarse en base a instituciones quebradas y pervertidas.

Cuando se pasa por encima de un mínimo código de deberes, espejo de alguna vision que se vigila y cuida, ya el Estado se dedica a producir instancias especiales capaces de contrarrestar todo lo que pueda erigirse en su contra. La ley deja de cumplir su función reguladora para cercar al hombre en todas sus expresiones.

Y el Estado se convierte en un estado policía, un estado delincuente, que se ve en la necesidad de legislar a favor del terror, con la excusa de contrarrestar a sus enemigos. Y cuando esto ocurre es porque el Estado ya no es más que una instancia  que requiere de poderes extraordinarios, instrumentos represivos, para poder garantizar su propio sueño de dominación.

Y un Estado así está por sí mismo decretando su partida de defunción, aunque se lleve por delante a muchos seres atenazados, humillados, doblegados por medio de la coacción, el miedo, la amenaza, el chantaje.

Y qué paradoja que un Estado que se  autoproclama revolucionario, antiimperialista y humanitario, termine  utilizando los mismos instrumentos de los imperios de los que quiere diferenciarse.

GLOBALIZACION DEL TERROR

Curiosa coincidencia que tanto en Estados Unidos como en Venezuela, casi al unísono, se decreten leyes antiterroristas, dirigidas, no a acabar con el terror, de los cuales ambos son los principales accionantes, sino contra la disidencia, contra quienes se les oponen, contra quienes no se pliegan a un hacer lleno de violencia y de muerte. Ambos agentes demuestran así su condición fraudulenta.

Después de todo, en este planeta en el cual lo único globalizado es el narcotráfico y el terrorismo, la mercancía de la guerra y la rebatiña del petróleo, de uno u otro signo, a quién pueden importarle los tales derechos del hombre, de la vegetación o del aire contaminado que respiramos.

Hay uranio suficiente para sacudir la tierra. Hay armas suficientes para organizar todas las invasiones que hagan falta al predominio de uno o de otro. Hay el suficiente naufragio del hombre para permitir que millones de niños mueran de hambrunas. ¿A quién puede importarle entonces que a un ser humano se le asesine, secuestre, torture, veje, encarcele y desaparezca entre los muros del horror?

¿A quién  importa que un niño se despedace con un explosivo a su cinto para que en nombre de alguna divinidad proceda a exterminar a otros hombres que nisiquiera conoce? ¿A quién que la masacre continúe, se extienda, se multiplique en todo espacio donde alguien es ajusticiado, exiliado, corrompido o domesticado por el simple hecho de existir? ¿Cómo, cuándo, quiénes detendrán este horror inacabable?

AQUÍ MI EXPEDIENTE

Y en ese sentido, señores cómplices de estos poderes, en todas las instancias en las que estén, antes de que se inicie una nueva etapa, ahora legalizada, de muerte y persecución, antes de que el miedo y el horror se instalen en cada esquina de este expaís en pleno destrozo, antes de que el vecino a quien me unían vínculos de amistad me delate, el señor de la esquina que cada día me ve pasar me mire de modo extraño, antes de que algunos de mis antiguos compañeros de viaje me comience a ver como si yo fuese su enemigo, antes que nadie me acuse porque profeso un credo libertario y un código de deberes, como el que sostuvo Pío Tamayo, de mejoramiento moral para con nosotros mismos,  de ternura para con los nuestros y de solidaridad y sacrificio para con la humanidad, levanto aquí mi propio expediente.

Soy sospechosa de estar contra las tiranías, las dictaduras, las falsas democracias, las revoluciones mentirosas, y todo engranaje caudillo-mesías, que pretenda suplantar la vida de los pueblos por sus nefastos beneficios

Soy abiertamente culpable de enfrentar toda autocracia y toda expresión de violencia.

Soy culpable de negarme a ir a votar porque me opongo a legitimar el totalitarismo de este régimen y su carácter criminal.

Soy culpable de hacer y estudiar la historia actual con el fin de levantarle un expediente a este tiempo de asesinos.

Soy culpable de fabricar Embusterías cada día para poblar el horizonte de mandarinares.

Soy culpable de no conciliar, y de hacerlo con el único instrumento que tengo para combatir: una vocinglería, que es un grito, una denuncia, que resonará hasta los confines de este expaís, aunque me enmudezcan.

Y si eso ocurre, estas vocinglerías, que son mi carta de identidad, mi ADN, mi genética celular y astral, y las que seguirán surgiendo desde todos los parajes donde el hombre se sienta ofendido, disminuido, recriminado, se regarán por el aire y por el agua, haciendo sentir sus furias y sus sueños de un tiempo distinto.

ME DECLARO EN REBELIÓN PERMANENTE

Por ello, me declaro en rebelión permanente contra la injusticia, la privación de libertades, el atropello, la complicidad, las negociaciones, el abuso, el crimen, la superioridad de unos contra otros, el chantaje, la tortura, el vejamen, el hambre, la miseria promovida y mantenida.

Me distancio de los aduladores y traficantes de oficio, los que medran a la sombra de los poderosos, para alcanzar vergonzosos beneficios, los que se autocensuran y los que censuran, los carceleros, los pulidores de aldabas, los demagogos y los mentirosos, los que disparan sin misericordia, los que venden las armas y los que la revenden.

Confieso que trabajo a la luz del día, con las puertas abiertas y los teléfonos intervenidos, para abrir conciencia sobre el proceso de destrucción que vivimos, para convocar una conciencia colectiva capaz de oponerse, por la vía pacífica, al viejo orden que con nuevos nombres, nos ha convertido en expaís y en exseres humanos,

Y por todos esos cargos y antes de que me acusen de algo distinto a las faltas que he confesado, antes de que me siembren con alguna arma, droga o explosivo oculto, antes se me expida una orden de captura, o se me quiera sorprender en alguna esquina oscura, aquí presento mis señas y me pongo a disposición para que se me abra el juicio que a bien tengan.

ADVIERTO: MI JUICIO SERÁ COLECTIVO

Sólo advierto que mi juicio será colectivo. Y que si logran acallarme, detrás de mi, vendrán nuevas vocinglerías hasta refundar este tiempo de miserias que nos quiere convertir en verdaderos desechos.

Y que, con Whitman y León Felipe, he aprendido en mi tránsito por el dolor, que la luz viaja en una gota de lágrima que el corcel del viento toma entre sus alas para depositarla en las tierras baldías. Y que lo seguirá haciendo persistentemente hasta que al fin reverdezca la vida y los hombres puedan ser sacerdotes del hombre y sus propios sacerdotes, en un tiempo ungido de verdadera humanidad.
 mery sananes
febrero / 2012



Publicado inicialmente en Media Isla
el 25 de febrero del 2012
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lunes, julio 10, 2017

DE LOS SUEÑOS QUE SUEÑO PARA TI




DE LOS SUEÑOS QUE SUEÑO PARA TI
Carta de Alberto a su hijo
George Henrique en otro de sus julios


Hijo

Otro siete del siete se cumple en este año 17. Y una vez más nos reunimos para cumplir los rituales de amor que aprendimos a ejercer juntos desde que naciste.

No ha sido fácil el recorrido. Ni para tu madre, a quien no pude acompañar el tiempo que debía, ni para ti que tuviste que crecer antes de tiempo y alcanzar una seriedad que no correspondía a tus años.

La vida me despidió físicamente de tu lado y el de tu madre. Y cuando eso ocurrió no habían aún comenzado a madurar los granos en el campo, y la leche para llenar las taparitas todavía no había brotado de las ubres. Ya se anunciaban los tiempos que habrían de venir. Y la angustia y la congoja eran las coordenadas que rodeaban nuestro vivir.

Y sin embargo, era nuestra la alegría de descifrar el mapa de los números y aprendernos los nombres de las nubes que nos conducían montaña arriba hacia el territorio de los inviernos. Pude verte crecer a mi estatura y grabarme esa sonrisa que me prodigabas cada vez que me dabas un abrazo, como queriendo que nunca partiera de ese lugar.

Pero ni tú, ni yo, ni tu madre estábamos preparados para dejar vacante el puesto de los sueños que jugábamos a construir con tu tía mery. Con ella viajábamos al emporio del asombro y las imaginerías, como una manera de doblegar las fuerzas  que coaccionaban la brisa, los aromas y el sabor del trigo y el maíz.

Y yo me fui cuando ella no estaba, intentando a su vez reconstruir un mundo roto. Y tu madre,  campeona en el arte de las batallas perdidas, hizo de sus lágrimas  un río que diera de beber a sus hortalizas, un puente para cruzar las aguas los días de inundaciones y un pozo de agua dulce que nutriera tus memorias con el sabor de las golosinas, los confetis y la algarabía que poblaron tu nacimiento.

Y durante todos estos años tu madre ha sido tu viga, tu muro protector y tu cajita de música. Te fue fortaleciendo las alas para que pudieras salir a volar por tu cuenta. Sabía bien que yo te había dejado mi corazón plegado al tuyo. Y que tu tía te cubriría siempre con esas alas que ella se inventa que sirven para echar a volar todos los rituales de amor que ella vive derramando como secretos talismanes.

Hoy estas cumpliendo 19 años, hijo. Y me parece que el tiempo no se detuvo a contemplar la  montaña donde me guarezco en las noches. Que pasó raudo entre las colinas. Y en todo ese transcurrir superaste las pruebas. Concluiste tu etapa primera de aprendizaje y te dirigiste a conquistar nuevos espacios armado sólo con el equipaje de amor que dejé cosido a tus aperos. Y sé que los has hecho muy bien.

No te han detenido tropiezos, dificultades ni la angustia de este tiempo que se ha vertido sobre nosotros sin misericordia para dejarnos ver la parte más inclemente del hombre y a la vez al hombre más vulnerado.

Hemos tratado de protegerte, no alejándote de la realidad, sino con esos escudos protectores que los padres tenemos para los hijos donde quiera que estén.

La tierra tranquila que conocimos perdió su verdor. Los ríos dejaron de ser cristalinos. Los vientos quebraron las ramas de los árboles. Los rostros de los hombres se volvieron turbios. Y perdimos la posibilidad de confiar en el que siempre tuvimos al lado.

Veo desde mis montañas de este hermoso pueblo de Boconó, que conocí teñido de verdes, aromado de hortalizas, pletórico de esos rostros anónimos que conocen la magia de la niebla, el camino de las constelaciones y que leen en las estaciones de la luna el tiempo exacto del nacimiento de sus cosechas, todo lo que ocurre y me entristezco profundamente. 

Soñaba para ti un porvenir más amable. Y para tu madre menos dificultades que las que ha tenido que confrontar. Pero sé que ambos tienen material del bueno para enfrentarlas. Y en eso confío.

Pero como nunca te toca acerar tus convicciones, los principios de vida que han guiado nuestros pasos. Los valores esenciales para hacer del vivir un ejercicio profundamente humano, en medio de un tiempo que ha cambiado sus coordenadas espirituales por geografías de guerra, estafetas de odio y circunvalaciones de terror.

Hay que erguirse contra toda destrucción y jamás olvidar el más primitivo de nuestros oficios: el de sembrador de semillas, ideas y acciones guiadas por la justicia, la libertad y el amor.

Llegas a una edad adulta enfrentado a serias vicisitudes. Superarlas te hará crecer en fortaleza, en claridad y en esa sabiduría que no se adquiere con títulos académicos sino en la escuela diaria de una sobrevivencia que no atropelle al otro que subsiste junto a nosotros.

Tendrás que exigirte más a ti mismo, tensar tus cuerdas al máximo, comprender a cabalidad, como dice tu tía, que la vida es una difícil travesía, pero que ella, si entrenamos el ojo para mirar y no sólo ver, nos entregará instantes de plenitud, más valiosos que todo contratiempo.

Yo seguiré, en los términos el viento, acompañando tu andar. Procurando que los huertos den sus frutos y que tengan tiempo de madurar. Soplando siempre en dirección al porvenir, desde un presente que hay que construir, cincelar y armar, casi como si se tratara de un gigantesco rompecabezas cuyas piezas completas sabemos que no tenemos.

Sólo quiero concluir, hijo, con tres cosas. Estoy profundamente orgulloso de ti. Cuídate y cuida a tu madre. Y no olvides jamás que desde mis predios de neblina, mis cauces de agua, los territorios de los sueños que cada día sueño para ti, voy a tu lado, sin espejo de sombra, y con la iluminacion de un diminuto farolito que me nombra, para entregarte una presencia que queda conjugada a tus latidos, cada día, para siempre.

Tu padre
07 julio 2017










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viernes, julio 07, 2017

HISTORIA DE UN TRUEQUE



Primera luna llena de julio


a hilario barrero
poeta del trueque y del amor



Hoy hice un hermoso trueque
buscaba una palabra nueva
que pudiera navegar entre las
hilachas de las mías
para que relumbrara más
el farolito que llevo siempre
encendido en los pliegues 
del alma






Y pasando por una de esas
calles en las que la desolación
deja sus trastes en las
afueras de las puertas
me encontré un poeta
en cuyos versos él les cose
alas de pájaros
para que alcen vuelo
y alcancen las estaciones 
del cielo


foto de Hilario Barrero



Nada tenía en venta este poeta
sino sus palabras
y le pregunté si haría un
trueque conmigo 
de una palabra por un trébol

En principio se puso dudoso
pero al ver mi determinación accedió
y la palabra que me entregó
fue una pieza de cobre 
de dos cuartos
o tablita o palo de madera
que sirve para pagar fiao 
que se llama tarja 



Me explicó que era una palabra
muy antigua y que la podía encontrar
en el Guzmán de Alfarache
en La Celestina y hasta en
unos versos de Virgilio 




Enseguida me enamoré
de la palabra y del objeto
y pensé cuántos trueques podría 
hacer ahora con mi tablilla milagrosa




Podría cambiar mis florerías
por una sonrisa
mis gotas de agua por abrazos
alguno que otro verso
por un vaso de vino compartido







Entre mis amigos establecería
el sistema de tarjas
y así no habría que colocar
las soledades en las afueras
de las puertas
bastaría con que llamaran
y ofrecerle por la tristeza de un día
una velada de cantos
y por la oscuridad de una noche
una luna llena



 

Entregué al poeta su trébol
y ambos nos fuimos alegres
por los caminos de la vida
creyendo en la magia
la amistad y el amor


texto y fotos / mery sananes
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