martes, julio 14, 2009

A NICANOR PARRA



A Nicanor Parra
tras la lectura de su poema
Hay un día feliz

Quien tiene una aldea y un arroyo
un espejo de agua que le devuelve
la risa de su infancia
una luna que se posa en los zaguanes
un patio donde brotan almácigos
de hierbas sanadoras
un inmenso solar de verdes
un rebaño que retorna un aluvión
de pájaros alegres
una noche que ilumina
el rostro de una madre
olorosa a pan y a violetas
una abuela de mirada celeste
y un padre hecho a la medida
del ángulo recto de una estrella
tiene la vida toda en sus pupilas

Quien se detiene a leer
los signos alados de la neblina
y juega a contar las gotas de agua
que hacen tintinear los tejados
quien corre detrás del rayito de sol
que pintó de ocre las alas
de una mariposa única
quien navega en el reloj del viento
y en el follaje silvestre escucha
la ingeniería musical que habita
el corazón del colibrí
conoce los ramajes de los que está
hecha la alegría

No importa cuánta tristeza
desande desde entonces
nada habrá de borrar
el aroma del almíbar
ni la dulzura del fruto
maduro sobre la tierra
ni el rocío mañanero
empeñado en vestir de amores
las hojitas de hierba

Quien tiene una vereda
que sabe de memoria
y puede reconocer la corteza
de una arbola en la que dejó
hace mucho el suspiro
que le regaló la aurora
tiene todos los bienes
del universo

Y su deber es cultivar
esa flor lejana
para sembrarla
en todos los espacios
a los que tenga que partir
para que siempre haya
en su alma el resplandor
del alba sobre los campos
porque con ese equipaje
hará suyos los bosques
la red de los caminos
y el rojo sol que amanece
sobre los días
para escribir sobre ellos
un eterno e infinito
poema de amor


ms / 2003

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