viernes, mayo 26, 2017

SIN CRUCIFIJOS NI RESURRECCIONES



Basta una flor
una partita de juan sebastián
y las manos danzantes de glenn gould
para invocar un milagro

Con ese equipaje uno puede 
beber zumo de llovizna
en el horizonte de una hebra
alejarse de los vendavales
acercarse a la mansedumbre 
de la tarde y alojarse
en el regazo de la yerba

Puede que el corazón apure su paso 
pero eso siempre ocurre cuando uno 
escucha a un piano alzar vuelo
hacia el país del alma

Su ritmo comienza a dirigir
el movimiento de las sístoles  
y una caja de madera sustituye
el costillar para dar cobijo
a una partitura para tiempos 
sin odios

A la final la flor enciende sus faroles
mientras bach pacientemente 
afina en nuestro interior
 las cuerdas del vivir
en el si menor de una pasión
sin crucifijos ni resurrecciones





texto y fotos / mery sananes

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