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lunes, mayo 11, 2015
LA LUZ DE REVERÓN
foto / agustín blanco muñoz
Esta foto fue tomada el dia domingo 10 de julio del 2011, frente al inmenso mar caribe, en el litoral central, a la altura de caraballeda. No reverberó el sol con sus alas plateadas sobre el mar. Tampoco fueron las violetas extraviadas del atardecer. Por alguna razón, lo que el lente de la cámara captó, sin retoque alguno, fue la luz de Armando Reverón.
Esa luz que él derramaba sobre sus lienzos como si un sol sepia danzara en sus pinceles, otorgándole ese destello único a todo lo que tocaba. Esa debe haber sido la luz que él masticaba con el alma. En esa foto celebramos a Armando, la audacia de su ternura volcada hacia ese oceano único, espejo de un sol que jamás es el mismo y que se graba para siempre en las pupilas como la luz de Reverón.
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Armando Reverón
domingo, mayo 10, 2015
MI MADRE Y SOLEDAD
Esta nueva carta de Ramón a su madre es otra verdadera joya. La relación que establece entre su madre y la soledad es una hermosa y extrardinaria manera de exponer esa compleja, profunda, intensa y conmovedora relación de los hijos con las madres. Entre ambas conforman el hilo que nos hace posibles, que nos produce y reproduce, y si lo asimilamos como las coordenadas esenciales que nos sostienen y conforman, como parte de un todo, y a la vez como únicos, tal vez podamos acercarnos al mundo que anhelamos y que hoy aparece cada vez más destruido, disgregado y devastado. Como toda carta a la madre es una carta de amor que quiere sembrarse en los hijos, los nietos, los bisnietos, en la especie a la que pertenecemos con el sueño de poder convertirnos alguna vez en verdadera familia planetaria.
Maracay, 10 de mayo
de 2015.
Señora:
María Remigia Yegres
de Santaella.
Conjunto residencial
encantado del espacio infinito.
Presente:
Recordada madre, hace días te
escribimos motivados por tu cumpleaños nº7 en aquellos recintos celestiales;
sin embargo, no queremos dejar pasar esta nueva fecha de celebración del día de
la madre, sin enviarte la correspondencia respectiva. Como bien sabes es día de
fiesta universal, particularizado en este, tu planeta, de azules, verdes y
arcoíris.
Los mismos
años de vida cumplidos en aquel espacio-tiempo, donde todo pareciera resultar
impalpable, son los de tu ausencia pero, como si nada; si bien, la distancia conlleva
el vacío propio del olvido, este no ha sido obstáculo suficiente para que
celebremos un día tan especial como este.
En
consecuencia, hemos decidido escribirte por segunda vez en menos de 17 días y
estamos seguros será de tu agrado.
En
momentos como este, al ocuparnos en pensarte y escribirte, no podemos dejar de
asociarte a Soledad, nuestra inseparable “amiga” de todos los tiempos.
Debes
entender que más allá de una simple comparación o semblanza entre las dos, es
la búsqueda intencionada de la descoherencia entre el concepto de unidad
madre-hijo y la supuesta como trascendida
unidad Soledad-hijo.
Está muy
lejos de nuestro objetivo enfrentar una a la otra como si se tratara de un
concurso de expresiones cualitativas en busca de una ganadora, aunque si eso
hiciéramos, tú serías nuestra ganadora absoluta.
En tal
sentido, nuestro propósito es lograr tu comprensión hacia la significación de
tu presencia en nuestras vidas.
¡Eso sí!,
no se te ocurra preguntar, desde cuándo mantenemos relación con Soledad porque
no sabríamos darte detalles, solo recuerdo haberla conocido en ciertos
momentos, desde la infancia; ella aparecía casi de la nada, para estar a
nuestro lado, nos decía cosas agradables al oído, trataba de tranquilizarnos
cuando sentíamos miedo y hasta llegó a ofrecernos cosas increíbles y mejores situaciones
a futuro, ¡tantas!, que por momentos llegamos a confundir sus promesas, con los
sueños conscientes de nuestro entonces, incipiente proyecto de vida.
Es posible
que sus promesas hubiesen tenido por objetivo lograr nuestra tranquilidad; no
obstante, siempre existiría en nosotros la duda de haber pretendido engañarnos.
No obstante, mientras ella se
manifestaba oportuna, dulce, serena y “prometedora”; tú regañabas y exponías
razones concretas y directas que a veces nos golpeaban.
Como ves,
ambas constituyeron razón suficiente para comprender lo importante de sus
presencias en nuestra vida. Indudablemente, hay motivos interesantes para la comparación pero, no hay otra intencionalidad más allá de darte a
saber cómo cada una de Ustedes logró formar parte en nosotros.
Esperamos
sea de tu agrado cuanto escribimos a comienzos de los años 70 de tu siglo:
Mi madre y Soledad
Compañeras
inseparables en nuestro pensamiento y acción
Amigas oportunas en
momentos de alegrías y tristezas
Coexistentes como
imprescindibles en nuestra existencia
Mi madre, la persona
sin olvido venerada con amor
Soledad, más allá de
cuanto pueda importarme la recuerdo
Mi madre cumplía años
con la edad de los tiempos y envejecía como cualquier mortal sobre la tierra
Soledad
sospechosamente, carece de edades y
cuando creemos llegado su fin, renace joven hermosa y tentadora. Capaz de
inventar sueños irrealizables para atraernos.
Mi madre siempre hubo
sido consejera y nunca pasó por su mente cobrar desvelos y asistencias.
Soledad, egoísta
caprichosa celosa del tiempo y de los sueños bonitos, capaz de despertarnos en
las noches para reclamar cosas más allá del olvido.
Mientras las horas
alcanzan los dominios de la aurora
Soledad observa y
sonríe burlona mientras cuenta los insomnios.
Mi madre envejecida
dejó principios y valores practicados cual huellas profundas
Y…, Cómo olvidar su
ausencia sus palabras sus obras.
Negar su presencia es
negar la brisa cuando acaricia rostros
dormidos
Imposible huir hacia el mar de los silencios
sin oírla.
Saber que está aquí
donde los deseos se encuentran y realizar nuestras con-versas en secreto
¿Acaso será posible
invertir las distancias cubiertas por el tiempo de las edades y romper con las
leyes de su continuo extravío?
¿Cómo susurrarle al
viento memorias pasadas sin concienciar que nuestro encuentro puede ser solo
deseo de viajero?
¿Cómo invadir
aquellos espacios etéreos por asistir a sus nuevos cumpleaños?
Oírla cantar de nuevo
como en nuestra infancia, sin aquella tristeza permanente por la muerte del hermano
o el hijo.
Caminaríamos a su
lado en busca de un horizonte del que siempre hablara.
Inventaríamos sueños
para vivirlos con ella.
Sería de nuevo la
espartana imponiendo la disciplina adecuada.
Sería sol de mediodía
en invierno
Lluvia suave en
primavera
Brisa fresca de
verano
Hoja multicolor en los
otoños.
¡Ah!, pero, imagino las cosas que
dirás cuando leas, tal como hacías al interrumpir la lectura de las cartas que
te ofrecíamos.
Nos parece
oírte decir:
“¡Hay que
ver lo embustero que eres, cualquiera que te oiga cae en la trampa, si me
quisieras mucho como dices, me
visitarías más a menudo, pero está bien, continúa, no te interrumpo más!”
Otras
veces comentabas: “¡Eso tan cortito fue lo que escribiste!, ¿Qué pasó? Por lo
visto no tuviste tiempo suficiente para escribir algo más largo y bonito a tu
madre!”
En otra
oportunidad, llegaste a expresar: “¡Espero que no solo hayas traído la carta y
las flores porque que yo sepa eso no se come!”
Es posible
que cuanta persona lea esto, crea que exageramos, le parezca grotesco o fuera de lugar pero,
nuestra “espartana” era así, francota y diáfana como gota de rocío.
Permite que
lo expresemos públicamente porque lejos de enfadarnos tus comentarios, nos
llenaban de alegría porque estabas viva y nosotros celebrábamos con gozo cada
frase tuya, cada palabra; jamás nos dimos por ofendidos, éramos parte de ti, al
punto que cuando íbamos a visitarte, nuestras hermanas casi a coro te decían: “¡Mamá,
mira quien llegó, tu hijo querido!, ahora, estarás contenta, ya no te dolerá
nada, todo será pascua y felicidad ¡Qué maravilla!”
Pero, debemos
reconocer que nos veíamos poco, más allá de las llamadas telefónicas y algunas
visitas periódicas; en consecuencia, nuestro encuentro físico se convertía en
celebración, mientras mis hermanas permanentemente iban a tu encuentro o te
atendían cotidianamente, por consiguiente, entre tú y ellas, las celebraciones eran diferentes.
¡No podrás
imaginar cómo te recordamos!
Uno de tus hijos
RSY.
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Madre y soledad,
Ramón Santaella - Carta a la madre
sábado, mayo 09, 2015
BEBERSE LA FLOR
A veces
provoca beberse la flor
atragantarse de su néctar
vestirse con sus filamentos de sol
y estirarse hasta alcanzar
la estatura de las pléyades
para luego cerrarse lentamente
en dirección a la tierra
sin otro brebaje que la
noche inmensa
foto y texto
mery sananes
08 de mayo del 2015
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Floreceres,
MS Atrilerías
jueves, mayo 07, 2015
PETALERÍAS
Nació del andamio
de una lágrima
y se deshizo en
danza de petalerías
texto y fotos
mery sananes
07 de mayo del 2015
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MS Atrilerías,
MS Floreceres
miércoles, mayo 06, 2015
RAMÓN SANTAELLA - CARTA A MI PADRE
Vuelve Ramón a traernos uno de
esos documentos que lo retratan con inmensa fidelidad. Por alguna razón, y a
sabiendas de que cada año le escribe a la madre desde su partida hacia el
tiempo-espacio-infinito, sintió que le debía una carta al padre, ausente en
este espacio terrenal desde hace 33 años.
Y la carta en sí es en verdad
un tesoro. Quien así lo desee puede extraer de la misma un código de deberes,
un libro de vida, una lección a aplicar en el caso de cada uno.
Es la síntesis de esa
educación antigua que los padres nos entregaron, en la cual el refutar o
contradecir, mucho menos irrespetar, era inconcebible. Con ese equipaje criamos
a nuestros hijos y le enseñamos a los nietos.
Porque de lo que se trata es
de fundar una sociedad de hermanos, una integración del hombre a su hacer, pero
en particular al hacer del otro. Una educación a punta de ejemplo, nunca de
represión.
Ojalá los padres de hoy
pudiesen dictar esa cátedra a sus hijos. Y ojalá esos hijos honraran la memoria
de sus padres en la forma en que lo hace Ramón. La vida sin duda sería distinta.
Y estaríamos más cerca de un mundo sin las miserias que impone el poder. Y más
cerca de un vivir común y armonioso.
Le damos las gracias a Ramón
por estos papeles que nos envía, tan esenciales y necesarios en estos tiempos
ayunos de valores y vacío de afectos. MS
Maracay, 5 de Mayo de 2015
Señor
Martín Salvador Santaella Villalobos
Rincón de la familia en el tiempo-espacio infinito
Presente:
Saludos,
“viejo”, espero la estés pasando de maravilla al lado de los nuestros y disfrutando
la presencia de Omar quien celebrara su primer cumpleaños en aquel paraíso
celestial, el mes próximo pasado.
¡Viejo!, han transcurrido 33
años, desde el momento de tu despedida hacia el tiempo-espacio indeterminado de
la inmortalidad y por primera vez, tenemos la ocurrencia de escribirte.
Como buen padre sabrás
disculparnos por este impensable extravío; no creas que la distancia hubo sido motivo
de olvido porque padres como tú y madres como la nuestra son imposibles de
olvidar.
Lo
cierto es que no tenemos argumento concreto para la excusa pero, estamos
seguros aceptarías cualquiera porque conocemos
la amplitud de tu corazón y esta correspondencia te causará ¡tanta alegría!
como si hubiésemos hecho costumbre escribirte todos los años como lo hemos
hecho con mamá.
Hoy
hemos tomado la decisión de hacerlo para decirte cosas que hubiésemos querido expresarte
cuando niños; luego, la misma intención de realizarlo flotaría en el
pensamiento, durante la adolescencia y, cuando arribamos a la adultez pudieron
sobrar deseos y circunstancias de hacerlo pero, nunca nos atrevimos, sin saber
por qué.
Como verás, han pasado más de
tres décadas de ausencia y ahora pareciera haber razón para intentar
comunicarnos contigo.
Cuando leas las cosas
referidas, sabemos que exclamarás: “nunca es tarde para reconocer nuestras fallas
y debilidades”. Por ello, quisiéramos compartir contigo nuestra existencia como
motivo de agradecimiento a la vida, por habernos brindado la oportunidad de poseer
un gran padre y mejor maestro.
Basta recordar lo que Omar mandó
a imprimir en la lápida que cubre la tumba donde depositaron tu maltrecho cuerpo: “A nuestro padre MSSV,
forjador de una gran familia”, para que tengas idea de lo que significaste para
nosotros.
No vayas a considerar que tal
epitafio hubo sido producto de la pena colectiva que impuso tu partida, fue
algo que Omar consultara al consenso familiar, momento en el cual, más allá de
saber que ibas hacia el descanso eterno, hubo asombro por tu partida, porque queramos
o no, la “muerte” siempre juega a ello como si dependiéramos de un número en
una inmensa ruleta.
Increíble pero, la huella que
dejaron tanto Tú como mamá en nosotros, son imborrables; ¡Mira!, cuanto tiempo
ha pasado, hemos envejecido, somos abuelos, bisabuelos y seguimos evocando sus
presencias.
Si te asomas un poco, desde tu
espacio-tiempo indeterminado, percibirás que pensamientos y recuerdos hacia
Ustedes son cotidianos y cuando hay ocasión de encuentro familiar son parte de
nuestras conversaciones. Cómo no recordarlos, si continuamos practicando sus
enseñanzas a partir de tantos valores sembrados como: trabajo, responsabilidad,
honestidad, reconocimiento de la acción y valores en los demás, y en el caso
particular de mamá, la solidaridad con el enfermo y el menesteroso.
¡Fíjate si recordamos aquellas
enseñanzas! que más allá de cualquier oratoria
en el tratamiento de los valores, estos los aprendimos directamente de sus
prácticas cotidianas.
¡Para comenzar!, siempre
estuviste ocupado en la realización de una determinada actividad constructora. No recordamos, por más que intentamos hacer memoria, haberte visto sin
trabajar porque lo hacías en la
construcción privada, de lunes hasta medio día del sábado, donde cobrabas salario y en la de
nuestra vivienda, consumías las horas del sábado por la tarde y buena parte del
domingo, después de hacer el mercado correspondiente. Siempre había que hacer
algo por la casa -decías- y el más afectado, el mayor de los varones porque
estábamos obligados a ser peón o ayudante del incansable padre.
Si hablamos de
responsabilidad, esencia de la moral, basta recordar que te acostabas antes de
las 8pm, para levantarte temprano porque, según tú, el empleado debe estar no
solo primero que el patrón, sino también, antes de la hora de entrada, para
iniciar las actividades a la hora indicada. Tu enseñanza no tenía límites:
cuando las doce meridiano indicaban la hora de almuerzo y había mezcla preparada,
era necesario emplearla en la continuidad de la obra para evitar perderla; lo
sabemos nosotros que llegado el momento, debimos incursionar como tu ayudante
en obras privadas, a cambio de un salario.
Siempre había un complemento
de prudencia con cada lección brindada: “tenemos que ser responsables en la
vida para que todo funcione bien”; “no es bueno adularle al patrón, él en lo
suyo, nosotros en lo nuestro”; “seamos nosotros mismos y nos sentiremos bien
siempre”. Y por encima de todo, siempre repetías: “la palabra del hombre es
verdad empeñada”.
Si mencionáramos la
honestidad, ¿qué pudiéramos decir para ejemplarizarla?: Cuando practicabas el
principio-valor responsabilidad, estabas haciendo lo mismo con honestidad;
aunque para ser sinceros, aquel discurso donde creemos favorecías al patrón no
nos gustaba mucho pero, entendíamos que era tu manera de pensar y por costumbre,
a los padres no se les podía discutir pensamiento y acción, porque así eran los
padres de entonces.
Pero, sí hubo pasajes
existenciales que nos gustaron de ti; recordamos tu prédica relacionada con la
mentira; sabías que en algún momento habíamos acudido a ella, pretendiendo
evitar el castigo de parte de mamá y tú nos llamabas luego y nos convencías de haber
mentido, explicabas donde estaba la esencia de la mentira y nos desarmabas,
diciendo: “los hombres no mienten, su palabra es un documento registrado”.
Si hay algo que recordamos con
frecuencia es la vez que invitaste a tres de tus hijas mayores al parque de
atracciones ubicado en San Martín y nos descubriste pidiendo medio (Bs.0, 25)
para completar la entrada (Bs.0, 50). Nos tomaste del brazo, recordaste que mamá
nos había castigado por lo mismo y expresaste: “Diste tu palabra de no pedir
más dinero. ¿Qué te he dicho de la
palabra empeñada?” y nosotros mirando hacia el piso te respondimos: “cuando el
hombre empeña su palabra, esta es un documento registrado” y dijiste: “¿Quiere
decir que estás siendo deshonesto con cada persona a la que pides medio (Bs.0,
25), para ingresar al parque, cuando tienes el bolsillo lleno de ellos?” No quedó más salida que darte la razón y prometerte
que cumpliríamos con lo dicho.
Luego dijiste: “bien, hagamos
lo siguiente: no diré nada a tu madre de lo que he visto esta tarde, gastarás
todo el dinero recogido en el parque y me darás tu palabra de hombre que no lo harás
de nuevo”. Eso me gustó porque no me castigaste y pude cumplir con la palabra
empeñada; un poco tarde para decirlo pero, te lo agradezco, eras único.
¿Y qué decir en relación al
reconocimiento de la acción y valores de los demás? Por ahora, sería suficiente
recordar cierto momento, cuando nos llevabas los sábados al lugar donde
fabricabas y te preguntamos si habías realizado determinado detalle bonito de
la obra en cuestión; allí pusiste de manifiesto la honestidad, no solo negaste
haberlo realizado, sino reconociste la persona que lo había llevado a cabo e
incluso, llamaste al oficial a cuyo cargo estuvo la realización de aquel
detalle y nos lo presentaste, haciendo el comentario respectivo a su favor.
Cuando el personaje se marchara,
nos señalaste: “¡Hijo!, en la construcción todos formamos parte de un gremio,
somos uno solo, criticamos lo malo y festejamos la buena labor, somos un
equipo”. Entonces, no entendíamos todo el contenido de aquel discurso pero, estaba
bien, ¡si tú lo decías!, así debía ser.
No obstante, donde pudiéramos señalarte
que no eras tan bueno como mamá es en la solidaridad con los enfermos y los
menesterosos. Mamá se tomaba los enfermos conocidos del barrio, para sí; varias
veces la vimos casi mudarse para cuidar a un enfermo, incluido, personas con
demencia a quien, valiéndose de la fortaleza física, atendía sin problemas pero,
tú, más allá del enfado que te causaba aquellas decisiones de nuestra madre,
argumentabas que a la gente no se le podía hacer favores porque siempre pagan
mal, incluyendo la traición. Y en relación a los menesterosos, considerabas que
estaban en esa situación porque no habían labrado futuro; en consecuencia,
pagaban errores de vida.
Como ves, son muchas las cosas
que pudiéramos recordar pero, no queremos hacer esto muy largo, ya habrá tiempo
de decirte otras cosas. Por ahora, celebra tus 33 años en aquel espacio-tiempo
indeterminado, saluda a los nuestros y disfruta la presencia de Omar para quien
fuiste un héroe familiar.
Disculpa nuestra tardanza en
escribir para comunicarnos contigo, aunque siempre te recordamos y enviamos
saludos, al escribirle a mamá y a Dady.
¡Chaooooooooooooooooooo!
Uno de tus hijos.
RSY
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Ramón Santaella - Carta al Padre
domingo, mayo 03, 2015
LA LUNA Y BORGES
Luna llena del 03 de mayo del 2015
El Sur
Desde uno de tus
patios haber mirado
las antiguas
estrellas,
desde el banco de
sombra haber mirado
esas luces dispersas,
que mi ignorancia no
ha aprendido a nombrar
ni a ordenar en
constelaciones,
haber sentido el
círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y
la madreselva,
el silencio del pájaro
dormido,
el arco del zaguán, la
humedad
–esas cosas, acaso,
son el poema.
Jorge Luis Borges, Poesía Completa, Lumen
Gentileza de Luis Montes
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Gentileza de Luis Montes
Atardecer del mismo día
fotos / mery sananes
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De las palabras - Jorge Luis Borges,
MS De las lunas
sábado, mayo 02, 2015
LUCERITO DE LA NOCHE
a luis mariano rivera
No es éste el lucerito del alba
de luis mariano
sino un lucerito de la noche
estampado en el viernes
de este primer cielo de mayo
a distancia de una luna casi llena
que hizo brotar un enjambre
de suspiros en la ternura
arrebatada del hombre
Y ay! quien pudiera
lucerito de la noche
con tus resplandores
bordarle a este planeta desolado
una crineja de amor
que acabe con las penas
y restaure para siempre
la vida
texto y foto
mery sananes
01 de mayo del 2015
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Lucerito de la Noche,
Lucerito del Alba,
Luis Mariano Rivera,
MSAtrilerías
miércoles, abril 29, 2015
NOSTALGIA
intervalos de un
tiempo que se agota
Un paisaje que se pierde a lo lejos
aunque sus aromerías se hayan quedado
prendidas de la retina como una piel
que no alcanzamos a tocar
Un acorde que se queda vibrando en
la estación de los latidos y que sucumbe
ante la arremetida de las lágrimas
Un tiempo que se derrama incontenible
en el ecuador de una mirada
Un espejo en cuyas opacidades
navega un mar enfurecido en busca
de la orilla resplandeciente de
una contingencia
Un cielo mordido a dentelladas
por un pájaro herido en cuyo plumaje
habita la esperanza
Un susurro encerrado en el envés
de una caricia que aguarda acampar
en la simetría alada de un beso
El espacio doblegado de un segundo
que dejamos transcurrir sin atajar
la corteza de su adiós
Una tristeza que vislumbró en los
pliegues de sus dedos el allegro de una
sonata que aún nadie ha escuchado
texto y foto
mery sananes
19 de julio del 2010
SAINT-PREUX Y DANIELLE LICARI
CONCIERTO PARA UNA SOLA VOZ
TANIA LIBERTAD / CONCIERTO PARA UNA SOLA VOZ
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MS Floreceres,
Tania Libertad
lunes, abril 27, 2015
ABRIL ES UN ARPEGIO
Abril
es un oboe tendido
en
la hierba jugando a
atrapar
en sus clavijas
la
nomenclatura del viento
Un arpegio imantado
en
la constelación de tauro
Un
estruendo de timbales
sobre
el precipicio de un
campanario
silenciado
Ajuar
del agua sobre el
lecho de
la noche
Sístole
de flauta en el
corazón de
los cerezos
Tempestad
de corales en el
interior
de una hogaza hecha
de
gajitos de mandarina y
levadura
de lirio
Un
tiempo nacido en
el
piquito de un colibrí
texto y foto
mery sananes
abril
2015
Carl Friederich Abel
Arpeggio y Allegro
Carl Friederich Abel
Arpeggio y Allegro
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MS Abrilerías
domingo, abril 26, 2015
LOS RITUALES DEL AMOR
para tu mami
la primera flor de este abril
Alexis
Nuestra historia vital, la que trasciende todo itinerario temporal, ha
sido signada por circunstancias imprevistas que en su largo y estruendoso
estallido nos dejaron huellas profundas. Pero más que eso, trazaron una
geografía del querer, la geometría del abrazo y esa conjunción que nos hermana
para siempre.
Como entonces hoy no volar hacia tu costado más vulnerable en estos días
en que te toca desprenderte físicamente de tu madre. Yo te conozco, Alexis, en
el crujir de tus sístoles cuando te tocó acunar sin despedida a nuestra Chili.
Cuando te crecieron los brazos para hacer con ellos un andén de florerías para
aquel niño diminuto habitado del amor de Aleska, que de pronto se nos fue hacia
el cosmos.
Te supe cuando el hermano se hizo voluta imperceptible en la travesía
del aire, escindiendo formalmente una conjunción que no se acaba jamás. Y hoy puedo
imaginar la ruptura de todos tus equilibrios con el vuelo de tu madre.
Y no vengo a restablecerlos sino a acompañarlos. A trajinar contigo el
recorrido de las lágrimas, siempre retenidas en tus párpados, a desenvolver
junto a tu tristeza los días que tu madre bordó sobre cada una de tus horas,
para que supieras que en el vocabulario de quienes parimos, no existen adioses,
ni separaciones.
Vengo a sentarme junto a ti, como tantas veces lo hicimos, para echar a
correr la palabra detenida, y dejar que haga cauce por las altas colinas, en el
interior de las hojas de hierba o en la cuerda tensada de un violín.
Vengo con un abrazo a cuestas para dejártelo adherido a los atardeceres
de tu ciudad. Y una invocación a reinventar lo que se nos va, en el dedal de
todo lo que ha sido y seguirá siendo, mientras en vez de adioses bordemos en
las horas el estremecimiento de los reencuentros.
No sé cuánto tiempo hemos pasado sin aquellas llamadas que se hacían
casi rituales, en las que nos comunicábamos los reveses de los sueños y la
estructura de las nuevas esperanzas. Pero a pesar de ese silencio prolongado,
jamás ha existido la lejanía.
Y hoy cuando, desde aquí, a una distancia tan grande de tus predios, me
comunicaron la noticia, he tomado el cauce del mar gigante, de los vientos
altos, para alcanzar tu silencio y atemperarlo con el aroma de los frutos que
las madres van dejando en cada uno de sus solares.
Y para decirte, desde mis propios sembradíos, que cuando nos toque a
nosotros partir a transformarnos en canto o nido, los hijos y los nietos y los
nuestros tendrán que haber aprendido que no existen despedidas ni adioses ni
ausencias ni olvidos.
Que, como tu madre, seremos hoja o escarcha, chicharra o grillo, nube
que pasa o agua que fluye. Suspiro nocturno o beso de mariposa sobre los
pétalos de una flor. Y que para que eso ocurra, nosotros los padres y madres
que aún estamos cosidos al alma de los hijos y los nietos, tenemos que
demostrarle la magia infinita de los rituales del amor.
Sólo entonces ellos podrán cumplirlo y ejercerlo, como nos toca hoy
dejar que otros hagan la despedida, mientras nosotros, nos fugamos por un alero
con los nuestros a cuestas hacia el infinito abierto de la vida que no se acaba
y el amor que apenas se trastoca en otro efímero recorrido por los linderos del
cosmos.
Sabes que te quiero para siempre, Alexis.
foto y texto / mery sananes
23 de abril del 2015
Etiquetas:
MS Cartas - A Alexis Calimán
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