viernes, diciembre 11, 2015

AÚN QUEDAN HISTORIAS POR CONTAR


Foto del álbum titulado
Recuerdos de Viajes 1974-1975
creado por Emperatriz Facchi

AÚN QUEDAN HISTORIAS POR CONTAR
mery sananes

Prólogo al libro de cuentos
LA LOLA-LOLA 
escrito por Lolita Aniyar de Castro


Lolita viene de muchas raíces, tantas como su memoria puede enhebrar en los caminos que aún no ha recorrido. Pertenece a una estirpe nómada para quien el vivir fue una sucesión de travesías inconclusas. Y se juntaron, en su recinto particular, antiguas y nuevas profecías, salmos que primero escuchó sin entender y que luego entendió dejando que su música tomara un cauce diferente.

Proviene de un solar que se hizo centro del mundo y que al abrir sus puertas hacia otros confines, la dejó desvalida de cielos. Tal vez por eso hizo destino un andar buscando un patio sin cercas que contuviera todos los frutos de la tierra.

DE SU MADRE LE VIENE LO MÁGICO

De su madre le viene lo mágico, el sonido detrás del silencio, las claves del vuelo, las líneas de la mano y una profunda identidad con lo trascendente, que ella encontraba en el hecho más simple, en las hebras de una tela, mil veces reparada con hilos que le dejaban las luciérnagas en sus incursiones nocturnas.

La Reina le decían y “regaba su palabra sonriente como una dádiva para los desconcertados. Tuvo el poder de descifrar los jeroglíficos de las manchas del techo. Descubría los mensajes en los pliegues de las nubes. Las mujeres le entregaban las manos boca arriba, y ella dibujaba allí, con su dedito, un destino de vida hermosa, al que nadie se podía resistir.”

De su padre, los caminos infinitos que aquel dril blanco paladeó hasta el cansancio para alcanzar una nueva casa para los mismos pasos.

LA FUGACIDAD DE UN TIEMPO SIN RELOJ

Sólo que pronto se detuvo aquella vida intensa que lo contenía todo, en aquel espacio cercado a todo lo que pudiera quebrar los sueños. Las maderas erguidas dieron paso a una maleza desconocida, que dejaba entrever el desarraigo y la desconsolación,  la fugacidad frente a un tiempo sin reloj, el estruendo de los otros haciendo blanco en un pájaro que quedó sin canto.

La muerte primera la conoció en aquel gatico, sin madre, que se acunó en esos espacios de reverencia y amor. Y quedó la huella como una semilla que encontró sembrada en más de una ilusión.

RECINTO DE GERANIOS Y DE PAN FRESCO

Así también un buen día la vida le quedó dividida en dos recintos de aromas diferentes. Uno de geranios adosado al primer beso. Y  otro de pan fresco para siempre adherido a la piel de la madre.

Hasta que entendió que debía dibujar su propia huella. Equipaje tenía, aunque lo fue dejando en los lugares de sus búsquedas. Amalgamó como pudo enseñanzas bíblicas y maternas, aquel espíritu de justicia que hizo suyo, pero que no consiguió armar en parte alguna.

Y como si fuese suma de exilios incontables, como si tuviese adosada a sus huesos el filo de aquella espada de un abuelo convertido en general, después de una expedición de diez años en busca de un lugar sin nombre y de un nombre conocido y acariciado que no sabía a qué lugar había ido a parar, ella se hizo prófuga de su propio destino y se hizo a la mar de un planeta adolorido y exhausto.

EMPRENDER EL ITINERARIO PROPIO

Así emprendió su itinerario propio, en un calendario sin fechas fijas, que ella iba entrelazando a los deberes adquiridos. Se hizo abogada, no había mucho donde escoger un destino. Criminóloga para más seña. Aquel ser que reconocía que su mayor vulnerabilidad consistía en saberse absolutamente indefensa, escogía la ruta de los inocentes y los culpables en una sociedad en la cual la raya divisoria entre ambos hace muchos milenios se esfumó.

Parió hijos y libros, habitó y deshabitó casas, como si fuesen los vestuarios de tiempos finitos. Y bebió hasta la saciedad de todas las arenas y los lodos, los jardines y los fangos, los ríos desbordados y las florerías resplandecientes. “En cada dedo, real o figurado, de mis pies, -dice- hay paisajes de todos los colores y un muestrario gigantesco de caminos.”

SER ÁRBOL DE RAÍCES

Sabía sin embargo, que más allá de todos sus esfuerzos, no lograba avanzar en el único territorio que realmente le era suyo. Ser árbol de raíces, ser siembra de un campo común, ser aroma de geranios para despertar un amor que no se deshiciera en retazos sin memoria. “Soy sólo una persona que de vez en cuando se enfrenta a un auditorio para decirle, con mayor o menor brillantez, según los días,  un montón de cosas inútiles, para que todos nos enfrasquemos en un divertimento pasajero.” 

Y tal era su prisa que sólo ahora comienza a desmenuzar entre unos y otros, porque investigadora como es, no podía darse el lujo de desechar dato o imagen alguna de las que iba recogiendo su pupila cerrada mientras navegaba a tientas sobre cauces diversos. “No cae nada, dice. Todo se queda allí, incrustado”

DUEÑA DE TODOS LOS PAVIMENTOS

“Me diluía yo, dice. Y también mi piel, para entonces teñida con color Tierra de Siena. Era, sin embargo, fuerte y cegata, arrogante y coleccionista de bellezas. Dueña de todos los pavimentos. Estaba sin duda en riesgo seguro.”

Este era el tiempo de las certezas que, como las pruebas en un juicio, pueden ser escritas por una sabia jurisprudencia o por los vericuetos  de las negociaciones. Porque quien es dueño  de todos los pavimentos sabe que, en verdad, aún le faltan muchos por recorrer.

Sólo que hay quien se queda en ser coleccionista de bellezas o de miserias, sin ir más a allá a hurgar quiénes somos en medio de una división inexistente que inventamos sólo para reponer nuestra propia inutilidad.

DESCUBRIR LOS SECRETOS CON LOS CUALES SE TEJEN LOS DESTINOS

Y ella escoge el camino a la inversa, consciente de su significado y su alcance: “Y fue así que, sin ver ni oír ni oler ni tocar, y, sin saber nadar, resbalé en ese mar de papeles mil veces manoseados. Papeles como anzuelos sinuosos, con agujas escondidas. Llena de sed, agobiada de preguntas, engullí todos los alfileres. Pez rebelde, agité mis aletas en busca de aires claros.  Descubrí entonces los secretos con los cuales se tejen los destinos. Entre otras cosas, que no hay aires claros. Descubrí la muerte, el escalofrío, el grito, el disparo, el golpe, el alarido, el piso, el techo y el camino. Todas las violencias del amor.”

El espejo cobra su verdadero sentido para mostrar, no lo que se ve reflejado en ella, sino lo que el cristal descubre en lo más invisible de los pliegues del vivir. Ella lo sabe: “el misterio no ha muerto. A veces asoma su cabeza, rizada y oscura, en la maraña de los días. Y yo me encrespo como un interrogante.”

ES EL MOMENTO DE TOMAR EN SERIO LOS DESPRENDIMIENTOS

Y este libro es el peligroso ascenso hacia uno mismo. Como quien se desviste de su propia piel para indagar en los músculos, en las arterias, en los huesos, la dimensión de lo vivido o por  vivir. “Haces tu inventario, sacas la cuenta de lo que queda de ti, de tus ideas, expresiones, reacciones y emociones; te cuentas, te pesas y evalúas, te palpas, te escudriñas. Es el momento de tomar en serio los desprendimientos. Lo que perdiste se ha ido quedando en esos escenarios para siempre. Pero lo que incorporaste de los otros no te dejará ya dormir.”

Estos textos son producto de ese insomnio, de tomar en serio los desprendimientos y a la vez, sujetar lo esencial, dentro de la maraña de intrascendencias que nos amortajan.

PEZ EXTRAÑO ATRAPADO EN UN MAR DE VIVOS COLORES

Búsqueda permanente de un solar desaparecido, en medio del diluvio de las incongruencias y los absurdos. Ir y venir hacia atrás y hacia dónde ni siquiera aún apunta el mapa de los deseos. Y así lo expresa: “Vaya Ud. a saber  cómo influye un apellido indeciso, o cómico, o extraño, en el crecimiento y la maduración de una persona. Creo que los psicólogos no han indagado sobre eso, pero yo podría decir cómo me iba encogiendo dentro del marco estrecho de mi singularidad apelativa, en mi cuasi especificidad, como si se tratase de una sub-serie, una subred, o algo así de derivado o diminuto.”

Estos textos refieren, con toda exactitud, esa singularidad apelativa, esa sensación de sub-serie, sub-red, diminutivo o derivado, que te convierte en un extraño, en un expropiado de toda identidad, aún dentro de tus propios dominios. A sabiendas de que aún cuando la obtengas, por trámites burocráticos, eso no resolverá lo esencial, que es ese diminuto lugar que nos corresponde ocupar aquí y ahora, en este mundo definitivamente finito.

EL NO ME OLVIDES DE SILVINA

Este libro representa el ‘no me olvides’ de Silvina. Un escrutinio, a la vez que no sólo se convierte en una autorradiografía, sino en un retrato inquisidor de ese lugar donde somos depositados sin que al final del recorrido sepamos a ciencia cierta si pertenecimos o no a él. No deja ella de lado el amor. Esa ave escurridiza que sólo atrapamos en el instante de la ausencia. Y se lo pregunta: “¿El amor, entonces, esa larga retahíla de historias, es química, rito o ceremonia del inconsciente colectivo, o se trata sólo de inventar un marco para congelar el miedo de morir a solas?”

MIS CUENTOS PROHIBIDOS

Y ella misma se responde: “La vida es corta y la muerte es larga. Aunque quisiéramos llevarnos la carreta cargada con nosotros, siempre se muere a solas. A solas. Nos llevaremos sólo sombras, recuerdos, pensamientos, ideas, los que no compartimos. O las experiencias sofocadas para que no fluyan al exterior con rostros de cuentos prohibidos. Siempre se muere a solas.” Estas narraciones son su versión de los cuentos prohibidos, que por primera vez deja salir, sin rubores, para que ese pez extraño que quedó atrapado en un mar de vivos colores,  regrese a plantarse a su orilla de origen.

DE LOS LINGOTES FALSOS A LO VIVIDO Y POR VIVIR

Ella sabe que nadie ‘cargará su maleta’ y se niega, a través de la palabra, a quien alguien grite?, al final: “mujer muerta, solitaria, andando !” Este es un libro sobre la vida. Y no hay registro que no guarde en su arsenal de imágenes:  “Los caminos son tantos. Judía errante, impenitente, contraje la enfermedad de la aventura, del riesgo, de la inconformidad  y las curiosidades.  De emprender actividades nuevas, de enfrentar  otras gentes. De  seguir descubriendo rincones inéditos. De recoger y esparcir cariños frescos. Y  abandonar los viejos, arrugados, estériles, que en la balanza de los años resultaron ser lingotes falsos.”

Y este su testimonio inicial de lo recogido y lo abandonado, en esa búsqueda en proceso por lo vivido y por vivir, para que no se agote en sí mismo sino que deje huella perdurable. Sabe que hasta ahora: “He sido una y muchas ¿quién no lo ha sido? Aprendí a jugar mil roles en teatros sucesivos.” Y que ha llegado su tiempo de interpretar el suyo propio, con un guión escrito desde el interior de una piel que aún conserva su frescor.

DESCUBRIR LA SANGRE BAJO LA COSTRA APARENTE

“Así que voy al espejo, me miro y me advierto, a mí misma: ¡cuidado! Que al escribir estoy viviendo un período intenso de mi vida, disfrutando este hundirme en lo más elemental de la emoción, de la cotidianidad y el intimismo, Descubriendo al fin la sangre bajo la costra aparente. Tengo impulsos de nudismo. Decidí patear la frase  perfecta, elaborada, Saborear una mala palabra que al fin se atreve, magullada, a salir de entre mis labios. Rebelarme contra la mirada estable y las manos tranquilas reposando, en un abandono sólo aparentemente confiado, sobre la m esa o el regazo, como en las fotos públicas. Me aburre esa mansa actitud mía de simpatía permanente.

He decidido resistirme a decir siempre cosas agradables o certeras. Me propuse hurgar en mi ingenuidad, no tendré tal vez otra oportunidad de ser yo misma. Quiero dejar a mi paso los jirones de piel que se me fueron convirtiendo en duro e incorporado cuero, cueros que en una vulgar, mediocre, escenografía de interminable rastacuerismo, van haciendo ese ruido, ese estrépito que me esconde y me niega.”

Esa es la búsqueda y la razón de ser de estos relatos. La justificación del ser y el estar. Como si pudiese recomponer la historia desde sus inicios y dejar la versión exacta de lo que ocurrió.

Y SE DESPERTÓ UNA PREÑEZ SIN LÍMITES

Y resulta asombroso que este hallazgo-decisión, este tropel en medio de la mansedumbre, se agite y se conforme a partir de una imagen que atraviesa todo el libro: la pantalla de un televisor. Desde aquel primero, en blanco y negro, que su madre le envió pensando tal vez que ella se aburría, hasta el actual que cuenta con más de doscientos canales diciendo exactamente las mismas nimiedades sobre los mismos conflictos que ahora televisados suenan a libretos, en vez de realidades.

Algo detrás de esa pantalla despertó en ella sus vivencias más profundas. Algo en los personajes irreales hizo brotar lo que estaba hibernando en su interior. Ella dice: “Tengo una preñez sin límites de emociones y vivencias, paisajes,  libros, decepciones y esperanzas. Todo se descarga, capas sobre capas, sobre lo que viene prefabricado en la pantalla, en la que ahora se presentan mil imágenes diversas a la vez. Me veo arengando, me veo amando, me veo organizando, me veo escribiendo, discutiendo, peleando, corriendo bajo na lluvia de disparos, conociendo países, hablando idiomas nuevos, cortando y recosiendo mi vida, pariendo con dolor.

Me veo furiosa, llena de fuerza o traicionada. Me veo abrazada a un hombre, revolviendo ingredientes frente a un fogón, o bañada de sol y de azul mediterráneo. Estoy despidiendo un barco, o hundiendo mis pies en el barro de las inundaciones, recorriendo hospitales, o enfrentando políticos malvados, observando impotente como mi madre desciende envuelta hacia la tierra. Escenarios en fin, donde protagonicé mis propios dramas.”

UNA VICTORIA SOBRE LA MUERTE

Y el resultado es esta victoria sobre la muerte que se asoma en los días en los que duermen nuestros ancestros los silencios propios y “la oscuridad se desploma aparatosamente sobre mi cabeza”.

Estos  relatos son sus “cinco en punto de la tarde”, cuando aún encoge su pecho como un acordeón. Y “hay un fuelle virtual que reacomoda mi vida en su tránsito de la fantasía a la realidad. Me aferro a las imágenes más puras. Como a un recurso de salvación.”

PARA QUE TODO SIGA SIENDO VERDE

Por ello no es tan trivial ni inocente esta imagen. ¿Qué tiene ella que buscar en una pantalla de televisor, si en sus fueros internos están grabadas las visiones de su mundo vivido y las del tiempo histórico que las contiene?

Esta es su batalla  “Entonces yo saldré a la mañana luminosa, al verde copioso de los árboles, a las flores que despuntan, a los helechos que caen. Respiro profundo. Mojaré mis zapatos en la hierba húmeda e iré a la caza de hojas, tallos secos, flores mustias, para hacerlos desaparecer. Habrá espinas leves que se incrusten en mis manos, insectos invisibles que me acosen. Pero hay que forzar las plantas. Para que todo siga siendo verde, todo, todo siga estando vivo, como yo, peleando con las noches, conjurando al sueño. Que es la muerte. Porque dormir es como estar muerto.”

SER PAN AL REVÉS

“Ya no hay ancla posible para este navío grande”, exclama. Y cuando al fin está estacionada en el umbral de las inutilidades, brota en ella como una incandescencia, una necesidad sin tregua, la de ser pan al revés: “Pan que regrese a su condición de masa para recomenzar el proceso de levantarse y crecer. Para echar nueva costra: un sólido escudo de bronce o cobre para aguantar las lanzas de los enemigos, o los sobresaltos de la vida, aunque conservando el perfume y la ternura de la miga escondida.”

PARA RECUPERAR UN UNIVERSO SIN PANTALLAS

¿Y qué mejor estadio para el vivir? Quedo presa de mis frustración y de esa extraña inquisición mía, obstinada y necia, que la química, ella sola, no es capaz de responder.” Ciertamente, la química sola no podrá responder, pero esa entidad humana, trashumante, aventurera e indócil, sí. Y esa es la alquimia propuesta. Se trata de recomponer una imagen que no es más un aglomerado de fragmentos de sí misma.

¡En el mar! Sí, en el mar. Llego a la orilla, me inclino y me veo pero no exactamente como soy, más bien veo varios perfiles de mi rostro desecho en paralelas, leves ondas marinas. Este es mi rostro en realidad, me digo: un aglomerado de fragmentos del mismo, algo con desdoblamientos, con toda la flexibilidad del agua, que repite y modifica a la vez.”

Ella va dispuesta a recuperar un “universo sin pantallas”, donde todo vuelva a ser “cálido, simple, elemental, profundo. Y tan pequeño que podría reflejarse en una gota de agua. Ya con petróleo, claro.”

Es su nuevo ejercicio inquisitorio que comienza y concluye este primer boceto de una obra que promete ser mucho mayor. Es como si al principio, no se moviera con decisión dentro de sus propios dominios, pero la misma palabra le devuelve la razón suprema de ser: dejar la huella imprescindible, que continúe las recibidas e invoque las que  vendrán.

UN LIBR0 QUE A NADIE LE ES AJENO

Un hilo que no se puede romper, ni quedar detenido, en el umbral de sus propias urgencias. Apenas ahora comienzan a fluir las aguas que vienen de antiguos ríos. Y por ello este es un libro que muestra una cotidianidad que a nadie es ajena, que retrata una capacidad narrativa que está mucho más allá de las conferencias sobre el bien y el mal, que se desliza con suavidad y fuerza sobre acontecimientos que, vistos tras su óptica, adquieren ese rango humano que a todos nos toca y conmueve.

Es tiempo de apagar la pantalla del televisor. De que los pies comiencen de nuevo a hacerse de una suela con señales de tierra de arar. Que las manos dejen sobre el papel las caricias inéditas, las memorias que se fraguan ante un fogón sin encender, las historias que faltan por contar.

EL COMPROMISO DE DEJARLE RECADERÍAS AL PORVENIR

Quien viene de los desiertos y logra construir vergeles, quien ha tenido que cercar las flores, para no dejar entrar el aire contaminado de los odios, quien ha tenido que cerrar los ventanales por donde transcurre la vida de los pájaros, para internarse en las grutas de la sin razón de los hombres, tiene el compromiso de dejar  recaderías del porvenir.

Y este es apenas el imán para enamorar a un lector que sabe que tiene sus propias historias pero que requiere de la destreza que sólo se aprende en los recorridos intensos por la tristeza, de donde provienen estos relatos, que son una introspección que conduce inevitablemente a las historias que quedan por contar.

En sus propias palabras: sobre el espejo del mar ella está aprendiendo el arte de la fuga y la estadía. Porque sólo entonces podrá saber: “si esos pájaros  que desaparecen en un punto de los azules mezclados se van de verdad para siempre o alguna vez regresan.”

DESCUBRIR EN EL ROSTRO DE LA MUERTE EL SECRETO DE LA VIDA

Y lo explica: “En esa inmensa pantalla del mar me gustaría ver llegar mis últimos años. Quién sabe cuántos son. Pues si son muchos, habré ciertamente para entonces recogido mis peroles esenciales, y habré buscado nuevos resplandores para mis ojos con sed.”

Como a uno de sus personajes: un puñal de luz la ha penetrado por sorpresa. Ha descubierto en el rostro de la muerte el secreto de la vida. Y es su tiempo ahora de revelarlo, compartirlo, entregarlo al futuro.


mery sananes
enero 2012



Lolita Aniyar de Castro
La Lola-Lola
Universidad Católica Cecilio Acosta
Serie La mano junto al muro 
Mérida, Venezuela, 2014, 138 p.
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jueves, diciembre 10, 2015

EL PÁJARO AZUL




“Esa búsqueda y encuentro de los nuestros
nos hizo ver que estaba en nuestras casas
más íntimas, el pájaro azul que buscábamos
por caminos lejanos”

Lolita Aniyar de Castro
29 noviembre 2015


José Antonio, Sarita, Dinah y Daniel

Qué decirles que resuene en un tono más sonoro que el silencio que produce el vuelo de un ala hacia la urdimbre que la creó. Las palabras se vuelven cantaros vacíos. Y sin embargo, cuando Lolita dejaba salir las suyas era como una migración de aves en permanente travesía hacia los confines del siempre.

Se esparcían como granos de arena sacudidos por el temblor de un cangrejo en busca de su destino. Un camino que ella iba construyendo sin la conjetura de un mapa sino con la destreza de sus pasos. No hubo puerto al que no se asomara para comprobar si ese océano era el que buscaba, o si había algún azul en el cual aún sus ojos no se hubiesen sumergido.

Hablar de ella es nombrar la vida en sus innumerables espejos y desatinos. En la hosquedad de la injusticia y en el resplandor de la inocencia. Desde los campos mágicos que Reina le construyó para que supiera que donde quiera que tropezara había alguna clave que le devolvería las ansias del vuelo, hasta los hondos canjilones de la criminología, que abordó desde la lágrima y no el castigo.

No es posible nombrarla sin detenerse en esa fuerza gigante y a la vez intangible que la movía en toda dirección, como una brújula, que marcaba los encantamientos y no las geografías. La diminuta estatura de su madre le consagró una dimensión que no se podía medir numéricamente. Y el amor que rigió su vida le entregó el candor que preside el primer beso.

No hubo oficio en el cual no derramara su indoblegable pasión de hacedora de alegrías. Nunca encajó en los cargos que ocupó porque no era la investidura la que dirigía sus acciones, sino ese afán aventurero de enderezar entuertos. 

Sabía siempre que hablaba un lenguaje más simple y sencillo que el de los científicos y los doctos. Se dirigía al corazón de un hombre devastado y violentado, buscando esgrimir un escudo capaz de detener la muerte.

En sus ojos el mar detuvo su oleaje para que toda lágrima se convirtiera en llovizna. Llevaba su huerto en la punta de los dedos y en esas manos en las que la madre le leía las señales de un tiempo pasado. Sabía que el porvenir se escribe sólo en el diario oficio de vivir.

Y sin embargo una lanza de titanio se le incrustó en el costado y el pájaro que era se le detuvo el vuelo.  Cómo imaginar entonces un ala detenida en el interior de un plumaje de fuego.

Lolita tomó por sorpresa los linderos del horizonte. Los traspasó y fue a sembrarse en un huerto distinto para ir a buscar las historias que no había contado.



Y allí la veo a cada instante desde mi aleros, con su sonrisa de siempre incendiando las nubes, pintando de violeta los días de bruma, ascendiendo por escalinatas florales hacia el territorio de sus ensoñaciones.

Las que les entregó a ti Dinorah y a ti Daniel, para que a su vez las traspasaran a los hijos y a los hijos de los hijos. Las que convirtió en caricias para ofrendarte, José Antonio. Las que te entregó Sarita, a modo de talismanes. Y por eso no hay manera de despedirla, ni siquiera de juntar la tristeza a sus nuevas aventuras.

Hay que ir a descubrir todos los espacios donde ella ahora habita, y tomar de sus manos los dones que no dejará jamás de entregarnos.

No hay duelo posible cuando la magia sobrepasa la realidad. La del árbol deshabitado que se engalana de nuevo. La del silencioso trayecto de la chicharra hasta alcanzar el breve instante de su canto. La del pez que no pierde su rumbo en la inmensidad de las aguas.

Y sé que ella, en este tiempo, sólo volverá a sonreír cuando ustedes sonrían con ella, atados al paisaje de sus ojos, al aroma de sus  abrazos y a la traviesa soledad de sus correrías.

Nos entregó un pájaro azul en cuyas alas ella está fundida como viento brisa aire tumulto de aguas, suspiro y porvenir. Porque, como dijo, si pervive en nuestras manos, sólo entonces podrá ella saber “si esos pájaros que desaparecen en un punto de los azules mezclados se van de verdad para siempre o alguna vez regresan.”

Los quiero con el alma
09 de diciembre del 2015
mery
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martes, diciembre 08, 2015

LA LOLA-LOLA



Un aspecto poco conocido de
Lolita Aniyar de Castro
quien el 07 de diciembre del 2015
 decidió emprender travesía 
por otros de sus mares
siempre procelosos, inéditos y
sorprendentes

"Soy sólo una persona que de vez
en cuando se enfrenta a un auditorio 
para decirle, con mayor o menor
brillantez, según los días,
un montón de cosas inútiles, 
para que todos nos enfrasquemos
en un divertimento pasajero"

Libro de cuentos publicado por la
Universidad Católica Andrés Bello
en su colección
La mano junto al muro
Mérida, 2014


"Ya no hay ancla posible para este navío grande"

Este es el texto de la 
solapa


Tuve el inmenso privilegio 
de escribirle la nota introductoria
la cual se puede leer en el siguiente enlace



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lunes, diciembre 07, 2015

EL CRESCENDO DE UN ALLEGRO





Lolita

Tengo tu voz adherida al nicho acústico de mis tristezas. Esa voz que es como un hilo prendido de la sonrisa de tu madre y más allá de la serena quietud de una abuela lejana.

Un estambre que se fue haciendo tejido hasta alcanzarnos a todos, hasta sumergirse en el rostro de Sarita y en el de Dinah y Daniel, como una historia sin término que se construye y reconstruye mágicamente.

Y no la puedo dejar ir sin coserla de nuevo al engranaje de un vivir capaz de escaparse de improviso en medio de la noche hacia una claridad que aún ni siquiera conocemos.

Y yo que estoy hecha de duelos, me niego a escribirte una despedida o delinear un adiós. Prefiero celebrarte en esa tu travesía por acordes sin armonía que fuiste recogiendo en los desahucios, para convertirlos en materia del hombre y su alegría.



Decido festejarte en lo que has sido y lo que eres, en ese tu andar por rutas desconocidas, colocando en las puertas más lejanas recetarios para una canción.

Declino toda posibilidad de imaginarte sin respiración, porque con tu quieta brisa, te hiciste vendaval en todos los continentes, enarbolando un tratado de derecho que no aparece en los antiguos ni nuevos códices, sino en el corazón del hombre que ama la justicia y la libertad.

Y con esa leve empuñadura y tu cadencia de fuga, hiciste oficio el distinguir entre el decir y la acción, el estatuir y el hacer, para dejar la huella de una escritura musical que hacía aposento en el vivir y no en el morir.

Cuando uno se asomaba a tus ventanales, tú esparcías una cascada de sonrisas y la miel de tus ensoñaciones. Por más lejanas que estuvimos nada tuyo me fue ajeno, porque pertenecemos a una estirpe en cuyo escudo libertario se leía aquello de “siempre más alto con justicia y humanidad”. Y la imagen de una escalinata rompiendo en dos el espacio para erguir de un lado la balanza de la justicia y del otro un corazón estremecido. Mandato sin el cual ninguna codificación libera al hombre de las cercas que lo hacen vulnerable y vulnerado.



Fuiste y serás siempre entrega y candor, rubor y pasión, y esa indómita fuerza de no dejarse vencer por obstáculos ni maleficios. Y por eso tengo la certeza de que los proyectos pendientes, la memoria sin registro, que juntas iríamos a buscar hurgando el calor de la arcilla y ese matiz resplandeciente de la bruma, lo concluiremos como pautado.

Sé ahora que te marchaste a buscar los datos olvidados, las historias de un abuelo que se ganó una espada en una batalla que nunca logramos reproducir y la templanza aventurera de una abuela que se hizo a la mar en busca de una tierra distinta para parir a sus hijos.

Que fuiste a reconstruir la alegría rota de Mercedes,  a recoger los luceros que un amor lejano le sembró a Rosa en sus mejillas, las cuenterías de Moisés y aquella pena que Isaac sin querer le sembró en el alma a Consuelito.



Que, sin advertirlo ni decirlo, decidiste regresar a las dúlcimas caricias de tu madre, para que te apaciguara los dolores, te mejorara con sus brebajes y te bendijera como siempre.

Y entre tú y Sarita se produjo esa complicidad que la llevó desde sus álgidos inviernos hasta el sol maracaibero, para llenar estos tiempos de un amor que jamás dejó de desbordarse. Y la ataste a tus archipiélagos para que supiera que jamás te marcharías.



Sé también que en el corazón de José Antonio, tu compañero permanente, nunca dejará de estar presente la rosa de tus temblores.

Y por todo eso, Lolita, sé que ya vienes de regreso por la luz que ilumina sin cesar el Catatumbo, por los rieles por los que algún día advendrá una plena libertad, y por los acordes de un adagio empeñado en salirse de su melancolía para alcanzar el crescendo de un allegro.

mery
07 de diciembre del 2015

  
A quien pudiera interesarle conocer
otras facetas de la vida de Lolita


LA LOLA-LOLA

EL PÁJARO AZUL

AÚN QUEDAN HISTORIAS POR CONTAR





Lolita Aniyar de Castro fue  política, abogada penalista y criminóloga venezolana posgraduada en París y Roma.

Se desempeñó como docente del Instituto de Criminología de la Universidad del Zulia en la cátedra de criminología y durante más de 15 años fue directora de esa misma institución, que hoy lleva su nombre. Actualmente es profesora de posgrado en la Universidad del Zulia, en la Universidad de los Andes, así como en otras universidades de Argentina, Costa Rica y Brasil, entre otros países.

Fue nombrada gobernadora del Estado Zulia en febrero de 1994 tras la renuncia de su predecesor Oswaldo Álvarez Paz con lo que se convirtió en la primera mujer venezolana en ser electa para ese cargo. Antes ya se había convertido en la primera mujer en ser electa diputada para la antigua Asamblea Legislativa del Estado Zulia y la primera electa senadora al antiguo Congreso Nacional de Venezuela por esa misma entidad.

Fue Delegada de Venezuela ante la UNESCO y Cónsul de Venezuela en Nueva Orleans, Estados Unidos. Conforma (única Latinoamericana) el Comité de Estocolmo que otorga el Premio Internacional de Criminología (equivalente al Nóbel en Criminología).

Escribió numerosos libros sobre el área penal y sobre la justicia en Venezuela.
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domingo, diciembre 06, 2015

LIBERTARÍAS DE EL QUIJOTE





La libertad, Sancho,
es uno de los más preciosos
dones que a los hombres dieron los cielos;
con ella no pueden igualarse los tesoros
que encierra la tierra ni el mar encubre;
por la libertad, así como por la honra,
se puede y debe aventurar la vida,
y, por el contrario, el cautiverio es el
mayor mal que puede venir a los hombres.

EL QUIJOTE


26 de septiembre del 2010
serie libertarías
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