martes, marzo 15, 2011

FINAL - A GLENN GOULD 4/4


A Glenn Gould
escala sin abismos
en clave de infinito


Navego en un clavecín que viene de regreso
de donde partió atesorando en la memoria
la inmensidad de la escala recorrida en
los días robados a la incandescencia fútil
de los propagadores de abismos



ms

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lunes, marzo 14, 2011

UN MAR SIN TSUNAMIS



 A quienes quedaron sembrados en las aguas, en la
tierra, en los cielos, en los vientos de un día sin horarios
ni misericordias



Hay adagios que se le incrustan
a uno en el alma
que dibujan en el tremor de una sílaba
los acordes de la vida sobre un mar
sin tsunamis sobre un paisaje sin
devastaciones un planeta sin guerras

Melodías que se deslizan
incandescentes hacia esa parte
de nosotros que aún no descubrimos
que se resguardan en las pupilas
de los niños a quienes nadie les ha
secuestrado la risa
que aguardan ineditas su tiempo
de resurrección

Acordes que nos otorgan el talismán
del asombro la magia de los
encantamientos
el poder de las imaginerías
para salir ilesos de los tormentos
y que no se deshaga la ternura
en relámpagos de lágrimas y
estruendos de adioses

Cuerdas que le reescriben ensoñaciones
a la noche larga de la tristeza con la que
nos sellaron la existencia

Si tan sólo pudiéramos armados
de esas ráfagas de viento que trastocan
los oboes y las flautas los clarinetes
y los píccolos hacer florecer los
campos arrasados levantar los maderos
que sostenían la ilusión de un pan
aún sin hornear de revivir los que se
nos fueron aún antes de conocerlos y
estrecharlos en un abrazo oloroso
a jengibre y jazmines

Si pudiese nuestra preterida
humana condición servir de dique
y escudo de fortaleza y refugio
para detener las aguas encrespadas
aquietar las colinas subterráneas
cambiar de dirección la fiereza
de los remolinos qué de vida
no se levantaría para edificarle
una casa planetaria al hombre

Y sin embargo no somos sino tristes
espectadores de nuestra propia muerte
silentes acaparadores de tragedias
inutiles árboles plantados en un
tiempo de desiertos viendo pasar
inadvertidos la ira de la tierra y
la ira de los hombres en su inútil
empeño de hacerse de una parcela
desde donde disparar al hermano

¿Será esa en definitiva la única
memoria que dejaremos en este
tiempo eterno de infortunios
y soledades?

texto y foto / ms

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domingo, marzo 13, 2011

TIERRERÍAS 1




Tengo ya nublado
el amanecer que me
diste y por eso 
te espero tierra mía
más allá del reposo
de tu nombre


agustín blanco muñoz
serie tierrerías
foto / mery sananes
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EL MOTIVO MAYOR DE ITALO PIZZOLANTE


Puerto Cabello 1928 / Valencia 2011

Quien deja un rosa pintada de azul
para trastocar los silencios de la noche
quien se detiene ante una estrellita de mar
para tejer en ella señales de un  tiempo móvil
quien puede crear mundos nuevos
en su fantasía hasta bañar de luz
las pupilas y dejar en la comisura de
los labios un beso aromado del fulgor
cromático de los días vividos
es un ser hecho de música y jamás
podrá ausentarse de los territorios
  donde mora irrefutable el amor 
y ese es y será siempre el motivo mayor
de su permanencia en ésta y todas
las horas que nos aguardan

¡Salud Italo Pizzolante!


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jueves, marzo 10, 2011

DÍGAME - ASCENDER A JUPITER EN LOS BAJOS CONTINUOS DE MOZART



Dígame
júpiter tronando por los cielos
en las trompetas y bajos continuos
de wolfgang amadeus!

abm / cuaderno de los dígame






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martes, marzo 08, 2011

DÍGAME - UN REQUIEM PARA LA VIDA





Dígame
creer que ese requiem
de mozart y la vida
es música de difuntos!








abm / cuaderno de los dígame
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lunes, marzo 07, 2011

EN EL BAJEL DE LA VIDA



 Otro marzo se me aglomera en las pupilas
como un adagio en cuyas alas la tristeza
recorre las cuerdas de un cello como
si pudiera escalar la dimensión de las
despedidas que nunca sellamos
porque antes nos fuimos navegando
en el bajel de la vida hacia los campos
que soñaste bordados de las caricias
que se quedaron apresadas en tus manos
de diáspora en tu piel olorosa a pan
en la sonrisa que no te brotaba
desde lo hondo de tus respiraciones
adormecidas sin querer
en los lechos de ríos sin cauce
ni guijarros

Otro marzo deja su huella sobre calendarios
que nunca contamos porque mientras otros
te amortajaban ya yo me había escapado
por el vértice de tus ojos hacia la sonrisa
de los niños que no conociste y tejíamos
entre sus dedos versos color violeta que
cabalgaban en la cima de una milonga
que te devolvía a unas raíces con sabor
lejano a yerba mate y al canto de
crepúsculos que entonabas cuando
habitabas los parajes del silencio

Pero en este marzo en que otros me roban
las mañanas como si tuviesen el derecho
a decretar la noche sobre el sol que
deposita sobre los dinteles
el espejo de un mirar que te alcanza
en todo su resplandor
yo te busco para que hagas cesar
la lágrimita que se desborda de los cántaros
detengas los días que no saben de abrazos
las horas que otros se apropiaron
dejando la estela de una herida
que se afinca en las comisuras del asombro
y se desliza inclemente sobre los párpados
de una flor devastada


Te busco para que me enseñes a cincelar el
dolor sin llegar al naufragio
para que me siembres ese temple de ternura
encubierta que arropaba tus antojos
y hagas conmigo el recorrido de aquella
luna nueva del domingo en que te me fuiste
llevándote contigo la perplejidad
de la montaña que albergaba tu noche
hasta el cuarto creciente de un tiempo
que advendrá en el piquito de un cardenal
bordado de amaneceres
y ataviado de inmensidad

08 de marzo del 2011
  fotos y texto /ms

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sábado, marzo 05, 2011

DÍGAME - DE LAS HORAS



Dígame
tener que contar las horas
en que la risa se vuelve
cantar del dolor
que estruja los hombres
por dentro por fuera
y para siempre!


abm / dígames
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PIO TAMAYO: 113 AÑOS EN LA AVENTURA DEL PORVENIR


Pío

El 05 de octubre de 1983 te escribí una carta que aún guardo en la memoria. Cumplías entonces 48 años de haber sido asesinado por los verdugos que también asesinaban a Venezuela.  Hoy, a 76 años de tu crimen y a  113 de tu nacimiento,  el crímen no se ha detenido y el país se sigue hundiendo en la violencia de los caudillos y las complicidades de los negociadores. No han cambiado mucho los escenarios.

Los males que entonces denunciaste se han multiplicado, la libertad que invocaste sigue sujeta a los caprichos de los nuevos propietarios de la hacienda. El código de deberes que formulaste sigue siendo un anhelo por cumplir.

Como solicitabas, el pueblo aún no sido tomado en cuenta como el factor esencial de la historia, aunque así se lo hayan hecho creer los demócratas de antes y los revolucionarios de hoy. Este expaís vive uno de sus momentos de mayor degradación y sobredescomposición.

En ese entorno zozobran las buenas intenciones, los deseos de construir algo diferente, las ilusiones de los jornaleros dedicados a labores de belleza y libertad. Como si una inmensa tormenta le robara los espacios a retoños que aún no han sido sembrados.

Tú sigues siendo el olvidado y silenciado, aunque tu nombre sirva para oropeles ajenos e incomprensiones tremebundas. Aunque nadie te entienda, ni recoja tus lecciones, sigues siendo apetecible para los vendedores de  trampas y engañadores de toda calaña.

Pero tú sabes mejor que nadie que aún los pozos artesianos no han logrado quebrar la dureza de las sequías para expandir su agua sobre los cañamerales. El dulzor sigue represado en los cauces subterráneos donde fuiste a buscar los signos del futuro.

Y aunque hayan abierto carreteras desde El Tocuyo hasta Barquisimeto y de Barquisimeto para los cuatro costados de este pais herido, no transportan los ideales que tú gestaste, ni transitan por sus corredores las ideas libertarias por las cuales entregaste tu vida tempranera.





Tú te fuiste a sabiendas de que la ciencia y el arte nuevos que aspirabas se construyera, para que a su vez rigiera el advenimiento de una nueva sociedad y un nuevo hombre,  era una empresa a futuro. Aún lo sigue siendo, Pío, por más que intenten pintar de mentiras la aurora por donde te fuiste, para sembrarte en el pueblo que te vio nacer, acompañado, tal como lo quisiste, de la gente sencilla que te que quiso y te sigue queriendo.

Las tareas floricultoras siguen prendidas del porvenir. Y a despecho de quien sea, no habrá sepulcros que te amurallen, porque hace mucho andas en tus correrías titiriteras, cumpliendo tus tareas de forjador de tiempos inéditos.

En este nuevo cumpleaños, Pío, hacemos resonar los cueros, a ritmo de tamunangue, para celebrarte. Y te seguimos cuidando de los depredadores de todo signo que siguen prevaleciendo en esta historia que tú quisiste cambiar, armado de tu idealidad avanzada, de tu vision transformadora, de tus señales porveniristas, que perduran más allá de todas las traiciones y derrotas que aún nos aguardan.

Sabemos, eso sí, que Rita habrá preparado a los niños de su escuela musical para agasajarte, que Clementina te estará bordando sus abrazos, que Flor ya tendrá a punto su manjar de piña, que te estarán aguardando Luisa Sofía, Magdalena, Ana, Chenel, Josefa y Juan, que Toño estará ausente, mientras recompone el dolor de ver llegar al hijo antes de tiempo, que Doña Sofía junto a José Antonio, estará encendiendo el fogón de las golosinas.

Y que en la Hacienda El Callao habrá hoy festejos en tu honor, que los titiriteros vendrán otra vez desde lejos a asentar sus carpas en tus territorios, y que la flor de la caña florecerá más violeta que nunca para entregarte el dulzor de sus tallos. Y Rosa Eloísa una vez más te hará entrega de su corazón, encerrado como quedó en el cofrecito de tus cartas y en los pie de montes de tus colinas tocuyanas.

Nosotros persistiremos en nombrarte, en abrir trochas hacia el tiempo que sigues soñando.

mery sananes
04 de marzo del 2011


Luis Ochoa le canta Pío Tamayo

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miércoles, marzo 02, 2011

DÍGAME - EL CARTERO




Dígame
si el cartero deja
de traerme su recuerdo


abm / del Libro de los Dígames
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martes, marzo 01, 2011

UNA CARTA PARA TUS MANOS DE TITÁN - A MANUEL RODRÍGUEZ MENA




Hoy 01 de marzo del 2011, Marucha decidió
que era tiempo que sus dolores se marcharan
para que ella pudiera quedarse a orillas
del corazón de Manuel, para cuidarlo sin zozobra
y derramar en él sus caricias de siempre

Así que despedimos sus malestares,
pero a ella la recibimos
como un arpegio dulce que va dejando las
señales de una vida y un amor que no concluyen

Invitamos a darle la bienvenida con
mensajerías de flor y confituras de aguamiel




UNA CARTA PARA TUS MANOS DE TITÁN
A Manuel Rodríguez Mena


Mi dulce Manuel

Esta es la carta que no te hubiésemos querido escribir. La noticia que nos desarma. El silencio que de pronto deja su rumor de ausencias y despedidas. La roca que se agrieta entre tus manos de titán.

Cuánto dolor no has soliviantado. Cuánta tristeza desandado, atrapado como estás entre péndulos sin hilos, corazas sin escudo, poleas sin engranajes. Y sin embargo,  una fuerza invisible y esencial hace presencia en tu residencia de ilusiones, y logras siempre erguirte por sobre todo desdoblamiento.

Te hemos visto, una y otra vez, dando tus batallas como si tuvieras tú la estatura de los molinos de viento, y fueses tú el caballero sonreído en busca de la dulzura de un tiempo de piedades.

Hoy no sabemos quién sostenía a quién. Si tú a tu Marucha o si tu Marucha a tí. Ambos pernoctaban sobre las mismas estrellas, deseosos de hacer magia con los menjurjes y las hierbas quitadolores. Y aunque no se doblegaran, quedaba en el aire el encantamiento de los hechizos que manan de los enamorados.

Y con ese amor caminaron leguas de vida, que no se contabiliza en los días de no andar sino en el camino recorrido desde los párpados hasta los confines más lejanos del deseo.



Marucha se nos fue calladita, como solía ser su estar, porque allí se hacía más gigante su presencia de bálsamo y caricia. Quiso llenar la alacena de sus confites preferidos para que su mano quedara donde ella ya no estaría, ofrendandote los panes de su ternura.

Y se quedó como un pajarito que ha cumplido su ciclo, para que no te asustaras ni te sobresaltaras. Para que nada te hiciera daño. Y cómo se nos crece Maruchita en ese gesto de amorosa reverencia.

Ella quiso decir que no se va, que no se despide, que no hay ausencia, que seguirá trasteando las alacenas y endulzando el café para que no falte nunca a tus suspiros su vasija de agua fresca.

Te regaló la vida, Manuel, y se escapó de la ausencia por el anverso del espejo de si misma. Ahora puede posarse sin cansancio a la altura de tus ojos, y quedarse allí, vigilando tus horas, espantando los dolores, musicando tus días.

Ahora, Manuel, de nuevo, tienes que erguirte sobre tu propia estatura de sembrador de floreceres. Y sé que no se quebrará tu fuelle de ilusiones, ni tus sueños de  amaneceres, ni tu canto galante y hermoso. Que sabes muy bien que Marucha aguarda impaciente que se sequen las lágrimas y de nuevo resuene en tus aposentos el tableteo incesante de tus letras forjando porvenires en este expaís tan desolado, que tanto requiere de tí.

Y que todos nosotros, Manuel, los que te amamos en profundidad, estaremos allí, a tu lado, perseverantes como siempre, sirviéndo de contraviento a las tempestades, viéndote crecer sobre la sonrisa infinita de Marucha para que su viaje al centro de tus respiraciones, se haga leve y ruiseño, dúlcimo como sus huellas sobre los días vividos en plenitud.

Te abrazamos,

ms

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lunes, febrero 28, 2011

ELEGÍA A UN CARDENAL



Cuando llegué por primera a esta casa, en el año 2007, y comencé a recorrer sus jardines y sus paisajes aledaños, lo primero que me recibió fue un cazar de cardenales. No estaban propiamente en la casa, sino en sus alrededores.

Jugaban a columpiarse desde un árbol a otro, con su silbido peculiar. Comencé a observarlos y a comunicarme con ellos.

Ellos sabían que yo seguía sus movimientos y que me deleitaba observando ese juego amoroso de ambos, en los cuales ella y él hacían piruetas y cantos, danzas y escondites para llamarse.

Yo miraba y escuchaba. Silbaba con sus silbos y les hablaba. Y desde que los descubrí, cada día en las mañanas salía a buscarlos. Y ellos estaban allí, jugando a esconderse y a reaparecer. El uno tras el otro.




QUÉ DE CÁNTICOS INVENTAMOS
EN ESOS AMANECERES

Hasta que se hizo habitual su presencia y la mía. Qué de cánticos inventamos en esos amaneceres. Si cuando salía no estaban, caminaba hasta encontrarlos entre los árboles cercanos. Y cuando daba con ellos nos pasábamos el informe del día.

El sol al asomarse se colaba entre las ramas hasta llegar a nuestros sitios y un amarillo brillante se derramaba sobre las hojas, la hierba, los techos de las casas, los dominios de la flor. ¿Lloverá? Nos preguntábamos. ¿Qué naves dibujarán las nubes en el cielo de hoy?

¿Saludaron, mis cardenalitos, a los patos, en su camino hacia la laguna? ¿Con qué frutos o semillas se alimentaron hoy? Yo salía con los niños a recorrer todo el sendero que llega hasta el parque, y también ellos aprendieron a buscarlos en los árboles.






HABLABA CON LOS CARDENALES Y CON
LOS NIÑOS UN MISMO ABECEDARIO

Hablaba con los cardenales y con los niños. Después de todo era el mismo abecedario, los mismos signos y entre todos nos entendíamos con una magia que cada día me asombraba más.

Ellos, mis niños, aprendieron primero a hablarle a los pájaros que a pronunciar sus primeras palabritas. Y los pájaros les contestaban. Era un concierto maravilloso, armónico, sonoro.

Un día me dije: ¿y por qué no colocar alpisteros para que mis cardenalitos y todos los otros pajaritos que revolotean por aquí tengan un lugar seguro para alimentarse?


LA BÚSQUEDA DE ALPISTEROS
SIN ARDILLAS

Y salí a buscarlos. Me aconsejaron y explicaron. La comida de los pájaros les gusta mucho a las ardillas. Así que tienes que buscar alpisteros en los cuales las ardillas no tengan dónde agarrarse, porque si logran subirse se lo comerán todo y nada le dejarán a los pajaritivos.

No fue fácil la tarea porque además pensaba que las ardillitas también tenían derecho a comer. Ensayé con varios envases. Y en principio reinaron las ardillas. Sabían hacer unos malabarismos increíbles para meter su hociquito y vaciar el alpistero.

Había que buscar la distancia exacta del techo de donde colgaban los comederos hasta el comedero mismo. Si estaba muy cercano, aterrizaban sin ninguna dificultad. Pero si estaba muy abajo, se montaban en los maderos del pequeño porche y le llegaban también.







EN UN PRINCIPIO LAS ARDILLAS
PARECÍAN INVENCIBLES

En un principio parecían invencibles. Las ardillas iban engordando y mis pajaritos se iban sin comer.

Finalmente conseguí la medida exacta. E hice algo indebido. Coloqué un gran alpistero donde la ardillita pudiera alcanzar, pero lo deje vacío. Y después de subirse muchas veces a él y no encontrar nada, un buen día dejó de saltar.

Sin embargo, los pajaritos saben compartir. En sus diminutos piquitos las semillas que caben son muy pocas. Al suelo iban a dar muchas de ellas. El piso era de maderos que no estaban unidos. De manera tal que la mayor parte de las semillitas se iba por los aperturas y lo que quedaba era muy poco para el hambre de las ardillitas.

Me busqué una alfombra de jardín, de un verde agua, que recogía todo el alpiste derramado y le ofrecía un verdadero banquete a las ardillitas. Y de allí comenzaron a comer.

Conseguimos que todos estuviesen contentos. Pero los más alegres fueron los niños. Cuando se sentaban a desayunar, yo los colocaba frente a la ventana de la cocina precisamente donde colocamos los comederos. La fiesta era ver llegar a los pajaritos y detenerse en su aleteo a devorar las semillitas.


LAS CONVERSITAS ENTRE LOS PÁJAROS
Y LOS NIÑOS SE MULTIPLICARON

Había muchos, de todos los tamaños y colores y cantos. Era un espectáculo mayor que cada día disfrutábamos los niños y yo. Las conversitas se multiplicaron y no sé si eran los niños los que aguardaban a los pajaritos o si ya eran los pajaritos quienes esperabn la llegada de los niños.

Hasta que un día apareció primero el cardenal macho. Hermoso, de un rojo profundo. Creo que sabía que lo estábamos esperando porque estuvo el tiempo necesario para que lo descubrieramos y lo saludáramos.

Su confianza en nosotros fue tal que poco después vino su compañera. Y los dos comenzaron a venir de seguidas a buscar su alimento y a recoger el informe del día.

Luego, cuando salíamos a  pasear, ellos nos regalaban sus mejores gorgeos y el día se hacía único y maravilloso.


NUESTRA VIDA COMENZÓ A MEDIRSE
POR LA COMPAÑÍA DE LOS CARDENALES

Nuestra vida y la de los niños comenzó a medirse por la compañía de los cardenales. En las tardes cuando salíamos a pasear, ellos nos divisaban y se confundían sus alitas con el dorado del poniente que se posaba sobre cada hoja, tiñendo todo el paisaje, hasta que a medida que iba asomándose la noche, le dibujaba al cielo pinceladas de mandarina.

Los niños se conocían todas las flores que se asomaban a las veredas y se acostumbraron a hacer ramitos que le llevaban a su mami. Todo el coche estaba impregnado de aromas, colores y hojitas de hierba.




FUERON DÍAS EN QUE LOS NIÑOS Y YO APRENDIMOS
A HABLAR CON LOS PÁJAROS Y LAS FLORES

Y a veces no se sabía si eran las hojas o los rizos los que bailaban al son de un viento venido de los lagos. Sólo puedo decir que fueron días inolvidables, maravillosos, en los que los niños y yo aprendimos a conversar con los pájaros y las flores.

No había pregunta que no les contestara a los niños o a los pájaros. Y la vida se hacía un transcurrir alegre que se cobijaba en las pupilas de los niños, desbordadas de florerías.

Era increíble, pero en aquel pequeño espacio se conjugaban tantas formas de vida y tantos paisajes que se le llenaba a uno el corazón de armonías y cánticos. Los venados caminaban pausadamente entre las casas. Las ardillas corrrían por todas partes. Un topo amenazaba con llegar hasta el sitio donde las ardillas se comían las semillas.

Los patos y ganzos siluetaban sus formas en el cielo cada mañana y cada atardecer dejando los sigos de sus vuelos. Conejos y rabipelados visitaban a menudo. Y hasta un zorro jovencito hizo un día su aparición entre las espigas. Se detuvo, miró, escudriñó y se marchó, sin decir palabra.


MEDIAMOS LA ESTATURA EN LOS ARBOLES
Y EL ASOMBRO EN EL CICLO DE LAS FLORES

Los niños iban creciendo pero no perdían su capacidad para hablar con los pájaros y las flores. Un día ya no cupieron en el coche y comenzaron a hacer el paseo un sus triciclos, en sus patinetas, o simplemente con sus pasos traviesos. Medíamos su estatura en los árboles. Y su asombro en el ciclo de las flores.

Su lenguaje era fluido con los pájaros. Y el sol y la luna se hicieron huéspedes permanentes de nuestras conversitas e imaginerías.

Era un tiempo muy hermoso que le regaló a mi vida el candor de los pájaros, las flores y los niños, en una amalgama de tiempos por venir.



Y EL TIEMPO COMENZÓ A DESHACERSE
COMO UN PASO EN LA NIEVE

Sólo que, como suele ocurrir, el tiempo comenzó a deshacerse como una figura de arena, como un paso en la nieve, una tormenta de verano.  La gente grande comenzó a hacer de las suyas.

NADA DETUVO EL AVANCE DE
LOS DÍAS ROTOS

Ni el reflejo de los árboles en la laguna, ni las circunvalaciones de los troncos cortados, ni el rumor de las espigas al viento, lograron detener el avance de los días rotos.

Una oscuridad imprecisa comenzó a colarse por los parajes hasta entrar en la casa y asentarse en los dinteles de las ventanas, en los rostros, en las palabras, en el aire que respirábamos.


ROTA LA ARMONÍA ADVINO
EL CAOS DE LAS PALABRAS

Rota la armonía advino el caos de las palabras sin significados, de las órdenes sin acierto, de los desmanes y desplantes. Como si un cúmulo de nubes grises y resecas, se hubiese introducido por las puertas y adherido a los techos hasta ocultar toda luz.

El sueño se hizo intranquilo. Las ardillitas se fueron a otros escampados. Los pajaros buscaron otros refugios. Los niños, por primera vez, conocieron de ausencias y se les llenaron los ojitos de preguntas sin respuestas.

SE PARTIÓ EN MITAD LA QUIETUD

Exclamaciones sin sentido se volvieron gritos. Se apagó la cancion y en su lugar se repetía una especie de letanía exasperante que daba cuenta de las horas, como un reloj con sus mecanismos rotos.

Se partió en mitad la quietud. Rompieron su formación los patos. El dorado de las tardes se fugó al otro lado de la ciudad. El silencio se pobló de alaridos.




Y A LOS NIÑOS SE LES QUEBRÓ
LA RISA

Y a los niños se les quebró la risa y se les suplantó por una obediencia sin mesura ni ley. Su tiempo de niños se detuvo de repente. Y una mueca extraña invadió el espacio de los asombros.

Todos los anuncios indicaban que llegábamos al final de un ciclo y al inicio de otro. Pero no nos imaginábamos la hondura del pozo que tendríamos que recorrer para reencontrarnos con los mediodías.



LA TRISTEZA SE ESTACIONÓ EN
LOS PÁRPADOS

Se acalló el lenguaje de los pajaros y los rituales de las mañanas. Como si alguien hubiese sellado el ventanal que da a los alpisteros. Las flores se ensimismaron, como si en vez de abrir se fuesen a cerrar. Y la tristeza se estacionó en los párpados y en la respiración.

Y lllegó el día en que tuve que marcharme de esos sitios, dejando atrás a mis niños de la vida. Y fue tan grande la herida, que salí al jardín que me había recibido, a invocar la presencia de mis cardenales.

EL CARDENALITO REGRESÓ A
DEJARME SUS SEÑALES

Llamé, silbé, invoqué, clamé, y no aparecieron. Ni él ni ella estaban ni en el huerto ni en los árboles ni al vuelo. Y de pronto se me apareció uno de mis niños, con rostro atribulado, me tomó de la mano, en silencio, y me llevó justo debajo del dintel de la ventana por la que los veíamos cada mañana comer del alpistero.

Allí acurrucado sobre sus plumitas encendidas, sobre el césped que guarecía las semillas para las ardillitas, estaba el cardenal. Mata, Mata, me dijo el niño: mira.

Me acerqué y entendí. La muerte del cardenalito cerraba mi ciclo en esa casa. Si al llegar me había recibido con sus cantos y sus travesuras, ahora, allí en su diminuta mortaja de hierbas y hebras, el cardenal me volvía a hablar de nuevo, desde la cancion que llevaba en el piquito, desde su diminuto corazón, para anunciarme la clausura de los mediodías y la sequía sobre la nieve.


NO FUE EN VANO EL TIEMPO
DE LOS CARDENALES

Lo tomé entre mis manos con amoroso recogimiento. Le hablé también, le dije que conmigo me llevaba todos los días que su vuelo me había regalado, que no había sido en vano su tiempo, y que sabía desde ese momento, que como él, tenía que prepararme para abrir nuevas ventanas, en otros paisajes, hasta que ellos lleguen de nuevo a mis ventanales a entregarle a mis niños la sonrisa que se mezcla con sus rizos, mientras reinventan el mundo en la transparencia de sus pupilas.

texto y fotos
mery sananes
noviembre 2010
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