CONTIGO SÓLO IMPORTA LOS
AGOSTO Y NO LOS MAYO
Anahilma:
En este mayo nos alcanza una noticia que se adelanta a esos agostos nuestros que hemos y seguiremos celebrando mientras duren los días. Porque esa información corresponde a un momento más del tiempo al que no le daremos otra importancia que la de reiterar tu permanente presencia entre nosotros.
Nada se nos ha de convertir en despedida cuando tus
abrazos y tus sonrisas los llevamos bordados con hebras de flor en el corazón. Este
mayo tal vez le quiso regalar a tus agostos ese verdor que todo lo cubre, ese
renacer que te pertenece y pertenecerá siempre. Es como recogerte todas las
flores de la primavera en un solo racimo de bellezas desbordadas.
Porque eso has sido y seguirás siendo agosto tras
agosto. Una alada bendición que nos cuida y protege desde todo paraje. De ti
tenemos una muralla de vida, aprendizajes y senderos de protecciones, un manojo
de dulces sonrisas y un vivir que deja sus huellas donde quiera que estés.
Y nosotros tenemos el privilegio de haber recibido y
seguir recibiendo tu compañía, tus afectos, ese tenerte que exhibes como si
estuvieses regando semillitas de cundeamor.
Hoy, amada Anahilma, no hay manera de despedirte. Y sólo nos queda andar a tu lado los caminos
recorridos y tener el privilegio de conocer ese ser de fulgurante lumbre que
eres.
Una lección que permanece abierta, transparente,
inmensa. Un llamado a un hacer y existir que se compagina con la entrega, la
alegría, la capacidad para enfrentar las adversidades y convertirlas en
estaciones de ensayo para mejorar nuestro propio vivir.
Y no hay manera de agradecerle a todos los tuyos el
regalo de tenerte, de haber podido guardar todos los reflejos de amor que
sigues sembrando en cada uno con tu ejemplo creador que trasciende el buen
decir o el escribir y llega a esa inmensa cátedra de vida que ha conmovido y
conmueve a tus tantos alumnos.
Por esto en este agosto, vestido de mayo, te nombramos y festejamos, porque no hay espacio para despedidas sino para esa nueva forma de comunicarnos contigo. Eso es lo que le expropiaremos a los mayos para que tus agostos se multipliquen en rosales y astromelias y nunca se marche tu sonrisa ni nos deje de alcanzar tu amor infinito.
Y a la hora de este reencuentro, Anahilma, sólo te
pido que no olvides lo que tanto sientes:
que te hemos querido y te vamos a querer y amar en todas nuestras
expresiones, mientras exista el registro del viento, manantiales, respiración y
arrullos para las vidas que tienen que seguir por tener ganado cada uno de los
pasos de los tiempos siempre en nacimiento.
mery sananes



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