domingo, septiembre 09, 2012

KADDISH - LEONARD BERNSTEIN


Este material fue utilizado como base para un curso de Lectura Dirigida, coordinado por mí en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, en septiembre de 1981. La traducción de los textos es libre y fue realizada exclusivamente para uso docente.

La experiencia entonces fue de una gran riqueza. Hoy lo colocamos en estas Embusterías, para que cada quien lo lea, mientras escucha la tercera sinfonía de Leonard Bernstein. Y se haga a su vez cantor y creador de la Vida. ms.

El Kaddish es la oración sagrada de los judíos, que se dice para honrar a los muertos. No se puede rezar sino en presencia de diez hombres. Y aquel que tenga vivo a su padre o a su madre, no podrá decirla.

En vida debe haber cultivado al menos la amistad de diez compañeros. Y esa ofrenda final es el deseo más sagrado de todo judío: contar con los diez amigos que puedan cantarle su oración de la muerte.

Parece entonces que ganar el derecho a morir consiste, de algún modo, en haber vivido a plenitud. De allí, tal vez, que el texto original no hable de la muerte sino de la vida.

No es lamentación sino alabanza. No hay llanto sino invocación. No hay pena sino exaltación de lo creado y por crear.

Como una manera de atraer al Todopoderoso, aquí a la tierra, para que junto a los hombres, construya la paz y el amor que ha dicho edificar en el reino de los cielos.

Y ese es al arcoiris que construye Bernstein, para regalarle a dios un sueño que no concluye al amanecer sino que se prolonga en la vida, porque ha vencido la muerte.

Una vida llena de serenidad pero de ira también, de desolación, pero también de esperanza. Donde relumbra el fuego que no consume el arbusto, y canta el viento que hace mecer el trigo y crecer la espigas con el que se hará el pan para todos.

Donde baila el rayito de luz que habrá de prenderse del rocío para ofrendar su aluvión de colores a la alegría de los hombres. Y donde magnificado, alabado y glorificado sea el gran nombre del Hombre, por siempre y para siempre. Amén.

KADDISH
texto de la oración

Magnificado y santificado
sea su gran nombre
a través del mundo que él
ha creado de acuerdo a su voluntad.

Y pueda él establecer su reino
durante tu vida y durante
tus días y durante la vida
de todos en la casa de Israel

Pronto y en un tiempo
cercano y digamos amén

Que su gran nombre
sea bendecido para siempre
y por toda la eternidad

Bendito y alabado y glorificado
exaltado enaltecido y honrado
magnificado y loado
sea su nombre, bendito sea él

Aunque él está más allá de
bendiciones e himnos
oraciones y consolaciones
que puedan ser dichas aquí
en el mundo
y digamos amén

Que haya paz abundante
del cielo y vida para nosotros
y para todo Israel
y digamos amén

Aquel que hace la paz en sus
altos lugares haga la paz para
nosotros y para todo Israel
y digamos amén.


TEXTO DE BERNSTEIN

I INVOCACIÓN

Ah, mi anciano, consagrado, solitario y
desilusionado padre
rechazado gobernante del universo,
hermoso, celoso dios y amante:
rabiosa y arrugada majestad
quiero rezar y quiero decir
un kaddish, mi propio kaddish.
Y oye, Todopoderoso, con toda atención
porque puede que no haya nadie
que lo diga después de mí.
¿Tengo tu atención Padre Majestuoso?
¿Esta mi final a sólo minutos? ¿Una hora?
¿Hay tiempo siquiera para una pregunta?
Podría venir mientras cantamos
y arrebatarnos de una vez y para siempre
interrumpidos en el acto de rezarte.
Pero mientras tenga aliento,
aunque sea breve
te cantaré este kaddish final para tí,
para mí, y para todos aquellos a quienes amo
aquí en tu sagrada casa
quiero rezar y el tiempo es breve
tiempo para comenzar nuestro galante
Yitgadal.

Mgnificado y santificado sea
tu gran nombre
Amén.



KADDISH I CORO

Amén, amén. ¿Oíste eso padre?
¿Tengo tu atención? Sh’lamáh rabá’
Que paz abundante caiga sobre nosotros
Amén.

Gran Dios
seguramente tú que haces la paz en las alturas
que manipulas torpes galaxias
que juegas con espacios llenos
de soles, que haces pliegues con la luz,
que haces girar las lunas
de seguro podrás suplirnos
un toque de orden aquí abajo
en este aturdido y diminuto lugar.
y digamos de nuevo
Amén.

II DIN TORAH

Con un amén en los labios me aproximo
a tu presencia, padre, no cn temor
sino con cierta furia respetuosa.
Tengo muy poco tiempo, como bien lo sabes.
¿Reconoces mi voz?
¿Debo presentarme de nuevo?
Aní Havazalet ha-Sharon.
Shoshanat ha-Amakín.
Soy el lirio de sharon, la rosa
de los valles, la hija de sión.
Soy aquella parte del Hombre
que hiciste para sugerir tu inmortalidad.
Seguramente me recuerdas ¿verdad, padre?
Soy la parte que rechaza la muerte, que insiste
en tí, que diviniza tu voz, adivina tu gracia.
Y siempre has oído mi voz
siempre me has saludado
con un arcoiris, un cuervo, una plaga,
algo. Pero ahora nada veo. En este tiempo
preciso nada me muestras.

Padre, trata de entender lo que está ocurriendo.
He sido exiliada del Hombre, no más respetada
mientras él corre libre, libre para jugar
con su fuego recién encontrado, ávido de muerte,
de una voluptuosa, total y definitiva muerte.

Dios, Señor, te llamo para que vengas
y no me rechaces como si estuviera jugando
a ser una hija desafiante e impúdica rebelde
a quien podrías dominar con solo una cachetada.

Sabes quién soy. Aní havazelet ha-Sharon,
el lirio que el hombre ha recogido
y lo ha tirado.
¿Y tú dejas que eso ocurra, Dios de Dioses?
¿Tú con tu maná, con tu pilar de fuego?

Preguntas por fe. ¿Dónde está la tuya?
¿Por qué has quitado el arcoiris, el hermoso
lazo que tenías anudado a tu dedo
para recordarte que nunca debías olvidar
tus promesas?

¿Debo citar tus propias palabras?
“Coloco el lazo en la nube...
de manera que pueda verlo y
recordar mi eterno compromiso.”

Tu compromiso. Tu trato con el Hombre.
Dios de hojalata. Tu trato es de hojalata.
Se arruga entre mis manos.
¿Dónde está la fe ahora? ¿La tuya? ¿La mía?

Perdóname padre: estaba loca con la fiebre,
sobreviene el caos y he sucumbido.
¿Te he herido, padre? Perdóname.
En medio de la fiebre he olvidado que
tú también eres vulnerable.
Si mi fe es temblorosa
¿cómo habrá de ser la tuya?

Pero tuyo fue el primer y fatal error,
creando al hombre a tu imagen y semejanza.
Falible. Querido Dios, cómo debes sufrir,
tan lejano, viendo con lamento tu obra
que se yergue sobre dos pies, torpe, mortal.

Mi desconsolado padre, si pudiera confortarte.
Apriétate contra mí para mecerte
hasta dormirte.  ¿He de cantarte?
¿He de contarte historias de otras estrellas,
estrellas que amas, que merecen tu amor,
estrellas que no disgusten, ni desgracien,
ni maltraten tu amor?
Ojalá que existan, padre, por tu bien.

La piedad de mi corazón inunda mi garganta.
Apenas puedo hablar.


KADDISH 2 SOPRANO SOLO

Que seas confortado, magnificado,
santificado...

Duerme, padre mío, descansa tu ira.
Duerme suavemente.
Déjame inventarte los sueños,
soñarlos por tí, tan dulces como pueda.
Tal vez soñando pueda ayudarte a encontrar
tu imagen de nuevo para que la ames de nuevo.
Te llevaré a tu estrella favorita
a la más grande de tus creaciones
y haremos una especie de fiesta
y tomados de la mano, como niños pequeños,
miraremos, con asombro, abiertos los ojos,
los trabajos de la perfección.



III SCHERZO

Así que éste es el reino de los cielos,
padre, tal como lo habías proyectado,
cada clisé inmortal en su sitio
los corderos haciendo cabriolas
el trigo meciéndose, los rayos del sol
bailando.
Pero algo está mal.
La luz: quieta. El aire: estéril.
¿Sabes qué es lo que está mal?
Que no hay nada que soñar.
Ninguna parte donde ir.  Nada que conocer.
Y estas criaturas de tu reino
estas personas sonrientes e indoloras
¿fueron creadas a tu imagen también?
Tú eres la serenidad pero eres la ira también.
Yo lo sé. Lo he sentido.
Tú eres esperanza pero también desolación.
Lo sé. Me has desolado.

Pero no, estas criaturas, estas personas
perfectas, ellas están más allá de la
desolación o la esperanza.
No existen, padre, ni siquiera en lo
leve de nuestros sueños.
Regresa conmigo a la estrella de la desolación
regresa, padre, a un lugar donde soñar
es posible y el dolor es posible,
tan posible que tendrás que creerlo.
Y en el dolor reconocerás al fin tu imagen.

Ahora te mostraré un sueño para recordar.
Verdaderas y vivientes maravillas. Asombros
genuinos. Milagros relumbrantes.
Mira: un arbusto que arde.
Mira, una rueda que gira fogosamente.
Un cordero. Una piedra. ¿Habré de lastimarlo?
Mira, se alegra, hace brotar su alegría.
Lo he logrado.
Estoy echando a correr este sueño.
¿Creerás, ahora?
No puedes escaparte todavía.
Te tengo, padre, encerrado en mi sueño
y tienes que permanecer allí
hasta la escena final.
Ahora, mira hacia arriba. ¿Qué ves?
Un arcoiris que he creado para tí.
Mi promesa, en colores brillantes y permanentes.
Míralo, padre.  Cree. Cree.
Mira mi arcoiris y dí conmigo
Magnificado... y santificado...
Sea el gran nombre del Hombre.

KADDISH  CORO DE NIÑOS

Los colores de mi arcoiris te están cegando,
padre, lastiman tus ojos, lo sé.
Pero no los cierres, no te vayas.
Mira ¿te das cuenta qué sencillo y pacífico
se torna todo, cuando se cree?

No te despiertes todavía. Por más inmenso que
sea tu dolor. Te ayudaré a sufrirlo.

Dios, cree, cree en mí
y verás el reino de los cielos
tal como lo proyectaste:
los corderos saltarán gozosos,
el trigo se mecerá al vieto,
bailarán los rayos del sol,
rondarán los serafines.
Mira cómo mi arcoiris ilumina la escena,
querubines llaman de un extremo a otro
cantando tu alabanza.

El arcoiris se está yendo. El sueño ha concluido.
Debemos despertarnos y el amanecer está frío.

FINALE

El amanecer está frío,
pero ha llegado la mañana.
Padre, hemos ganado un nuevo día.
Hemos soñado nuestro Kaddish y
hemos despertado vivos.
Buenos días, padre, todavía podemos
ser inmortales.
Tú y yo, unidos por mi arcoiris.
Ya no puedes darte el lujo de mi muerte,
porque si yo muero, tú mueres conmigo.
pero mientras yo cante, estarás vivo,
y mientras yo viva, continuaré inventándote
padre, y tú a mí.
Ese es nuestro trato y honrarlo
es honrarnos. No es exactamente lo que
habíamos negociado tiempo atrás
cuando aquel otro arcoiris, el primero.
Pero entonces yo sólo era una criatura
indefensa, con mis brazos aferrados a tí,
muerta sin ti. Pero ambos hemos crecido.
Tú y yo. Y no estoy triste.
No lo estés tú tampoco.
Desarruga el ceño, vuelve a mirarme
con ternura.
A mí, a nosotros, a todas las criaturas vivientes
de Dios, en esta casa sagrada.
Y nosotros también te miraremos a tí,
padre, con ternura.
Ah mi padre, mi dios, mi amante.
Amorosa majestad, mi imagen, yo misma.
Somos uno, después de todo, tú y yo.
Juntos sufrimos. Juntos existimos.
Y nos recrearemos uno a otro por siempre
y para siempre.














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