domingo, abril 29, 2012

IMANERÍAS III


Miguel Ángel / La creación


Los imanes de Dios
todavía no han alcanzado
la vida de los hombres




Agustín Blanco Muñoz
Serie Imanerías






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viernes, abril 27, 2012

LOS ABRILES




I

Abril es
el trino de un
pájaro masticando el
paladar de una flor

II

Una lluvia tejiéndole
rizos a la hierba

III

Un cielo empalagado
de migas de polen

IV

Una llovizna de besos
tallados en la garganta
de un sapito

V

Un adagio
en las frágiles cuerdas
de una chicharra

VI

Un brote de menta
en los aguijones de
una avispa

VII

Una travesía de miel
en las comisuras
del tiempo


texto y foto / mery sananes



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IMANERÍA II


Marc Chagall



Si somos imán
¿por qué no ser
imán de amor?


agustín blanco muñoz
serie imanerías




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miércoles, abril 25, 2012

IMANERÍAS I





Imán
con tu nombre
se cuecen estrellas
y pedacitos de
amores


agustín blanco muñoz
serie imanerías
foto / abm






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domingo, abril 22, 2012

LOS PAJARITOS DE TU RISA

para michino

Hoy tengo para ti la manera
más grande de quererte
que sigue enhebrada  en los
amores que siempre nos
andamos confiando y que
nos unen y unirán por los
caminos que nunca se irán
de los pasos que nos dan los
los pajaritos de tu risa

akami


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PÉTALOS PARA TU ALQUIMIA


para michelino


Hoy como ayer y mañana
te doy pétalos  para tu
alquimia de desenfrenado
transeúnte de los fuegos de
un cantar que se vuelve
mensaje de sol para las tardes
de tus magias de alegrías
en sal de vidas y amores




akami



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sábado, abril 21, 2012

LA MIEL DE TU PALADAR





A Michelino

Dime hijo cómo dibujamos el horizonte sin
el atril de tus disonancias guindando de
las nubes como un lienzo de reverón

Cómo calculamos la elipsis del abrazo que no
nos dimos en esta madrugada de abril
entre tu ilusión de azahares y ese asombro
de mandarinares esparcido en la estancia
de los absurdos

Cómo entregarle al día la noción de tu
resplandor si tu ausencia es como un
velamen enardecido en busca de un bajel

Tú nos naces a cada instante en el volantín
de tus párpados apegados a aquel cristal
que nos otorgaba cada mañana las claves
del día en su cosecha de lluvia o de sol
en tu mirar de pájaro sin canto
detenido en el silencio de tus suspiros
aguardando el milagro de las resurrecciones
 y el andante enamorado de tus 
pasos de ardilla

Yo mido con precisión de campanario
las aspas del viento que no mecen tus rizos
y recorremos cada hebra con la miel de
tu paladar hasta llenar la tarde con
el alfabeto de tu risa y el verde gerundio
de tus decires de flor


texto y foto / mery sananes






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LA SERPENTINA DE TU RISA



A Michino


Amaneciste de primero un
veintiuno de abril abriéndole el
paso a michelino y desde entonces
tu risa se desborda como un río
de golosinas sobre el  
herbolario del vivir

Con ella le regalas a los días
astromelias de amor dentelladas
de sol y esos espacios tuyos
habitados de rosas y azulejos
        que le entregas sin pudor al
regazo enamorado de tu madre
como rehaciendo el cordaje
que alguien abruptamente destejió

Y allí en ese ritual nocturno
que destierra los jamases y
resguarda las cornisas del siempre
tú te cuelas como un pez en la
garganta donde tu madre aliña
sus besos y allí anidas rumoroso
estableciendo un tiempo
sin intervalos ni silencios

¿Será por eso que a veces voy
recogiendo la serpentina de tu risa
regada sin querer desde las
lágrimas de tu madre?


texto y foto / mery sananes





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viernes, abril 20, 2012

DÍGAME - DE PARTIR

vincent van gogh


Dígame
no entender
que en cada ataúd
que vemos partir
va un pedacito de nosotros!




agustín blanco muñoz
serie / dígame
fotos / mery sananes


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miércoles, abril 18, 2012

DESDE EL MAR - CARTA A SEBASTIÁN



No fuiste con nosotros a la travesía por el mar que siempre te ha pertenecido. Allí estábamos, como siempre, todos los que te vimos insurgir como una ráfaga de risa, precedida por una imagen que tu madre recogió sobre una mesa de madera antigua, y que llevaba tu rostro adivinado en sus esquelas.

Los que te abrazamos cuando abriste los ojos, los que cuidamos tus sueños cuando apenas de días, llorabas largamente hasta que tu mata te tomaba sobre su pecho y te dormías.

Los que te escribieron tus primeras canciones y tus primeras cuenterías. Los que dibujaron sobre las embusterías un poema por cada asombro que tu ojo avisoraba. Los que te vimos crecer, los que dibujamos cada nuevo movimiento que hacías. Tu primera risa, la primera vez que te erguiste sobre tus dos párpados. Cuando acometiste tu primera fuga. La primera vez que descubriste el rocío y armaste aquella fiesta inolvidable con el agua.

Los que te acompañamos a tirar guijarros en el estanque y a correr detrás de una mariposa blanca que se hizo tu compañera en los huertos de la primera casa que habitaste. Los que fuimos recorriendo con tu andar cada pliegue de la corteza de los árboles,  para aprender a calcular su edad o simplemente a admirar la coloratura de sus hojas. 

Los que desentrañábamos, alrededor de tus preguntas, la mansedubre de los hongos de lluvia y el fulgor solar de los dientes de león que anunciaban la llegada de la primavera.

Los que nos acurrucamos a tu lado cuando un dolor o una fiebre te envolvía. Los que te mostramos los misterios de la vía láctea, las maravillas de las estaciones, el prodigio de las cosas más diminutas y la magia de los constelaciones más lejanas.

Los que pasábamos largas horas escudriñando el cielo para ver pasar una estrella fugaz. O descifrando los mensajes celestes de las nubes. Los que inventábabamos toda suerte de hazañas mientras tu recreabas batallas insólitas en aquel estanque donde todo era posible. Cuantos sueños no dbujamos en esos días.

Tu madre cantaba  y bailaba contigo, te prodigaba un amor del tamaño del universo, porque nada mas que de mirarse en tus ojos, la vida se volvía un milagro.

Ella sabía contener tus fiebres, aliviar tus dolores. Te ayudaba a comprender la complejidad de los números y la hermosa sencillez del alfabeto. Ay chipilipitoco cómo se inventaba la risa entre tu madre y tú.



Eran aquellos días en que te mecías tomado del dintel de las puertas, o que escuchabas aquellas cajitas de música que te hicieron enamorarte de una diminuta figura de color rojo a la que le regalaste el corazón por primera vez.

Eran los días en que comenzabas a salirte del regazo de tu madre y te llevamos a un recinto extraño donde debías quedarte y contemplábamos por aquel vidrio opaco de la puerta como aguardabas la hora en que mami te volvería a buscar.

Son tantas las memorias, las imágenes, Chipilipitoco, que todo un libro no alcanzaría contarlos.

Recuerdo a tu madre proyectando el cuarto primero que tuviste. Buscando tus primeros ropajes. Llevándote a colocar las primeras vacunas. La recuerdo siempre armada con almaciguerías y con un cesto de medicinas y tinturas milagrosas en las que había curaciones para todo: las alergias o las erupciones, la tos o el cólico,  para las calenturas o la melancolía.

A ninguna parte iba sin tener para tí un equipaje de hierbas de besos y de amores, para cobijarte en las noches, velarte por las madrugadas, escucharte en los días. 


No hubo conjetura, acción o pensamiento tuyo que no acompañara tu madre como un imán. Tú el hijo primero, el primer abrazo, el primer cordon hacia la vida. Ay mi sebastián si supieras cómo adornaba tu madre tu casita primera, aquella la de aguas cálidas y salobres en las cuales tu respiración era de flor. 

Allí te nutrías mientras ella se detenía a medir la fuerza de tus movimientos, a escuchar las primeras sístoles de tu corazón. Chipili, nunca vi amores tan inmensos ni una entrega tan alta.

Tal vez no te recuerdes, pero aprendiste a caminar en en ese enigmático recorrido que iba de los brazos de tu madre a los de tu akami, allá frente al Ávila, a la sombra de la flor de baile, y en medio del aroma de la curía.

En aquel recinto en el cual la batea se convertía en un estanque de peces multicolores donde podías colgarte el sol a la cintura para irte con tu tío jeijei a comerte el mundo.

Y hoy, Chipili, en estos días en los cuales el mar escribe sonatas de amor sobre el viento, cómo explicarte lo que significó para nosotros que tú no estuvieras.  En cada grano de arena soñábamos tus pasos. En cada olejaje sentiamos tu respiración, en cada nube estaba prendida tu risa, en cada amanecer la alegria de entrar a tu candor y cocinarlo con miguitas de amor.

Que falta nos has hecho, hijo. Aquellas aguas marinas tranquilas te aguardaban. Los pelícanos y las gaviotas danzaban en círculo como esperando que te aparecieras. La noche destilaba estrellas empeñadas en buscarte.

Y nuestros brazos se cerraban cada instante sin que tú estuvieses dentro de ellos.

Te extrañamos hijo, te queremos. No lo olvides. Y quiero que sepas además, que aunque no estés, te llevamos con nosotros a donde vamos. Akami te canta cada noche, busca tus piecesitos para sembrarle en ellos su alegría. Jejei te lleva de paseo sobre sus hombros hacia la aventura de lo que aún no conocemos. Ciput amasa con amor hora tras hora hileras de empanaditas para vértelas comiendo con  la boca de tu risa.

Y yo tu mata, te escucho en cada silencio, y en el canto de cada grillo. Te veo venir en cada esquina, te imagino saliendo de las olas con tus manitas llenas del traje de las caracolas.



Sé, hijo de la vida, que volverán los días de estar entre nosotros, que recuperaremos las ausencias a las que nos obligaron, que volverás a recostarte sobre mi alegría, para ir a descubrir las historia de una ballena blanca o de aquel submarino que llegó veinte mil leguas dentro del mar, que juntos nos asomaremos a estos lugares en los cuales como El principito bastaba girar el rostro para descubrir un amanecer o una aurora mojando de hilos dorados la tristeza de no tenerte.

Y verás como en cada caracolito recogido y ofrendado, queda grabado el sonido del corazón de tu madre diciéndote: te quiero. 



17 de abril del 2012

texto y fotos
mery sananes
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jueves, abril 12, 2012

DECIRES DE SOL




Luz en tracción de sal en
medio de una respiración de
navíos que vieron entregar
sus pedazos de ayer a las
aguas que nunca se terminan



texto y foto
agustín blanco muñoz





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martes, abril 10, 2012

DÍGAME - DEL TIEMPO



Joan Miró




Dígame
cuando se acabe el tiempo
de saber que no se vivió




agustín blanco muñoz 
serie dìgame


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lunes, abril 09, 2012

RUBOR DE ÁRBOL





Faena de invierno
para alcanzar la primavera
recadería del viento
en el velero de las hojas
andén de sed en estación de sequía
rubor de árbol en nocturno 
de perplejidades
agujero de chicharra
horadando acordes
sobre la grieta de la tierra
tránsito de raíz y
emergencia de tallos
hasta arribar a la floración
de los capullos
el cantar de los arroyos
el establecimiento del amor


texto y foto / mery sananes


 


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domingo, abril 08, 2012

DÍGAME DE UN CELLO

Naufragio / Pablo Rodríguez Guy




Dígame
el día en que
ese cello de sonatas
se coloque en el filo
del adiós de
aquellos naufragios


agustín blanco muñoz
serie dígame

Sonata para cello / Henry Eccles

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sábado, abril 07, 2012

EN LAS HEBRAS DE UN SUSPIRO




Nada más frágil que el equilibrio
de los lugares hermosos

Marguerite Yourcenar




Todo equilibrio es frágil 
en estos tiempos de tumultos
porque los lugares hermosos 
son imaginerías del espíritu
recaderías de flor torrentes
de agua mansa alucinando
sobre los rostros para dejar
en ellos la petalería de un beso
o el rumor de un ala adormecida
sobre el horizonte de unos
párpados en un instante hecho
de las hebras de un suspiro y
sin embargo es desde esa leve
estructura de espejos sin anverso
como anclamos en estas horas
rotas para restablecer la alegría

texto y foto / mery sananes



Ofrenda Musical / Juan Sebastian Bach
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viernes, abril 06, 2012

LA TEMPESTAD


Jules Dupré 


Hoy sólo quisiera
hundirme contigo
en las aguas de los dioses
del amor de fantasía que
se agolpan en el propio
designio que lanzas por las vidas
de mar que encienden cada día
el incipiente tropel de hojas
sedientas que en risas avanzan
hacia el punto que marca
el infinito de pájaros
en canción de tempestad


agustín blanco muñoz



Beethoven / Sonata Tempestad



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jueves, abril 05, 2012

CARTA A SALVADOR

las orquídeas de Yolanda


Salvador

Cuántas horas desde aquel patio donde nombramos a Sebastián Caramelo con las aguas del afecto y la risa del porvenir, mientras las verduras maduraban un caldo de alegrías en las manos artesanas de Daniela. Cuántos días erguidos sobre el césped de un tiempo construido para la risa y la camaradería, aliñados siempre con los ajíes maduros del maestro Luis, más experto en la nervadura de sus matas de cambures y naranjas, que en la estructura ósea de los dientes.

Cuántas estaciones tramontando el viento con las sonoridades de aquellas carreras a pleno mediodía para escribir sobre las escalinatas del olímpico una historia de amistad que se fracturaba a ratos con la ausencia o la historia adolorida de una separación que se colaba como lluvia sobre los aleros.

Cuántas cuenterías derramadas en aquel camino que conducía desde el Botánico hasta el cielo azul, mientras Agustín se detenía a escuchar las lecciones vegetales que le daba Aristóbulo, mientras en un péndulo alineaba la cadencia de los sentimientos.  O a descubrir un día esclarecido el parto de una palmiflora  que sorprendió la mañana como si fuese una galaxia haciendo explosión en las laderas del Avila.

Cuántas conmociones le fueron poniendo cercos a los días y aventando a la distancia las palabrerías que recorrían los corredores de la ucv, mientras el reloj en silencio daba cuenta de un tiempo que aún no conocíamos.

Y advino la fuga y el silencio donde antes se sembraban bullicios y huertos de esperanzas. Y cada quien fue al encuentro de un destino escrito en las línea asimétricas de una mano tallada desde mucho antes del nacimiento, que no sabiamos leer. Y se detuvieron los engranajes del porvenir y dejaron huellas que aún buscamos descifrar.

Un Igor se nos fue llevándose aquella bendición que diariamente nos regalaba y hasta un día la vida dio cuenta de un diminuto Salvador cruzando una calle aferrado al pecho de su padre y a las canciones de cuna de la madre, sin que nada detuviera su despedida.

Cuantas heridas disparadas hacia el interior de uno mismo, mientras tú, Salvador el padre, desmenuzabas con precisión quirúrgica los hilos de la respiración para poder comprender el ritmo de los sobresaltos.

Junto a la reingeniería tecnológica fuiste descubriendo paso a paso las leyes mayores del universo, las que rigen el átomo más diminuto hasta el parto de una nueva estrella. Hurgaste cada uno de los sentimientos que manan de nuestro frágil plexo solar para establecer en cada uno el color de la tristeza o el atemperado cordaje de las  melancolías.

Y tus manos aprendieron a recomponer la armonía y el equilibrio que rompemos a cada instante, llenos como estamos de espejismos, sin advertir que en cada resquicio de nuestro ser habitan torrentes de soles y océanos de bienaventuranzas.

Y así, en este miércoles, Salvador, con estas palabras que entrañan tanto, me dijiste: hoy mi padre desencarnó, sabiendo que un ciclo se ha cumplido para dar inicio a otro, más vasto, más móvil, más eterno, que sin embargo deja un código establecido y un andén por recorrer.

Y como entonces, en aquel patio de Walter, lleno de florerías y aromas en los cuales los árboles nos regalaban caramelos, te acompaño en tu travesía hacia el padre, que con tanto amor acariciaste, adivinando despedidas, para acompasar las horas con el sonido claro y transparente de tus cuencas de cristal, para que te devuelvan, como a mí, la simetría de la vida, los magicos acordes del corazón, cuando afianza sus sístoles con la respiración del universo, y percibe cuántos pasos aún nos toca escribir con el cincel de la alegría, sobre estas horas rotas de un tiempo empeñado en perder su conexion con lo vital.

Para poner sobre tu pecho esos mágicos cordeles que restituyen los pasos de la vida en las coordenadas de nuestros espacios y que así puedas acompañar a tu padre en ese recorrido que aún guardas entre tus manos.

Juntos andaremos a la caza del canto de los sinsontes, del parto de las orquídeas que atesoran las manos de Yolanda, y de la música que dejan al nacer en el aire los retoños de los árboles. Y volverán a nacer caramelos en los mediodías de los hijos.

te quiero con el alma
04 de abril del 2012
mery

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miércoles, abril 04, 2012

HUELLAS DE JAZMÍN




Derramo las palabras como si
estuviera regando una planta
sembrando semillitas en un huerto
dibujando los acordes de un adagio
en una partitura sin notas

Como quien recorre un pasto
alto para luego salir a mojarse en
algún arroyo cercano y conjugar
la sed con las florerías y el asombro
con la piel de un fruto dúlcimo

Como estampar huellas de
jazmín en un cántaro vacío y
y escanciar un zumo de besos en
la copa invertida de un campanario

Sólo que cuando el agua corre
aunque sea en los hilos frágiles
de su estructura de estrella
no la detiene ni la hierba
ni la piedra sino que prosigue
su andar como si fuera un
diminuto caracol de tierra en
busca de los murmullos del mar

texto y foto / mery sananes


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martes, abril 03, 2012

BRAHMS SU REQUIEM


Salvador Dalí


Dígame
si el amén sigue en su destino
y  Cristo permanece en la
piedad de los siglos!


agustín blanco muñoz
serie dígame




BRAHMS / REQUIEM










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lunes, abril 02, 2012

DECIRES DE HOY




hoy amanecí
sucintamente
enamorado tuyo


agustín blanco muñoz
serie decires




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domingo, abril 01, 2012

LA CAJITA DE TUS ALAS




Zaira
hoy sé que con
la cajita de tus alas
se puede construir
remanso para todas
las tempestades




agustín blanco muñoz
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ZAIRA DE LOS SUSPIROS



Quien dijo Zaira de mis amores
que a tí se te podía sacar cuentas de
calendarios si no hay con que medir
la dimensión de tus días ni la estatura
de tus quereres

Quien dijo Zaira de los solares
que se puede elegir una fecha para
festejarte si es inacabable la
aventura de pasar por los engranajes de
tu corazón de pomarrosa y tempestad

Quién dijo Zaira de los sortilegios
que tú naciste una mañana de abril
si cada día en tus ojos se aposenta
un amanecer distinto
si entre tus dedos los colibríes hacen
sus nidos y en el centro de tu pecho
se enraiza el árbol de la vida con un
fruto nuevo cada primavera

Quién dijo Zaira de los milagros
que pasa el tiempo por tu rostro de
petalerías si de él manan aguas dúlcimas
y si en tus párpados se agita un alondra
en vuelo hacia la estación de los deseos

Quién dijo Zaira de los regazos que la piel
se empalidece en el azafate de los cielos
si en la terneza de tus brazos cabe la juglaría del asombro 
enastado en la risa de los niños

Quién dijo Zaira de las ofrendas
que en tus vuelos nocturnos hacia el país
del alma  por donde navegas cada vez
que un astro se apaga en el solar del universo un reloj  desorbita sus agujas intentando fijarte en algún cuadrante de la eternidad

Zaira de los suspiros yo te digo en este abril de resurrecciones 
que tu tiempo es y será siempre
la gota de amor que sostiene la vía láctea
el acorde del silencio que hace girar las galaxias  un aura violeta suspendida  en el corazón de la tierra


mery sananes
01 de abril del 2012


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