sábado, marzo 16, 2013

CÉSAR VALLEJO - ¡HAY HERMANOS, MUCHÍSIMO QUE HACER!


César Vallejo por Pablo Picasso


¿Y qué hemos hecho con el dolor ubérrimo de Vallejo? El dolor que crece en el mundo a cada rato / a treinta minutos por segundo? Ese dolor dos veces que nos duele doblemente. ¿De qué nos ha servido esa expedición desolada por el paisaje del dolor, la muerte, la desesperanza? ¿Qué hemos hecho con la palabra que tuvo que inventar porque ya en las letras diccionarias no cabía el húmero de su desazón? Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas.

JAMAS, HOMBRES HUMANOS, HUBO TANTO DOLOR

¿Para qué lo hemos leído? ¿Para cargar a cuestas su dolor como un expediente que fuera de otro? ¿Para catapultarlo a las primeras letras de las antologías y reafirmar su carácter de Poeta Mayor? ¿Y qué de las causas que irrigaron su morir? ¿Qué de las guerras que aún rondan este planeta con su cosecha de muerte y destrucción? ¿Y qué de este tiempo prolijo, indefinido, neutral, protagónico, insoportable al cual asistimos como espectadores? 



Vallejo esgrimió su sufrimiento como un arma letal contra los depredadores de vida. No fue un verso montado sobre el cairel de una rima, ni sobre una nueva vertiente poética. No escribió para que lo leyéramos sino para que saliéramos a combatir la injusticia, la muerte desgajada en infinitos. Jamás, hombres humanos, / hubo tanto dolor en el pecho.

COMO HERMANOS HUMANOS NO DECIROS
QUE YA NO PUEDO CON TANTO CAJON

Cómo abordar sus versos desde el libro, desde un espacio de reflexión literaria, si cada palabra es como si se empozara en nosotros el odio de dios. Si cada verso es como si se nos abriera la tristeza toda, de una sola vez. Recogió el llanto y el sufrimiento de quienes no podían hablar dinamitados como estaban por el odio de los sepultureros, los mercaderes, los asesinos. De los que fueron al combate asistidos sólo por un corazón que quiere ser hornero y una bandera, como un manto, que lleva grabada la vida en hilos de sangre. 



¿Y que hacemos con nuestros muertos, los de entonces y los de ahora, los que se siguen sembrando, sin que todavía llegue el tiempo de que crezcan en la tierra, como quería León Felipe, para que regresen en las raíces de los centenos? ¡Cómo, hermanos humanos, / no deciros que ya no puedo y / ya no puedo con tanto cajón, / tanto minuto, tanta / lagartija y tanta / inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!

PERO EL CADÁVER AY SIGUIÓ MURIENDO

¿Qué hacemos con la vida que decimos tener, si ella pasa, como si nada, por este tiempo de asesinos, sin que nada parezca detener la mano que hiere? ¿Qué hacemos con este sufrimiento que César nos deja grabado para que no se borre jamás de la faz del viento? Ay, de pronto no somos sino portadores de herrajes para marcar ganado, de armas que otros disparan por nosotros, contra cualquier pecho llevado a rastras a un campo de batalla para librar una guerra que no le pertenece. 



¿Hasta cuándo? ¿Miraremos hacia otra parte para no advertir el horror? ¿O lo convertiremos en tema de sobremesa, material para el ensayo, hospedaje de ideas? Pero el cadáver, ay, siguió muriendo!

ENTRE DOS POTESTADES DE LADRILLO

Con el dolor de Vallejo hay que salir, como él, al mundo a advertirle al hombre que se la pasa matando la vida que no tiene, que sólo hemos multiplicado la muerte sobre esta tierra, que aún no florece en nosotros, el barro que hace el fogón que cuece el pan. Y que hay que salir a buscarlo, a reinventarlo, a atraparlo dondequiera que esté. Que hay que expropiarle la arcilla a los hacedores de muros para levantar en su lugar el fuego de la vida. Y hay que empezar por nosotros mismos.



¿Qué parte de nosotros no está tomada por la muerte? ¿De qué instrumentos disponemos que no sean de guerra y de exterminio? ¿Es que acaso con la dulce melodía del amor, con la que tanto nos gusta arrullarnos, hemos podido convertirnos en fabricantes de adobes? ¿O acaso esgrimiremos nuestra capacidad para el odio, el exterminio, la masacre, a través de la cual avanzamos creyendo que las nuestras sí son las banderas de la justicia y de la vida? Vallejo existió entre dos potestades de ladrillo.

Y EL CADÁVER FINALMENTE ECHO A ANDAR

Todos somos sepultureros. ¿Cuándo aparecerá el hombre que clame por la vida? Vallejo lo hace en cada letra de su sufrimiento, en cada arista de su dolor adolorido, porque en ellos revienta la vida de la que hemos sido despojados como hombres, como habitantes de este planeta, como colectivo y como gente. Andar con Vallejo no puede tener sentido a menos que salgamos a inventar futuro. 



¿Cómo? No lo sé. Porque es tarea de todos, es tarea del hombre que debe insurgir alguna vez contra el quasihombre que lo ha detonado desde sus inicios. Porque es un canto colectivo, y una canción hecha jirones que deberá recomponerse. Y por que es una batalla que debemos dar con los signos de la vida y no repitiendo los esquema de la muerte. Entonces, todos los hombres de la tierra / le rodearon, les vio el cadáver triste, emocionado; / incorporóse lentamente, / abrazó al primer hombre; echóse a andar...

¿Y LO HAREMOS ALGUNA VEZ?

Porque se trata de deshacernos de rimas y dogmas, de banderas que otros nos inventaron y de las mentiras que nos impusieron. Derribar a los mercaderes y a las iglesias, y de una vez por todas querer construir la casa del hombre. Aquella en la que Vallejo podrá desvestirse del dolor y volver a ser un corazón florecido. Aquella en la que el hombre reparte el pan caliente de su corazón, mientras borda florerías sobre las campos devastados por las minas del odio y el crimen. 



!Ah desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer. ¿Y lo haremos alguna vez? No en la dirección de los políticos, los sepultureros, los fabricantes de bombas, los negociantes de la vida, sino en la del poeta que rescata desde el fondo del abismo, el hombre que será, ese hermano hombre humano, que aún no es, pero que reverbera, como una campana que aún no ha sido estremecida por la corriente infinita del viento-vida. 


Para dejar de haber nacido para vivir de nuestra muerte. Y alguna vez comenzar a vivir la vida que nos hará hermanos hombres humanos vivos de verdad.




mery sananes / 15 de abril del 2004

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente recreación de la producción literaria de Vallejo. Y mejor reflexión de vida.

pablo moraq dijo...

http://poesiasociedadanonima.blogspot.com/2014/03/triptico-cesar-vallejo.html

Anibal Canchaya dijo...

Vallejo paso de largo frente a la visión del mundo andino que sin lugar a dudas estaba muy cerca a el en Santiago de Chuco. No la conoció por eso escribe al dolor que crea la visión del mundo de un individualista. A veces imagino versos andinos escritos por Vallejo como letras hermanas del Condor Pasa.
Pero se sienten pasos ya llegan los tiempos en que nuestra cultura de un aporte mas contundente que los productos agrícolas de suprema calidad orgánica, del concepto de confederación de naciones, se avecina una era de una sociedad dual complementaria y de los Vallejos de la alegría.

Anónimo dijo...




Hay
Pablo Mora

In memoriam: José Saramago

Hay un retrato de agua y de quebranto palabras de entre casa y las de cambio un juntar de palabras escondido una cuerda más tensa y resonante la amenaza de muerte o de esperanza hay sombras y luciérnagas hay vida ese olor de mujer que nos persigue o ese clamor de patria que nos reta o con el alma de la patria en ascuas una vena sangrando de pavor la nocturna memoria sofocada el murmullo del día amanecido la jaula de locura enfurecida hay mentiras de más y compromisos la vida inesperada descubierta la promesa escondida en la semilla aguas blancas secretas reunidas lo amargo de las sombras y las penas

Hay el grito solar como protesta el infierno el martirio de los hombres un río una promesa el mar dormido un juego de demencia una ventana el íntimo rumor que abre las rosas el camino del perro su pupila señales de estar vivo y en peligro la noche y su recado a la intemperie altos troncos y en lo alto el claro canto la palabra y el llanto y sus hogueras el mar su llamarada sus confines grandes secretos todos escondidos hay un terror de manos en el alba un rechinar de puerta una sospecha un grito que horada como una espada un ojo desorbitado que te espía hay un fragor de fin y de derrumbe un enfermo que rompe una receta hay un niño que llora medio ahogado hay un juramento que nadie acepta una esquina que salta en emboscada un trazo negro un brazo que repele un resto de comida masticada una mujer atada que se acuesta

Hay flores que navegan en azul hay la antigua memoria de las aguas un árbol que conozco de memoria hay un hombre velando desatado hay una noche insomne rebelada la lumbre del asombro al descubierto el fondo más lejano de los vasos hay un viento que danza hay una calle un cielo hay unos árboles en fila hay una soledad ciertos recuerdos hay una atmósfera de hollín cargada de asombro de pavor de escarapela hay un viento que danza enloquecido hay un reloj de tiempo detenido hay un reloj paralizado ahora una calle un rencor hay alguien solo hay hambre junta en oleada atroz hay hambre antigua nueva y a montones la miseria el luto otra vez el hambre al hombre lo cobija el hambre antigua en el umbral del tiempo se acurruca sólo comemos soledad y pena seguimos con el hambre todavía en el ruedo del hambre y de la guerra se agiganta la sombra de la muerte la lluvia Dios el hombre tienen hambre

Hay un paso dos muros escondidos hay un batir de remo acompasado el silencio que ahoga y amordaza de pie la cuerda tensa del orgasmo la sombra de la muerte que reúne el peso de la noche y el gemido el reverso del trono el rudimento la promesa dormida en la semilla hay el grito solar como protesta el grito la amenaza el perro malo la pena del silencio el sinsentido hay un terror de manos en el alba el aullido del pan acá en la puerta la pólvora y el pueblo y la palabra hay la esquina del tiempo que resurge el destino del hombre su sollozo hay un pobre que llora en el barranco un niño que entre lluvias llanto apaña hay un dolor de huecos por el aire hay una luna canjeada en muerte —miserable torpeza de la noche— hay divinos almácigos en guardia hay un hombre que lucha con su hambre hay mil pruebas mortales que vencer hay que amar con horror para salvarse ¡Hay hermanos muchísimo qué hacer! (PSA).

pablumbre@hotmail.com