lunes, noviembre 11, 2013

UNA VIDA AROMADA DE LIBROS BUÑUELOS Y AMOR - A CONCHITA BEROES



UNA VIDA AROMADA DE LIBROS

BUÑUELOS Y AMOR
Carta a Conchita Beroes
en sus 95 años



Conchita

En tu caso no es sólo referir un vivir de muchos años sino hacerlo como tú lo has hecho, en los términos de una proeza mayor. Una obra de cultivo,  empeño, belleza, paciencia, desprendimiento y amor. Y no obvio las durezas y tristezas. Por el contrario son ellas las que construyen la calidad de talante, la hondura de tus respiraciones, la fortaleza de tu espíritu.

Te conocí hace mucho. Conchita, la compañera, amiga, esposa, de Don Pedro Beroes. Esa sensibilidad a la mano de todos. De ese ser también mayor aprendí  esa aproximación a la literatura que nos aparta de la simple erudición para situarnos en el sentir y la pasión. Un misionero del porvenir que  hizo de su vida ese recorrido amoroso por los libros, de los cuales ninguno le fue ajeno.

En su biblioteca, esa que tú resguardas con tanto celo, no había ejemplares cuyos bordes aún no hubiesen sido recortados para que las páginas salieran libres, como solían imprimirse los libros entonces. Cada uno de ellos llevaba el signo, la huella de Don Pedro.

Y de allí y de la vida real, concreta, difícil, que le tocó vivir se nutría para convertirse en aquel maestro que fue para todos los que tuvimos el privilegio de escucharlo y compartir con él sus lecciones.

Nada de magistral tenían sus exposiciones. Era un acercamiento emocionado a la obra. Y si bien se conocía de memoria los clásicos de todos los tiempos, su gran entusiasmo era descubrir y redescubrir la literatura venezolana. No la del momento sino la que yacía olvidada en los anaqueles polvorientos de archivos jamás visitados.

Y no puedo hablar de ti Conchita sin hablar de Pedro. Porque ambos eran una sola junta de creación, un solo episodio, una sola obra de arte, que tú amalgamabas con esa alegría, esa picardía que conservas intacta y que compartes con tu amigos con el pedido de que contribuyan a esparcirla por mares, vientos y caminos.

Nada te era ajeno de esa vida. Ni los actores, ni los libros, ni sus cuitas, ni sus exilios, ni esa inmensa generosidad de las puertas abiertas que siempre te caracterizó. Tampoco olvido, Conchita, la alegría que se posa sobre tus ojos cuando haces memoria de tus tiempos de bailar y disfrutar en las trincheras que siempre te han acompañado.

Es fácil  decir 95, pero tú con ellos has edificado una vida olorosa a buñuelos, a melado de papelón, a dulce de mango, armada de afectos que fuiste y sigues construyendo cada día, estructurada sobre esa condición solidaria y fraternal del hombre que estaba en Pedro como en ti, como el centro y el eje de vuestra manera de ser.

Tu casa lleva el nombre de la biblioteca mayor que va mucho más allá de los libros. Un  aposento  que se volvió huerto  de mangos y ciruelos, de tierra mojada que tú has sembrado hasta  con tus lágrimas como lo hiciste en aquellos días en que Manuel se fue a los territorios de las siempre-vivas y cundeamores.

Conocerte, tenerte, quererte es un regalo y una bendición de la vida. Un alto compromiso. Una alegría de las que conservo en el corazón como esos talismanes a los que uno acude cuando se debilitan  las fuerzas interiores y hace uno de un rasguño una herida mayor.

No podía dejar de estar presente en estos noventa y cinco escorpios.  Recojo lo que eres y lo coloco de abono a mis huertos propios. Y anhelo de corazón que este mundo estuviese pleno de gente como tú, como Pedro, en cuyas manos un libro se podía convertir en una flor o una ofrenda. Un verso en una larga caminata por los paisajes del alma. Un episodio en una lección permanente. Un olvido en un deber de memoria insustituible.

Y al lado de ustedes, Manuel pensando en el registro de todos los pasos. Elvira sembrando caracoles, Agustín hilvanando los panoramas del mañana y los nietos inventando porvenires.

Te quiero, te admiro y te tengo  conmigo Conchita. Y te envío desde mis cercanas lejanías un abrazo de los grandotes.

mery sananes
11 de noviembre del 2013
foto ms



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