miércoles, febrero 23, 2011

DE LAS PALABRAS - PÍO TAMAYO HOMENAJE Y DEMANDA DEL INDIO





Aprestarse a la andanza, porque la hemos perdido
¡y salid a buscarla!
¡Mirar cómo levantan asfixias hasta el cielo
las crestas de los cerros!
...

Pero no, Majestad que he llegado hasta hoy,
y el nombre de esa novia se me parece a vos!
Se llama LIBERTAD!
Decidle a vuestros súbditos
-tan jóvenes que aún no pueden conocerla-
que salgan a buscarla, que la miren en vos,
¡Vos, sonriente promesa de escondidos anhelos!
Vuestra justicia ordene,
Y yo enhiesto otra vez,
-alegre el junco en silbo de indígena romero-
armado de esperanzas como la antigua raza,
proseguiré en marcha,
pues con vos, Reina nuestra,
juvenil, en su trono, ¡se instala el porvenir!*

PÍO TAMAYO
Poema leído en el Teatro Municipal,
con motivo de la Semana del Estudiante
en febrero de 1928.
La lectura de este poema, que hemos
 denominado el Primer Manifiesto Gomecista,
fue el pretexto para encarcelar a Pío Tamayo y
dictarle la condena a muerte que se cumplió  el
05 de octubre de 1935.

Lea el poema completo



HOMENAJE Y DEMANDA DEL INDIO


Sangre en sangres dispersa,
almagre oscuro y fuerte
estirpe Jirajara.
Cacique Totonó,
-baile de piaches, rezo de quenas-
soy un indio tocuyo
yo.

Meseta brava y bella
que abre su arcada a los llanos
y sus patios a la luna;
patíbulo de Carvajal,
espinas de cardonales,
polvo y sol.
Altiplano tocuyano
que nutre su carne en jugos
blancos de cañamelar.
Y los hace sangre roja
en la flor del cafetal;
bueno y santo
por la madre,
y porque me enlaza hermano
del de la selva en Oriente
y del de la sierra al sur.


Yo llegué de ese altiplano
a avivarme en mis hermanos
los de la Universidad,
-savia en afanes quemada,
delirio del roble erguido-
y a rendirte mi homenaje
de indio triste
Majestad.
...
Beatriz del estudiante,
cetro de rebeldías,
corona de futuros;
bajo el patio de auroras de vuestro trono eres
la juvenil canción del amanecer.
El ensueño durmiente al amparo del alma
jubilosa y dinámica de la federación,
hecho viva esperanza
en tu luz de mujer.

Y digan con mis voces palabras de tus súbditos
que es tu reinado, Reina, el único que no hace
cesarismo anacrónico,
en esta nutrida selva de Guaicaipuro,
de Mara y yaracuy
y del equino trueno
de los cien mil corceles
sobre el que galoparon
libertadas naciones.
...
Y ahora, majestad,
con el sollozo esclavo de un jacaney rendido
el súbito presenta su demanda ante vos
descarnado de insomonios
se consume mi rostro
y los tiempos incrustan sus cauces en mis sienes.
Retornan a romper las obras de los montes
baladros caquetíos.
Se desatan los ecos de vencidos lamentos
y corren sobre el área salvaje de los llanos
o se extinguen muriendo en los senos intactos
de un Pacaraima hermético.

¡Me han quitado mi novia!
La novia que me quiso; ¡mi novia enamorada!
Palabras que se dicen con la pena infinita
de quien ya no podrá volverlas a cambiar...

Qué bien decirte tú,
como a mi novia, Reina.
En ti la miro a ella
y al mirarte me acuerdo...
Era de sol su carne y de un frágil metal.
El eco de sus voces era de acero azul.
Estaba hecha de alturas. A ti se parecía.

Yo fui su novio niño,
-ya lo hemos sido tantos-,
Cantar, correr, soñar,
en el soleado campo, en la vega porosa,
junto al lirio morado,
al laurel
y al signo rojo de las rosas.
...

¡Cómo me acuerdo, Reina!
Temblando bajo sombras la amaba con angustias.
En mis venas corrieron los miedos por su vida.
Y un día me la raptaron
un día se la llevaron.

Desde los horizontes,
allá donde hace señas de adioses el crepúsculo,
vi encenderse los últimos luceros de sus besos.

Aprestarse a la andanza, porque la hemos perdido
¡y salid a buscarla!
¡Mirar cómo levantan asfixias hasta el cielo
las crestas de los cerros!
...
Pero no, Majestad que he llegado hasta hoy,
y el nombre de esa novia se me parece a vos!
Se llama LIBERTAD!
Decidle a vuestros súbditos
-tan jóvenes que aún no pueden conocerla-
que salgan a buscarla, que la miren en vos,
¡Vos, sonriente promesa de escondidos anhelos!
Vuestra justicia ordene,
Y yo enhiesto otra vez,
-alegre el junco en silbo de indígena romero-
armado de esperanzas como la antigua raza,
proseguiré en marcha,
pues con vos, Reina nuestra,
juvenil, en su trono, ¡se instala el porvenir!*



·         Pío Tamayo: un combate por la vida.  Caracas, CPT-CEHA-UCV, 1984.
  





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